Bueno.. ya he visto que esta historia de momento esta costando que arranque, pero en fin, espero que por favor si alguien la lee me deje su opinión, tanto si le ha gustado como si no, las críticas también se aceptan :) siempre se puede aprender algo de ellas. Aquí viene el segundo capítulo de esta historia, espero que os guste! Bsos!

2

"El traidor"

Se sentía desfallecer, las rodillas casi no soportaban el peso de su cuerpo y las manos apenas lograban hacer un esfuerzo para poder sujetarse en la fría y mohosa pared del callejón.

Escuchó atentamente y se escondió un poco detrás de unos contenedores. Oyó varias pisadas corriendo en la dirección contraria y una voz que decía:

-¡¡Inútiles, lo hemos perdido, ¡¡seguid buscando, ¡¡no debe escapársenos esta vez!.

Cuando las pisadas de los hombres se encontraron a una distancia prudencial, salió de detrás de los contenedores y corrió despacio hacia el siguiente callejón más alejado de los mortífagos.

Se recostó, descansando solamente unos instantes, tras la sombra de un pequeño toldo.

Hacía más de dos días que los mortífagos le perseguían. No sabía cómo pero habían conseguido localizarle.

Examinó minuciosamente su cuerpo. Las manos estaban muy arañadas de haberse arrastrado a través de los callejones, y las rodillas también. Tenía un gran rajón en la camisa y los pantalones rotos en las rodilleras y los talones. La pierna le dolía a rabiar, varias veces cuando hacía un movimiento brusco, tenía que apretar los dientes para soportar el dolor.

Se apartó el flequillo, mojado por el sudor y observó el callejón en que se encontraba.

Casualmente había ido a tumbarse bajo la ventana de un viejo almacén de comida, el cual parecía abandonado, lo demás a su alrededor solamente eran contenedores y tapas de alcantarilla.

Se levantó del suelo a duras penas e intentó abrir la puerta del almacén, pero cómo ya había supuesto, ésta se encontraba cerrada.

No tenía ganas de ir pegando pataditas y mucho menos en su estado, además de que podrían oírle los mortífagos. Así que, cogió su varita del cinto y susurró: "Alohomora". El picaporte se abrió de un golpe seco y el individuo abrió la puerta, una vez dentro cerró tras de si.

"Qué acogedor" pensó.

Todo a su alrededor eran cajas embaladas llenas de polvo y apenas había ventanas, con lo cual la luz era escasa en aquel sitio.

Se acercó hacia una de las cajas y pasó una mano por la etiqueta que había en su superficie. Podía leerse "Embutidos".

-Excelente- exclamó el hombre- he ido a parar justo al que quería.

Sacó su navaja de uno de los bolsillos de la túnica y rápidamente rasgó el paquete.

-¡Buagh!- una mueca de asco recorrió su cara mientras examinaba el interior de la caja.

Dentro había embutidos de todo tipo, jamón, queso, chorizo, salchichón, pero el tiempo le había jugado una mala pasada, y todo ello se encontraba lleno de moho.

-¡Qué mala suerte, ¿no te parece, Sirius?- dijo una voz detrás de él, le resultaba familiar.

Se dio la vuelta muy despacio y apuntó su varita hacia la persona que se encontraba detrás.

-¡Ey, ¿así es como recibes a los viejo amigos, Canuto?- dijo la otra persona con una mueca de reproche.

-¡Remus, que susto me has dado- dijo Sirius aliviado- ¿Qué haces aquí, ¿no estabas de misión en Bruselas?.

-Eso fue hace dos días, además la misión no salió tan bien como se esperaba, nos pillaron en el último momento, los mortífagos mataron a Fabian y Gideon- dijo Remus con tristeza- a mí pudieron rescatarme en el último momento.

-Lamento oír eso, y me alegra ver que no te hirieron, pero aún no se que haces aquí.

