Capitulo 2
Se escabulleron entre los muros del entonces pequeño poblado hasta llegar a los pasillos del castillo del líder de la orden, estaba bien protegido por guardias armados, Vergil tomo la agarradera de su espada dispuesto a matar a todos aquellos hombres, pero las suaves manos de la chica sobre las suyas lo detuvieron, este se giro para observarla y pudo ver en sus ojos suplica, estaban ahí para recuperar un objeto no para dañar a alguien, no supo porque pero esos ojos le vencieron soltando finalmente su espada, se dejó guiar por la chica en el castillo hasta que llegaron a la gran biblioteca, pero había alguien ahí, un hombre mayor junto con un joven Angus, científico loco, así como un muy joven guerrero de nombre Credo observaban el pergamino. Vergil no esperaría más, se impulsó con fuerzan entrando a través del vidrio superior sorprendiendo a los hombres en la sala, Lenna no tuvo otra opción que hacer lo mismo por la parte baja.
- eso es mío – dijo peliplateado serio al hombre mayor frente a él, ese sin duda era el líder de aquella congregación
- estoy honrado de finalmente conocer al portador de la sangre del gran Sparda … hemos esperado mucho por tener tu presencia aquí, nos llenamos de alegría cuando nuestros pequeños demonios nos informaron sobre ti en el pueblo cercano - hablo con una falsa sonrisa aquel anciano.
- ¿que? – pregunto Lenna al observar el comportamiento de aquel extraño hombre ¿desde cuando le era tan importante aquel otro pueblo?
- al fin le eres útil a la orden como se debe – comento Angus acercándose a ella- has traído y acompañado a nuestro invitado hasta aquí - hablo el científico burlándose de la chica, Vergil lo noto y molesto hablo de nueva cuenta sujetando la empuñadura de su espada
- no me interesa saber que pretendan, simplemente quiero lo que es mío y me lo entregaran o tendré que quitárselos por la fuerza.
- me temo que no será posible señor … y si ha de haber una pelea que así sea… al menos así nos honrara con su sangre – hablo el gran líder lleno de confianza, tanto Credo como el científico se lanzaron al ataque, Lenna ayudo a Vergil contra ellos hasta que Credo se paro frente a ella, habían sido buenos amigos en su tiempo en la orden, compañeros de armas que se cuidaban uno a otro y ahora luchaban entre ellos.
- ¿por que te opones a la orden Lenna?
- Credo, también lo sientes, algo no está bien aquí, ellos nos están siendo honestos con nosotros
- yo creo en la orden, lo que hago, lo hago por mi honor y mi familia a diferencia tuya ... huérfana – dijo antes de golpearla lejos de el, Vergil al observarlo se enfureció, se acerco a Credo atacándolo y dejándolo fuera de la pelea al lanzarlo contra el muro, el anciano aprovecho para atacarlo pero el joven del saco azul lo noto primero defendiéndose y luego empujándolo hasta dejarlo sobre el piso, estaba por darle el golpe final sin notar al científico con una filosa daga detrás de el listo para clavarla en su espalda, Lenna lo noto y se arrojo sobre el hombre para ayudar a su compañero, durante el forcejeo fue ella quien recibió la puñalada terminando en el suelo, con extremo dolor saco despacio la daga de su abdomen, los ojos de Vergil brillaron en tono rojizo al notar el liquido carmín salir de aquella herida, su increíble ira despertó transformándolo, mostrando su demoniaca forma listo para matar a todos los presentes, pero al notar a la chica sufriendo, necesitando ayuda se calmo, sabía que tenía que sacarla de ahí primero y por extraño que le fuera ... realmente quería salvarla, soltó su transformación y tomo del cuello al anciano
-te matare… de una o de otra forma morirás por mi mano – dijo antes de soltarle, tomo el pergamino y se acerco hasta la chica a quien tomo en sus brazos para sacarla de aquellos terrenos. Giro su rostro hacia Fortuna una ultima vez notando la figura de su padre aprobando sus acciones, pero no por recuperar el pergamino si por salvar a aquella mujer.
