Disclaimer: Twilight pertenece a Stephenie Meyer. Esta historia es de LyricalKris, yo solo traduzco con su autorización.
Capítulo dos
Bella
Renée hubiera dicho que su primer error fue poner un poco de su corazón.
—El amor es aburrido, querida. Si siempre eres libre, la vida es una aventura. Cada persona que conozcas puede mostrarte algo nuevo y emocionante.
La madre de Bella siempre seguía sus caprichos y las personas en su vida lo aceptaban. De vez en cuando, Bella podía ver lo bueno en ello. Cuando sea que su mamá volvía a aparecer, las historias las pintaba como una vida feliz con colores variados y emocionantes.
Sin embargo, Bella nunca podría querer la vida de Renée. Bella era una criatura estable. Una vida de constante cambios la harían más miserable que cualquier otra cosa. Ella ansiaba la dependencia y estabilidad.
Era lo único que lamentaba Renée cuando decidió dejar a Bella con su hermana, Rosalie, para que la criara. La tía de Bella era todo lo que Renée no era.
—Desearía haber sido capaz de llevarte conmigo, Bella. Verías el gran mundo que te pierdes —había dicho una y otra vez. Pero había leyes de niños que cumplir y colegios que atender, así que Bella solo veía a su madre algunas veces al año.
Renée estaba sorprendidamente feliz, pero a pesar de su vida más tranquila, también lo estaba Rosalie. Ella había estado con el mismo hombre por veinte años y no parecía aburrida para Bella. Pero, entonces, eso podría tener algo que ver con su marido. El tío de Bella, Emmett, era muy gracioso. Entre él y su enérgica hija de dieciséis años, Alice, la casa Cullen estaba lejos de ser aburrida.
Sin embargo, justo en ese momento, Bella deseaba haber tomado el consejo de su madre sobre citas.
Nunca fue intención de Bella involucrarse con Félix Scarpinato. Se conocieron en la Orientación para ingresantes de la universidad de Antioch, dónde Félix era uno de los de último año mostrando los alrededores. A pesar que ella era, según le habían dicho, muy madura para una chica de dieciocho años, se volvió loca por él.
Él era encantador, apuesto, atento y gracioso. Y enorme. Era tan grande como un edificio… cosa, ella tenía que admitir, le intrigaba y ocasionalmente le intimidaba, especialmente cuando la relación se volvió más física. Pero cuando ella le dijo que parara o se alejara, él lo aceptaba, aunque a regañadientes.
Después de dos meses de esto, él estaba caliente. La llamó vaca frígida y la dejó en una fiesta a la cual la había llevado, haciendo que encontrara su camino a casa por ella misma.
Siendo sinceros, Bella estaba mucho más avergonzada que dolida, en realidad. Durante el colegio, ella vio las novelas que eran las vidas amorosas de sus compañeros. Desde su punto de vista externa, era claro lo ridícula que eran esas uniones.
Pero aquí estaba el problema. En el colegio, Bella había existido en la esfera social mediocre. Ella no era ni rechazada ni una de los chicos populares. Ella tenía muchos amigos, hombres y mujeres, pero no pretendientes.
Ser atrapada en el ojo de la tormenta, ser la perseguida, tenía un efecto cegador. En su corazón de corazones, Bella había sabido desde el primer día que ella y Félix no tenían nada en común. Sin embargo, había sido atrapada en el flirteo, en el roce. Ella descubrió lo bueno que se podía sentir.
Se sentía hermosa, tan hermosa.
Ahora, la realidad había chocado contra ella otra vez. La única cosa que Félix quería era estar entre sus piernas; no le importaba su apariencia excepto por lo que su cuerpo podía ofrecer.
Bella se quitó esa sensación de melancolía mientras estacionaba en la entrada. Había pasado una semana desde que Félix la había dejado, y seguía irritada. Siempre podía ser peor, pensó ella para si misma. Ella podría haber accedido a sus constantes avances.
Esa ultima noche, él había sido jodidamente aterrador. La había llevado a una habitación vacía de la casa donde se llevaba a cabo la fiesta. Habían estado besándose en la cama, y cuando él la empujó hacia abajo, ella protestó. Ella había intentado hacerlo pasar como una broma. Esta era la casa de alguien. No había traba en la puerta. Él había desechado sus preocupaciones sin pensarlo, recostándola sobre la cama.
El cuerpo de él era tan enorme y no quería parar. Le seguía diciendo que necesitaba relajarse.
—Te gustará. Soy muy bueno, nena. Te haré pasarla bien.
Él solo se detuvo cuando ella comenzó a gritar tan alto que podía ser escuchada por alguien.
Bella odiaba recordar lo débil que se había sentido, como el saber que él era mucho más fuerte que ella podía ser hecha pedacitos.
Mientras ella entraba, Bella vio una silueta borrosa correr hacia ella antes de encontrarse levantada del suelo. Ella gritó, desorientada por un momento. Estaba siendo alzada sobre el hombro de alguien y llevada como un cavernícola. Comenzó a patear.
—Whoa, whoa. Patito. ¡Cálmate!
—¿Edward?
Edward le dio una palmada juguetona en el culo mientras la bajaba.
—¿Quién más podría ser?
Aliviada de no ser atacada y emocionada de verlo, Bella lanzó sus brazos alrededor de su cuello, enredando sus piernas alrededor de la cintura de él. Este rio, sosteniéndola fuertemente.
—Aquí está mi chica.
—Lo siento —dijo ella mientras él la llevaba a la sala. Una vez que llegaron al sofá, él la movió así estaba ubicada sobre su regazo—. Estaba pensando en otra cosa y me sorprendiste
Él quitó el cabello de los ojos de ella.
—Ah, sí. Dime todo sobre este chico que te tiró de las coletas y te hizo llorar.
—Ugh. ¿Rose te contó sobre eso? —Bella estaba agradecida que no le había contado a su tía lo lanzado que Félix había sido. Rose le hubiera arrancado las bolas. Edward probablemente lo hubiera golpeado a morir—. No lloré.
—Bien. Puedo garantizarte que este idiota no vale tus lágrimas.
Bella sonrió y le besó la mejilla. Ella no veía al hermano de Emmett seguido—tal vez una o dos veces cada tantos años ya que ella pasaba la mayoría de sus vacaciones con su madre—pero siempre disfrutaba de sus visitas.
—Estoy contenta que estés aquí.
—Oh, por el amor de Dios.
Ambos levantaron la mirada mientras Rosalie entraba a la habitación. Puso sus manos en sus caderas, sacudiendo su cabeza.
—Ya no eres una niña, Bella. Luces ridícula en su regazo así.
Bella trató de alejarse, pero Edward la sostuvo fuerte.
—Ella es mi niña, Rose. Déjala tranquila. Ella está bien donde se encuentra.
Era verdad, Bella pensaba en nada al ser así con Edward. Era algo de ellos.
Rosalie sacudió su cabeza.
—Son unos tontos.
—Bueno, se nos permite ser. —Edward le sacó la lengua a su cuñada.
—Así que, toma —añadió Bella, imitando el rostro de él mientras envolvía sus brazos alrededor de su cuello.