-¿Crees que te íbamos a dejar sólo en estos momentos, gracias al hechizo de Dumbledore supimos que estabas herido y rápidamente salí a buscarte, llegué esta misma mañana a Bristol, con suerte Voldemort no notó mi presencia, estaba más ocupado en ti.

-Me las hubiera arreglado bien, de verdad, no hacía falta que vinieras a buscarme, les acabo de dar esquinazo.

-¿Y que pasa con tu pierna, tiene que verte un médico, Sirius.

-No es nada, ya casi se pasa el dolor.

-Mentiroso- dijo Remus con una sonrisa.

Sirius se tumbó sobre una de las cajas y se desperezó.

-Soy así- se burló.

De repente se oyeron unos pasos que se acercaban al lugar, Sirius miró asustado hacia una de las ventanas y se acercó a trompicones hacia ella para mirar.

Los mortífagos se encontraban en el callejón.

-¡Remus, tenemos que salir de aquí, los mortífagos están ahí afuera- avisó Sirius, pero Remus no se movía, parecía como congelado- Ven, saldremos por esta ventana- dijo acercándose a la ventana más alejada del callejón, que daba a la parte delantera del almacén.

Pero de repente, antes de que la hubiese abierto, Remus exclamó:

-¡Inmovilus!.

El hechizo alcanzó a Sirius, el cual se quedó inmovilizado contra la pared, sin poder mover ni un músculo del cuerpo, como si fuese atraído hacia la pared con un potente imán.

-¡¿Pero qué haces, Remus!- exclamó alarmado- déjate de juegos, tenemos que escapar- dijo intentando soltarse de la pared.

-No vamos a ir a ningún lado, Sirius.

-¿Cómo?.

-Lo que oyes, no nos moveremos de aquí, hasta que los mortífagos entren.

Sirius miró a Remus extrañado, su amigo tenía una mueca de desprecio dibujada en su rostro y lo miraba sonriente.

-Vale, esta bien, muy buena broma, Remus, una broma genial, pero en este momento y lugar no hace ninguna gracia, tenemos que salir rápido de aquí, así que haz el favor de soltarme- rugió Sirius furioso.

-¿Por qué debería soltarte?- se burló Remus jugueteando con su varita.

-¿Hablas en serio?.

Remus asintió fríamente.

-No puede ser- dijo Sirius moviendo la cabeza de un lado a otro.

-Claro que puede ser, y lo sabes, ¿acaso me vas a decir que no sospechaste de mi en un primer momento, pero reconozco que supe convencerte fácilmente.

-¿Cómo has podido, Remus, ¿por qué?.

-¿Por qué, ¿crees que iba a permanecer al lado de unos fracasados como los de la Orden del Fénix, por favor, sabes perfectamente que no tenéis posibilidades contra Lord Voldemort.

-Aún así, somos tus amigos- exclamó Sirius.

-Aquí no hay amigos, Sirius, no pensaba permanecer a vuestro lado sabiendo que no íbamos a sobrevivir, era más rentable lo que mi señor me ofrecía.

-No te creo, estas confundido, todo eso que estas diciendo es mentira, ¿que pasa con nuestros tiempos en el colegio, con la amistad que nos tenemos, ¿qué pasa con eso, Remus?.

-¿Amistad, sabes perfectamente que si fueseis mis amigos no hubieseis sospechado de mi, que podría visitar a James cuando quisiera, pero no es así, ¿es esa la amistad que dices tener?.

-Somos tus amigos, pero se trata de la seguridad de Harry, aunque ahora se que hicimos bien en sospechar de ti- dijo Sirius duramente.

Remus se acercó a Sirius, se puso delante de él y le dijo:

-Y ahora se que hice muy bien en aliarme con mi señor.

De repente se oyeron las voces de los mortífagos, más claras, delante de la puerta del almacén. Remus miró a Sirius con una sonrisa despreciable en el rostro.

