Capítulo 2: Mensaje subliminal
Habían visto varias fotos de los años mozos de sus padres, desde que eran bebés hasta pasando por las etapas más odiadas como la pubertad, pero les parecía surrealista ver a sus padres tan bien conservados en aquella época. Tenían catorce años –técnicamente ella tenía quince- y debían lucir jóvenes, pero ver en carne propia que tu padre no tenga esas arrugas cercanas a su boca por tanto reír o que el pelo de su madre se moviera con tanta ligereza era extraño. Quizás el hecho de estar en el año 1994 afectaba toda su percepción de la realidad y por eso se sorprendían tanto que se vieran jóvenes. Después de todo, hasta hace mucho poco Hugo pensaba que su madre había nacido de treinta años…
-Esa misma pregunta te haría a ti. Debes muchas explicaciones – Se cruzó de brazos enojado y Rose vio como las mangas se le tensaban con el movimiento. Esa túnica de gala le quedaba pequeña; se notaba que era de segunda mano.
-¿A ti? – Las palabras salieron como escupidas y la castaña lanzó una risa forzada -. El mundo no gira alrededor tuyo.
-Oh… Tú vas por ahí arreglándote para estar con… ¡Con Vicky, el peor enemigo de Harry!
O quizás se sentían tan raros por ver a sus padres discutir sobre una estupidez.
El silencio era sepulcral en la sala común. Un grupo de chicos que parecían ser de séptimo año intercambiaban miradas de miedo. Otras chicas, que Rose reconoció como Parvati Patil y Lavender Brown –y no de buena manera, ya que su madre había dicho que fue la primera imbécil que se lanzó a los brazos de su marido-, observaban atentamente hasta como el flequillo de la frente de su madre se movía ligeramente al respirar con furia por lo dicho por el pelirrojo.
-Mira… Tío George – susurró su hermano señalando con cuidado hacía el otro extremo de la sala.
-Y… ¿Ése es tío Fred? – No pudo sentir un nudo en su garganta al ver a ambos gemelos siendo espectadores de una pelea vergonzosa -. Son iguales.
-Son gemelos – Hugo la miró como si fuera una idiota.
-Pero es que… Es tan raro. Están los dos, juntos, aquí y ahora – se disculpó sin prestarle mucha atención en realidad.
Parecía que habían tenido una ayuda de Merlín porque sus túnicas eran, por lo menos, de esa década. Sus ojos se encontraban al mismo tiempo, como si estuvieran sincronizados para intercambiar breves mensajes en tan pocos segundos. Y a la vez negaban con la cabeza cuando sus papás seguían metiendo la pata a fondo con las estupideces que se decían. Era tan iguales, y no en lo físico. Sus movimientos eran parecidos, pero Rose pudo distinguir con facilidad cuál era su tío George por su ceja arqueada con incredulidad, por tener una especie de circo gratuito dándoles una función mediocre, y su dedo índice golpeando impaciente la pared. El tío Fred era más sutil, aunque su sonrisa delataba que le daba sinceramente pena la situación que estaban contemplando.
Hugo no pudo quitar la mirada de la pelea de sus padres. A cada palabra, seguían embistiendo con sus frases cargadas de rabia e hizo una mueca molesta al oír cómo la voz de su madre se quebraba más y más con cada segundo que pasaba.
-¿Por qué arruinaste esta noche? – dijo en voz baja la castaña y se llevó las manos a la cara –. ¡Eres un energúmeno! – chilló mientras volvía a levantar la cabeza y sus ojos rojos revelaban que se sentía humillada, enojada y demasiado alterada.
-No puedo creer que digas que arruine esta noche sólo por decirte la verdad – se justificó entrecerrando los ojos -. ¿Sabes lo que es creer que estarías abandonada esta noche, sin nadie y que de repente aparecieras con ese… jugador de quidditch de pacotilla?
-Pero si Ron estaba enamorado de Viktor Krum – murmuró Fred Weasley a George, rompiendo por primera vez el silencio de la audiencia, aunque nadie pareció escucharlos porque seguían esperando la respuesta de Hermione.
-¡Antes adorabas a Viktor y ahora le dices que es un jugador de quidditch de pacotilla!... ¡Realmente no te entiendo!
-¡Y yo no puedo entenderte, Hermione!
