The world is built on the power of numbers.
Pythagoras
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Por alguna razón, todo acerca de aquel día lo ponía nervioso. Había parecido tan sencillo por la noche, tan simple como acercarse a ella y decirle 'sal conmigo', y simplemente esperar que dijera que sí. Pero con el pasar de los días se le hacia cada vez más absurdo aquello. ¿Qué había pensado al hacer tal cosa? Tal vez no era la idea más descabellada que había tenido en su vida (Takeru no tenía precisamente la trayectoria más sensible de la historia, aunque en general sus decisiones eran más o menos acertadas), pero la manera en la que ésta se había dado ponía todo eso en perspectiva.
Mimi llegó tarde, para variar. Takeru miraba su reloj desinteresado tras su segunda taza de té (decidió tener el café en espera para poder conversarlo bien con ella), pero ya estaba perdiendo las esperanzas cuando la vio entrar por la puerta de la pequeña librería-café donde la había citado. Traía pantalones largos color celeste y un sweater tejido blanco que parecía estar hecho de nubes.
—Lamento la tardanza — Mimi dijo, quitándose los lentes de sol antes de tomar la silla frente a él—. Se me acumularon las cosas en lo que iba saliendo.
—¿Segura que no te perdiste?
—Qué va —dijo—, Sora me pidió que le llevara almuerzo a Jyou porque ella saldría tarde hoy y él seguro no había comido. Para variar, ¿no? Y como ya era tarde para cocinar, tuve que ir a comprar algo pero las tiendas departamentales estaban llenísimas y tú sabes cómo son esos dos... —negó con su cabeza, suspirando—. En fin, lo lamento. Tuve toda la intención de venir antes.
Takeru la escuchó atento, girando la taza vacía en sus manos. Mimi lo miró y, dándose cuenta finalmente de la hora, suspiró.
—¿Me esperaste mucho?
—No realmente — mintió, y se detuvo al observar la sonrisa de Mimi y alcanzar la cola de la expresión que hizo, rodando sus ojos color miel—. ¿Qué?
—Nada — Mimi dijo—. Sólo pensaba en algo.
—Vamos, que te mueres por decirlo.
—Tanto así como morir… olvídalo — rio—. ¿Otro café?
—No he tomado el primero aún. ¿Qué se te ofrece?
Mimi de nuevo dudó por un momento, pero luego dio un pequeño suspiro y tomó un menú, inspeccionándolo detenidamente antes de ordenar. Takeru observó este y otros detalles mientras charlaban de su día, contándose pequeñeces como los viejos conocidos que eran. Notó que Mimi siempre alzaba su meñique al beber algo, y que enrollaba su lengua alrededor de la pajilla de sus bebidas. Los colores suaves la hacían ver más niña, más suave, más Mimi y fue en medio de pensar esto que Mimi, riendo, le pasó una mano frente a la cara.
—¿Hola? — le dijo—. ¿Me estás escuchando?
—Lo lamento — Takeru contestó con un leve sonrojo—. Me distraje pensando.
—Of course — Mimi dijo, riendo—. ¿Te aburro? Supongo que no ha sido lo que esperabas, lo lamento. No sé realmente qué más contarte.
Takeru sacudió su cabeza suavemente, tomando un bocado de su comida y pensando rápidamente en una excusa. Habían pasado un rato agradable pero había un deje de formalidad, una cierta rigidez en el aire que aún no sabía como disipar.
—¿Sabías que, estadísticamente hablando, las mujeres se enamoran después de catorce citas?
Eso fue suficiente para que la castaña dejara de reírse, viéndolo curiosa. Se hizo hacia atrás en su silla, ladeando su cabeza como lo hacía siempre que prestaba atención, y Takeru imitó el movimiento sin consciencia cierta.
—No inventes — Mimi bufó—. ¿De qué estadísticas hablas?
—Lo leí por ahí —contestó, encogiéndose de hombros—. Siempre podemos comprobarlo.
Valía la pena si reía de nuevo, y fue recompensado justo con una suave risa.
—Tu juego es muy distinto que el de tu hermano, por mucho que se parezcan —rió, y Takeru bebió de su té frío, haciendo una mueca.
—No quiero saberlo, eso es muy raro — le dijo—. En especial porque estás hablando de mi hermano en nuestra cita.
