Daiyōkai Inugami
¡Hola!
Segundo capitulo ¡Genial!
Pero bueno, espero que les haya gustado el primero y se estén pasando todo tipo de rollo por sus cabecitas ¡por que lo que viene, será para que se queden con las GANAS!
Declaimer: Sorry, no lo dije ante, pero lo digo ahora. Inuyasha no es mío, solo en mis sueños ¡ Ô o Ô! Que más quisiera yo…pero es de Rumiko Takahashi… y como dije antes…
¡Advertencia!:
Como se darán cuenta mas adelante, este es un UA (UNIVERSO ALTERNO) y como tal tiene escenas fuertes, diccionario de palabras extravagantes y material para adulto - adolescente mayor. Están advertidos ¡si no me lo ligan a mí lo de los traumas! ¬.¬
Bezazos
HADA
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Capítulo Dos
Inuyasha estaba sentado en su mesa habitual en la Panadería Kada, una diminuta tienda metida dentro del Barrio de Kyoto de la ciudad, en realidad era un lugar poco común por esas calles, ya que las comidas que hacían eran especialmente extranjeras. Había pedido una taza de café de chicoria (mixto) para ella. Él no sabía como podía soportar beberse el espeso y rico líquido tan temprano a la mañana. Bebió a sorbos su té y miró hacia la multitud que pasaba por la calle. Todos ellos parecían tener prisa por llegar a algún sitio. Les envidiaba el tener algo a lo que dedicarse cada día, pero él sabía la verdad. No había ninguna razón para apresurarse porque nada nunca resultaba de tanta prisa excepto una tumba temprana. Estos mortales no podían permitirse morir un poco antes de lo que les tocaba.
Quizás simplemente estaba cansado después de todos estos siglos de vida. Nunca se había despertado temprano a menos que fuera para desayunar con Kagome. No se apuraba hacia ninguna parte porque realmente tenía todo el tiempo del mundo. Sonrió para sí mismo. Él escuchó la campanilla sobre la puerta y alzó la vista para verla caminar hacia él. Su corazón se constriñó cuando pensó cuánto la amaba.
Ella no era elegantemente delgada. Siempre estaba quejándose de sus caderas y sus muslos. Le había dicho varias veces que la amaba tal como era. Cuando la sostenía, él quería sentir curvas y suavidad, no huesos y ángulos. Ella sonrió y se rió por algo que Kada, el dueño del lugar, le dijo mientras se abría paso entre la muchedumbre. Él no pudo evitar la pequeña sonrisa satisfecha que les dirigió a los otros hombres que estaban en la panadería mientras le lanzaban envidiosas miradas.
Se levantó y la atrajo a sus brazos. Aplastándola contra él, la besó duro. Ella jadeó y él aprovechó para deslizar su lengua dentro y acariciar la de ella. Derritiéndose contra él, ella envolvió sus brazos alrededor de su cuello. Mientras devoraba sus labios y masajeaba su espalda, se preguntó en el fondo de su mente cuanto tiempo pasaría antes de que ella recordara donde estaban. Entonces él se perdió en su toque y en los suaves gemidos que salían de su garganta.
El sonido de aplausos atravesó sus mentes nubladas y ellos se apartaron. Él sonrió cuando ella se sonrojó. Ella lo aporreó cuando los otros clientes vitorearon. Él sostuvo su silla y acarició su pelo despejando el camino para besar su cuello. Ella tembló.
—Inuyasha, pensé que dijiste que te lo tomarías lentamente.
—Realmente no creo que besarte sea apresurar las cosas. En realidad, he querido besarte así desde nuestro primer encuentro.
—¿Pero aquí en medio de la panadería?
—No pude evitarlo. Me haces sentir contento de estar vivo y nadie ha hecho esto en mucho, mucho tiempo —Él empujó un café hacia ella.
—Realmente no esperas que me crea eso¿verdad? —ella tomó un sorbo y suspiró—. Mi café nunca sabe como este. ¿Por qué?
—Tú nunca has hecho café —él cogió un beignet que el dueño de la panadería había traído para ellos.
—Estoy segura de que si alguna vez lo hiciera, no sabría como este.
—¿Y has tenido has pensado sobre Ishimaru y si lo volverás a ver o no? —preguntó él de manera casual. Aunque quería exigirle que dejara de ver al hombre, sabía que no había mejor modo de hacerla enfadar que darle una orden.
—Lo llamaré más tarde y le haré saber que no quiero verlo otra vez. Creo que después del modo como actuó anoche, entenderá por qué.
—No estoy seguro. ¿Quieres que esté allí cuándo se lo digas?
—Puedo cuidarme a mi misma. No te necesito allí para sostenerme la mano.