-Sólo un movimiento y serás llevado ante Lord Voldemort, solamente me queda delatarte.

Sirius bajó la cabeza, le había fallado a James lo sabía, pero no le sacarían ni una palabra, antes muerto.

Podía oír a los mortífagos, preparándose para abrir de un momento a otro, y delante de él el rostro del que tiempo atrás hubiera sido su amigo.

De repente...

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-¡Malditos mortífagos!- exclamó Diggle tumbado de rodillas contra el suelo y pegando puñetazos furiosos- eran tan jóvenes... tan jóvenes...

-Este no es momento para hundirse, Dedalus- dijo Moody- ellos ya están perdidos, si nos quedamos de brazos cruzados sin hacer nada estaremos realmente perdidos.

-¿Y que sugieres que hagamos entonces?- exclamó furioso Diggle dándose la vuelta- ya casi no nos quedan aliados, Voldemort esta ganando demasiado terreno, y para colmo sus seguidores han matado a dos de nuestros mejores y más jóvenes aurores.

-¿Es así como piensas ayudar a Remus, recuerda que debemos rescatarle, los mortífagos se lo han llevado prisionero, y es uno de nuestros mejores aliados.

-Probablemente ya esté muerto, Moody, ya nada puede hacerse.

-Usa el sentido común, Dedalus- dijo Albus Dumbledore acercándose hacia los dos aurores- podían haber matado a Remus y dejarlo junto a los cuerpos de los hermanos Prewett, pero sin embargo no lo han hecho, ¿por qué crees que es?.

-Seguramente se lo han llevado como diversión, para torturarle o seguramente sacarle alguna información.

-En cierto modo, eso último que has dicho tiene mucho sentido, Dedalus- dijo Moody- seguramente querrán sacarle alguna información acerca del paradero de Lily y James, tiene sentido, ¿verdad, Albus?.

-Podría ser pero, en todo caso no perseguirían a Sirius de esa manera- dudó Dumbledore- sospecho que se trata de otra cosa, Voldemort es demasiado inteligente y sabe que Sirius es el mejor amigo de James, sería más lógico pensar que él es el guardián secreto.

-¿Insinúas que han cogido a Remus por otro motivo, ¿tal vez para que nos rindamos?- preguntó Diggle.

-No creo que sea eso, pero... Voldemort tiene algo planeado, algo terrible, para poder derrotarnos finalmente- dedujo Dumbledore- aunque no se con certeza de que pueda tratarse, pero lo que si es seguro es que Lily y James se encuentran en más peligro que nunca.

-En mi opinión nunca debimos poner a Black como guardián secreto, era demasiado lógico que Voldemort lo perseguiría- dijo Moody.

-Ya es tarde para echarse atrás, Alastor, lo único que espero es que todo esto no termine en una catástrofe- suspiró Albus.

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Poco a poco iba recuperando la consciencia, sintiéndose dolorido y cansado, la cabeza le daba vueltas y no tenía ni idea de dónde se encontraba. Lo único que sabía era que quería descansar, olvidarse de los últimos acontecimientos: los mortífagos, la emboscada, la muerte de los Prewett, las torturas... todo y dormir... solamente eso... dormir.

Sentía los párpados muy pesados y los brazos doloridos debido a la postura en que se encontraba, con los brazos hacia arriba y la espalda apoyada contra la pared, las piernas estiradas hacia adelante y la cabeza apoyada sobre su hombro derecho.

Oyó un ruido en el exterior y unas pisadas y decidió abrir los ojos.

Se encontraba en una celda, con muy poca iluminación que llegaba desde una pequeña ventana situada a uno de los lados. Intentó acomodarse un poco sobre el frío suelo y sintió un dolor agudo en la pierna izquierda. Estaba rota.

Miró lentamente hacia arriba y vio que le habían encadenado las manos a la pared con grilletes, las piernas se encontraban libres pero difícilmente podía moverlas en esa posición y menos con la pierna así.

