NOTAS: antes que nada, este fic va con todo mi cariño para Abiyasha y Tere-chan por soportar escuchar todas mis locuras sobre Hetalia después de leer algo de historia o ver las noticias internacionales, y a todos los demás les agradezco por leer…

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Los dolores de partos se hacían más y más lacerantes mientras la oscuridad se apoderaba de su mente, sabía que el tiempo se le agotaba, no se podía permitir ser débil; no ahora con su meta tan cerca, dio un profundo respiro y empujo con todas las fuerzas que le quedaban, sintió como algo salía de ella y resbalaba entre sus piernas; y entonces, solo entonces dejo que su mente y cuerpo descansaran, no fue consciente del estrepitoso llanto de su hijo recién nacido, ni de como la habitación fue asaltada por una alta figura masculina, mucho menos de como su hija mayor corría a abrazarla llorando.

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Una semana era lo que llevaba la tormenta, también era el tiempo que llevaba recluida en esa casa o debería decir fortaleza; no es que le desagradara pasar tiempo con Chitá pero ciertamente extrañaba su hogar, pero solo le quedaba espera a que la tormenta pasara. Había día en que juraba que terminaría, pero antes de que pudiera tomar sus cosas la tormenta volvía con más fuerza y tanto Tiumén como Sibír no le permitían salir, asegurando una muerte espantosa en las llanuras congeladas.

Pronto sus días se volvieron rutinarios, no de la manera molesta y tediosa, más bien le era cómodo tener un tiempo y lugar para todo. Lo primero que hacía en las mañanas era tomar un baño caliente, de dónde provenía el agua de la gran bañera era un misterio que después resolvería. Después bajaba a ayudar a Tiumén con el desayuno; desayunaba, y se dedicaba junto a Chitá a las labores del hogar mientras los otros dos humanos se encerraban en sus habitaciones. Le agradaba estar con la asiática, la mujer solo un poco más alta que ella siempre estaba sonriendo y contándole maravillosas historias de lugares lejanos, animales fantásticos o simplemente anécdotas graciosas de su singular familia.

Siempre al llegar el mediodía; Sibír salía cubierto con su pesado abrigo, no importaba la intensidad de la tormenta, él abría la puerta principal y desaparecía entre la nieve el resto del día hasta muy entrada la noche, cuando ella ya estaba dormida; un día después de la segunda semana de aislamiento, le pregunto a Tiumén, que en ese momento misteriosamente se encontraba en el salón escribiendo símbolos extraños en un gran pergamino; sobre que hacia su hermano cuando salía y porque no lo detenía como cuando ella trataba de salir, la mujer simplemente sonrió y acaricio sus cabellos mientras le decía.

-bueno, veras… como sabes aquí los inviernos son devastadores y para sobrevivir cada miembro de la familia debe cooperar con alguna actividad¸ por ejemplo, míranos a nosotros, mi hermana se encarga de mantener la casa en orden, yo preparo los alimentos ,y bueno Sibír, él tiene que salir por alimentos y demás provisiones, también visita a los habitantes de los pueblos cercanos para saber si se encuentran bien-la niña se sorprendió, no solo por el hecho de que la castaña cruzara con ella más de dos palabras, sino porque nunca imagino que el hombre tuviera tantas obligaciones y que sin importar el mal tiempo las cumplía, de pronto una idea cruzo su mente.

-Pero Tiumén, ¿y si se pierde en la tormenta o se lastima? Como…- dijo la niña asustada

-calma, no le pasara nada, estas son sus tierras y el invierno es parte de él, en cambio nosotras que tenemos la dicha de conocer el cálido sol del verano más que la cruel mano del invierno, un frio así podría arrancarlos la inmortalidad, es por eso que debemos mantenernos bajo resguardo.-susurro con voz calma dándole seguridad a la pequeña siguió- Mira qué hora es, ya debo comenzar con los preparativos de la cena, y creo señorita, que Chitá ya debe de tener una nueva historia con la cual dejarnos a mi hermano y a mí en vergüenza, como siempre, ¿por qué no la buscas?-Kiev se marchó sonriendo, sabiendo que las palabras de Tiumén era muy ciertas; pero un poco preocupada por el hombre que amablemente la había acogido en su hogar a principio del invierno, por ello se hizo una promesa, esa noche no se dormiría temprano, el sueño no la vencería y esperaría la llegada del ojos violeta para agradecerle por su duro día de trabajo.

La noche cubrió todo con su manto, despidiendo al sol y anunciando la hora de ir a su habitación para prepararse para dormir, pero esta noche no, esta noche esperaría a Sibír junto a la chimenea mientras que leía el libro de cuentos que la chica de ojos rasgados le había regalado, o bien esa era la idea original, ya que al pasar el reloj por las once de la noche poco después que ambas mujeres se despidieran de ella, el sueño la venció.

Soñó con unicornios, eso que tantas veces el niño de grandes cejas del otro lado del mar le describió, con conejos de nieve, grandes flores amarillas que jamás había visto y apuntaban constantemente al sol, con niños de blanca piel y ojos violetas, y también con fuertes brazos que la alzaban. Le gustaba la sensación que le producían ese cálido abrazo, tanto que cuando sintió su cuerpo descansar el frías sabanas su consciente se alarmo y despertó.

La imagen que la recibió le sorprendió, sin su abrigo, el pelo albino aun húmedo debido a la nieve derretida, estaba el dueño de los cálidos brazos, Sibír. El rostro del hombre en medio de la oscuridad, tan serio, con sus brillantes ojos violetas destellando debido al fuego, los mismos ojos que hace unas semanas la aterrorizaron tanto, esos que ahora le parecían lindos aunque algo vacíos. Por un momento se perdió en ellos, quedando cautivada por la mezcla de violeta y rojo. Volvió en si cuando el albino incomodo aparto la vista, no supo que hacer, se sintió sumamente avergonzada y solo atino a exclamar con suavidad un gracias casi imperceptible. A lo que el hombre, que nunca hablaba demasiado simplemente respondió con un asentimiento de cabeza, antes de agregar.

-mañana el día estará despejado, la tormenta cesara, es una buena fecha para emprender un viaje- anuncio, en ningún momento su expresión cambio de semblante, mostrando en si rostro neutralidad absoluta, por lo que la niña no supo si fue esto o el hecho de marcharse lo que le dejo un mal sabor en la boca del estómago.

-si- contesto con duda la menor- preparare todo para salir temprano.- finalizo ocultando su mirada. Sibír, dando su pequeña platica finalizada, partió de la habitación, dejando atrás a una niña con sentimientos encontrados y lágrimas atrapadas en sus ojos azules.