Capítulo 2.- La Corona de Kanto
Tras haber aterrizado en Ciudad Azafrán, Ash y Serena se encontraban esperando el pasar de sus maletas por la banda transportadora de equipaje.
-Se demoran mucho- se quejó Ash mostrando una expresión de desesperación.
-No importa, así podremos estar más tiempo junt…- pero Serena no pudo acabar de decir su oración porque Ash se echó a correr. -Espera, ¿A dónde vas?- preguntó la chica ojiazul pero Ash pareció no escucharla.
Ash se detuvo frente a una chica de tez blanca; tenía el cabello color verde oscuro y le rozaba a media espalda; medía apenas un poco más que Ash. Vestía un vestido strapless color blanco con el pecho en forma de corazón que le llegaba a la mitad de sus muslos. Un fajín color lila con un moño adornaban su cintura. En su cabeza llevaba unas gafas negras de gol marca Ray-ban, modelo Wayfarer. Calzaba unos tacones tipo sandalia color blanco.
Serena sintió celos al ver al chico que tanto le gustaba platicando con una mujer tan hermosa. Se quedó analizando su forma de vestir por un momento: llevaba puesta una blusa verde con tirantes delgados, que permitía mirarle sus delgados hombros; unos jeans color azul marino, rasgados de las rodillas y deslavados. Su calzado eran unos Vans sin agujeta negros, con estampados de moños rojos. A pesar de que su outfit no era malo, desearía poder vestir un poco más femenina. Se sintió decepcionada de sí misma.
-¡Oye, Serena!- gritó Ash mientras se acercaba con aquella extraña chica hacia donde Serna se encontraba. En cuanto llegaron a ella presentó a su extraña amiga.
-Serena, ella es Sabrina, es la líder de Gimnasio de esta ciudad. Me ha tomado un rato reconocerla. Cuando la conocí no vestía tan…-
-¿Femeninamente?- interrumpió Sabrina mostrando una agradable sonrisa.
-No, no quise decir eso- se sintió apenado.
-Descuida. Me lo han dicho muchas veces. A decir verdad, desde nuestro aquél pequeño encuentro cambié mucho-
-¿Pequeño encuentro?- preguntó Serena un poco tímida.
-Ajam- afirmó Sabrina. Le contó cómo fue que Ash había cambiado su vida desde aquella batalla en su gimnasio (donde realmente Haunter fue quien hizo toda la labor).
-Así que se trataba de eso- suspiró relajada.
-Oh discúlpame, dónde están mis modales. Es un gusto conocerte al fin, Serena- Sabrina extendió su mano a forma de saludo.
-¿Al… al fin?, es decir, el placer es mío- Serena respondió al saludo, aunque se mostraba nerviosa y desconcertada.
-¿Te encuentras bien?- preguntó Sabrina.
-Uh-um, no es nada- asintió Serena recomponiendo la postura y sonriendo.
-Debo reconocer que soy una gran admiradora tuya, Kalos Queen- dijo la de cabello verde sonriendo.
Serena se sorprendió al escuchar estas palabras. A decir verdad, no esperaba que nadie fuera de Kalos fuese a reconocerla.
-Fue una presentación impresionante. ¡Qué clase de final!- prosiguió entusiasmada Sabrina. –Aún no puedo creer que Aria haya sido vencida. Sin duda era la favorita de todos- hizo una pequeña pausa. –Pero no la mía- sonrío. –Desde que vi la primera presentación con tu Fennekin supe que había algo especial en ti-
Serena no sabía cómo reaccionar. Era cierto que desde que se había convertido en la nueva Reina de Kalos había recibido millares de halagos y cumplidos, pero la mayoría era del tipo "que hermosa estás" "eres la mejor" "hazme un hijo". Ninguno de ellos era tan directo y original como el que Sabrina le estaba diciendo.
-Lo siento. No era mi intención acosarte de esta forma- dijo preocupada Sabrina. Serena sólo movió la cabeza de un lado a otro. –Y bien, Serena, ¿qué te trae por aquí? ¿Piensas conquistar ahora la Corona de Kanto?-
-¿¡Qué!?- soltó Serena tras una expresión de asombro.
-¿Pensabas que sólo Kalos tenía estos eventos?- preguntó Sabrina muy tranquila. Serena se limitó a sólo afirmar con la cabeza. Se encontraba aún muy apenada. Sabrina sonrió.
A pesar de haberse convertido en la Reina de Kalos, y a ganar mucha fama y popularidad, la joven de cabello seguía teniendo una actitud tímida frente a situaciones comprometedoras, y más si se trataba de una chica tan bella la que la estuviera poniendo en esta situación; no podía dejar de sentirse intimidada frente a tanta hermosura.
