Rurouni Kenshin ni sus personajes me pertenecen (buaaaaaaaa), además, no me alcanza el dinero para comprarlo y encima, pienso casarme así que debo ahorrar para mi casa. Por eso, seguirá siendo de Nobuhiro Watsuki.

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En tu corazón.

Acto dos.

Lluvia Otoñal.

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Kaoru siguió caminando tranquilamente después de despedirse del señor Himura. Abrazando su planta, pasó frente a una cafetería y no pudo resistir la tentación de interrumpir su marcha para tomar algo.

Había mesas y sillas en el exterior, asi que la joven dejó su planta sobre una de las mesas mientras trataba de sacarse la mochila. Luego de lidiar con las correas, la dejó sobre una silla y se sentó a esperar que la atendieran. Una mujer salió del local y le pasó una carta para que viera los precios de las distintas cosas que ofrecía.

Kenshin, que se había quedado detenido tras un puesto de revistas, notó que un joven que estaba en una mesa cercana a la chica duende no dejaba de mirarla. Se sintió un poco incómodo con el descubrimiento, como si tuviera que hacer algo al respecto.

El apuesto joven sonrió al levantarse y caminar hacia la joven que estaba decidiendo entre un trozo de pastel o un sándwich de ave para acompañar el chocolate caliente que pensaba pedir.

-Hola.- dijo el joven.

-Hola.- respondió Kaoru a su saludo, sonriendo amistosamente.

A Kenshin tal cosa no le gustó. No podía ser que ella le sonriera así a cualquiera.

-Disculpa que te moleste, pero espero a otro amigo. Me preguntaba si ibas a usar esta silla.-

Kaoru contó. Una silla que ocupaba ella, otra para su mochila y la tercera para su planta. Le sobraba una.

-No hay prob… -

-Lo siento, joven, pero yo usaré esta.- dijo Kenshin, sentándose de improviso en la que quedaba vacía. Soy el acompañante de la señorita.-

Kaoru casi se atragantó al ver al pelirrojo instalándose frente a ella. Por su parte el joven, dio las gracias por la intención al menos y se retiró a otra mesa a tratar de que le prestaran una silla.

-Usted… - dijo Kaoru sin saber qué reacción tomar.

-Lo siento si la asusté… lo que pasa es que me dio hambre y pensé en venir aquí a comer algo. Al verla, pensé que no le molestaría si la acompañaba… claro que si tiene algún problema, me retiraré.-

-Oh, no… no se preocupe señor. Yo… nosotros podemos compartir la mesa. No es agradable comer solo.-

Tae, la dueña de la cafetería, salió a tomarles el pedido.

-Quiero chocolate caliente y pastel de frambuesa.- dijo Kaoru con los ojos brillantes. –Y sándwich de ave.-

Kenshin sonrió ante el pedido. Generalmente las mujeres con las que había salido, pedían una hoja de lechuga y un vaso de agua… en cambio la chica duende parecía dispuesta a devorárselo todo. Eso le agradaba.

-¿Y usted, señor Himura?- preguntó Tae.

-Tráeme un café bien cargado y… y un trozo de pastel… pero que sea de "Tres Leches".-

Tae sonrió y luego de una leve inclinación formal, se retiró a preparar el pedido.

-Vaya… en verdad lo conocen aquí.- observó Kaoru.

-Paso bastante seguido. Tae tiene un buen café y está a dos cuadras de mi residencia.-

-Ah… hum… yo vengo aquí por primera vez.-

Se hizo un silencio que por raro que pareciese, no les incomodaba. Kenshin se quedó mirando un rato la planta de Kaoru y tocó una de sus hojas. En eso llegó el pedido. Tae les sirvió y desapareció para atender a un nuevo cliente que llegaba.

Kaoru tomó el sándwich que tenía y se lo iba a echar a la boca cuando recordó sus modales, asi que lo dejó sobre el platito blanco en el que se lo habían traído y luego inclinó la cabeza para quitarse la gorra. Después se tomó el cabello para reacomodarlo tras su espalda, ignorando que sus movimientos eran atentamente seguidos por la mirada violeta de Kenshin.

La joven levantó los ojos para verlo.

-Lo siento… siempre olvido que lo traigo puesto.-

Kenshin miró la gorra que descansaba sobre la mochila y se quedó pensando en el pompón naranjo que tenía en la punta. Al volver la vista a Kaoru, ella estaba atacando sin piedad su sándwich. Él se tomó tranquilo su café. Se sentía a gusto y se relajó. Cuando la joven sació un poco su hambre y comenzó a comer más pausadamente, Kenshin decidió iniciar una conversación.

-Usted debe ser nueva en la colonia. No la había visto antes y eso que llevo dos años viviendo aquí.-

Kaoru revolvió su chocolate.

-En verdad… yo nací y crecí en esta ciudad. Pero… nos trasladamos con mi familia a Kyoto. Han pasado muchas cosas y pues… regresé hace dos semanas y todavía me estoy acomodando. Vivo muy cerca, a tres cuadras de aquí, en ese sector donde sólo hay casas. Y he notado que muchas cosas han cambiado desde que me fui. Esta cafetería no estaba antes.-

-Así es. Abrió hace como medio año.- le respondió Kenshin, tomando un sorbo de café. La estudió por un momento. Tenía una sospecha fuerte con respecto a ella.

