[04/08/17]
No era real, antes de esto. Miyako siempre lo miraba tímidamente detrás de sus lentes, chillando en voz baja cuando lograba tener su atención. Pero era algo tonto, un capricho, algo que Mimi entretenía cuando estaba aburrida. Ni siquiera era como ella y Yamato, que constantemente niega estar interesado en Mimi pero que de alguna manera siempre se encuentra a su merced. No tiene un nombre para eso tampoco, pero sabe que es diferente a esto.
Aun hay algo no-tan-real acerca de la imagen que hace ahora, con una mano en sus pantalones oscuros mientras la otra sostiene una flauta de champán. Se ríe de algo que alguien dice y por el segundo que sus ojos se encuentran, Mimi puede jurar que algo ha pasado. Cuidadosamente pasa un cairel de cabello tras su oreja, sus pestañas rozando sus mejillas, tímida. Él no vuela a su lado de inmediato y se siente como algo completamente accidental cuando se encuentran en la misma compañía, horas después. No puede saber qué está pensando o si piensa en ella y no importa si lo hace o no; el verse en sus ojos azules es toda la confirmación que necesita.
—Es una gran fiesta, Mimi —Ken dice, brindando a su anfitriona.
—Realmente te has lucido —Takeru menciona, sonriendo.
Había cobrado un par de favores para lograr rentar un salón hermoso con una vista espectacular de la ciudad y el Puente Arcoiris, completo con una terraza. Hay comida, entretenimiento y hermosas decoraciones para hacerles compañía durante la cena y Mimi se siente orgullosa de los resultados. Su hombro sube y cae como si sus palabras no la han tocado, pero no se les escapa el rubor de satisfacción alto en sus mejillas.
—No fue nada —dice, cogiendo modestia como cualquier accesorio—. Es víspera de año nuevo, no podemos seguir teniendo fiestas en el apartamento de Taichi.
—¿Qué tiene de malo mi casa? —Taichi pregunta, indignado. Se da vuelta hacia Yamato de inmediato—. No contestes eso.
Erizándose, Yamato alza una fría ceja.
—No iba a hacerlo.
Su discusión continúa, cayendo en la categoría de ruido ambiental como la música animada que ella y Miyako han elegido para la ocasión; su atención regresa rápidamente a sus invitados, la comida y las numerosas copas de champán por las siguientes dos horas.
Es tarde y la mayoría se ha retirado por esta noche. Afuera la temperatura ha bajado considerablemente y se siente la nieve en el aire; en cualquier momento nevará. Ella bebe el resto de su champán, considera retirarse cuando escucha su risa, clara y destellante. Se sobresalta cuando una mano toca su espalda baja y cuando gira, su sonrisa ilumina su rostro.
—¿Te vas?
—Tengo un vuelo temprano —dice, asintiendo—. ¿Estarás bien tú sola?
—Sí, papá —ríe, torciendo los ojos—. Gracias por venir.
—Realmente fue una estupenda fiesta, Mimi —Yamato dice, haciéndola sonreír más—. Ten cuidado con el champagne.
Hace ese sonido tan peculiar con su garganta y Mimi se detiene en medio de tomar una copa fresca, alzando un desdeñoso hombro.
—No me digas qué hacer —dice, petulante, aunque él reconoce su tono burlón—. Además, Ichijouji-kun está aquí. ¿Tú me cuidarás, no?
Ken, quien pasaba inocentemente antes de caer en medio de su discusión. Su sonrojo es furioso bajo el abrazo de Mimi.
—Sólo venía por otra copa —dice, confundido—. Para Daisuke.
—Estás de turno con Mimi —Yamato le dice a secas, ignorando su confusión—. Si algo sucede, te considero responsable.
—Ehh ... ¿qué?
—Vete —Mimi le empuja, riendo—. ¡Me avergüenzas!
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Los copos de nieve se ven hermosos, destellando bajo las luces navideñas, convirtiéndolo todo en una escena salida de un cuento de hadas. Los ojos de Mimi están brillando y hay algo conmovedor y también doloroso en ello; no está segura qué le falta para que el momento sea perfecto. La mayoría de los invitados se han ido y ella se rehúsa a abandonar la fiesta, quizás huyendo del silencio en casa. Sus padres se han ido de vacaciones y Mimi no ha estado sola en un largo, largo tiempo.
El último de sus amigos grita desde las puertas, exclamando ebriamente: '¡Feliz año nuevo, Mimi-san! y ella saluda con entusiasmo, brindando una última vez. Una capa delgada de blanca nieve cubre el balcón y sabe que debe irse ahora, antes de que la tormenta llegue, pero una parte de ella quiere estar aquí cuando suceda. El peso de un abrigo sobre sus finos hombros la hace saltar, sorprendida.
—Creí que te habías ido —dice, una expresión curiosa en su rostro—. Antes, con Daisuke-kun.
Ken se encoje de hombros, ofreciéndole una sonrisa ligera.
—Estoy de turno con Mimi —bromea. Su risa es interrumpida de pronto cuando ella le da el más suave beso en la esquina de sus labios.
—Feliz año nuevo, Ken-kun.
Piensa que sí se fueron de inmediato pero ella debió insistir en un atajo y Ken ha tenido poca experiencia lidiando con ella; probablemente se arrepintió de lo dulce que es y como no sabe decirle 'no' a ella aún. Es refrescante, debió ser emocionante y quiere reír, escondiendo su sonrisa tras una cortina de rizos frescos. Están prácticamente encerrados por la nieve este día y el paisaje tan poco familiar la hace sentir como si está en otro lugar, como si así debería ser. Sabe que todo menos amor la trajo aquí pero le gusta pensar que el afecto es al menos parcialmente responsable, así que lo besa suavemente de nuevo.
Pasan esa mañana entra las sábanas, emergiendo solo para un brunch por la tarde. Son las tres cuando se sale cuidadosamente de la cama, encontrando sus ropas y una camiseta insípida para entrar a cambiarse. Es inútil pero se da cuenta que no tiene interés en despertarle, así que se va y deja una nota en la almohada a su lado, escrita en letras finas y curvadas.
Tomé una de tus camisetas, espero no la extrañes mucho.
Gracias por el desayuno.
M.
Nota de Autor: Creo que Ken es precioso. Hace tiempo pedí un fic entre Ken y Mimi con la belleza como tema central. Ficker D.A.T., talentoso como no hay dos, hizo algo genial con mi vaga idea, pero como Mimi en esa historia, me he obsesionado con este tema. Creo que no iba a ser feliz hasta que me lo sacara del sistema.