—Da un paso atrás, mi amigo. Empujarla no es el camino. Dile cuan preocupados estamos por ella —le advirtió la voz de Fudō Myō-ō
Inuyasha suspiró y apartó su té. Agarrando sus manos, él las llevó a sus labios.
—Lo siento. Sé que no me necesitas para cuidarte. Has demostrado que eres más que capaz de cuidar de las cosas tú misma. Estoy preocupado sobre Ishimaru. No creo que sea realmente el tipo agradable que pareces pensar que es.
—¿Has obtenido alguna información sobre él? —ella no sonaba feliz.
—No de mi gente. Mi socio comercial, Miroku Katsu, ha estado haciendo una pequeña indagación personal. No se lo pedí —él se encogió de hombros—. En realidad no le pides a Miroku que haga algo. Supongo que hubo algo sobre tu cita que no le gustó. Entonces él comprobó unas cosas y me avisó.
—¿Qué cosas?
—Parece que él practica Vudú.
—Eso no significa nada. Mucha gente práctica esa religión.
Sin embargo, se podía decir que ella estaba un poco nerviosa con esas noticias.
—Por supuesto, esto no significaría nada si él estuviera dentro del Vudú regular, pero él está en el mojo - malo, Kagome.
—¿Mojo?
—Hechizos negros que pueden perjudicarte si así lo quisiera.
—No pensé que esas cosas pasaran. Pensé que todo ese asunto era simplemente para las películas.
—Tiene su lado bueno y malo justo como cualquier otra religión. Si sabe lo que está buscando, será capaz de encontrarlo.
—¿De verdad piensas que él me dañará de algún modo? —ella no estaba convencida.
—No realmente. Sólo quiero que tengas cuidado mientras estás cerca de él. No lo hagas enfurecer.
—No fui yo quien estaba haciéndolo enfurecer anoche. Me parece que alguien más pulsaba sus botones.
Inclinándose hacia adelante, Inuyasha trabó su mirada con la suya. Él esperaba que ella entendiera.
—Tú y yo podríamos haber hecho el amor en la pista de baile. Pero incluso eso no es una excusa para atacarte como lo hizo.
—¿Me estás diciendo que tú no estarías enojado?
—Seguramente yo habría estado furioso si mi cita comenzara a besarse con algún otro tipo, pero no vertería mi cólera sobre ella. Probablemente estaría tentado de darle puñetazos al tipo que se mueve en mi territorio —admitió él.
Ella se rió.
—Una respuesta totalmente masculina.
—¿Es así¿Cómo te sentirías si alguna mujer viene aquí y comienza a golpearme, sobre todo después de ver aquel beso?
—Querría arañar sus ojos.
—Ves, esa es una respuesta territorial, no sólo una reacción masculina.
—¿Qué harías o dirías tú a tu cita si ella hiciera algo así?
—Aceptar el destino y alejarme. Ella obviamente no es la chica correcta si está besando a alguien mientras está en una cita conmigo. La llevaré a casa si así lo quiere y le diré adiós. La vida es demasiado larga como para gastar mi tiempo en mujeres que no me quieren.
—¿No querrás decir que la vida es demasiado corta?
—¿Qué dije? —Él se encogió de hombros—. Mezclo los refranes a veces.
Levantándose, le ofreció su mano. La ayudó a ponerse de pie y entrelazó su brazo con el suyo mientras se abrían camino entre la muchedumbre de la mañana. Mientras salían y empezaban a caminar calle abajo, la estrechó más cerca de él. Se encontró a sí mismo pensando en cuán diferente era su vida desde que la había encontrado. Ella hacía que los días parecieran más brillantes y alegres.
Él había pasado meses sin reírse porque no había encontrado nada bueno en el mundo en mucho tiempo. Entonces, un día escuchó oyó su risa y se encontró sonriendo otra vez. Dentro de su corazón, ella guardaba una pequeña pieza del alma de él. Cuando ellos estaban juntos, estaba completo. Nada iba a sucederle a ella. No lo permitiría. Él tenía la sensación de que si ella fuera lastimada, él podría cruzar la línea sobre la que había estado andando.
—Estás tan serio de repente. ¿En qué estás pensando? —ella tiró de su brazo.
Él la miró y sonrió ligeramente.
—Pensaba en lo que haría sin ti.
—No creo que tengas que averiguar eso. No planeo irme a otro lado —ella miró su reloj—. Cielos. Me tengo que ir. Contraté a una nueva empleada mientras estuviste fuera. Ella comienza hoy y tengo que entrenarla.
Inclinándose, él la besó rápidamente.
—¿Quieres que te recoja para almorzar?
—No, voy a estar ocupada todo el día. Pero no diré no a la cena.