La tensión se hizo más intensa aún. Los ojos azules se clavaron en el rostro de la castaña, haciendo que ésta se estremeciera por breves instantes. Ella se llevó las manos a la nariz para luego bajarlas apretadas, podría pensarse que estaba dispuesta a pegarle un puñetazo al pelirrojo o que soportaba las ganas de echarse a llorar desconsoladamente allí mismo. Y era mejor inclinarse por la segunda.
La voz quebrada y ahogada de Hermione hizo entornar los ojos de los presentes con pena:
-¿Es tan difícil que admitas que no te gustó que haya ido con Viktor? – Su pregunta había sido casi lanzada al aire, sabiendo que no obtendría otra respuesta más que la evasiva mirada de su amigo.
-Pues… obviamente no me gustó… Es un acto de alta traición a Harry, ya te lo dije – habló atropelladamente mientras Hermione se giraba dando casi zancadas a la escalera que llevaba a los cuartos de chicas.
El sonido del retrato abriéndose sacó la concentración de varios, que se giraron para ver quién había llegado tarde al espectáculo del siglo.
Un chico con el cabello medio aplastado, que había hecho intentos de peinarse, atravesó sin siquiera darse de lo que ocurría. Era el tío Harry. Sonreía abstraído en lo que fuera que pensaba cuando subió la mirada y lo primero con lo que se encontró fue con casi la mitad de Gryffindor en círculo muy callados. Abrió la boca confundido por el extraño recibimiento a su sala común cundo su mirada se enfocó en el centro. Donde estaban sus mejores amigos.
-Bueno, pues si no te gusta, ya sabes la solución ¿no? – gritó la castaña histérica. Su pelo pareció cobrar vida y Hugo juró ver como se le paraban para darle una apariencia siniestra.
-¿Ah, sí? – respondió desafiante -. ¿Cuál es?
-¡La próxima vez que haya un baile, pídeme que sea tu pareja antes que ningún otro, y no como último recurso!
-Okay, papá sí que la ha cagado – murmuró Rose lanzando un bufido de exasperación.
Rápidamente su madre subió como un huracán las escaleras, apenas sus pasos se escucharon cuando llegaba a cada escalón.
Nadie se atrevió a decir nada y el único que se movió fue el tío Harry que avanzó con precaución, temiendo que en cualquier momento su amigo le gritara o, peor, le matara. La expresión de su cara era indescifrable cuando contemplaba como el pelirrojo movía la boca miles de veces, buscando más palabras hirientes para seguir la discusión.
De pronto, él se volvió hacía el tío Harry:
-Bueno – balbuceó, atónito -, bueno… Ahí está la prueba… Hasta ella se da cuenta de que no tiene razón.
A juzgar por la cara de los presentes, de ellos mismos y hasta del tío Harry; supieron que todos querían gritarle que no era así, pero se quedaron en silencio, incluso viendo cómo el muchacho se metía las manos en unos bolsillos casi invisibles a la vista y se perdía por las escaleras, seguido del muchacho de cabello azabache.
El primero en enderezarse y sentarse fue Hugo. Pronto le siguió Rose escuchando que el ruido volvió a la sala común, y todos eran comentarios de la escenita que habían acabado de presenciar.
-Me da vergüenza ser sus hijos – comentó el castaño con dificultad.
-¿Oíste que papá llamó como el peor de enemigo del tío Harry a Viktor Krum? – inquirió incrédula la muchacha -. Hay peores cosas hasta como las tareas de Pociones antes que Viktor Krum.
-Lo peor es que ni siquiera se dieron cuenta que hacían el ridículo… Por una estupidez.
-Y ahora son la comidilla de los chismes – Rose se balanceó para escuchar mejor lo que decían -. Oh, cuentan qué pasó en el Baile de Navidad – dijo interesada y se llevó un dedo a los labios indicándole que se callara -. Aquí sabremos cómo empezó todo.
Lavender Brown asentía como si tuviera un tic en el cuello cuando Parvati Patil relataba el comienzo de la pelea en el Baile. Después de soportar un cotilleo larguísimo sobre cómo Harry Potter bailaba –y lo hacía pésimo, sin sorprender realmente a los hermanos porque habían visto como su tía Ginny trataba de buscar otra pareja para las pistas de baile-, la muchacha contó que Ron Weasley se la había pasado mirando embobado a Hermione bailando con Krum, y cuando ella se les acercó para conversar un rato, él estalló diciendo que fraternizaba con el enemigo y se burló de que fuera con "Vicky" Krum. Según ella, fue el momento más amargo del Baile. Agradeció hasta a su difunta abuela cuando un chico la sacó a bailar y se desligó del aburrido de Harry y la asquerosa túnica de Ron.
