Acto II: Mascarada
—Te ves bonita, Bea. — Dijo Hero, mientras terminaba de arreglar a su prima. Beatrice se miró en el espejo y tomó su máscara de gato, poniéndosela sobre la cara. Hero la imitó. —Vamos, papá nos debe estar esperando.
Hero usaba un vestido strapless rojo, que era ajustado hasta la cintura, y se abría en una falda ancha, un par de centímetros sobre la rodilla, en sus pies usaba unas sandalias plateadas con taco alto, a juego con sus aros y su collar. Por su parte Beatrice usaba un vestido negro sin escote, que se ajustaba a su figura y mostraba sus bonitas piernas, torneadas gracias al fútbol que practicaba en la escuela y se había puesto unos zapatos negros de tacón.
Beatrice la siguió hasta llegar a la terraza, donde se estaba llevando a cabo la fiesta. Los invitados enmascarados se paseaban por todos lados, con sus elegantes vestidos revoloteando a su alrededor y algunas parejas jóvenes bailaban en la pista de baile. Leonard siempre celebraba su cumpleaños de esa forma, le gustaba celebrar y poder darles a sus amigos un buen rato. Mientras ambas primas bajaban las escaleras, se les acercó Leonard, tomando a cada una por el brazo.
—Mis dos niñas se ven maravillosas esta noche. Estoy seguro de que atraparán todas las miradas. Voy a tener que espantar a todos tus pretendientes, Hero.
—Gracias, papá.
—Aunque siempre está la opción de elegir yo mismo a tu novio…
—Pero que sea guapo, prima, entonces puedes decir "si tú quieres, papá", pero si es feo siempre puedes decir "si YO quiero, papá". — Se burló Beatrice, haciendo una reverencia burlona.
—John no estuvo en la comida, ¿se sentía bien? — Preguntó Hero.
—Estaba algo cansado, pero creo que va a venir a la fiesta. — Le contestó Leonard.
— ¡Que tipo más amargado! —Sonrió Beatrice. —No puedo verlo sin sentirme mal después.
—Es muy serio…- Señaló Leonard.
—Un hombre perfecto sería la mezcla entre él y Benedick, uno es como una estatua y el otro es un mocoso mimado que habla demasiado.
—Entonces, media lengua de Benedick en la boca de John, y la mitad de la seriedad de John en la cara de Benedick…
—Con eso, un buen auto, buen cuerpo y suficiente dinero, un hombre así ganaría el corazón de cualquier mujer. — Dijo Beatrice, haciendo que Hero soltara una carcajada.
—De verdad eres demasiado burlona, sobrina, así no conseguirás ni novio ni marido. — Se rió Leonard, palmeando a su sobrina en la espalda.
—Por lo que doy gracias al cielo todos los días. No podría tolerar a un hombre con barba…
—Entonces, siempre puedes elegir uno sin barba. — Fue la respuesta de Hero.
— ¿Y qué haría con él? ¿Lo disfrazo de chica y lo hago pasar por mi mejor amiga? Un hombre con barba, es demasiado viejo, y sin barba es un niño. Si es demasiado viejo, no es para mí, y si es un niño, yo no soy para él. Por eso no pienso casarme, mucho menos tener novio.
—Espero que te cases algún día, sobrina. —Se río Leonard, ante la declaración de principios de su sobrina.
—No hasta que los hombres se hagan de otro material que no sea la tierra.
— ¡Ahí están los chicos! — Gritó Hero, arrastrando a su prima hacia donde se encontraban los muchachos. Los chicos se habían puesto máscaras, así que no podían saber quién era quién. Uno de ellos se acercó a Hero y le tendió su mano, la chica le sonrió y lo siguió hasta la pista de baile. Otro de los chicos, un joven de la localidad se acercó a Margaret, la amiga de Hero y también se dirigieron a la pista de baile. Beatrice se quedó junto a la baranda de la escalera, hasta que uno de los muchachos se le acercó y le tendió la mano sin decir nada. Beatrice vio sus ojos por los agujeros de la máscara y sonrió para sus adentros, siguiéndolo a la pista de baile.
—Bailas muy bien, Hero. —Murmuró el muchacho enmascarado en el oído de la chica. —¿No quieres mostrarme el jardín? Quisiera hablar contigo, acerca de un amigo.
Hero le devolvió una sonrisa, reconociendo el rostro tras la máscara e imaginándose perfectamente quien era el amigo de quien hablaba.
—Sería un placer. — El joven le tendió su brazo y ella se aferró a él, caminando por el jardín, hablando en susurros.
El acompañante de Beatrice la hizo girar y la apretó contra su cuerpo, haciéndola reír.
—¿No me vas a decir quién te dijo eso? ¿Ni quién eres? — El joven negó con la cabeza, ante la pregunta de Beatrice. —Que yo desprecio a todo el mundo y que saco todas mis ideas de otras personas… Son palabras fuertes, pero estoy muy segura de que eso sólo te lo puede haber dicho Benedick Padua.
— ¿Quién? No creo conocerlo.