Mimi se mordió la punta de la lengua y Takeru la observó, bajando su vaso y dejando que el hielo chocase con el vidrio. La chica ignoró el comentario, tomando otro pequeño bocado mientras lo miraba, curiosa.
—No creo que sean tantas citas — finalmente comentó—. Las personas son más intuitivas que eso, ¿sabes?
—Seguro son menos — dijo, queriendo, como ella, aligerar la conversación—, no imagino que tome más de un par en tu caso.
—Calla, estás abusando de ese encanto, Takaishi.
—Soy un hombre de excesos Mimi, no lo puedo evitar.
Su risa volvió a llenar el ambiente y Takeru se relajó un poco en su asiento, pensando que a lo mejor sus nervios eran lo que lo había traicionado. Esto no era raro, era agradable, divertido incluso.
—¿Crees que sea así de sencillo? — Mimi preguntó tras un momento, removiendo su comida con sus palillos, alzando la mirada sólo tras un momento de silencio—. Es decir, ¿que puedas determinar algo tan importante con un par de citas?
Takeru se llevó la mano al rostro, pasándola por su cabello y luego alcanzando el vaso por falta de algo que hacer.
—Creo que los números rara vez se equivocan.
—Pero estamos hablando de personas, no números — Mimi se quejó—. No puedes cuantificar asuntos del corazón.
—Tal vez no — Takeru replicó—, pero atracción, compatibilidad, cariño ... hay manera de medirlas, igual. Además, las relaciones sólo son experiencias compartidas, al final del día.
—Eres un cínico — Mimi dijo tras un momento—. Creerías que tu vena de escritor te haría más sensible.
—Sensible sí, pero no por eso un empedernido — alzó una ceja, fingiendo indignación—. Me lastimas con tus estereotipos, Mimi.
Mimi imitó su expresión.
—Vivirás, seguro.
—Quedará en tu consciencia sino.
—Oh, basta — dijo, haciendo un movimiento con su mano—. Eres insufrible.
—Querrás decir encantador.
—Creo que sé lo que quiero decir — Mimi dijo, empujando su silla hacia atrás—, pero quizás será hasta la próxima.
—¿Eso significa que habrá una segunda cita? — Takeru preguntó, no pudiendo evitar una sonrisa. Ella lo miró por un momento antes de levantarse y su mirada de breve confusión se suavizó con una sonrisa simpática que casi lo hace vomitar.
—Fue muy divertido — dijo, aclarando su garganta—, pero no sé si haya sido exactamente lo que considero una cita.
—No le has dado la oportunidad de serlo — Takeru tomó una decisión rápida y se acercó, apoyando sus codos sobre la mesa. Su mano alcanzó la suya, sólo por unos segundos y luego la retiró. Mimi cerró su mano suavemente y le sonrió, sorprendida por el gesto. Mordió su labio y lo soltó, asintiendo.
—Está bien — le dijo—. Si lo tomas una a la vez, prometo hacer lo mismo.
Takeru abrió la boca pero en eso el celular de Mimi sonó y ella lo buscó en bolso, alzando los ojos con una disculpa.
—Debo irme ya — dijo, levantándose al mismo tiempo que él y dándole un fugaz abrazo—. ¡Llámame!
La miró irse y él soltó un suspiro largo al tiempo que la mesera se acercó a retirar su mesa.
—¿Qué tal ha ido? — preguntó con la familiaridad de alguien que tiene clientes regulares. Takeru volteó a verla apenas Mimi desapareció de su vista y terminó su té, poniendo el vaso en el azafate, junto con un par de billetes.
—¿Creerás que no lo sé?
—No puede ser tan malo.
—¿Por qué lo dices?
—Pues, ambos se han ido sonriendo — la afirmación fue sellada con un guiño y Takeru humedeció sus labios, sacudiendo sus manos y alzándose para ir hacia los estantes, dándole vueltas a sus palabras, la sonrisa de Mimi, la suavidad de sus manos. Había comenzado como un juego pero, mientras pasaba sus dedos por las espinas dorsales de incontables libros, se dio cuenta que aunque no tenía nada que perder, de repente había mucho que ganar.
Notas: Lamento muchísimo la tardanza, querida HB, es que la vida me ha alcanzado. Planeaba que fuera algo muy humorístico pero creo que al final he pensado una trama un poco más tranquila, sin ser en extremo seria. ¡Tú juzgarás!
Gracias por leer.
