7.50 am
El despertador sonó, aunque Annabeth tenía mucho tiempo con los ojos abiertos, concentrándose en recordar la pesadilla que la había asediado la noche anterior, aunque era inútil, pues ella nunca podía recordar lo que soñaba.
Al oír el molesto sonido, salió de la cama, impaciente por hacer cosas, para que su mente se apartará de aquella extraña sensación de vacío que le dejo el despertar. Bajo corriendo las escaleras del apartamento, esperando que su padre hubiera hecho café, y comprobó sonriendo que no solo había café, sino un enorme desayuno esperando por ella, sus padres estaban sentados en la mesa, tomados de la mano y sin poder ocultar una mirada de preocupación.
- Buenos días – le dio un beso en la mejilla a cada uno y se sirvió el desayuno. - ¿Qué pasa? – miraba a sus padres inquisitivamente, pues estaban demasiado callados.
- Nada – su padre le sonrío haciéndola sentir segura, desde que era pequeña había oído que la sonrisa de Richard Castle era seductora y cautivaba a todas las mujeres, pero para ella esa era la mejor manera de sentir que todo estaría bien. - ¿Qué harás hoy "principessa"? – aunque siempre le decía que ya era grande para tal apodo, en secreto seguía adorando que la llamará así.
- Iré a la biblioteca y luego a la universidad, ¿y ustedes? – miro a su madre que estaba concentrada en su café, con algo en la mirada que no podía descifrar, pero que, estaba segura, no era nada bueno.
- Vamos a la estación y después iremos a ver a Matthew - Annabeth sonrió, Matt era el hijo de su hermana Alexis y sus padres estaban encantados con él.
Durante el resto del desayuno los tres charlaron de cosas sin importancia, como la escuela y el trabajo, era un poco extraño estar los tres juntos tanto tiempo, desde que tenía cinco años había estado interna en un prestigioso colegio de Nueva York, nunca se había quejado, el lugar era un enorme palacio con pasadizos para jugar y el método de enseñanza dentro del colegio la había hecho aprender mucho más que la mayoría de los chicos de su edad, ella había destacado, incluso entre los brillantes alumnos de su misma escuela. Solo una vez, le pregunto a su padre porque estaba de interna, y el solo había contestado, evitando su mirada, que era "por su bien".
Cuando decidió que iría a la universidad en la ciudad, sus padres trataron de disuadirla de irse lejos, incluso a Europa, y Annabeth no sabía que pensar, no podía decir que sus padres no la querían, de hecho, era todo lo contrario, bastaba con mirarlos a los ojos o escucharlos hablar de ella para saber que su pequeña era su adoración, pero siempre había algo que los hacía querer mantenerla lejos. Aunque ahora ya no podían: Annabeth era casi una mujer, con sus decisiones forjadas y una opinión que nadie podía cambiar.
9:00 am
Salió de la biblioteca y tomo un taxi hasta broadway, tenía que llegar a una charla y luego a una audición, su abuela le había dicho que si quería ser una verdadera actriz, tenía que empezar desde muy abajo y estaba dispuesta a tomárselo muy enserio, ahora sería una de las bailarinas traseras de "A chorus line" y el hecho de poder pisar un escenario la emocionaba,
Iba distraída cuando sintió que unas manos cubrían su boca, intento moverse, pero el cuerpo de su atacante no se lo permitía.
- Hola aventurera – Annabeth conocía esa voz.