—Entonces me detendré brevemente y te recogeré después de cerrar la tienda. Cenaremos en mi casa.
—Wow. ¿Quién va a cocinar? —Ante su mirada ofendida, ella se rió tontamente.
—Tendrás que saber que soy un experto cocinero gourmet. Sólo cocino para gente muy especial —acercándola, él acarició con la punta de la nariz su mejilla—. No puedo pensar en nadie más a quien me gustaría cocinarle.
Una luz tímida apareció en los ojos de ella.
—Vas a echarme a perder si sigues tratándome de esa forma.
—Esa es la idea, amor. Tú mereces ser mimada —él la besó fuerte y se alejó—. Tienes que irte. Te recogeré esta noche.
Mientras él la observaba apresurarse, supo que la noche sería especial. Él había tratado de ser paciente, quería hacerla suya cuanto antes. Sus instintos gritaban que algo iba a pasar pronto y tenía miedo de lo que eso podría significar para ella.
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—Kagome.
Ella no pudo detener un temblor de miedo recorriendo su espina ante el sonido de la voz de Naraku. Se volvió para verlo acercársele desde la puerta. Mirando a su alrededor, comprendió que ellos eran los únicos en la tienda. Ella había enviado a su empleada por el almuerzo. No te preocupes, pensó. Él no te hará daño.
—Naraku.
Él le dio una docena de rosas rosadas.
—Quiero pedirte perdón por mi comportamiento de anoche. Fue imperdonable que te tratara así.
Ella tomó las flores y escondió una mueca. Nunca le habían gustado las rosas. Poniendo el ramo sobre el mostrador, le sonrió.
—Entiendo por qué estabas enojado, Naraku. Mi comportamiento con Inuyasha fue inadecuado. No sé lo que nos pasó.
—Hombres como No Taisho y yo tenemos un cierto encanto por nuestra riqueza y poder —Él tocó su mano—. Puedo ver como una muchacha como tú podría dejarse llevar por eso.
Gracias a Kami Naraku no parecía carecer de confianza. Ella no tenía ganas de discutir acerca de ello.
—Probablemente tienes razón.
Él se apoyó contra el mostrador.
—¿Cuánto hace que conoces a No Taisho?
—He sido amiga de él durante cinco años. ¿Por qué?
—¿Te has encontrado alguna vez con cualquiera de sus amigos?
—Seguro. La gente que trabaja en el club.
Él los desechó con un movimiento de su mano.
—Esos son sus empleados. Tú no te haces amigo de la gente que trabaja para ti.
—Me encontré a Miroku Katsu anoche.
—Ah, ese tipo alto, bastante desagradable.
Ella no había encontrado a Miroku desagradable en absoluto. De hecho, él había sido bastante encantador.
—Él es un socio. Nunca socialices con tus socios. Ellos tratarán de aprovecharse de ti.
—Tú debes ser un hombre solitario. Su amigo, Kei Kuroki, vive en Tokyo. Inuyasha pasó un par de semanas allí ayudándole con algunas cosas.
—O él dice eso.
Ella se encogió de hombros.
—¿Por qué me mentiría?
—Todos los hombres mienten, amor. Eso está en la sangre.
—¿Si él me ha mentido, por qué debería preocuparme? Él es un adulto y no somos exclusivos, por lo tanto puede ir donde quiera.
Hubo un destello de impaciencia en sus ojos. Ella no tenía la intención de jugar su juego. No había ningún modo de que consiguiera que dudara de Inuyasha. Durante cinco años, él la había apoyado. Había sido un amigo en momentos en que ella sintió que no había nadie ahí para ella. La sostuvo mientras lloró y rió con ella cuando fue feliz. Podía dudar que él pudiera desearla como algo más que un amiga, pero nunca podía dudar de que la amaba.
—Naraku, me alegra que te vinieras a verme. Iba a llamarte.
Una sonrisa satisfecha apareció sobre su cara.
—Me alegra oír eso. Te perdono por la noche pasada. Culpo a No Taisho.
Ella no podía creer que realmente pensara que iba a llamarlo para pedirle perdón.
—En realidad iba a hacerte saber que no podíamos vernos más. No creo que seamos el uno para el otro. Pienso que lo que pasó anoche sólo reforzó la verdad.
La cólera y algo siniestro se deslizó por su rostro. Ella dio un paso atrás y luego silenciosamente se reprobó. No muestres miedo o debilidad. Él atacará. Se preguntó por qué pensaba en Naraku como un perro rabioso. Había una mirada salvaje en sus ojos.
