"There's only one thing
to do,
three words,
for you...
I love you..."
1,2,3,4- Plain White T's
El Demonio
― ¿Tres palabras qué definan a mi novia?― escucha en el tren. Y aunque no es de los que preste atención a conversaciones ajenas; ésta en particular capta su atención.
Pues...― reflexiona el chico― la forma en que sus mejillas se sonrojan es adorable. Sí, eso: una de ellas sería adorable.
En ese momento le devuelve su privacidad al chico del tren y se dedica a reflexionar.
Si alguien le pidiera tres palabras para definir a Hiroki ¿Cuáles usaría?
Al igual que el chico, adorable sería una de ellas, sin duda. Hiroki tenía una forma de balbucear cuando quería algo de él. Lo decía en un murmullo casi inaudible mientras sus mejillas se encendían de rojo y bajaba los siempre brillantes ojos marrones. Eso bastaba para que le brincase el corazón dentro del pecho, pero habían muchas cosas más... tres palabras no eran suficientes para encerrar todo lo que su Hiro-san, le causa.
A él que nunca quiso ser dueño de nada hasta que lo conoció, mostrándole lados de sí que hasta entonces desconocía: ambición, admiración, devoción... incluso celos, miedo y ansiedad.
Siempre había asumido el rol de hermano mayor entregado. Nunca se sintió particularmente triste por no ser adoptado, pues los dueños del orfanato siempre le hicieron sentir como un hijo, incluso llorando el día que se fue a emprender su camino, a buscar "eso" que impulsa a ser alguien en la vida. Nowaki era feliz, eso no lo puso nunca en duda, pero sentía que hasta que no hallara su propósito en el mundo sería sólo uno más del montón. Por eso se dedicó a trabajar para mantener el orfanato, en un gesto de agradecimiento con el único lugar que podía llamar su hogar. También, cumplirle sus sueños a sus jefes y superiores, era otro gesto de agradecimiento con el mundo. Tenía que admitirlo, era un niño grande y amaba jugar... y si a eso le sumaban la sonrisa de satisfacción de aquellos amigos que por un momento eran astronautas, caballeros o exploradores como siempre habían soñado, no podía sentirse más que satisfecho; esas personas le habían dado una oportunidad a un muchacho que había abandonado la escuela, sacarles una sonrisa era lo menos que podía hacer.
Y aun así, nunca sintió la necesidad de apoderarse de nada. Acostumbrado a ser el que se sacrificara para acabar con las disputas entre sus hermanos, Nowaki desconocía la sensación de querer conseguir algo a toda costa. Hasta que una tarde lo encontró... lloraba con tal desconsuelo que simplemente se sintió abrumado, nunca había visto a alguien llorar así... y quiso tenerlo y hacerlo reír hasta que le doliera el estómago, quiso verle feliz.
Pero esa persona era difícil y él era impetuoso. Nowaki era de esas personas que escuchaba al corazón primero que a la razón. Entonces tomó su mano y lo llevó con los demás; para que se distrajera y dejara de llorar por un rato. Cuando supo quién estaba detrás de sus lágrimas fue la primera vez que se sintió irritado con alguien, quería entender que quizás no era culpa de Usami-sensei, pero había hecho llorar a su precioso Hiroki... eso era suficiente para mostrarle otro lado suyo hasta entonces oculto: se sentía celoso de él.
Y porque él era un universitario quiso hacerse una persona distinta, que pudiera ser digna de él, que pudiera alcanzarle. Y halló su propósito, quiso estudiar de nuevo, quiso ser alguien...quería ser alguien a quien él mirase, a quien él amase.
Hubo muchos momentos en que se sintió una molestia, pero su determinación era mayor que sus debilidades. Sus padres le habían enseñado que si quería algo, tenía que dar todo de sí para conseguirlo. Y él quería a Hiro-san. Entonces daría todo de su parte, incluso si tenía que renunciar a algunos de sus trabajos y reducir sus gastos.
El día que sus sentimientos se desbordaron y le dijo que no quería verlo nunca más, fue la primera vez que se sintió devastado. Pasó horas sentado con la espalda apoyada en la puerta con un sentimiento de vacío que nunca había experimentado. Él, que no tuvo padres, que había sido abandonado, sentía por primera vez soledad y tristeza. Y tuvo que hacer un gran esfuerzo para no llorar.
Entonces comprendió que siempre era él quien había amado a alguien más y nunca lo habían querido. Así que quería demostrárselo, quería mostrarle como era que lo pensaran, que lo extrañaran de vuelta, que lo abrazaran, que lo amaran.
No pudo evitar suspirar, habían pasado más de diez años desde entonces y lo quería tanto como el primer día, incluso más. Sonreía al pensarlo y sin importar cuan cansado llegase del hospital quería hablarle, quería escuchar su voz, así no hablasen de nada trascendental o que él no le comprendiese. Sólo quería perderse en la forma en que gesticulaba, en la que sus labios se movían o sus ojos brillaban.
Si buscaba palabras para definirlo, siempre se quedaba corto. Hiroki había logrado sacar lo mejor de él, dándole un propósito y acompañándolo a ser la mejor versión de sí mismo... ¿Cómo encerraba en tres palabras todas esas cosas sin nombre que le hacía sentir?
Porque, si empezaba a enumerarlas, todas las cosas que definían a su único amor parecían tan... banales. La forma en que se apasionaba por su trabajo era inspiradora, o la forma encantadora en que brillaban sus ojos cuando un libro le había gustado, o como se sonrojaba al pedirle un abrazo, o cuando lo descubría mirándolo a hurtadillas, o la forma en la que suspiraba abrazándose a su espalda cuando se le entregaba.