Ya se encontraban lejos de aquella ciudad, la chica despierta en los fuertes brazos cubría con insistencia su herida mientras recargaba con dolor su rostro en el pecho del hombre, de pronto este detuvo el paso, le miró unos segundos y luego le dejo sobre el verde pasto para hablarle.
- déjame ver tu herida - ordeno con calma el hijo de Sparda
- no es necesario estaré bien... no esta tan mal
- sigue sangrando y es profunda
- ya tienes lo que querías, no tienes porque seguir …. Ahhh – grito la chica de dolor cuando con rapidez Vergil quito su mano de la herida y la observo, realmente era grave, la tomo del cuello y con un movimiento preciso la dejo inconsciente, solo así podría tratarla, abrió el saco de la joven y subió parte de su blusa lo suficiente para ver la cortada, ahí estaba justo debajo de su pecho, tomo su espada y corto la palma de su propia mano para que brotara un poco de sangre, su sangre de demonio le permitía curarse y seguramente a ella le ayudaría para cerrar su herida, poso su mano en ella e inmediatamente noto como esta dejo de sangrar.
La cargo de nueva cuenta y la llevo hasta su casa depositándola suavemente en la cama, la miro perdido y curioso en la belleza de su rostro, sin pensarlo su mano subió hasta su mejilla haciendo a un lado un mechón de cabello que había osado cubrirlo, sintió entonces la suavidad de su piel y una leve corriente eléctrica lo recorrió. Asustado, asombrado y perdido por aquella sensación se levanto tomando asiento en una de las sillas del fondo escondido entre las sombras. Lenna abrió los ojos y por un momento no reconoció el lugar en donde estaba, se levanto de golpe sintiendo un dolor en su costado, cubrió su cortada con su mano ahogando un grito de dolor ignorando a quien le veía.
- no te mueva tan bruscamente aun, tu herida no esta del todo curada - hablo el hombre que salía de la oscuridad del rincón
- Vergil … ¿tu me ayudaste?...me trajiste aquí
- solo pago la deuda contigo por salvar mi vida
- crei que era yo ... la que tenia una deuda contigo- dijo tímidamente la chica, por un momento hubo silencio, pero la voz del joven lo rompió
- te ayudare hasta que te puedas mover sin problema, descansa ahora para que puedas aliviarte pronto y pueda largarme de aquí - dijo el joven regresando a su asiento, la chica lo miro y simplemente se volvió a recostar mientras una sonrisa se dibujaba en su rostro pues ... ya no estaba sola.
Varios días pasaron desde aquel momento, la chica reposaba y aquel hombre cuidaba de ella y por primera vez en mucho tiempo para ambos había paz, una tarde la temperatura de la chica subió de golpe, el calor y sus pesadillas la hicieron retorcerse en su cama, Vergil lo noto y se acerco hasta ella acariciando su hombro para despertarla, la joven le sonrío queriendo ocultar lo que sentía pero no había forma alguna de engañar a ese medio demonio.
- tienes fiebre
- estoy bien, de verdad no debes preo… -trato de decir pero la mano de Vergil ya estaba en su frente, de pronto y sin previo aviso este la tomo en sus brazos y la llevo hasta el baño, hasta la regadera.
- debes darte un baño frío para bajar tu temperatura
- ya te dije que estoy bien... ¡déjame en paz!
- has lo que te digo
- ¡no! – el chico molesto la aprisiono entre su cuerpo y la pared del baño tomando sus muñecas a los costados de su rostro pegando por completo su cuerpo al de ella.
- haz lo que te digo... quítate toda tu ropa… - susurro en su oído además de aspirando su aroma inconscientemente – toma un baño para que puedas sentirte mejor
- tus palabras podrían tomar otro significado ... ¿sabes?- dijo ella en voz queda extrañamente conforme con la cercanía del apuesto hombre
- Lo se… pero por ahora lo único que quiero es que tomes un baño- dijo antes de salir del cuarto para darle espacio, cerro la puerta tras de el mientras cerraba su puño con fuerza, esas sensaciones que solo ella despertaba lo estaban volviendo loco.