—¿Vas a romper conmigo? —Él se inclinó sobre el mostrador y la alcanzó. Agarrando sus brazos, la jaló hacia sí. Ella jadeó ante las rayas amarillas que se arremolinaban en sus ojos castaños - rojizos. Durante un momento, tuvo el más extraño pensamiento de que otra alma miraba fijamente desde aquellos ojos. Se preguntó si eso era lo que había significado la advertencia de Inuyasha. Él le gruñó y ella no pudo menos que alejarse de él.
—Nadie me deja sin mi permiso. Tú eres mía, Kagome. Tienes que aceptar que no te dejaré. Tu alma es pura y es justo lo que estoy buscando. Le ganaré a él. Te lo advierto, no me hagas pelear por ti. No te gustará el modo en que lo haré.
La campanilla sobre la puerta sonó cuando una mujer morena entró. Su rápida mirada percibió la escena en el mostrador. Si ella sintió el peligro o no Kagome no lo supo, pero agradeció a la mujer en su corazón por tener el coraje para llegar hasta ellos.
—Me pregunto si podría ayudarme —su voz mantenía un leve acento del medio oeste. Su aguda mirada tomó nota del firme agarre con que Naraku sostenía los brazos de Kagome. Los fríos ojos de la mujer miraron a Naraku y reconocieron el hecho de que trataba de intimidar a Kagome.
Naraku la alejó de él.
—Recuerda lo que te he dicho —Él le sonrió a la mujer—. Siempre estoy para servir a una mujer hermosa. Si puedo ser de alguna ayuda, por favor no vacile en llamarme. Aquí está mi tarjeta.
Kagome no podía creer que tuviera el nervio para tratar de encantar a otra mujer cuando justamente había estado amenazándola. La mujer tomó la tarjeta, pero no dijo nada hasta que Naraku se hubo marchado. Tranquilamente rompió la tarjeta y miró a Kagome.
—¿Estás bien?
—Lo estaré. Gracias por haber entrado cuando lo hizo.
—Los hombres como él son para dar y regalar. Piensas que son un regalo de Dios a las mujeres y no creen que cualquiera de nosotras pueda resistírseles. No comprenden que Kami nos hizo más inteligentes que eso.
Ella se rió.
—Algunas mujeres lo encuentran atractivo.
—Esas son las mujeres que hacen que el resto de nosotras tenga tan mala prensa. Él no es mi tipo en absoluto.
—¿Cuál es tu tipo? Si no te importa que te pregunte
—Mi tipo es menos remilgado, supongo. Alto, pelo rubio – plateado o en todo caso uno moreno también y muy fuerte.
—¿Es uno o varios a la vez? – Dice algo asombrada Kagome
—Pues depende, de quien llegue primero – A esto la chica sonríe
—¿Qué hacen para vivir?
—Uno es arqueólogo —la mujer sonrió—El otro, pues, es abogado. Puedes ver que tengo gustos muy definidos en mente.
Su empleada volvió en ese momento. Kagome estudió a la otra mujer.
—Mi nombre es Kagome Higurashi. ¿Si no tienes ningún plan, quieres unirte para el almuerzo?
—Soy Rin Nishi y me encantaría aceptar tu oferta.
Kagome agarró su cartera y se marcharon. Estaban a mitad del almuerzo cuando Kagome se dio cuenta que nunca se había reído tanto con nadie además de Inuyasha.
—Creo que sé cual es tu tipo —Rin bebió a sorbos su copa de vino.
—¿Si?
—Seguro. Tu tipo es como el pelmazo de la tienda, sólo que cien veces mejor. Sofisticado, pero no snob. Incluso tiene dinero sin hacer ostentación de ello. Y más importante, te ama más allá de todo razonamiento y hará cualquier cosa por ti.
—Chica, atinaste —ella sonrió.
—¿Entonces cuál es el problema?
—Hemos sido amigos durante cinco años y de repente ha decidido que quiere ser algo más.
—¿Te opones a la idea?
—Para nada. He estado deseándolo desde que nos conocimos, pero él significa mucho más para mí que cualquier otra persona con la que haya estado. Tengo miedo de decepcionarlo —ella se sonrojó—. No puedo creer que te esté contando todo esto.
—No te preocupes. No conozco a nadie en Kyoto excepto a ti, por lo tanto tus secretos están seguros conmigo. Sólo piensa en mí como en tu ángel de la guarda —una sonrisa irónica se deslizó a través de la cara de Rin—. ¿Él alguna vez ha dado muestras de que quiera cambiarte?
—No. Siempre me dice que soy perfecta como soy.
—Ustedes se han conocido durante cinco años. Eso es tiempo suficiente para aprender mucho el uno del otro. ¿Tiene alguna costumbre fastidiosa?