Hiroki, en su percepción, era adorable, brillante, decidido, firme, maduro, sensual, cálido, noble, sincero, comprensivo, colaborador, un poco impulsivo a veces, pero aun así comedido y responsable. Como un adulto debía ser.
Cuando llegó a casa y lo encontró rodeado de exámenes y ensayos recordó que era un excelente educador. Nowaki no sabía hasta donde podía haber llegado si él no le hubiese enseñado.
Lo ve algo estresado y decide prepararle algo de té pese a su propio cansancio. Sabe que los dos aman su trabajo, aunque haya momentos en que éste les parezca algo agotador e ingrato. Nowaki lo sabe porque esa misma pasión por lo que hacía la aprendió de él.
Y mientras la tetera silba, de nuevo trata de englobarlo en tres palabras. Y el remolino de ideas en su cabeza parece no servir de mucho. Entonces decide imaginarlo; su cabello iluminado por el sol en ese tono castaño tenue, sus ojos que a pesar de ser furtivos no mienten, su piel blanca que al mínimo contacto con la suya se sonroja y se calienta, sus brazos, sus manos, sus caderas, sus piernas y la forma en que encajan a la perfección con las suyas.
Se pide enfoque y se va más allá, a su alma. A la forma en que sonríe que hace querer verle más así, sonriendo, ser feliz a su lado como siempre lo soñó. La melodía de su voz, la paz con la que duerme, la forma en que estalla cuando algo lo avergüenza o lo incomoda, haciendo su vida llena de sobresaltos que en vez de cansarle, le sacan de la rutina llenando de recuerdos memorables cada uno de sus días.
La forma en la que clama su nombre, incluso en sueños cuando no pueden verse.
Eso le demuestra que todos sus esfuerzos no han sido en vano. Y su sueño se materializa cuando sabe que él también lo ama.
La tetera silba y trata de no demostrar que está distraído. Sirve dos tazas y en silencio deja una a su lado. Lo descubre ansioso y entonces, como si algo pudiese solucionar, susurra el mantra.
― Todo saldrá bien, Hiro―san.
Hiroki levanta la mirada y se encuentra con la suya. Esos ojos tan deslumbrantes y encantadores como las hojas de otoño al caer. No iba a cansarse nunca de mirarlos.
― No pasa nada malo― dice y la calma vuelve a su corazón mientras le observa tomar la taza―, pero gracias por el té.
― Me alegro― responde dejando escapar un suspiro de alivio. Quiere charlar más, pero no quiere interrumpirlo durante su trabajo. Así que se conforma con verle.
― Nowaki― llama de repente― Si te pidieran tres palabras para definirme... ¿Cuáles usarías?
Nowaki se siente al descubierto. Ha pasado las últimas horas pensando en eso y que Hiroki sea tan sincero y se lo pregunte sólo le hace sentirse abrumado.
Es para algo de trabajo― dice al mirarle extrañado― si no quieres no...
― No, no. En lo absoluto― responde antes de que la vergüenza apague su chispa de honestidad― Es solo que me sorprende un poco que me lo preguntes, pero... tres palabras para definir a Hiro-san ¿eh?
Reflexiona de nuevo ¿Cómo podría encerrar tanta dicha y felicidad en tres palabras? ¿Cómo puede encerrar todo lo que ama de él en sólo tres cualidades?
Y como una revelación llega la respuesta. Desde que conoció a Hiroki, con todo y sus altibajos su vida es perfecta. Al punto que no la cambiaría por nada más.
No necesito tantas, una sola me basta― responde con una amplia sonrisa y le mira fruncir un poco el ceño. Es tan transparente para él que sólo le resulta aún más adorable― Mi Hiro-san es perfecto. Esa palabra lo define todo.
Hiroki abre los ojos de par en par y toda la sangre de su cuerpo se concentra en su cara, tiñéndola de rojo. Antes de que pueda reaccionar oculta su rostro entre sus brazos avergonzado.
― Eso debería decirlo yo de ti― murmura en su escondite y Nowaki siente que de nuevo se enamoró de él.
Nowaki sabía que no era perfecto, y Hiroki sabía que no era perfecto tampoco. Pero juntos habían aprendido a hallar lo perfecto en lo imperfecto. En las disputas diarias, en las charlas, en la sensación de plenitud al hacerse compañía y de que pertenecían a un sitio cuando estaban juntos. De que estaban en casa, de que eran familia.
Nowaki rodea con sus manos las mejillas sonrojadas de su Hiro-san y cerca de sus labios susurra lo que su corazón siente. La única certeza que ha tenido nunca:
―Te amo, Hiro-san.
Hiroki envuelve sus manos en las suyas, el calor en su rostro amenaza con quemarlo vivo, pero, por esta vez quiere decírselo, quiere que lo sepa.
― Y yo a ti, Nowaki― responde cerrando los ojos para besarlo.
¡Hola! Sé que estado muy, muy desaparecida... y no les daré excusas... he tenido unos meses súper tumultosos y casi nada de tiempo para escribir... lo siento u.u
Con respecto a Los Conejos Negros , actualizaré tan pronto como pueda terminar el capítulo y mi beta hermosa de corregirlo... no les prometo que será mañana, pero no se preocupen no voy a abandonar la historia y tampoco es que me perderé un año... tranquil s...
Muchos, muchísimos besos con labial rojo!
~Kuro No Hatter~