Dos noches después la joven se movía con fuerza en su sueño a causa de otra pesadilla, Vergil se acerco a ella acariciándole la mejilla lo que la relajo haciéndola dormir tranquilamente de nueva cuenta, la miro fijamente. Intrigado por la forma en que lo hacía sentir sin darse cuenta su rostro bajaba lentamente con el objetivo de llegar hasta el de ella, de tocar aquellos rosados labios, justo a milímetros de estos su trance termino haciéndolo reaccionar apartándose de ella para romper cada increíble sensación que ese simple deseo le estaba provocando.
Un mes paso, la herida de la joven ya estaba mucho mejor, ya podía moverse con facilidad y para Vergil ya no había nada más que lo detuviera ahí, partiría al día siguiente, ambos lo sabían pues así era como tenía que ser, esa noche la chica miraba por la ventana la luna llena que comenzaba a formarse y con seriedad hablo.
- mañana te marcharas – dijo mientras el joven de cabello platinado giraba su rostro para mirarla- esta es nuestra ultima charla y … antes de que todo termine … quiero confesarte …que yo... yo ... creo que me he enamorado de ti – dijo mientras se dejaba caer de lado en su cama para mirar hacia el muro y darle la espalda al joven sentado en una silla en el rincón – se que tu no sientes lo mismo… y que tienes una misión que cumplir … no tienes que decir nada … solo quería que lo supieras, así sería más fácil para mi olvidarte…
Vergil no dijo nada, no lo haría pue simplemente no sabía que decir, giro su rostro a la ventana lleno de ira también, sabía que no debía de haberse acercado tanto a ella, lo sabía, lo presentía y aun así se dejo llevar por la tranquilidad de estar a su lado… nada lo detendría en su misión... NADA... ni siquiera ella. Al día siguiente la chica se despertó observando la habitación completamente sola, él ya se había marchado, Lenna sabía que así sería y como lo había dicho la noche anterior así sería más fácil sobreponerse a eso.
Tres días pasaron desde su despedida, su actividad como guardiana del pueblo regreso vigilando las calles de noche y de día no sabiendo que otra figura le vigilaba a ella, una tarde un hombre alto se interpuso en su camino a la plaza para hablarle, Lenna pudo notar en el rostro de Credo que este solo quería hablar, le ofreció regresar, ser parte de nueva cuenta de la orden de la espada, el líder le había visto pelear y quería tenerle de regreso, la joven se molesto y le grito al joven guerrero que aquello no era más que una trampa, si la quería de regreso era por la cercanía que quizás ella pudo haber tenido con el medio demonio, sacar toda la información que pudiera sobre el, pero la chica no lo haría, nunca lo traicionaría, se dio media vuelta y dejo a aquel joven con la palabra en la boca.
La noche había caído para cuando por fin llego a su hogar, una suave lluvia se dejaba oír afuera de su ventana y la soledad de su cuarto la rodeo, de pronto la luz de un rayo ilumino la habitación haciéndola cerrar sus ojos, al abrirlos él estaba ahí parado frente a ella observándola seriamente, la joven se quedo sin palabras mientras lo miraba acercarse a ella, la lluvia había mojado su cabello platinado haciendo que este cayera sobre su rostro acentuando más sus claros ojos azules.
- Vergil .. – dijo al tenerlo completamente frente a ella – crei que te habías marchado
- así fue… pero no pude llegar lejos ..- le dijo tomando su mejilla – no sin respuestas
- ¿sobre que?
- Sobre nosotros… sobre lo que provocas en mi … sobre mi corazón latiendo sin control al tenerte cerca… sobre el deseo de tocarte, de probar tus labios… yo...
- Vergil...