-¿Y usted… en qué trabaja?- preguntó Kaoru.

Kenshin sonrió. La joven le puso muy fácil el averiguar lo que quería saber de ella.

-Soy abogado y presto asesoría a algunas empresas. De hecho, ahora estoy en un caso especial.-

-¿Sí?... ¿Un caso?... debe ser interesante.- dijo ella con sinceridad, sorbiendo su chocolate.

-Claro que lo es. Se lo comentaré… hace un par de días detectaron un fraude en una de las empresas en las que trabajo.-

-¿Un fraude?... ¿de qué tipo?-

Kaoru seguía muy interesada la conversación, mientras comía su pastel pensando que la frambuesa era maravillosa.

-Suplantación de identidad. Al parecer, alguien se hizo pasar por otra persona para dar una entrevista de trabajo. Estamos investigando para dar con el culpable.-

Kaoru palideció repentinamente al oír eso y hasta se le quitó el hambre. Kenshin, atento, notó su reacción, en especial cuando dejó la cucharita sobre la mesa. De hecho, hasta le dio un poco de pena decirle esa mentira.

-Pero… ¿y qué le pasará al impostor?- preguntó Kaoru tratando de mantener los nervios en calma.

-En cuanto la encontremos, porque fue una mujer, tomaremos acciones judiciales. Ella firmó como otra persona un acuerdo previo al contrato y eso es un delito muy grave, aunque quizá pueda quedar libre después de pagar una fuerte multa, al igual que su cómplice.

A Kaoru se le terminó de quitar el hambre para siempre. ¿Una multa?... ¿Cuánto dinero sería eso?... ¿Y si no podía pagar, la meterían a la cárcel?... entonces ya no podría ver nunca más a Misao.

-Señorita… - dijo Kenshin, moviendo una mano frente a la joven.

-¿Ehh?- Kaoru volvió al presente. Ya no era agradable.

-Le estaba diciendo que si esa persona confiesa su crimen, posiblemente no sigamos adelante con el proceso. Y Takani no ha querido hablar porque…

Kenshin no pudo terminar la frase porque se percató de que el labio inferior de la joven comenzaba a temblar y una lágrima se le escapaba.

-Yo no quería hacerlo, pero fue por una buena causa… - dijo Kaoru rompiendo a llorar.- Megumi necesitaba el empleo y no podía faltar al que ya tenía por si fallaba lo de la entrevista. Yo lo hice por amistad, no sabía que era un delito tan grave. Señor Himura… no quiero ir a la cárcel… -

La joven tomó su gorra para empezar a retorcerla y en eso, se encontró a Kenshin acuclillado a su lado, tomándole las manos.

Él se sentía tremendamente mal por no haber medido las consecuencias de sus palabras pero… ¡es que nunca se le pasó por la cabeza que la chica duende fuera tan sensible!

-Shhht… calma, calma, niña… no te va a pasar nada. Así que eras tú a quien entrevisté...-

Con los nervios, Kenshin comenzó a tutearla.

-Yo no lo quería engañar… de verdad que no fue de mala persona. Yo sólo quería ayudar a mi amiga… todos los conocimientos de los que le hablé los tiene ella en verdad. Es una gran secretaria, muy seria y profesional… es la mejor.-

Kaoru estaba muy triste. Ella nunca pensó que podría meterse con Megumi en semejante problema.

-Está bien, te creo, pero ya no llores.- le dijo Kenshin muy cerca, acariciándole la cabeza que ella tenía gacha.

-¿Pasa algo?- preguntó Tae al salir y ver la escena.

-No pasa nada… Tae, carga esto a mi cuenta y envuelve lo que queda del pastel de la señorita. También pon otro más, del mismo, para llevar.

Tae se apresuró en hacer lo que Kenshin le pedía y de inmediato regresó junto a ellos, con un vaso de agua además del paquete de golosinas. Kenshin seguía junto a Kaoru que al parecer, no podía parar de llorar. Los demás clientes los miraban con curiosidad.

Una gotita de agua cayó sobre la nariz de Kenshin, seguramente traída por el viento, pues estaba bajo un quitasol. De todos modos supo que pronto empezaría a llover, asi que se puso la mochila de la chica duende a la espalda, rodeó la planta con un brazo y con la mano libre ayudó a Kaoru a incorporarse a la par que le alargaba el paquete de pasteles para que lo llevara.

-Vamos… iremos a hablar a otra parte.-

-Me quiero ir a mi casa.- dijo ella.

-Está bien. Pero te acompañaré. Y no te preocupes… no te voy a meter a la cárcel. No podría hacerlo.- terminó en un tono suave, poco usual en él.

Después de caminar unos minutos, llegaron a la casa de Kaoru. En ese momento comenzó a llover y cuando la joven cerró la puerta tras ella, se dio cuenta de que no estaba sola dentro de su hogar.