-Pues te equivocas un poco, Kalos Queen, Kanto tiene los mejores performances de todas las regiones- afirmó muy segura Sabrina.
Serena por fin pudo armarse de valor para soltar una larga oración. –Sinceramente sólo viaje a aquí porque Ash me pidió que lo hiciera- se sonrojó un poco y sonrió tiernamente. Sabrina pudo notar el rubor de su rostro. –Desconocía totalmente la existencia de los performance fuera de Kalos- dijo avergonzada.
-Oh, porque Ash te lo pidió, eh. ¿Acaso son novios?- soltó burlona, guiñando un ojo y sacando la lengua.
-¿¡Qué!?- volvió a gritar Serena, pero ahora con su rostro completamente rojo –No, nosotros… ¡ay! Es difícil de explicar- puso sus manos en sus mejillas rojas -¿Verdad, Ash?-
Pero el chico se encontraba ocupado descargando sus maletas, las cuales ya pasaban por la banda transportadora de equipaje.
-¿Dijiste algo?- preguntó Ash mientras ponía cansado la maleta de Serena en el suelo.
Sabrina río. –Piénsatelo querida- dijo dirigiéndose nuevamente a Serena. –Tienes un brillante potencial como para lograr grandes cosas en esta competencia; pero, si decides participar, no creas que voy a entregarte mi corona- sentenció.
Esto último causó que los ojos de Serena se abrieran como platos. La lluvia de emociones que había estado presentado desde que puso su primer paso en Kanto no cesaba. Se encontraba parada frente a otra Reina, la Reina de Kanto, quizá la mejor del mundo.
Sabrina se acercó a Ash. –Estaré esperando nuevamente tu desafío, Kalos Champ-
-Esta vez te derrotaré de forma justa y obtendré nuevamente tu medalla- dijo confiado cerrando el puño derecho.
Sabrina soltó una risita, e intento disimularla tapándola con el puño izquierdo. –Siempre eres tan optimista, por eso me encantas- Dicho esto se despidió dándole un beso muy cerca de la boca, lo que provocó el desconcierto de Ash y la sorpresa de Serena. Al irse separando del rostro de Ash, Sabrina lanzó una mirada retadora a Serena, y un segundo después le guiñó el ojo. Acto seguido se apartó de ambos con un caminado muy coqueto, marcando el movimiento de sus caderas como si estuviera en una pasarela; esto provocó que todos los hombres con los que se cruzaba voltearan su mirada hacia ella, incluyendo a Ash.
-Ah Sabrina- suspiró Ash. –¡Qué cambio ha dado! Ahora es tan linda y tan sonriente, pero a la vez tan misteriosa, ¿no lo crees, Serena?-
Pero la chica no respondió. Seguía observando, con la mirada llena de enojo, hacia la puerta por donde Sabrina había desaparecido.
-Con que la reina de Kanto, eh. Definitivamente no pienso perder contra ella- se dijo en sus pensamientos, los cuales fueron interrumpidos por una mano que tocó por detrás su hombro.
-Serena, ¿te encuentras bien?- preguntó el chico de ojos color café. -¿Estás molesta?-
-No, lo estoy- dijo en tono seco acercándose a su maleta para recogerla-
-Déjame ayudarte- Ash extendió su brazo para tomar la maleta de Serena, pero su mano se vio apartada por la de la chica.
-Puedo hacerlo yo sola, descuida. Será mejor que tomes la tuya. Ya perdimos mucho tiempo con esa chica. El Profesor Oak deber estar impaciente esperándonos afuera- su tono de voz seguía frío.
-Tienes razón- Ash tomó su maleta. –Vamos entonces- dijo decidido.
-¡Piikaaa!- gritó la tierna ratita amarilla.
Y así los tres tomaron rumbo hacia afuera del Aeropuerto, ya que el viaje hacia Pueblo Paleta aún era largo.
Por detrás del cristal de una de las habitaciones particulares del Aeropuerto, una mujer de cabello gris, que vestía un saco y una falda color negro, observaba como Ash, Serena y Pikachu salían del Aeropuerto. Una puerta a sus espaldas de la mujer se abrió y una chica de cabello verde entró por ella.
-¿Crees que haya mordido el anzuelo?- preguntó la dama de cabello gris mientras seguía observando por el cristal.
-Te aseguro que lo hizo. No se rehusará- dijo Sabrina mientras recargándose en la pared, apoyando su pierna derecha sobre ésta y cruzando los brazos. Sonrío. Después volteó hacia el cristal –Y si lo hace le haré una propuesta que no podrá rechazar- pensó.
Esta historia continuará…