—Ninguna que haya visto. Algo me preocupa a veces. Inuyasha sufre ataques de depresión. Sé que él soporta noches donde no duerme en absoluto. A veces parece que oye o ve cosas que yo no puedo.
—¿Te asusta eso?
Ella sacudió su cabeza.
—Él nunca me haría daño a mí o a sí mismo. Simplemente que me siento impotente porque no puedo hacer nada para ayudarle sino hablarle.
—Estoy segura que eso es la cosa más importante para él. He tenido momentos como el de tu amigo y el simple hecho de saber que hay alguien ahí con quien hablar me ayuda a soportarlo.
—¿Entonces piensas que soy tonta por preocuparme de decepcionarle?
Rin se inclinó y tocó su mano.
—Con los años que he vivido, he comprendido que el remordimiento es la emoción más difícil con la que vivir. Nunca hagas nada que lamentarás porque nunca lo olvidarás. Pienso que lamentarías no aprovechar la oportunidad de amar totalmente a Inuyasha. Toma lo que él está ofreciendo con ambas manos y disfruta de ello, hasta el más pequeño momento. Podrías sorprenderte al comprender que tu mundo estará completo cuando estén juntos.
La sinceridad de la voz de Rin trajo lágrimas a sus ojos. Ella sabía que si Inuyasha decidía seducirla esa noche, ella lo agarraría y nunca lo dejaría ir.
—Gracias, Rin.
—De nada. Ahora debo irme. Tengo una reunión de negocios en unos minutos —la morena mujer se levantó—. Disfruté de nuestra conversación.
—¿Quieres almorzar otra vez mañana?
Rin sacudió su cabeza.
—Lo siento. Tengo un almuerzo de negocios.
—Si estás libre mañana por la noche¿por qué no me encuentras en el Daiyōkai Inugami? Ese es el club de mi amigo.
—Me encantaría. ¿Alrededor de las nueve?
—Maravilloso. Avisaré a Inuyasha y nos reservará una mesa.
Las dos mujeres se dijeron adiós y se dirigieron en sentidos contrarios. Tan pronto como Kagome giró la esquina, Fudō Myō-ō apareció al lado de Rin.
—¿Por qué, Rin, estás involucrándote en la vida de una mortal? Eso no parece propio de ti.
—Márchate Fudō Myō-ō. Yo tengo amigos mortales.
—Lo sé, pero Kagome es una extraña. Debo confesar que tu discurso sobre no vivir con los remordimientos ha sido completamente conmovedor.
Ella se detuvo y se volvió hacía él.
—¿Piensas que no lamento lo que hice?
—Nunca he visto mucho remordimiento de tu parte.
—Me arrepentí. Caí sobre mis rodillas y supliqué. Él decidió no perdonarme. Bien. No dejo que su rechazo me vuelva loca. Tampoco dejaré que la culpa me coma viva. Viviré la vida que me han dado, pero la viviré a mi manera. No me convertiré en la caza o el cazador —ella se alejó de él.
—Bien por ti, Rin. La mayor parte de los mortales no tienen incluso el coraje de vivir — Fudō Myō-ō se inclinó en señal de respeto y desapareció.
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Inuyasha se secó las manos en sus pantalones. No podía creer lo nervioso que estaba. Era realmente absurdo. Había invitado a Kagome a cenar un millón de veces anteriormente y nunca se había sentido de esta manera. Eso era por que nunca ibas a terminar llevándola a la cama. No deseaba pensar en lo que había estado planeando para después de la cena. Era un paso enorme el que estaban a punto de dar, incluso aunque él sabía que era lo correcto. Desde la primera vez que le había hablado, la había deseado. Una necesidad de ella crecía dentro de él. Esto no era tan sólo lujuria. Esa emoción se habría apagado pronto. Su amor por ella había crecido a lo largo de los años hasta convertirse en lo más importante en su vida. Cuando estaba con ella, estaba en casa. Era tan simple y tan complicado como eso.
Ella abrió la puerta y la boca de él se abrió de golpe. A sus ojos siempre había sido hermosa, pero esta noche brillaba. Enfundada en un vestido de seda blanco, parecía una virgen inocente hasta que uno notaba la abertura en la falda subiendo hasta la parte superior de su muslo y revelando atisbos de sus medias. El escote bajo exhibía la parte superior de sus senos. Ella no estaba excesivamente dotada en esa área, pero él nunca había sido un hombre especialmente amante de los pechos.
Calzaba tacones aguja lo cual la acercaba a su estatura. El juego de joyas de diamantes y zafiros que le había comprado para su último cumpleaños adornaba su piel. Con manos temblorosas, le tendió el solitario lirio que había traído para ella. Su brillante sonrisa lo hizo sentir como si le hubiese dado la luna. Él sin duda alguna planeaba llevarla más tarde a las estrellas.
