CHANTAJE

—¡¿Qué?! —exclamé sorprendido. —¿Cómo pasó?

Tomé rápidamente mi chaqueta, quería ir a verla.

—Cálmate, ella está bien. —mi hermana detuvo mi andar. —Se desmayó por culpa del estrés. Además, Castiel estaba ahí.

—¡¿Castiel?! —inquirí un tanto molesto. —¡¿Por qué ese tipo estaba con ella?!

—Porque estaban en clases.

Apreté mis puños, y luego dejé mi parca sobre la silla…

—¿Qué harás? —me preguntó.

—Me quedaré aquí. Necesito hacer una llamada…

—A quién. —preguntó rápidamente.

No contesté, agaché ligeramente la cabeza aparentando concentración.

—¿Hasta cuándo seguirás con esto?

—Hasta cuando todo termine.

—¿Y cuándo será eso? —se cruzó de brazos.

—¿Dónde está? —evadí el tema con otra pregunta que a mí me parecía mucho más importante.

—En la enfermería de la Universidad. —suspiró cansada. —¿Irás a verla?

—No creo… —mentí —supongo que Castiel es mejor compañía que yo.

Ella me sonrió, iba a decirme algo, no obstante, nos interrumpió un largo sonido. Saqué mi celular bajo el escrutinio de mi hermana, y leí el mensaje que me había llegado:

"Te espero en las afueras del Snake Room, hay algo que tenemos que discutir".

Guardé el teléfono en mi bolsillo y tomé otra vez mi chaqueta.

—Tengo que salir, Amber. ¿Te quedarás en el departamento o…?

—Me iré a casa. —no esperó a que yo terminara mi pregunta. Estaba preocupada y molesta a la vez. Se acercó hasta mí y me besó la mejilla. —Te quiero, cuídate. —tomó su bolso y se acercó a la puerta, allí se detuvo. —Ve a ver a Lynn.

—Lo sé, también te quiero. —respondí mientras escuchaba a mi hermana salir de mi casa.

Me dejé caer sobre el sillón para volver a ver el mensaje impreso en la pantalla de mi celular. Pensé en lo difícil que era soportar esta carga.

Cerré los ojos mientras que, a mi mente, llegaban imágenes de Lynn, de aquella Lynn del instituto, y de Lynn que se había desmayado en clases.

Estuve tentado a llamar a mi hermana para preguntar el número de mi ex novia, no obstante, no lo hice, prefería hablar con ella en persona. De eso se caracterizaba mi personalidad actual…

Deambulé por la ciudad hasta llegar al lugar de encuentro. Como siempre, no hubo palabras amables, solo insistentes chantajes que revolvían mi mente y hacían que fuera mucho más difícil volver a mi vida anterior.

—Recuerda que te vigilo.

Fue la última frase que dijo antes de dejarme solo dentro del pub.

Mientras caminaba, volvieron a mí los recuerdos de mi vieja vida, una vida de abusos por mi padre, una vida en la que yo tenía que callar para que no hubiera consecuencias. Así mismo, y así como yo, recordé todo lo que mi madre tuvo que callar, también para que no hubiera consecuencias.

Habíamos sido parte de un chantaje.

Volví a suspirar por quinta vez, miré la hora para darme cuenta de que aún había tiempo para ir a verla. Porque sabía de antemano que mis celos hacia Castiel eran infundados cuando ella hacía de todo para buscarme.

Iba frente a la entrada de la universidad, cuando vi de lejos su cabello pardo y largo. Me acerqué de inmediato, feliz al saber que estaba bien, sin embargo, me arrepentí, pues cuando le hablé, reconocí a sus padres al instante.

Después de nuestra breve conversación, junto a la mirada hostil del padre de Lynn, me devolví a mi departamento mientras moría de vergüenza. Me maldecía por haberme acercado, maldecía las pintas que traía en ese momento, y me preguntaba qué habrían pensado ellos al verme cerca de su hija, qué habrían pensado de mí…

Y así entonces, mi vida volvió a su curso normal. Días en los que merodeaba por la ciudad, días en los que me preguntaba por Lynn, porque a pesar de los años, yo aún no había podido olvidarla.

Sabía en mi interior que ella estaba pasando por momentos difíciles, ella misma me lo había confirmado.

Me armé de valor una noche, y caminé hasta la universidad para buscarla. Necesitaba hablar con ella, necesitaba saber que Lynn estaba bien, pero por, sobre todo, necesitaba desahogarme… me sentía preparado para contarle todo. Pero cuando llegué, no hallé nada más que hostilidad del grupo de amigos de mi ex novia, me di cuenta, aunque fuera egoísta de mi parte, que no podía dejar que ella me mirara con los mismos ojos que ellos.

Entonces, como siempre, decidí volver a no contarle la verdad. No obstante, eso me salió muy caro.

—Me estoy cansando de esperarte.

Me dijo un día, entonces, al final y como siempre, todo se resumió en un chantaje, y por ende, yo tuve que contarle la verdad…