De repente alguien abrió la puerta de la celda y entró por ella.

-Vaya, vaya, vaya, ya te has despertado - dijo burlonamente el mortífago.

Remus lo miró a la cara. No podía creerlo, se trataba ni más ni menos que de Macnair, y llevaba en la mano un plato de comida y un vaso de agua.

-¡Tú!- exclamó sorprendido- ¡tenías que ser tú sucio traidor!.

Remus intentó levantarse furioso, pero los grilletes se lo impidieron.

-Jajajaja, me parece que te voy a tener que lavar la boca con jabón- se burló, y de repente se agachó a la par de Remus y le soltó un puñetazo en el pómulo- será mejor que te quedes calladito mientras estés aquí.

-¿Por qué me habéis traído aquí, ¿qué es lo que queréis de mi?- gritó Remus.

-Será mejor que te calmes, no te conviene nada estar así frente a nuestro señor- dijo Macnair.

-Podíais haberme matado fácilmente como a mis dos compañeros, pero no lo hicisteis- exclamó furioso- si me habéis traído aquí para que os de información mejor olvidaos de ello porque no pienso hablar.

Macnair se le quedó mirando a los ojos y le dijo:

-Si lo que quieres es marcharte, tranquilo, no creo que estés aquí mucho tiempo- le informó- creo que mi señor tiene otros planes para ti.

-Si lo que queréis es que os ayude vais listos, ¡No pienso ayudar a tu señor, ¡antes muerto!.

-Terminarás haciéndolo, de un modo u otro, aunque no quieras.

-No estoy tan seguro de eso- dijo con seguridad mirando a Macnair a los ojos.

-Como quieras- rió Macnair- de todo modos no se por qué estoy perdiendo el tiempo discutiendo contigo, solo he venido a traerte algo de comer, no nos conviene que te quedes débil y sin fuerzas.

-¿Por qué no os conviene?- preguntó Remus furioso- ya te dije que no voy a ayudaros.

-Me parece que haces demasiadas preguntas- dijo Macnair acercándose a los grilletes y desatándole- vamos ahora come o se te va a enfriar.

Remus miró extrañado la comida, si lo que realmente quería era que comiese las iba a llevar claras. Antes de que Macnair pudiera hacer nada, Remus le puso la zancadilla y salió corriendo de la celda. Para su suerte Macnair se había olvidado de cerrarla.

-¡Qué alguien lo detenga!- gritó Macnair.

Remus salió corriendo por el pasillo todo lo rápido que le permitió su pierna herida, intentando buscar una salida y que ningún mortífago le descubriese. Dobló una esquina y sin darse cuenta tropezó con alguien.

Cayó al suelo de espaldas y miró hacia arriba, maldiciendo su suerte.

-Mira a quién tenemos aquí, ni más ni menos que Remus Lupin en persona, cuanto tiempo desde nuestro último encuentro- exclamó fríamente.

Había ido a tropezarse contra el mismísimo Lord Voldemort.

Macnair se acercó corriendo por detrás y se inclinó hacia su señor.

-Lo siento mucho, maestro, ha escapado mientras estaba intentando que comiese algo, no he tenido tiempo de atraparle.

-Has tenido suerte de que me dirigiese hacia allí, casualmente decidí hacerle una visita a nuestro prisionero, espero que no se vuelva a repetir.

-No, mi señor, lo juro.

Lord Voldemort miró de nuevo a Remus.

-Supongo que te preguntarás por qué te he traído aquí- dedujo- pero no te preocupes, pronto te liberaremos.

-¿Liberarme, no entiendo, ¿no vais a matarme, puedo delataros, he visto el lugar y a uno de vuestros mortífagos- se extrañó Remus.

-No creo que lo hagas, al menos en tu estado, nadie te creería.

-Los miembros de la Orden si lo harían- exclamó Remus.