—Eres tan bella. Haces doler mi corazón —confesó él con voz ronca.
Ella envolvió sus brazos alrededor de su cuello y presionó con sus labios los de él. Él saboreó su húmeda boca caliente como si fuera el chocolate más fino. Hundió su lengua y acarició la de ella con un suave roce aterciopelado. Ni una sola vez exigió o tomó algo de ella. Su objetivo era darle todo el placer.
Cuanto más la acercaba, más profundo se hacía el beso. Se perdieron en el sabor y textura del otro. Ella mordisqueó sus labios firmes como si saborease una fruta madura. Él siguió bebiendo a sorbos de su boca igual que un experto bebería el más fino de los vinos. Al final llegó el momento en que estaban tan apretados que sus sombras se hicieron una.
Un cortante viento frío los rodeó y los obligó a separarse. Se miraron el uno al otro dándose cuenta que ambos habían escuchado la voz en el viento. Él la empujó hacia su apartamento y giró para buscar en las tinieblas. Nadie estaba parado donde él pudiera verle, pero sabía que alguien se escondía entre las sombras y les odiaba. No había sentido nada hasta que llegó el viento, así que quienquiera que fuera había descubierto que era fácil esconderse en la oscuridad.
—¿Estás lista para irnos?
Ella le dio su chaqueta. Él la sostuvo para que se la pusiera. Deslizó las manos sobre sus hombros y ella tembló. Por su rasposa respiración, supo que ella esperaba con tanta anticipación su noche como él. La escoltó desde su apartamento hasta el coche que esperaba en la acera. Por lo general, conducía él mismo, pero esta noche quería enfocar toda su atención en ella. La llevaba a su casa en las afueras de la ciudad en vez de su apartamento. Deseaba que todo saliese bien. Su chofer, Shippo, mantuvo la puerta abierta para ellos.
—Gracias, Shippo. Vamos a ir a Kami Nari (Dios del rugido del trueno)
Antes de que Inuyasha subiera al lado de ella, Shippo lo detuvo.
—Señor, algo no anda bien por aquí. Todos mis instintos están gritando alarmados.
—Gracias. Mantenga los ojos abiertos —Él se deslizó en el coche.
—Sí, señor — Shippo cerró la puerta. Se deslizó detrás del volante del Rolls y se alejó del bordillo.
—¿Dónde encontraste a Shippo? —preguntó ella al mismo tiempo que se acomodaba en los brazos de él.
Él sonrió.
—En realidad, Shippo me encontró a mí. Solía ser un mercenario.
—¿Un mercenario¿Por qué contratarías a alguien así?
—¿Por qué no?
—Su lealtad puede ser comprada. ¿Cómo sabes que no se volvería en tu contra si alguien le diera el dinero suficiente?
—¿Desde cuándo eres tan cínica? —Inuyasha negó con la cabeza—. No mantengo cerca a Shippo porque necesite un guardaespaldas. Sé cuidar de mí mismo. Lo contraté para darle la oportunidad de recobrar su humanidad.
Ella frunció el ceño con perplejidad.
—¿Recobrar su humanidad?
—Decidió que ser un mercenario no era lo más adecuado para él. Cuando dejó de preocuparse por la gente por la que luchaba, supo que era el momento de largarse. Aunque estoy seguro que tiene varios talentos, imaginé que lo mejor para él era seguir haciendo lo que había estado haciendo. Él es otro par de ojos para mí. No creo realmente que alguien quiera atraparme. Pero a veces algún maníaco se obsesiona y vale la pena tener alguien allí para cuidar tus espaldas. Yo le confiaría todo lo importante para mí, hasta a ti.
—Eso es un gran halago por tu parte. Es extraño pensar que soy tan importante para ti. Me asusta de muchas maneras. Me temo que te decepcionaré.
—El único modo que podrías decepcionarme es si no nos das una oportunidad.
—Hoy conocí a una mujer que me dijo que la peor cosa que existe es vivir lleno de arrepentimientos. No planeo hacer eso. Vamos a comenzar a conocer todo sobre cada uno de nosotros. No puede haber ningún secreto entre nosotros.
—¿Tienes algún tipo de secreto que pueda sacudir la tierra? —Él se rió.
—Puede ser. ¿Son tus secretos profundos y oscuros?
Su sonrisa desapareció y él se dio la vuelta para mirar por la ventana durante un momento. Él vio sus reflejos en el cristal. Sus ojos brillaron con amor y se encontró dudando si la merecía. Si no podía recibir el perdón de Kami, no había forma de que fuese lo suficientemente bueno para esta maravillosa mujer.