- Esto no cambia nada… - hablo alejando sus ojos de los de ella, para luego regresarlos y perderse en los violeta de los mismos - podrás tener mi corazón, pero mi mente y mi cuerpo siempre serán de mi misión, de mi objetivo.
- Entonces al menos esta noche permite que todo tu sea mío... – dijo la pelinegra cerrando el espacio entre ellos tomando sus labios, por un momento el joven se quedo estatico pero al instante reclamo para si aquellos dulces labios.
Se encaminaron hasta la suave cama en el fondo de aquel cuarto despojándose de toda duda así como de toda ropa, Vergil deslizo sus manos por la delicada piel de la joven explorando todo su cuerpo, añorando y grabando cada sensación, cada dulce sabor de ella en el fondo de su memoria. Lenna hacía lo mismo, disfrutaba al máximo del amor, del calor del cuerpo de aquel hombre sobre ella, de cada vibración de su cuerpo bajo su toque, de cada suspiro, gemido o gruñido de ambos al entregarse, al unir alma y cuerpo hasta el cansancio. Esa noche hicieron el amor en más de una ocasión. Lenna descansaba a un lado de Vergil soñando, entregada por completo al reposo mientras este le miraba fijamente, acariciaba un mechón de su negro cabello sobre su mano indeciso por primera vez en su vida, aquellos momentos compartidos no hicieron más que reafirmar lo que ya sabía, se había enamorado de ella y ahora se preguntaba si aquello había sido lo que su padre sintió al llegar con los humanos, al unirse con su madre a sabiendas de lo que era y de lo que tenía que hacer. Su mayor deseo era estar con ella, pero su orgullo era mucho más dominante, tenía que cumplir con la promesa que se había hecho así mismo, ganaría más poder y controlaría el de su padre, ese era el objetivo de su vida y no lo cambiaria, se levanto, la cubrió con la sabana y luego se vistió para salir del lugar y no volver.
Jamás o por lo menos no hasta después de mucho tiempo se daría cuenta de lo que había dejado en aquel lugar, de la nueva vida que se había formado ahí y de la felicidad y orgullo que habría encontrado de enterarse…
Poco tiempo después de aquella noche el joven de saco azul se encontró en una gran biblioteca interrumpido en pensamiento y lectura por Arkham, un extraño hombre que sabía más de lo que aparentaba. Su encuentro con su hermano, la puerta al mundo demoniaco y la pelea en equipo con su gemelo fueron parte de la aventura de Vergil, al final había decidido seguir el camino de su padre, este le llevo hasta Mundos y su batalla perdida con el, en el ultimo momento justo antes de caer ante el gran demonio un pensamiento cruzo su mente, un fugaz recuerdo de aquella joven a su lado recostada en el mismo lecho que él, entonces sus ojos le mostraron una visión, la de una joven a punto de dar a luz parada frente a una ventana añorando su recuerdo, una sonrisa se dibujo en su rostro justo antes de que su alma se perdiera.
Lenna sintió una leve punzada en su corazón, como si perdiera algo, como si alguien se despidiera, sin saber porque una lagrima brotó de sus ojos demostrando la tristeza que ahora sentía, su dolor cambio de un momento a otro al sentir la llegada de aquella criatura al mundo, la mujeres del pueblo la llevaron hasta la habitación en la que un pequeño de cabello platinado nació llorando a todo pulmón.
El esfuerzo había sido grande para ella y el gran dolor en su pecho, de su corazón no hizo más que vencerla, poco a poco su vida se fue apagando en su cuerpo, una de las doncellas llevo hasta ella a su pequeño hijo ahora ya más calmado para que le conociera.
- te quiero... Nero .. – fue lo ultimo que dijo aquella mujer antes de dejarse llevar por el sueño eterno, la criatura se había quedado sola pero no por mucho tiempo… cumpliría con un destino y con la palabra de su padre extinguiendo la vida de aquel anciano y liberando así al mundo nuevamente de los demonios … el tomaría el control sobre el poder de su padre.
- Fin-