Kenshin, con la planta aún en brazos, se acercó a un mueble para dejarla sobre él. Al pelirrojo le extrañó que no saliera nadie a recibirlos y mientras pensaba en eso, se deshizo de la mochila.

-Gracias por traerme.- dijo Kaoru, llamando su atención. Ya no lloraba, pero tenía los ojos muy brillantes y la nariz roja.

-No es nada.- respondió, incómodo. No sabía qué decir o hacer para borrar el mal rato que le había hecho pasar a la chica duende. Hubiera sido más fácil preguntarle directamente si era ella la de la entrevista de trabajo porque estaba seguro de que la joven le hubiese dicho la verdad. Ahora la miraba y la miraba y no encontraba su maravillosa sonrisa por ninguna parte.

-Lo siento… -dijo ella después, con las manos cruzadas sobre su regazo, aún de pie.- … Yo… no quería ponerme a llorar así… no quería darle pena para que no me metiera a la cárcel. Pero es que me asusté mucho y yo… no tolero bien la tensión. Lo siento mucho.-

A Kenshin, por algún motivo, le llamó la atención el que ella se disculpara por ponerse a llorar. Uno en general, no se disculpaba por el tipo de arma que usaba y era bien sabido que el arma favorita de las mujeres era el llanto. Pero mirando bien a la niña duende, se veía realmente avergonzada.

De pronto sintió curiosidad por ella.

-¿Cuántos años tienes?- le preguntó.- Porque tu amiga tiene 22. Debes ser de su edad.-

-No… yo soy mayor. Tengo 24.-

Kenshin pestañeó. Ella tenía algo especial… como si nunca hubiera crecido. Como si fuera alguien para cuidar.

Apartó esa idea de su cabeza.

-En ese caso yo te llevo ocho años.- dijo el pelirrojo mirando el lugar. Había muchas cajas aún sin abrir, aunque había un sofá, sillones y un televisor. Aunque el lugar era algo caótico, se veía muy acogedor.

-Señor Himura… ¿de verdad no me va a meter a la cárcel?- preguntó Kaoru preocupada.

-No, por supuesto que no. Después de lo que me contaste, te creo… además, yo no podría hacerte daño.-

-Gracias. Le prometo que no volveré a hacer una cosa así.-

-Lo sé.- respondió Kenshin sin ánimo de seguir con el tema.- ¿Quieres tomar algo caliente? De pronto bajó la temperatura… un café estaría bien.-

-No tengo café… sólo leche y cebada… pero no café.

Kaoru entró a la cocina seguida por Kenshin. Ella puso agua en el hervidor eléctrico y lo encendió. Luego revolvió los cajones.

-Tengo té. –

-Está bien, no te preocupes… yo me encargaré de servir. Ve a sentarte.- dijo Kenshin muy serio. Kaoru bajó la vista y lo dejó solo, para ir a sentarse muy derecha en el sofá, con las manos entre las rodillas.

Buscando las tazas y cucharitas, Kenshin se relajó. Escuchaba el sonido de la lluvia cayendo sobre el tejado de la casa y se sentía bien por estar a salvo de ella. Era raro escuchar la lluvia porque desde su departamento sólo podía verla caer sobre ciudad, sin sonido, como si de una película muda se tratara.

Sirvió dos tazas de té y las llevó a la mesa. Al mirar a Kaoru le dio pena verla tan callada, inmóvil, quizá pensando en qué cosas, asi que trató de llamarla pero cayó en cuenta que aún no le había preguntado su nombre.

-Está listo. Ven.- le dijo. Kaoru se levantó de su sitio y se sentó a la mesa ante la orden. Kenshin fue a la cocina por el azucarero. Luego recordó los pasteles que había traído y los puso delante de la chica duende al sentarse junto a ella, pero contrario a lo que pensaba, ella no se animó al verlos.

-No me gusta el té.- protestó la joven al ver el contenido de su taza.

-El té te hace bien porque es ligero para el estómago cuando uno está nervioso. Además, si pones la taza entre tus manos y hueles su aroma, te sentirás mejor.-

Kaoru lo miró y en ese momento Kenshin se percató de que él había entrado a su casa sin permiso, sin conocerla casi, y que además, le imponía tomar una bebida que a ella no le gustaba. Si la chica duende le arrojara el te caliente por la cabeza, él lo comprendería.

-Lo lamento… - dijo al cabo de unos momentos.-… estaba preocupado por ti y no me he dado cuenta de que he hecho cosas indebidas. No debí meterme así a tu casa, ni en tus cosas… y estoy muy arrepentido por haberte hecho llorar porque eso no es de caballeros. Yo sospechaba que tú eras quien fue a la entrevista de trabajo pero el modo de sacarte la información fue erróneo y me siento profundamente avergonzado por eso. Lo de las acciones judiciales era una mentira, además, en la empresa sólo yo sé que suplantaste a tu amiga y te prometo que no comentaré eso con nadie.-

Kenshin nunca en su vida había dado tantas explicaciones pero en ese momento sentía que era necesario. Kaoru miraba su té y él añadió:

-Creo que lo mejor es que me retire. Te he perturbado demasiado y te eché a perder el día.-

El pelirrojo se puso de pie para irse, pero Kaoru lo tomó de la manga de la chaqueta negra.