-No creo que a todos les hayas hablado de tu condición de licántropo, ¿me equivoco?- dijo Voldemort con una sonrisa despreciable.

-¿Cómo sabes...?.

-Oh verás, esa es una cuestión muy interesante, pero no te incumbe en absoluto- dijo fríamente- ahora Macnair, quiero que lo sujetes un momento.

-Si, mi señor.

Macnair le cogió por los hombros y lo tumbó contra el suelo, Remus se resistió todo lo que pudo, pero entonces el mortífago le aplastó la pierna rota haciéndole gritar de dolor.

Voldemort aprovechó esos instantes, se sacó unas tijeras de la túnica y le cortó unos mechones de pelo.

-Ya está- exclamó- muchas gracias, Macnair, ahora ve a añadir esto a la poción multijugos, necesitaremos una ración más.

-Si, mi señor- Macnair cogió los trozos de pelo que Voldemort le entregó y salió del pasillo.

-Ahora, Lupin, pasemos a la segunda parte del plan.

Lord Voldemort cogió su varita, Remus se levantó y salió corriendo lo más rápido que pudo, pero Voldemort le apuntó con su varita y exclamó: "Desmaius".

El cuerpo inconsciente de Remus cayó al suelo de un golpe. La fría carcajada de Lord Voldemort resonó estrepitosamente por las oscuras mazmorras, haciendo estremecer a todo ser vivo que allí se encontraba.

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-¡James, ¡James!- comenzó a llamar Lily- ven un momento.

James subió a la habitación en donde se encontraba su mujer y abrió la puerta. Lily se encontraba apoyada en la cuna y sostenía a Harry de los bracitos.

Cuando su marido entró por la puerta, ella se volvió y lo miró sonriente.

-Mira, Harry ya sabe dar sus primeros pasos- dijo cogiendo al niño y poniéndole de pie en el suelo- vamos, venga que lo vea papá.

James se puso de rodillas en el suelo y extendió los brazos para sujetarlo.

Lily dejó suelto al bebé, al principio se tambaleó un poco, pero luego movió despacito un pie, mientras su madre sostenía sus brazos alrededor por si quizá se cayese.

-Vamos, campeón, ven con papá, venga- decía James mirando a Harry y riéndose.

El pequeño mantenía sus brazos en alto para no perder el equilibrio y se tambaleaba un poco. Dio un paso más y llegó a los brazos de su padre.

James lo tomó y lo subía mientras gritaba, "Este es mi chico", mientras que Harry se reía.

-¡No, ¡James, que acabo de darle de comer, lo va a vomitar todo.

-¡Oh! vamos Lily, no me estropees el momento- dijo haciendo pucheros haciéndola sonreír.

-No se cuál de los dos es más pequeño- dijo mientras veía como James le hacia cosquillas en el estómago a Harry.

De repente se oyó un ruido en la habitación de abajo, James paró de hacer cosquillas y miró a su mujer extrañado, mientras ésta se acercaba a la puerta del dormitorio asustada. El pequeño se puso muy serio y se extrañó de que su papi no siguiera haciéndole cosquillas.

-James, hay alguien abajo- susurró Lily aterrorizada.

-Coge a Harry, vamos.

La mujer cogió al pequeño y lo abrazó a ella, mientras James se situaba al lado de la puerta del dormitorio con la varita preparada, Lily se situó a su lado.

El intruso comenzó a subir las escaleras y cuando se encontraba en el rellano, James abrió la puerta de golpe y le apuntó con la varita.

-¡No te muevas!- gritó.

-¡Qué susto, pensé que no estabais en casa- dijo el individuo.

-¡¿Dumbledore!- exclamó James sorprendido.

-Me alegra verte sano y a salvo- dijo sonriendo.

-Perdona el recibimiento, es que oímos un ruido abajo y nos asustamos- dijo James acercándose a él.

Los tres bajaron al comedor y le sirvieron una taza de té a Dumbledore. Lily sostuvo a Harry en brazos mientras James hablaba con Dumbledore.