Hugo también asentía comprensivo:
-Es decir, papá estaba tan celoso que hizo una tormenta en un vaso de agua – dijo en voz alta, aunque más para sí mismo -, y en navidad. Cero espíritu navideño.
-¿Por qué mamá siguió queriéndolo? – Rose negó con la cabeza horrorizada -. Si tuviera un amigo que me hiciera eso, no le hablaría nunca más. Le haría la ley del hielo por la eternidad.
-Bueno… gracias a ellos nacimos.
-Papá es un imbécil – sentenció cruzándose de brazos.
-Entonces – Enarcó las cejas y movió las manos -, tenemos que formular un plan de acción inmediato.
-¿Propones que intervengamos para que hagan las paces? – preguntó y cuando él asintió, comenzó a sonreírle -. Oh, pequeño Hugo… No se debe intervenir en los eventos del pasado, si no alteraremos el futuro irremediablemente. Es imposible.
-Bueno, si efectivamente el hechizo de James hizo que el giratiempo funcionara – Señaló el objeto ahora colgado en el cuello de ella -, debe ser por una razón. Teníamos que viajar a este año, al Baile de Navidad.
-Es estúpida la idea que hayamos estado destinados a esto… Pasas demasiado tiempo con James para pensar que es nuestra misión o algo así – Sus dedos inevitablemente de dirigieron a la placa en forma de reloj de arena comenzó a delinear su contorno -. Si hacemos algo, podríamos hasta provocar que no naciéramos. Ellos se reconciliaron después de todo; por algo se casaron.
-Aunque no sabemos cuándo se reconciliaron…
-Recuerda que cuando tía Ginny habló del Baile, dijo algo que ella hablaba con mamá sobre algo en la sala común cuando papá traía un cargamento de golosinas.
-Sí, y ahí el tema de desvió a que papá comía mucho – asintió.
-Exacto. Eso fue, creo, el día siguiente al Baile – continuó rápidamente y suspiró -. Así que de alguna forma u otra volverán a hablar.
Volvieron a levantar la tela que cubría la mesa hasta rozar el piso y comprobaron que ya todos se habían ido. No sabían qué hora era, pero ya debía ser tarde para que hasta los mayores se hubieran ido a acostar.
Rose fue la primera en salir del escondite ante la mirada acusadora de su hermano. Caminó hasta donde se encontraban los sillones y se situó de pie junto a la chimenea. Al notar que Hugo la miraba extraño, ella se alzó de hombros argumentando que las piernas se le habían entumecido por estar más de una hora en la misma posición.
Los pensamientos de la pelirroja fueron viajando desde la pelea de sus padres hasta el giratiempo y el fuego de la chimenea. Era tan cálido, tan acogedor. Esas llamas de tamaño mediano eran tan compatibles con esa sala de colores rojos; era perfecta. Los sillones prácticamente la invitaban a sentarse un rato, el calor de aquella zona la hacía caer en sueños. Y todo estaba tan silencioso.
-¿Cómo se supone que volveremos a nuestro año? – preguntó Hugo caminando hacia el tablón de anuncios. Habían miles de carteles que hablaban del Torneo de los Magos, otros donde un chico pedía que le devolvieran la rana que se le había perdido y uno del Baile de Navidad. Un dibujo de una muchacha girando elegantemente tomada por un chico se movía por la parte inferior del cartel -. Dudo que podamos dar millones de vueltas al giratiempo para adelantar más de veinticinco años.
-Mmm… - Tomó la parte circular del giratiempo y vio como el fuego se reflejaba en la placa -, podríamos intentarlo haciendo el mismo hechizo de James.
-Podríamos retroceder aún más si hacemos eso.
-No si lo hacemos bien – dijo pensativamente -. El rayo del hechizo debió haber tocado una punta de la placa que da vueltas; y como giró en cierto sentido, retrocedimos en el tiempo. Si otro hechizo pega en el otro extremo de la placa… quizás volvamos – finalizó quitándose el giratiempo del cuello -. Hay que intentarlo.
-¿Y si avanzamos aún más en el futuro? – inquirió dudoso -… ¡Quizás terminemos en el funeral de nuestros padres!