-Su te aún está caliente y afuera llueve. Espere un rato a que pase la lluvia… claro está… si no tiene algo pendiente que hacer.-

Kenshin la miró un poco asombrado y se sentó lentamente a su lado. Ella puso el plato de pasteles entre las dos tazas para compartirlos.

Después tomó su taza de té, aspiró su aroma como él le indicó y cerrando los ojos, comenzó a beber.

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Megumi se despidió de Tsubaki, quien tuvo que retirarse antes para asistir a una cita con el médico y se quedó sola en su puesto de trabajo. Unos minutos después se puso de pie y tocó a la puerta de su jefe.

-Pase.- dijo Aoshi.

Megumi entró con una carpeta en las manos.

-Aquí está el informe que me pidió.-

Aoshi sin duda era un sujeto delicioso a la vista. Era muy atractivo y a Megumi en verdad le gustaba. Desde luego, no podía comentar tal opinión o hacer algo al respecto, porque antes que cualquier cosa, ella quería ese trabajo y no podía ponerlo en riesgo haciendo o pensando en algo indebido.

Salió de la oficina con nuevas instrucciones y se puso a trabajar en el computador. En eso, contestó el teléfono. La voz de un hombre mayor le pidió hablar con Aoshi así que Megumi transfirió la llamada.

-¿Okina?... Hola, padrino. ¿Cómo estás?- saludó Aoshi al reconocer la voz al otro lado de la línea.

-Muy bien, hijo, bastante bien acá en Kyoto. Quería saber de ti.-

Aoshi le hizo un resumen de su vida a su querido padrino: trabajo, trabajo y trabajo. Luego guardó silencio para escuchar lo que Okina tenía que decirle.

-Verás… te he llamado por un hecho muy puntual. Necesito pedirte un favor.

-Tú dirás, padrino.- contestó Aoshi, firmando un papel.

-Lo que sucede es que mi hija Misao ha insistido mucho en estudiar en esa ciudad, básicamente porque el muchacho que le gusta y una de sus amigas están allá. Además, sueña con quedarse en casa de su prima… y eso no es bueno.-

-Misao… - musitó Aoshi, recordando a una pequeñuela que le abrazaba las piernas cuando él vivía con su padrino, durante su época de estudiante.

-Si, mi niña quiere ir a la capital y realmente, no quiero que esté en casa de su prima porque Kaoru es… es peligrosa para ella. Por eso he pensado que tal vez tú puedas hacerte cargo de mi hija y cuidarla… no sé, tenerla en tu casa.-

Aoshi soltó el lápiz que tenía en la mano.

-Padrino… ¿quieres que tenga a Misao en mi casa? Te recuerdo que no vivo solo. También está Sanosuke y Omasu…-

-Vamos, chico… tus hermanos adoran a Misao y sé que no se molestarán con la idea. Además, te pregunté por tu vida recién y no mencionaste a ninguna mujer, por lo que Misao no te perturbaría. Y sería sólo por este semestre. Aoshi, eres la única persona de mi absoluta confianza que vive en Tokio que puede hacerse cargo de mi hija y que nunca le dará malos ejemplos. Ella no es problemática, sólo un poco revoltosa, pero es ordenada… no te tropezarás nunca con sus zapatillas… por favor, Aoshi.-

-Okina¿realmente crees que ella aceptará venir a vivir conmigo?-

-Claro que tiene que aceptar… aún es menor de edad, no puede viajar sola a Tokio sin mi consentimiento o sin seguir mis reglas. Es parte del trato que acordamos. Sólo puede ver a su prima una vez por semana, por espacio de dos horas. Apúntalo bien.-

Aoshi arrugó la frente al notar la insistencia de Okina por impedir que Misao se reuniera con Kaoru. Se preguntó el por qué pero no dijo nada al respecto.

-Padrino… te prometí que no olvidaría el que me hayas tenido en tu casa cuando yo estudiaba en la universidad. Creo que es el momento de devolverte la mano, asi que dile a Misao que tiene donde alojar.- dijo Aohi después de un rato. Okina colgó satisfecho y el joven empresario suspirando, se echó hacia atrás en su asiento.

"Espero que esa niña no perturbe demasiado mi vida..."

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Mientras, en Kyoto, Misao saltaba de alegría.

-Yupi!!!! Voy a Tokio, voy a Tokio… esta vez será diferente… le demostraré a Sohjiro sempai que soy una chica madura al vivir lejos de mis padres. Pondré todo mi esfuerzo en hacer las cosas bien y estoy segura que pronto llegarán mis sentimientos a él. Además, veré a Kaoru… me reuniré con Tsubame… estoy segura que Kaoru nos permitirá alojar en su casa y hacer pijamadas… -

Misao estaba muy contenta… en eso entró Okina a su cuarto.

-Muy bien, Misao. Como te lo prometí, en premio a tus buenas calificaciones, ya he arreglado lo de tu estadía en la capital. Asi que puedes preparar tu viaje para cuando lo estimes conveniente.-

-Muy bien, padre. ¿Y dónde me quedaré?-

-En casa de mi ahijado.-

Misao se quedó de una pieza.