-Hacia mucho que no venías a visitarnos, estábamos muy preocupados- decía.

-Hemos estado muy ocupados, desgraciadamente nuestra situación es preocupante.

-¿Cómo dices?- pregunto James preocupado.

-Algunos me han insistido para que no os contase nada, pero he creído justo que lo supieseis, puesto que se trata de vosotros, y de vuestro amigo- dijo Dumbledore.

-¡¿Nuestro amigo!- exclamó James inclinándose hacia Dumbledore- es Sirius, ¿verdad, le ha sucedido algo, ¿no es así, ¡le han capturado!.

-Tranquilízate, cariño- le dijo Lily.

-No es de Sirius de quien estoy hablando- dijo Dumbledore tristemente- se trata de Remus.

Los Potter se quedaron boquiabiertos.

-¿Qué le ha pasado a Remus?- preguntó Lily preocupada.

-Los mortífagos lo han capturado.

-No puede ser... - susurró James- imposible, ¿raptado?.

Dumbledore asintió.

-¿Pero para qué querría capturarlo Voldemort?- preguntó Lily extrañada.

-Al principio pensamos que Voldemort querría sacarle información, pero lo descartamos, no es su estilo.

-¿Entonces?- preguntó James extrañado.

-No lo sé exactamente, pero Voldemort trama algo, y es ahora cuando debéis tener más cuidado- les informó Dumbledore- no quiero que por ningún concepto salgáis a la calle, y mucho menos al ministerio, no mandéis lechuzas ni os aparezcáis, ¿entendido?.

-Pero, Dumbledore, nos tienes en una cárcel, ¡¿no te das cuenta!- exclamó James.

-Eso es todo lo que os pido, por favor, hacedlo, por el bien vuestro y sobre todo, por Harry- dijo mirando tiernamente al bebe en brazos de su madre.

Lily y James se miraron y ambos asintieron a la vez.

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-¡Desmaius!.

El potente hechizo dio de lleno sobre Remus, quien quedó tumbado sobre el suelo, inconsciente.

Sirius se quedó mirando boquiabierto al individuo que apareció detrás de Remus y que le había salvado la vida. Pero era imposible creer que fuera aquella misma persona, aquel amigo tan cobarde al que los tres siempre habían tenido que defender, aquel al que se le daban tan mal las clases de duelo. Era Peter Pettigrew.

-Peter, ¿qué haces aquí?- preguntó extrañado.

-No hay tiempo, deprisa- dijo deshaciendo el hechizo que le mantenía pegado a la pared- vamos, metete dentro- decía tendiéndole una capa de invisibilidad y metiéndose dentro él también.

Cuando ambos estuvieron alejados a una distancia prudencial de la puerta, en un rincón y seguros bajo la capa, los mortífagos abrieron la puerta de un golpe.

-¿Dónde está ese asqueroso de Black?- dijo el que parecía el líder del grupo.

Bajo la capa Sirius soltó un bufido. Peter le pegó un codazo y susurró:

-Cállate, ¿es que quieres que nos descubran o qué?.

Los mortífagos se percataron de la presencia de Remus y se acercaron a examinarle.

-Sólo está desmayado- informó uno de los que se habían acercado hacia él- parece que Black lo atacó.

-¿Y qué hacemos, jefe?- preguntó una voz joven.

-Vosotros dos- dijo señalando a dos mortífagos- lo llevaréis al cuartel para que cuente lo que ha pasado, los demás perseguiremos a Black por el siguiente callejón.

Una vez hubieron salido de allí todos los mortífagos, Peter retiró la capa de invisibilidad y suspiró aliviado.

-¡Qué poco ha faltado!.

Sirius miró sorprendido a su amigo y a la vez contento.

-¿Qué haces aquí, te hacía en el cuartel general.