-No seas ridículo, por favor – se quejó la pelirroja dejando escapar un gruñido -. Tendríamos que lanzar dos hechizos a la vez para que diera tantas vueltas; y dudo que seas tan poderoso.
-Por lo menos sé que lo haría mejor que James – se defendió alzando la barbilla orgullosamente.
-Hasta un squib lo podría hacer mejor que él – Se miraron por un segundo antes de estallar en risas.
Ambos se giraron hacia las escaleras asustados al escuchar pasos. Corrieron tratando de hacer el menor ruido posible hasta acomodarse bajo la mesa mientras una sombra se hacía más nítida y grande a medida que los pasos se acercaban.
El cabello pelirrojo de su padre centelleó al entrar en contacto con el brillo de los adornos del árbol de navidad y las llamas de la chimenea. Iba con una desgastada bata puesta apenas y con los ojos entrecerrados. Parecía que no había dormido casi nada. Caminó pesadamente hasta llegar al sillón que daba la espalda a la mesa y se situó allí sin hacer ningún otro ruido más que el de su respiración tranquila.
Hugo se acercó a Rose y le susurró:
-Nunca creí ver que papá no pudiera dormir, ya que ni cuando le gritamos en las mañanas despierta.
-Se da cuenta que ha arruinado todo, que es un imbécil, que debería pedirle disculpas a mamá y que debería ser menos protector conmigo – dijo atrayendo la mirada burlona de su hermano -. Oye, me quiere hacer monja de claustro. Debería ser considerado un pecado.
No supieron cuánto tiempo estuvieron callados, observando la parte trasera del sillón donde su padre dormitaba. Había lanzado dos veces unos bufidos exasperantes, como si estuviera en un debate mental y no se atrevía a tomar una decisión. A Hugo le hubiera gustado escuchar qué pensaba su papá para ayudarlo.
-Me da pena – dijo Rose viendo hacía las escaleras y se puso de pie.
-¿Qué vas a hacer? – le preguntó frunciendo el ceño al mismo tiempo que ella caminaba en puntillas hacía el sillón -. Rose, vuelve – le pidió tratando de no levantar la voz.
-Ya me aburrí. Hay que hacer algo.
-¿No que interferiríamos con los eventos futuros?
-Bueno, papá me da pena. Y mucha – añadió contemplando el rostro cansado del pelirrojo durmiendo -. Se ve tan joven.
-Te pareces bastante a él – dijo Hugo llegando a su lado y sonrió -. Y ronca como siempre.
-Nunca creí decir que me gustara escucharlo roncar – Rose río brevemente y se alzó de hombros -. Es raro pasar la navidad lejos de casa.
-Sí… pero la he pasado bien hasta el momento – admitió dándose cuenta que las pecas esparcidas en la nariz de su padre se podían llegar a contar -. Tiene menos pecas que tía Ginny.
Rose empezó a reírse y Hugo la miró creyéndola loca. Ella no le hizo caso alguno y se inclinó hasta estar a la altura de la cabeza del pelirrojo.
-Se me ocurrió hacer un pequeño experimento – dijo alzando las cejas sugestivamente -. Empezaremos con la primera fase para que papá le pida disculpas a mamá… - anunció con seriedad y después se volvió hacía su padre -. Papá… Ron Weasley – murmuró a su oído con voz de ultratumba -. Soy tu consciencia. En el fondo de tu corazón sabes por qué te enfureciste al ver a mamá… Hermione Weasley… Granger así – corrigió rápidamente y Hugo no pudo evitar reír por la cara de su hermana -, ya que te dieron celos. Fulminantes celos que te han cegado diciéndole aquellas dolorosas palabras.
-¿Estás segura que los mensajes subliminales funcionaran? – preguntó tratando de contener la risa explosiva que tenía hace mucho tiempo.
-Oh, sí, Ron Weasley, la has herido y podrías perderla… Es por eso que tienes que pedirle disculpas, porque en el fondo sabes que ella tiene razón. Ella siempre ha sido una chica, desde que vino al mundo, y no desde que tú te has dado cuenta – prosiguió alzándole el dedo pulgar a Hugo a modo de respuesta -. ¿Por qué Viktor Krum sería el peor enemigo del tío… de Harry Potter si existe Voldemort o el profesor… profesor… - Se quedó en silencio y se apartó -. ¿Por qué a Albus le pusieron de segundo nombre Severus?