—Yo estoy segura de que lo conoces demasiado bien. — Sonrió Beatrice, moviéndose junto con él al ritmo de la música. — ¿Nunca te ha hecho reír?
—No, ¿Por qué lo haría? — Preguntó él, sin soltarla mientras seguían moviéndose al ritmo de la música.
—Es un payaso, pero de verdad, sólo los idiotas creen que es divertido. Su único talento es hacer que los demás se rían de él. No es más que un patético bufón.
—Bueno, cuando lo conozca le diré lo que dijiste.
—Hará algunas bromas idiotas acerca de mí, y nadie le prestará atención o se reirá, así que caerá en depresión y se quedará sin comer por algunos días.
— ¿Por qué no seguimos bailando? — Dijo él, haciéndola girar de nuevo. Beatrice le dirigió una sonrisa maliciosa antes de soltarse de su abrazo y alejarse de la pista de baile.
Claude miraba a los bailarines soñadoramente. Estaba feliz, su amigo se iba a encargar de averiguar lo que Hero pensaba de él, y una vez que lo supiera, él podría acercarse a ella y decirle todo lo que quería decirle. Había pasado todo el día pensando en ella, pensando en su sonrisa, su precioso cabello castaño y sus bonitos ojos. Un par de chicos se acercaron a él por la espalda y se sentaron junto a él.
—¡Hey, Benedick, amigo! — Claude reconoció la voz de John, pero cómo él y Benedick habían decidido cambiar de máscaras a último momento, no quiso sacarlo de su error. —¿Qué te parece eso? — Dijo John, apuntando a Hero y Peter, que paseaban del brazo por el jardín. —Tú eres el mejor amigo de mi hermano, deberías decirle que ella no es para él.
—¿Crees que él está enamorado de ella?
—Estoy seguro, lo escuché decirle que era la chica más bella del mundo y que un solo beso de sus labios lo dejaría contento por el resto de su vida. O sea, además de enamorado, es cursi. —John esperó unos segundos por la reacción de Claude y sonrió. —Bueno, ¿nos acompañas a comer algo? —Dijo, antes de alejarse de Claude, que se quedó mirando el horizonte, desolado.
—Aunque respondí como Benedick, Claude fue el que escuchó todo. — Murmuró. Benedick apareció junto a él.
—Claude, ven conmigo.
— ¿A dónde?
—Vamos, te interesa. Podrías partir por arreglarte esa corbata. ¿Te la vas a dejar así, suelta o como si quisieras ahorcarte? Peter consiguió a Hero.
—Le deseo toda la suerte del mundo.- Dijo Claude.
— ¿De qué estás hablando?
— ¡Déjame en paz!- Exclamó Claude, levantándose y alejándose a toda velocidad.
— ¿Y qué mierda hizo este inocente mensajero para que reacciones así? — Le gritó Benedick, sentándose donde había estado su amigo. —Y para rematar la noche, esa Beatrice no encuentra nada mejor que hacer que insultarme. ¡Un patético bufón! ¡Un payaso! Pero no importa, ya veré cómo puedo vengarme.
Peter se acercó a él, con una sonrisa bailándole en los labios. Su sonrisa se amplió al ver como Benedick parecía estar maldiciendo a alguien para sus adentros y le pareció escuchar las palabras "Beatrice" y "bruja amargada".
—¿Dónde está Claude?
—No sé, apenas le dije que lo había logrado, él dijo que te deseaba toda la suerte del mundo y se fue.
—Qué raro… — Murmuró Peter. —Por cierto, Beatrice estaba muy enojada. Al parecer, el chico que bailó con ella le dijo muchas cosas que tú habías dicho acerca de ella.
Benedick rodó los ojos, haciéndose el distraído.
— ¿Eras tú, verdad? — Le preguntó Peter, divertido. Benedick asintió.
—Sí, y lo mejor es que ella no tiene ni idea de que era yo. Y la muy estúpida me dijo que yo era un patético bufón y un payaso, y que nadie creía que yo fuera de verdad divertido. Cada palabra que ella escupe es como un puñal, con veneno en la punta. Si su aliento fuera tan malo como lo que dice, no habría vida cerca de ella. No hables de ella, hace que me den ganas de vomitar.
—Ahí viene. — Señaló Peter, apuntando a un par de figuras que se acercaban a ellos desde el otro lado del jardín. —Con Claude.
— ¿No quieres pedirme que vaya al fin del mundo, o algo más lejos? Voy a buscarte una bebida a Europa, o un plato de papas fritas a China, cualquier cosa que me aleje de esa bruja insoportable.
—Creo que prefiero tu compañía. — Le contestó Peter, riendo de buena gana al ver la cara de su amigo. —No de esa forma.
—Lo siento, Peter, pero no puedo soportarla. Me tengo que ir. — Murmuró Benedick, escabulléndose del lado de su amigo, mientras los otros jóvenes se acercaba aún más.
—Parece que has confundido a mi amigo, Beatrice.
—Yo diría que él me confundió a mí, Peter. Las mentiras no ayudan a nadie.