-E… e… en casa de los… ¿¡los Shinomori!?-

-Claro que si.- respondió Okina de brazos cruzados, sonriendo con los ojos cerrados.- Aoshi no ha puesto problemas en que te quedes con ellos durante la temporada que estés allá.-

-¿Pe… pero y Kaoru?-

-Ya hemos hablado de eso. Kaoru no es una persona apta para estar a cargo de ti. Apenas puede hacerse cargo de ella misma… -

-Papá, Kaoru es muy buena, muy responsable… ella… -

-Ella abandonó sus estudios y su trabajo por ese chico y encima fue a dar al hospital de los locos. Ni sueñes que te voy a dejar vivir con ella, que es una irresponsable. O vives con Aoshi, mi ahijado, o simplemente no vas a Tokio. Creo que habíamos llegado al acuerdo que yo te apoyaba económicamente y te daba mi consentimiento de ir con la condición de que también me hacía cargo de tu alojamiento.

-Pero papá…-

-Te recuerdo que aún no he firmado la autorización para tu traslado. Asi que piensa bien lo que me vas a decir. Por lo demás, si tanto quieres ver a tu prima, podrás hacerlo, dentro de un horario pertinente para ello, algunas veces por semana.-

Misao sintió renacer la esperanza nuevamente en ella. ¡Vería a Kaoru! Okina se retiró del cuarto, dejándola sola con sus pensamientos.

La joven de dieciséis años pensó por unos momentos en su padre. Okina se había casado por tercera vez con Okon, su madre, veinte años más joven y la habían tenido a ella solamente. Siempre tuvo todo lo que había querido, hasta ahora, salvo la libertad de otras chicas, porque realmente Okina, aunque era una gran persona, tenía ideas muy anticuadas. De hecho, el que la dejara ir a Tokio era un gran avance. Pero no todo era tan perfecto, porque tendría que quedarse con Shinomori Aoshi.

Misao se recostó en su cama, pensando en Aoshi. Había vivido con ellos durante una temporada larga y no tenía muchos recuerdos de él, salvo el verlo sentado bajo la sombra de un árbol, o en su habitación, con un libro entre las manos y muchos apuntes. Sin duda Aoshi, ese joven alto, delgado y de eternas gafas, era un ratón de biblioteca con todo lo que ello conllevaba: Aburrido, con pocos amigos y muy estrecho de mente.

-Seguramente me tendrá encerrada en mi habitación, estudiando constantemente y recordándome los muchos premios académicos que obtuvo en la escuela.- se dijo para sí, abrazando un peluche con la forma de Mokona, un personaje de una se sus series favoritas de animé.

-Pero de todos modos… al menos… podré estar en Tokio y en la escuela seré libre. Estaré junto a Sohjiro… tal vez no sea tan malo. Y si hago las cosas bien, podré arrancarme un ratito en las tardes para ver a mi prima. Si soy rápida, podré verla todos los días.

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Kaoru estornudó, tapándose la boca. Kenshin la miró preocupado.

-Tal vez ha pescado un resfrío… puedo hervir más agua.

-Estoy bien.- respondió Kaoru. Habían terminado de comer los pasteles y Kenshin se había puesto de pie, había retirado la mesa e incluso había lavado las tazas. –Su hogar debe ser muy ordenado. Su novia debe considerarse afortunada por eso.-

Kenshin sintió un escalofrío en la espalda al escuchar el comentario. Kaoru se levantó de la mesa y se acercó a la ventana a mirar el exterior.

-No tengo novia.- le dijo él de pronto, muy serio.

-Mmmmhhh… lástima. Ella se lo pierde.- dijo Kaoru, distraída. Cerró la cortina y se acercó a una de sus cajas sin abrir.

-Yo vivo solo. No tengo novia… ni esposa.- dijo Kenshin sintiéndose raro por tener la necesidad de darle esa información a la chica duende. Pero Kaoru, como si lo ignorase, sacó de una de sus cajas una cajita de música. Le dio cuerda y dejó que tocara sobre la mesa.

-Ya veo. Es un poco duro llegar a una casa vacía cuando uno está cansado. Y cae la noche y no se tiene con quien hablar.-

-Eso depende de la persona. Hay quienes no soportan la soledad y otros que la toleramos bastante bien. Ni nos percatamos de que existe.- respondió Kenshin, sin ánimo de inspirar lástima a la joven por estar solo.

-Usted entonces es muy valiente, si no le teme.-

-Estoy acostumbrado. Eso es todo.-

-A mí me gustaría acostumbrarme también. Como puede ver, vivo sola. Ni hermanos, ni padres, ni siquiera tengo un gato que me espere. A veces pienso que si yo despareciera… -

Kaoru pestañeó un par de veces, como si estuviera saliendo de un trance. Entonces sonrió como lo hacía habitualmente.

-Aún no deja de llover y tal vez dure un rato más. ¿Sería mucho pedir que me ayude a acomodar algunas cosas? En verdad no he tenido tiempo en estos días… sé que no es cortés pedirle eso a una visita pero quizá… así podamos matar el tiempo mientras pase la lluvia.