—Ya basta, tonto —la voz de Fudō Myō-ō resonó como un disparo en su mente—. ¿Cómo sabes que Kami - Sama no tenía esto planeado desde el principio? Tal vez Él sabía que ella te necesitaría.
—¿Ella me necesita¿Planeó Él cuánto la necesito yo? No paso un minuto sin pensar en ella.
—Ah, el amor es una cosa maravillosa¿no es verdad amigo mío? —una risa resonó a través de sus pensamientos—. Confía en mí, a medida que pasen los años sólo empeorará.
—¿Has estado alguna vez enamorado? —Él no podía imaginar a un Dios enamorado, pero Kami había permitido que pasaran cosas mucho más extrañas.
—Eso no es importante. Tú la mereces y también cada cosa buena que va a ocurrirte. Has demostrado tu fe. No creo que Él pueda pedir más de ti.
—Gracias, Fudō Myō-ō
Se giró de nuevo hacia ella.
—Esta noche no es la noche de los secretos. Tendremos todo el tiempo del mundo para contarnos nuestros pasados—. La deslizó hacia su regazo y rodeó su cintura con los brazos. Recostando la cabeza sobre su pecho ella guardó silencio. No se dijeron nada más hasta que entraron por el camino de acceso a la casa.
Ella bajó del coche y se quedó sin aliento. Observando fijamente hacia la casa de tres pisos de la plantación, no podía encontrar las palabras para describir su reacción.
—Me sentí de la misma manera cuando la vi la primera vez —le dijo Shippo con un guiño.
—¿Te gusta? —Inuyasha tiró de ella para acercarla a él mientras observaban fijamente la amplia mansión.
—¿Gustarme? Oh, Inuyasha, es hermosa. ¿Cómo la has llamado?
Una triste sonrisa adornó la cara de él.
—La llamo Kami Nari Quiere decir Dios del Rugido del Trueno.
—Puedo entenderlo. Puedo sentirlo —ella lo abrazó—. ¿Me la mostrarás?
Él asintió con la cabeza.
—Gracias, Shippo. Puedes tomarte libre el resto de la noche —Inuyasha sabía que Shippo probablemente se quedaría. Su entrenamiento como mercenario sin duda daba patadas en él.
—Gracias, señor. Buenas noches señorita.
Shippo entró en el coche y lo condujo rodeando la casa, en dirección al garaje. Inuyasha dirigió a Kagome a través de los amplios peldaños frontales en dirección a las amplias puertas dobles. A la luz de las lámparas del pórtico, ella podía divisar los intrincados cristales emplomados de los paneles en las puertas. Retrataban a varias personas arrodillándose en una montaña. Sus brazos estaban alzados hacia los cielos y lágrimas corrían por sus mejillas. En el cielo sobre ellos flotaba un ángel vestido con armadura y sujetando una espada. Señalaba con un dedo una puerta de reluciente oro atrás de él. Había tal tristeza en sus ojos, Kagome tuvo el presentimiento que él se negaba a escuchar las súplicas de la gente. Había montones de lo que parecían alas todo alrededor de la gente. Ella extendió una mano y tocó el rostro de un hombre que se parecía sorprendentemente a Inuyasha. Tenía el presentimiento que el vitral de la ventana guardaba los secretos del corazón de Inuyasha.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Esto es tan triste. ¿Qué representa?
Él enjugó sus mejillas, pero contempló la vidriera.
—Esto es un recordatorio de que todos podemos cometer un error.
—¿Representa la Caída, verdad?
—Sí. Incluso las Deidades pueden cometer errores. No son infalibles. No importa lo que cualquier sacerdote quiera que pienses.
Ella no hizo comentarios, pero por la certeza en su voz, consideró que Inuyasha hablaba por experiencia propia.
La comprensión sin edad que a menudo mostraba le hizo pensar que él era más que un mero humano. Si creyera en vampiros, casi podría creer que era uno de ellos, pero él nunca irradió la presencia amenazante que aquellas criaturas legendarias tendrían. Inuyasha a menudo la hacía pensar en un espíritu guardián por la forma en que la cuidaba.
Él abrió la puerta y la hizo pasar.
Se quedó muda ante las exquisitas escaleras de mármol que subían hacia el segundo piso. Construidas con profundos tonos como joyas: zafiro, esmeralda y borgoña, brillaban como piedras preciosas bajo la araña de cristal que adornaba el techo. El cielo raso había sido hecho de tejas de oro pálido. Aunque las escaleras y la araña de luces fueran sobrecogedoras, era la fuente en medio del piso principal lo que capturaba la vista.
Hecha de obsidiana, formaba un enorme capullo de Loto. El agua caía al frente en una cascada burbujeante. Se acercó a ella y observó fijamente la fuente. El fondo estaba cubierto con rubíes de Bohemia.