-Bueno, la verdad es que al principio no quería venir- susurró cabizbajo- pero cuándo Dumbledore me dijo que estabas herido, no pude negarme.

Sirius miró con aprecio a su amigo y le dio unas palmadas en el hombro.

-¿Y cuánto tiempo llevabas ahí escuchando?- le preguntó tristemente.

-Bueno, no mucho, pero escuché lo suficiente. No puedo creer que Remus haya...

Los dos se quedaron en silencio, aún sin poder creer lo que había pasado momentos antes. Era imposible, pero... sin embargo, encajaba muy bien. Remus era inteligente y astuto, siempre tan serio y responsable, tan eficiente y tan solitario. La persona de la que menos podían sospechar, el más indicado para un plan perfecto de Lord Voldemort.

Vamos, Colagusano, dile algo, háblale para que poco a poco él vaya sacando algunas conclusiones

-Cuando me contaron que los mortífagos habían raptado a Remus, pensaba que querían sacarle información, pero Dumbledore lo veía tan poco probable, nunca pensé que sería esto.

Muy bien, Colagusano, vamos por buen camino

-Sólo era una absurda tapadera para volver al lado de su maestro- dijo Sirius con furia dando un puñetazo al suelo- y de paso traicionar a su mejor amigo y entregar a su hijo a Lord Voldemort.

El rostro de Sirius irradiaba el más profundo odio hacia el que días antes había considerado "su amigo".

Aprovecha este momento, Colagusano, es la mejor oportunidad

-¿Y qué vamos a hacer ahora, Sirius, ahora que sabemos que Remus es el que va detrás de Harry, ¿qué pasará ahora?.

-No lo sé, pero de lo que estamos seguros es de que ahora más que nunca Voldemort irá a por Lily y James.

-Pero eso significa que irán a por ti, Sirius, ahora más que nunca- exclamó Peter- hay que protegerte.

-Me las arreglaré bien, tranquilo- dijo Sirius convencido- jamás dejaré que les pase nada a Lily y James, y mucho menos a mi ahijado.

-Pero podrías morir, no es seguro, tenemos que planear otra cosa, no podemos permitirnos que mueras, Lily y James se quedarían sin protección.

-No hay otra solución, ¿que sugieres que hagamos si no?.

-¿Y si ponemos a otro en tu lugar, alguien que fuese menos sospechoso, pero a la vez leal a James y Lily.

-Esa sería una buena idea, si no acabásemos de ver cómo la persona perfecta para ello nos acaba de traicionar- dijo Sirius furioso- y no añadiré más.

Sirius se dio la vuelta y se ajustó su capa de viaje, dispuesto a salir de aquel lugar cuanto antes, no iba a convertirse en una presa fácil de capturar.

¡¡Estúpido no dejes que se vaya!

-¡Espera, Sirius!- gritó Peter cogiéndole del brazo.

El hombre se volvió a mirar el rostro de su amigo. Tenía los ojos desencajados y la boca entreabierta, parecía cómo si se hubiese quedado sin voz, queriendo hablar pero a la vez sin saber qué decir.

Cobarde, está claro que esta vez me toca intervenir

De repente Peter comenzó a tambalearse y cerró los ojos fuertemente. Sirius se le acercó preocupado y lo agarró momentos antes de que cayese al suelo.

-¡Peter, no me des estos sustos, ¿qué te pasa?- preguntó preocupado.

Sirius no pudo ver el brillo color rojo que había aparecido de repente en los ojos de su amigo. Colagusano lo miró con el rostro más sereno y comenzó a hablar con una voz algo más fría que la anterior:

-No es nada, es tan sólo la preocupación y la tensión, todo se ha juntado en mi cabeza- dijo apartándose con cuidado de los brazos de Sirius- ahora estoy mejor.

-En tal caso deberías irte ya, no es seguro para ti estar aquí, tu deber es estar con los demás miembros de la orden.

-No me iré- dijo rotundamente.