-Está bien. Pero… para que tenga emoción, yo escogeré las cajas por abrir.-

-De acuerdo.- respondió Kaoru muy animada. Volvía a ser la chica duende que conoció. Kenshin se quitó la chaqueta negra y se arremangó la camisa. Kaoru le prestó un delantal para que no se ensuciara los pantalones y la corbata.

En la primera caja encontraron muchos libros e historietas manga. Había obras de diversos autores, como Rumiko Takahashi, Nobuhiro Watsuki, Clamp, entre otros. Incluso había una caja de zapatos que contenía algunas figuritas de animé.

-Vaya… veo que te gustan estas cosas.- dijo Kenshin, tomando una figurita de Fye.

-Mucho. Es una de las aficiones que comparto con alguien muy querido por mí.-

Kenshin se sintió molesto con esa frase, pero nada dijo.

-¿Dónde debemos dejar estas cosas?

-Creo que en mi dormitorio estarán bien. Tengo un mueble especial para ello.-

Kenshin se puso un poco nervioso ante la idea de ir al dormitorio de la chica duende. Cargando la caja a medida que la seguía, subiendo la escalera, de pronto cayó en cuenta de un par de cosas.

La joven le había asegurado que vivía sola, que no le gustaba la soledad… y ahora lo llevaba a su cuarto. Tal vez ella era del tipo de mujeres que llevaban hombres a la casa para vivir pasiones de una noche. Después de todo, no era posible que le sonriera de esa manera tan especial a todo el mundo.

Además, había insistido en que se quedara apenas conociéndolo… entonces… ¿sería posible?

-Aquí es.- dijo Kaoru, abriendo la puerta de su cuarto.

Estaba pintado en colores muy claros y la colcha de la cama tenía colores alegres. Tenía una cama estilo occidental apegado a la pared, una mesa de estudio bajo la ventana, junto a la cama, y un enorme estante vacío en la pared frente a ésta.

-Saque todos los libros, por favor. Yo regreso enseguida… estoy un poco incómoda.- dijo ella desapareciendo por una puerta.

Kenshin pasó saliva, con el corazón a mil por hora. ¿Cómoda?... ¿Insinuaba ella que se pondría cómoda?

¿Qué debía hacer él si la joven regresaba con un vestido transparente y se le tiraba encima?

Al imaginar tal cosa, Kenshin no solo se sonrojó… también tuvo una reacción que no creyó ella fuera capaz de provocar en él.

-Ya… estoy lista.- dijo Kaoru, apareciendo a espaldas del pelirrojo que con el delantal, trataba de cubrir lo que no quería que ella notara. Al darse vuelta, notó que la joven traía otra caja y que se había tomado el cabello en una coleta alta.-Mucho mejor¿no? El pelo me hace cosquillas en la nariz. Quizá por eso estornudo tanto.

Kenshin se reprendió mentalmente. No podía tener esas ideas absurdas de muchacho con respecto a la chica. Ella era sin duda especial, no era como las demás mujeres. Mientras la joven, sonrojada por el esfuerzo de subir otra caja con historietas y juguetes, acomodaba las cosas en su estante contándole historias de las diferentes figuritas que sacaba de su empaque, él la miraba encontrándola cada vez más bonita.

-¡Ya está! Nos ha quedado muy bien, señor Himura. Usted realmente es muy bueno ordenando los libros.-

-Cuando estudiaba mi carrera leía mucho, por eso me acostumbré a ordenarlos de ese modo.-

-Se ve bonito.- dijo Kaoru sentada en el suelo, apoyando la espalda en la cama, con Kenshin a su lado y admirando su estante ahora lleno.- En estos días me daba mucha pena ver el mueble vacío. Ahora cuando despierte por las mañanas, lo miraré y pensaré… "ah… esto tan lindo lo hice con la ayuda del señor Himura. Él es una buena persona y tuve la suerte de conocerlo."-

Kenshin rió con el comentario, sintiéndose como un adolescente que de pronto está con su amiga de infancia. De pronto, notó que había dejado de llover pero no hizo comentario alguno. Estaba muy a gusto en esa casa.

-Tengo una idea… puedo preparar una tortilla. Así celebramos lo de tu estante.

-¡Genial!- dijo Kaoru. Se pusieron de pie y bajaron a la cocina, donde uno se entretuvo con la sartén y la otra sacando los ingredientes que él le pedía. Después de algunas risas, y junto a una estufa, pues había bajado la temperatura de modo considerable, se pusieron a comer el sencillo platillo. Estaban hablando de la receta del arroz al curry, cuando Kaoru cayó en cuenta de que ya no llovía.

-Señor Himura… ya ha parado de llover. He pasado una tarde muy feliz con usted pero… no sería justo retenerlo porque debe tener cosas que hacer en su casa. Y se está haciendo tarde.-

Kenshin miró el reloj de la pared y con sorpresa vio que eran las diez de la noche. El tiempo había volado ese día y él hubiera deseado alargarlo un poco más, pero sería incorrecto pedirle alojamiento a la chica duende.

