Paradoja
2
En el laboratorio entraron uniformados desconocidos a media noche y lo acondicionaron a su estilo. Primero inspeccionaron cada rincón del modesto lugar, quitaron la basura y la dejaron en cajas sobre el escritorio, esto último molestó a su colaboradora al notar que básicamente eran hojas y hojas con investigaciones pasadas; luego de deshacerse de lo inútil, procedieron a instalar tecnología que los espiaría en cada momento, que incluía cámaras y sensores de diverso tipo. Además de un complicado sistema que encriptaba todo lo que ellos escribieran y analizaran en sus computadores…, como si alguien pudiese hackear a un par de expertos en encriptación de datos.
Cuando por fin terminaron el acondicionamiento, ingresó el pedazo de metal en una caja a prueba de balas sellada al vacío ya que la atmósfera podría corroer su superficie de iridio, aunque una mirada rápida por el buscador de internet supo que no podría pasarle demasiado; el metal era denso, duro y poco maleable. La pieza estaba como suspendida en el aire, pero solo era una ilusión óptica. Koushiro observó el metal de cerca mientras Miyako les gritaba a los uniformados antes de retirarse y cerrar con un portazo.
—Qué coraje —susurró su compañera a un lado de la puerta—. Qué se creen.
—Son solo precavidos.
—Existen los modales. Además, mi trabajo no es basura. Mira, dejaron todas las cajas a un lado de la puerta, listas para pasar por el triturador de hojas e irse al reciclaje.
—Solo llévalas a tu casa.
—En mi casa no debo tener trabajo. Es por eso que tengo una oficina… Veré si puedo esconderlos en mi casillero… Ay, cielos —se quejó la chica y salió de la oficina con dos cajas a cuestas.
El laboratorio por fin quedó en silencio y Koushiro por fin miró con detalle el objeto. A simple vista se veía bastante trabajado, de superficie pulida y brillante, un grosor de unos dos centímetros en los que debía fijar toda su atención según los registros. Las fotografías que les habían dado mostraban unas líneas que parecían seguir un patrón, que fácilmente podrían haberse formado al chocar con la antena de la estación espacial. Sin embargo, su estructura lisa ya era una rareza.
Afinó su vista y dentro de las fisuras que parecían tener un patrón, vio que aparecían pequeños símbolos. Frunció las cejas y abrió el programa en la laptop que traía la caja para utilizar la pequeña cámara y agrandar los símbolos. Una vez en la pantalla supo que no eran símbolos, la fisura tenía pequeñas rayas en su interior. No era nada más que algo provocado por la antena, qué decepción.
Movió las imágenes hacia la pantalla gigante táctil el laboratorio y fue a calentar café. Sería una larga mañana de investigación, buscando fabricantes que utilizaban iridio en sus piezas.
Cuando volvió la vista a la pantalla, sus ojos se abrieron de par en par.
Era como mirar en un código de barras detrás de un producto en la tienda. Unos cuantos puntos separando algunas de las barras, unas más gruesas que otras. Se dirigió rápidamente de vuelta a la pantalla táctil y juntó sus manos en frente de ella para minimizar la imagen y ver la fisura desde otra perspectiva. La movió, giró y cortó, pero la imagen de la fisura no le hacía sentido. Algo debió ver el astronauta que vio extrañeza en esta pieza de chatarra espacial. Algo que Koushiro no podía ver todavía.
—Es como ver élfico en el anillo único, solo que más tosco y solo una sección —dijo Miyako desde la puerta. Solo tenía una caja de las dos que se había llevado pero eso ya no tenía importancia para su compañera—. Voltéalo, así..., ¿qué será esto?
Las luces se encendieron de pronto y él se quitó las amarras para ir a la despensa y sacar comida sellada al vacío y en forma de pasta dental. Ese día comería huevos revueltos con un poco de tocino, se lo merecía ya que la reparación de la antena había sido dura la jornada anterior. En resumen, no había conseguido ni la mitad de lo que Tierra exigía, ya que las herramientas que poseía eran para trabajo fino tanto para dentro y para fuera de la estación espacial, nunca nadie se había imaginado que algo iba a golpear una antena y sacarla casi de raíz. Había tenido que poner parches de resina de sellado solo para sostener lo que habían podido rescatar de la antena pero aún así no había muchas señales.
Además, hacer el trabajo prácticamente en solitario había sido de lo peor.
Kido había experimentado una extraña alza de temperatura por lo que no lo había podido asistir y el resto de la tripulación estaba ocupado en sus respectivas funciones en la estación. Cualquiera pensaría que simplemente había pescado un resfriado pero allá en el espacio eso era prácticamente imposible. ¿Qué otro ser vivo existiría aparte de ese puñado grupo de humanos y sus respectivas bacterias en sus entrañas?
De igual forma, la doctora a cargo realizó los exámenes de sangre respectivos y no encontró nada raro en él. Era un humano totalmente sano.
—Espero que tengas una buena excusa para reportarte enfermo, Kido.
El hombre no respondió y Yamato simplemente siguió analizando las cámaras externas para ver en qué había fallado mientras se llevaba la boquilla del envase con el desayuno a la boca.
—Nadie hace cosas tan grandes de iridio. Solo sirve para soportar temperaturas altas y alguna que otra cosa. ¿Quién tiene tanto dinero para hacer una pieza tan grande de este metal, escribir en él y dejarlo flotar por el espacio? Esto parece una broma.
—Miya…
—¡No me digas nada! Estoy harta de ver élfico espacial. Mejor voy por un chocolate caliente y un pastel. ¿Quieres algo de la cafetería?
—Estoy bien, gracias.
—Un pastel de limón será entonces.
La chica se fue por el pasillo y él volvió la vista al papel en que estaba garabateando. Trazó una línea y un punto y luego se quedó observando el lápiz grafito. ¿Y qué tal si estaban perdiendo el tiempo? Realmente quería descifrar lo que allí estaba escrito pero todo lo que su mente lógica le decía era que podía haber alguna variable que estaba obviando le demostraría que todo era una vil mentira. Volvió a los trazos en el papel, arrugó la frente y lo colgó el mural. Era la secuencia que más se repetía dentro de la pequeña porción que estaba estudiando de la fisura.
Todo estaba dentro de la computadora pero aún así había pensado que dibujarla él mismo podría iluminársele la mente, sea ese día o alguno en el futuro. Sus ojos tocaron los trazos de grafito en el papel e inevitablemente pensó en cómo podría verse bajo la mirada del microscopio: sería algo así como un río de grafito detenido en el tiempo, con trozos más grandes que otros de grafito yendo hacia una misma dirección, mientras este hiciese una pequeña fisura en el papel, en esas miles y miles de fibras de celulosa entrecruzada en desorden. Fue entonces que su mirada volvió a la pieza de metal espacial y, como buen científico, no dudó en jugar un poco con la cámara del microscopio. Sin percatarse que los grandes descubrimientos siempre habían aparecido por error.
Maximizó la imagen para ver hasta cuándo podía llegar el aumento del lente para ver el papel luego y mostrárselo a Miya mientras comieran los trozos de dulce de la cafetería y así aplacarla un poco. Sin embargo, al ampliar la imagen cada vez más, la lente se centraba en una sola línea de la fisura, luego de enfocar y ampliar nuevamente apareció un nuevo universo dentro de la línea. Esta vez era un conjunto de círculos concéntricos y lunares.
Pronto, perdió el apetito y las ganas de mirar el papel.
Gracias por leer :)