-¿Cómo has dicho?.

-No puedo irme sabiendo el peligro que corres ahí fuera, te lo suplico, no te marches- en los más hondo de su alma Voldemort trataba de escupir lo más rápidamente posible aquellas estúpidas palabras.

-Ya te lo he dicho, no puedo quedarme de brazos cruzados, lo siento.

Volvió a darse la vuelta otra vez más, dispuesto a marcharse, pero se quedó paralizado al oír las últimas palabras de su amigo:

-Déjame ser el nuevo guardián.

-¿Qué locura estás diciendo?- dijo Sirius extrañado mirando fijamente a su amigo.

Colagusano se dio la vuelta.

-Voldemort seguirá detrás de ti, creyendo que tú sigues siendo el guardián, pero mientras tanto James y Lily estarán seguros, no existirá posibilidad de que los capture.

-Pero...

-Mira, ya se que soy un cobarde y que lo hago todo mal, pero... precisamente por ello, déjame que sea yo quién os proteja esta vez- dijo con una fingida pero bien conseguida, voz de llanto- siempre habéis tenido que cuidar de mi, Remus, James y tu, pero esta vez déjame a mi ser el que os proteja, creedme, no os fallaré, antes de hacerlo moriría.

-Pero, Voldemort podría sospechar también de ti, ¿no crees?.

-Lo sé, pero ahora eres tú el punto de mira del señor tenebroso, no se fijará en alguien más, y mucho menos en alguien como yo.

-Quieres decir que Voldemort no sospecharía de alguien débil como tú mientras esté yo para proteger a Lily y James, ¿no es eso?.

-Si, aunque no creo que sea tan fácil engañar al Señor Tenebroso- dijo Colagusano fingiendo un gran desánimo- reconozco que esto me asusta mucho.

Sirius se acercó a su amigo y le colocó las manos sobre los hombros en señal de agradecimiento.

-Sé que lo harás muy bien y estoy muy de acuerdo con lo que me has dicho, creo que es un buen plan.

-¿En serio?- dijo Colagusano dándose la vuelta y sonriendo.

-Si, siempre que Dumbledore esté de acuerdo con ello- dijo Sirius.

De repente la expresión de Colagusano se tornó muy desagradable, Dumbledore no debía enterarse de aquello.

-¡No, ¡No debemos contárselo a Dumbledore!- gritó.

-¿Por qué te pones así?- preguntó Sirius extrañado- es Dumbledore, por supuesto que debe enterarse.

-Pero, seguramente no nos dejaría hacerlo, y tú sabes que es el mejor plan, Sirius.

-Tranquilo, Dumbledore lo entenderá.

-Pero se lo dirá a los demás miembros de la orden- exclamó Peter- igual que la otra vez y ya has visto lo que ha pasado, no podemos arriesgarnos a que haya más traidores en la orden.

Sirius se quedó pensativo un momento, no le gustaba hacer aquello a espaldas de Dumbledore, pero lo que decía Peter tenía mucho sentido.

-Está bien, pero cuando veamos que no hay peligro se lo haremos saber, ¿de acuerdo?.

-Lo que tú digas, Sirius- afirmó Colagusano pensando "Qué más dará, porque dentro de muy poco no habrá salvación para los Potter".

Una sonrisa maliciosa iba apareciendo poco a poco en el rostro de Colagusano.

-Bueno, entonces será mejor que nos pongamos en marcha- decidió Sirius- ¿sabes, este ha sido el día en que por una vez has pensado con sensatez, amigo, ¡vaya agudeza, chico!.

-Ya lo ves, Sirius, a veces soy una caja de sorpresas- susurró Colagusano.

-¿Qué decías?.

-Oh, nada de importancia.

Esta parte te la dejo a ti, Colagusano, no me fío de ese James Potter, espero que no metas la pata .

-.-.-.-.-.-.-.-Fin del capítulo-.-.-.-.-.-.-.-.-