Kaoru abrió la puerta para acompañarlo hasta la calle cuando sintió un intenso frío. Regresó al interior de la casa tiritando.

-Señor Himura… es raro que haga tanto frío en Otoño. Creo que sería bueno que yo le prestara algo para que se abrigue. – declaró, y rápidamente desapareció de su vista. Regresó con un par de prendas. – Mire, este es el único chaleco negro que tengo y quizá lo pueda usar debajo de la chaqueta. Quería prestarle una bufanda también pero… me temo que no va mucho con su estilo… ésta es la menos llamativa que tengo.- le dijo, mostrándole una bufanda en tonos cálidos, como anaranjado y café.

-No te preocupes, está bien para mí.- respondió Kenshin, permitiéndole a la joven envolverle el cuello. Kaoru entonces lo acompañó a la calle.

-Tenga cuidado al regresar a casa.-

-Así lo haré.-

-Está bien. Buenas noches y gracias por todo.- dijo ella haciendo una reverencia. Kenshin también se inclinó.

-Gracias a ti por recibirme en tu casa.-

Después de eso, el pelirrojo se dio la media vuelta y se fue.

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Al llegar a su departamento, Kenshin rápidamente encendió la calefacción. Distraído, dejó caer la bufanda sobre uno de sus sillones de cuello negro, mientras iba a buscar algo fuerte de beber. Al llenar una copa con licor, se dio la vuelta y observó su salón.

Después de decorarlo, se había sentido muy orgulloso. Muebles de vanguardia, monocromáticos… colores en las paredes y piso como blanco, negro y rojo. En general su departamento se veía muy limpio, ordenado y masculino, reflejando lo que debía reflejar. De pronto, su vista se topó con la alegre bufanda tejida, que rompía con ese esquema de colores.

Se la colocó encima y se acercó a un espejo. También rompía con el esquema en su imagen. El naranja resaltaba sobre el terno oscuro.

Se bebió el licor de un trago y corrió a su habitación. Abrió el ropero y lanzó la bufanda sobre su ropa colgada. Sobre ella, parecía una herida abierta sobre el monstruo gris, azul y negro que veía dentro.

Suspiró al servirse otra copa, sintiendo calor extenderse por sus venas hacia todo su cuerpo. Se sintió cansado de pronto y después de pasar por el baño, se puso el pijama negro que tenía. Se acostó y apagó la luz de la lámpara hasta que se lo pensó mejor y fue a rescatar la colorida bufanda del ropero, para ponerla junto a él en la almohada. Tenía muchas ganas de ver colores nuevamente, al despertar.

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-¿Uh?-

Tsubaki miraba asombrada al señor Himura cuando éste salió del ascensor. Megumi lo hacía con extrañeza.

-Aoshi me está esperando.- le informó a las secretarias, sin percatarse de lo que ocurría con ellas. Después, entró con paso firme a ver a su jefe. Tenían asuntos que atender.

De impecable terno y abrigo de lana negros, zapatos brillantes y portafolio de marca, Kenshin abrigaba su cuello con una sencilla bufanda tejida a mano. Después de la lluvia del día anterior y del frío de esa madrugada, era algo muy calentito para llevar. Tsubaki nunca lo había visto llevar algo así.

Megumi por su parte, creyó reconocer esa prenda de vestir pero no recordaba exactamente de donde. Y aunque se le venía una imagen vaga a la mente, no podía creer que fuera de esa persona porque era sencillamente imposible.

Horas después, Kenshin salió de la oficina de Aoshi con nuevas instrucciones sobre lo que hacer. Cuando puso los pies en la calle, las nubes que había en el cielo le dieron el paso a los rayos del sol y de pronto todo lo gris de la ciudad se volvió brillante. Entonces, una imagen se vino a la mente de Himura y haciendo un esfuerzo sobrehumano la apartó unos momentos para realizar las labores del día. Cerca de las seis de la tarde se desocupó y caminó hacia su departamento, con el abrigo en una mano, distraído. El cielo ahora se vestía de naranja, morado, violeta, amarillo… las nubes parecían de algodón de azúcar. Kenshin sonrió al notar el modo en el que ahora estaba percibiendo las cosas.

Al detenerse, se dio cuenta de que estaba frente a una reja baja que le parecía familiar. Se dio media vuelta y caminó de vuelta a su casa, reprochándose su torpeza, cuando se arrepintió. Ya que estaba ahí, podría saludar a la chica duende.

Iba a tocar el timbre cuando cambió de parecer… no era correcto hacer eso. Ella podría pensar que él la estaba atosigando y eso no era bueno. Se volvió nuevamente y se encontró frente a frente con la joven en la que pensaba, que barría la calle.

Ella le sonrió como siempre.

-Señor Himura… pensé que venía a verme pero que no se acordaba de mi casa, por eso estaba dudando tanto.-

Kenshin se sonrojó violentamente¡Ella vio su comportamiento errático!

-Hem… si, pasaba a saludarte.- respondió serio, como si nada.