-Lo llamaron Albus Severus por el director Albus Dumbledore y el profesor Severus Snape, de Pociones – respondió torciendo los ojos -. Y sí, antes lo odiaban, Rose, así que eso sí es peor a Viktor Krum.
-Como el profesor Snape – finalizó volviendo a su voz sepulcral -. Tú sabes que la amas, tú sabes que la quieres besar, abrazar, tenerla a tu lado siendo el causante de sus sonrisas y que a tu futura hija no la amenazarás con mandarla a un claustro de monjas muggles – Hugo carraspeó por el rumbo que tomaba el mensaje subliminal -, y no le pondrás Hugo a tu hijo porque suena a nombre de mapache.
-No soy un mapache – replicó molesto.
-Ron Weasley, hazme caso… Al menos en lo de hablar con la futura madre de tus preciosos hijos, a quienes deberías mandar más dinero para sus gastos escolares – Trató de aguantar la risa -. Soy tu consciencia, recuérdalo, y te podré hacer pagar si no me haces caso. Cambio y fuera.
-¿Qué clase de conciencia finaliza su charla espiritual con un "cambio y fuera"? – inquirió alzando una ceja -. Dudo que papá te haga caso al escuchar esos disparates en sueños.
-Pero imagínate que llegando al futuro pueda tener novios libremente – dijo soñadoramente.
-Sí, como Scorpius Malfoy…
-¡Prefiero ser una santurrona devota a Merlín antes que estar con Malfoy! – chilló y él le tapó la boca mirando hacía todos lados -. Ay, no seas paranoico. Todos bailaron tanto que no se despertaran hasta la hora de almuerzo – dijo después de quitarse la mano de la boca.
Una sinfonía de ronquidos discordes se escuchó como respuesta a que su padre podría despertarse en cualquier instante. No admitió en voz alta que Hugo tenía razón, así que se dirigió hasta el árbol de navidad jugando con el giratiempo en sus manos.
Hugo se distrajo observando cómo comenzaba a nevar y unos pocos copos eran visibles a través de la espesura oscuridad de aquella noche de invierno. Se preguntó si el tiempo en el futuro seguiría avanzando. ¿Qué estarían haciendo sus primos? La cara de McGonagall al enterarse que dos estudiantes desaparecieron lo hizo sentirse un poco mal. Esa señora sí que estaba cargada de problemas, más encima para darle otro en navidad. ¿Y qué dirían sus padres? Ciertamente se enojarían y los tratarían de buscar. No se pondrían sentimentales, o al menos no lo aparentarían; porque mamá siempre buscaba la solución lógica y correcta a cada problema.
Su madre y padre seguían siendo muy parecidos a los que estaban ahora con ellos, esos del año 1994. Tenían la misma personalidad, pero eran más tolerantes porque hablaban con sinceridad. Aunque costara un poco.
De pronto, como si algo hubiera hecho conexión en su cerebro, sonrío.
-Rose, ya sé – dijo mirándola entusiasmado -. Ya sé qué podría funcionar para que se reconcilien.
-Oye, mi mensaje subliminal fue soberbio – Se cruzó de brazos.
-Sí, pero algo que hará que papá te haga caso en hablar con mamá – asintió y miró al pelirrojo que se movía cambiando de posición la cabeza mientras seguía dormitando -. El último paso del plan 'Papá es un imbécil y debería decirle a mamá que la ama'.
-Te faltó agregar que fuera más amable en cuanto al dinero que nos da…
-Okay, eso también.
-Entonces, manos a la obra – La pelirroja dio un saltito de alegría.
Notas de la autora: Realmente les agradezco por todos sus reviews. Fue toda una sorpresa saber que les haya gustado tanta la idea, en serio. A mí me encantó, pero ya al subirla al sitio no sabía si alguien se iba a agregarla a sus favoritos; así que mis más infinitas gracias.
Creo que en navidad, con tanto frío y tratando de hacerse el dormido; Ron debió haber bajado a calentarse un poco junto a las llamas del fuego de la sala común y se debió haber quedado dormido. Si no mal recuerdo, Harry dice que aquella noche los ronquidos de Ron fueron demasiado fuertes para ser auténticos.
Trataré de actualizar antes de irme de vacaciones, porque no quiero dejar este fic pendiente.
Cuídense mucho y besitos, adiós!