—Lo has deprimido mucho, salió escapando apenas te vio.
Beatrice se río, una imagen divertida se había formado en su mente.
—Si no lo hubiera hecho, sería la reina de los estúpidos. Pero creo que eso no importa, te traje a Claude, dijiste que querías hablar con él.
—Claude, ¿Estás bien? Te veo triste. — Le preguntó Peter, ligeramente preocupado.
—No estoy triste.
— ¿Te sientes bien? — Insistió Peter. Claudio le dirigió una mirada asesina y negó con la cabeza.
—Claude, no está feliz, ni triste, no está enfermo, ni parece sano… Yo diría que está celoso. — Señaló Beatrice, provocando que Claudio le dirigiera otra mirada enojada. Ella le respondió con una sonrisa.
—Tienes razón Beatrice. Claude, te juro que tus preocupaciones son completamente injustificadas. Hablé con ella en tu nombre, y ella está feliz con la idea.
Hero apareció tras unos arbustos, con una sonrisa traviesa que hacía que su aspecto fuera aún más encantador. Claude se quedó helado por unos segundos, hasta que la chica se acercó a él y rodeó su cuello con sus brazos.
—Di algo, Claude. — Lo animó Beatrice.
—No necesito decir nada para expresar mi felicidad. — Replicó el joven, abrazando a Hero. — Si pudiera decir lo feliz que estoy, no sería verdaderamente feliz. Hero, creo que salgo ganando en esto…
—Prima, di algo, o si no puedes, ciérrale la boca con un beso y no lo dejes hablar. — Se burló Beatrice. — Hero le dirigió una mueca y tomó la mano de Claude, llevándoselo a un lado. Beatrice se sentó en una banca.
—Beatrice, si que tienes sentido del humor. — Señaló Peter, sentándose junto a ella.
—Eso creo. Mira a los pobres tontos, se dicen el uno al otro lo mucho que se quieren. Bueno, todo el mundo está emparejado por estos días, yo debería sentarme en una esquina y gritar: ¡Necesito un novio! — Le contestó ella, burlona.
—Yo te puedo conseguir uno. — Se burló Peter. Beatrice arrugó el ceño.
— ¿No tienes un hermano? Tu padre tiene excelentes hijos, seguramente son los novios perfectos para cualquier chica.
— ¿Te sirvo yo, en ese caso? — Le preguntó Peter, sin abandonar el tono juguetón de la conversación.
—Lo siento, pero debo decir que no. Tendría que tener otro para los días de semana, eres demasiado para todos los días. — Peter la miró, sorprendido. —Perdóname, me hicieron para hablar sólo estupideces, y nada substancial.
—Apostaría que naciste en una hora feliz.
—Para nada. De hecho, mi madre lloró a gritos mientras yo nacía. Pero dicen que había una estrella bailando y bajo ella nací. — Replicó ella. — ¡Hero, Claude! Qué sean muy felices juntos. —Exclamó, al ver como ambos jóvenes se besaban apasionadamente un poco más lejos. —Me tengo que ir, Peter, mi tío me pidió que hiciera algo por él.
Apenas Beatrice desapareció entre la gente, Leonard apareció y se sentó junto a Peter.
— ¿Disfrutas la fiesta?
—Sí, bastante. Todo está perfecto.
—Te vi hablando con Beatrice. ¿Qué te parece?
—Tu sobrina es muy alegre…
—Sí, Hero dice que nunca está triste. Puede tener los sueños más espantosos, y siempre amanece riendo a carcajadas. — Dijo Leonard. —Al menos su buen humor impidió que cayera en una depresión cuando murió su madre.
— Pero parece que no soporta que le hablen de novios.
—No, se ha reído de cada chico que la ha invitado a salir alguna vez en su vida. O los espanta con algún truco estúpido.
—Sería perfecta para Benedick. — Contestó Peter, pensativo. Una sonrisa maléfica apareció en su rostro. — ¡Hero, Claude! Vengan un segundo. Tengo una idea; deberíamos juntar a Beatrice con Benedick. Con las palabras correctas podemos hacer que se enamoren locamente el uno del otro. ¿Leonard, qué piensas?
—Me parece una excelente idea, Peter.
—Cuenta conmigo, Peter. — Agregó Claude. Esto va a ser muy divertido.
— ¿Hero? ¿Podemos contar contigo? — Le preguntó Peter a la muchacha. Ella dudó un momento.
— ¿Hacer que Beatrice se enamore? Mmmm… Creo que va a ser muy divertido, estoy dentro.
—Benedick no es tan malo, es noble y honesto. Hero, tú te debes encargar de tu prima, y nosotros de Benedick. Si logramos esto, Cupido va a parecer sólo un aficionado.
No tenía planeado subir nada en un par de semanas (estúpidos exámenes en la Universidad), pero ayer me llegó una notificación de que alguien (AnaG2) había agregado este fic a sus favoritos. Así que me apuré en terminar este capítulo y subirlo, para darle las gracias por pasar por aquí y leer esto.
Volveré a subir capítulos de todas mis historias en las próximas semanas.