-Qué bien. Es rico tener visitas. ¡Oh… trae la bufanda puesta!-

-¿Oro?- Kenshin dirigió su vista hacia la prenda que traía puesta. Kaoru lo miró de cerca.

-Se le ve muy bien… además, hace juego con su pelo y con sus ojos. Y ahora que lo pienso, con sus pecas. Usted tiene unas pecas muy bonitas.-

-¿Pecas yo?... es, es posible, por mi piel clara.-

-Pero yo he visto a otras personas pelirrojas y tienen pecas muy marcadas. No se ven bien. Las suyas en cambio… no sé, es como si hubiera pasado el Hada del Otoño y le hubiese esparcido un polvillo sobre la nariz.-

Kenshin sintió el corazón latirle a mil por hora. Nunca nadie lo había halagado así. De hecho, los cometarios que había recibido con respecto a su rostro eran relativos a lo terrible de la cicatriz que lo marcaba. A veces también, con respecto al color de sus ojos. Pero nunca sobre sus pecas.

Kaoru terminó de barrer.

-¿Cómo ha sido su día?-

-Ha estado bien… tuve mucho trabajo, aún me queda algo por hacer desde mi casa. Estoy cansado.-

-Vaya… ¿que tal si lo invito un té?... o quizá un café.-

-Tú no tienes café.-

-Mmmhhh… pues hoy fui al supermercado y compré uno. De todos modos, no sé si será el que le gusta a usted, pero le dije al joven que me atendió que me diera el más delicioso. Espero que sea el apropiado.-

Kenshin no podía creer que esa joven hubiera comprado café sólo por él. Emocionado, la observó mientras ella lo servía junto a una taza de chocolate.

-Tengo una pregunta.- dijo él de pronto.- ¿Por qué no tomas café?-

-Porque debo evitar la cafeína. Aunque antes tomaba mucho. Cuando iba a la universidad y debía mantenerme despierta para terminar algunos trabajos.-

-Una pregunta más. Es sobre el motivo que tenía para venir a verte hoy.-

-Diga usted.-

Kenshin miró fijamente a la joven. Era el momento de preguntarle su nombre… no podía ser que la conociera por el apodo de "chica duende"

Pero al tratar de verbalizar la pregunta se puso nervioso. Tanto así que empezó a gesticular sin pronunciar palabra. Finalmente, lo que salió fue algo así.

-Yo quería saber sobre tu… quería preguntarte cómo tú… hem… en dónde habías comprado esa maravillosa planta que tienes ahí. Yo también quiero una.-

-¿Una planta?-

-Si. Lo que pasa es que tu planta es verde… muy verde y… con hojas. Es decir, es obvio que sea verde y que tenga hojas pero además tiene raíces y eso es algo bueno.-

Kenshin de inmediato se arrepintió de la tremenda estupidez que acababa de decir. Se estaba volviendo loco.

-Ahh, mi planta.- dijo Kaoru distraída mirando el cielo de la habitación.- Pues… la compré en esa tienda frente a la cual nos encontramos ayer. Aunque ahora que lo pienso… ¡acabo de averiguar sus verdaderas intenciones!-

-¿Oro?- Kenshin pasó saliva. Se moría por pasar más tiempo con ella y conocerla mejor.

-Usted… se quiere quedar con mi planta. Ayer insistió mucho en traerla hasta que lo consiguió, y ahora no ha dejado de mirarla.-

Kenshin pestañeó varias veces. ¿La planta¡Pero si él no podía tener plantas porque todas se le secaban!. Era uno de los motivos por los cuales vivía en un departamento. Para no tener vegetación.

-Muy bien, pues yo se la daré.-

-Yo… no puedo aceptar tal regalo. Esa planta es tuya, tú la compraste.-

-Pero… usted la quiere. Yo lo sé. Por eso desde ahora es suya. Ya compraré yo una igual para mí, no se preocupe. Además, el señor de la tienda me mostró una foto y da una flor maravillosa.

A la mañana siguiente, cuando Kenshin despertó, lo primero que vio fue la bufanda de colores sobre su almohada. Y más allá, junto a la ventana, una gotita de agua brillando sobre la verde hoja de su nueva planta.

De pronto recordó a la chica duende y muy animado, sonrió. Empezaba un nuevo día y ya se le ocurriría cómo averiguar su nombre.

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Fin acto dos

Lluvia Otoñal

Mayo 7, 2007.

Notas de autora.

Hola!!!

Muchas gracias por los comentarios recibidos. Como han visto, Sanosuke ha sido mencionado y al parecer, a Aoshi le han encomendado una misión que le traerá muchos dolores de cabeza. Y Kenshin y Kaoru… fiu… nada que decir de ellos. Los amo demasiado.

Silvi-chan

Justary

Ale-sama

Athena Kaoru Himura

Maat Sejmet

Xkryn

Mai Maxwell

BattousaiKamiya

Hitokiri-chan

Ruby P. Black

Mer1

Liho sakuragi

Kagomekaoru

Arashi Shinomori

Kanke-chan

Coolis17

Gabyhyatt

Loreley

Mari8876

Mitsuki Himura

Son todos ustedes unos amores por haberme escrito. ¡MUCHAS GRACIAS!