—Es bellísimo.
—Aquí es donde la paz comienza. En esta casa, nunca hubo conflicto o dolor. Cuando esto aún era una plantación, no se mantenía con esclavos. Sólo había hombres y mujeres libres de cada raza. Ellos compartían las ganancias.
—Fue muy generoso por parte del dueño.
—Yo no ten... quiero decir que él no tenía ninguna necesidad de dinero y aunque así hubiese sido, no lo habría obtenido a costa de otros —la condujo por las escaleras hacia arriba hasta una puerta a tan sólo unos pasos de último peldaño. Abriendo la oscura puerta de caoba, permitió que ella entrara primero.
La habitación estaba oscura al principio. Luego apareció la luz de una vela. Pronto cien velas iluminaron una íntima mesa de comedor donde dos platos estaban puestos uno frente al otro. Él se dirigió a una silla y la retiró para ella. Ella se sentó y admiró la vajilla azul clara y la plata brillante. Reverentemente tocó las elegantes copas de cristal para vino. Otro solitario lirio adornaba la mesa.
—Has recordado que amo los lirios.
—Recuerdo todo lo que me dices —Él le sirvió un poco de vino. Alzando su copa, brindó—. Eres la perfección. Nunca habrá otra dama como tú, Kagome. Has tocado el lugar más oscuro en mi corazón y lo has traído nuevamente a la luz.
Lágrimas brotaron en los ojos de ella.
—Esta noche ha sido maravillosa.
—Pero esto no termina aquí, mi amor. Sólo esta comenzado. Tenemos toda la noche para alcanzar el cielo.
Él había preparado la cena, pero ella no podía recordar lo que habían comido. Sabía que él había cocinado todos sus platos favoritos y estaba segura que habían estado deliciosos. Nunca lo supo con seguridad por que se perdió en sus ojos y no recordó nada hasta que él se puso de pie extendiéndole la mano.
Sabía que esta era su última oportunidad. Si tuviera reparos, podría decir que no y él la conduciría a una habitación de huéspedes. No la recriminaría o la haría sentir culpable. Él simplemente seguiría amándola. Fue este conocimiento lo que le dio la confianza para tomar su mano. Cuando dejaron la habitación, hecho una mirada hacia atrás y las velas se apagaron. Pensó que era un truco bastante bonito. Tendría que preguntarle como lo hacía.
Subieron el siguiente tramo de la escalera, lado a lado. Esta vez se pararon delante de una puerta hecha de ébano. Él la arrastró hacia sus brazos y la puerta se abrió de golpe. La habitación estaba iluminada por dos pequeñas lámparas Tiffany. Suaves sombras bailaban en las esquinas, pero ella no les temía. Esta noche, ella confiaría en Inuyasha para mantenerla segura.
La dejó al lado de una gran cama trineo hecha también de ébano. Estaba esculpida hasta el mínimo detalle con representaciones de ángeles. Ella deslizó sus dedos sobre uno de los más cercanos.
—Tú crees en ángeles.
—Sí, debo creer en ellos.
—¿Por qué?
—El mundo sería un lugar demasiado triste sin algo bueno para hacerlo digno —Él clavó los ojos en ella, pero no estaba segura de que estuviese contemplándola.
—Tú crees igualmente en la Caída.
—Sí, pero los motivos son demasiado profundos como para que hablemos de ellos esta noche—él se estiró hacia ella.
(WARNING LEMON)
Ella accedió silenciosamente y le ofreció sus labios. Él los tomó suavemente con paciencia y amor. Presionando su cuerpo estrechamente contra él, ella se percató de cuánto la deseaba. Su erección era enorme y ella frotó su vientre contra ella. Un gemido suave vino de su pecho. Ella no pudo menos que sonreír abiertamente.
—¿Piensas que torturarme es gracioso? —gruñó él mientras deslizaba sus brazos hacia abajo para ahuecar las manos sobre su trasero. Él la levantó de tal forma que se acoplaron perfectamente y ambos gimieron.
—Inuyasha —una necesidad urgente se coló en su voz.
—Silencio, amor. Esta noche tenemos todo el tiempo en el mundo para explorarnos mutuamente —Él la besó otra vez.
Esta vez el beso fue un poco más exigente y un poco más áspero. A ella le encantó. A pesar de lo mucho que deseaba que él la tomara rápidamente y con fuerza, se descubrió disfrutando de él mientras se tomaba su tiempo con ella. Podía sentir su mano que subía despacio el dobladillo de su vestido sobre sus piernas. Ella jadeó cuando sus manos ásperas acariciaron la parte superior de sus muslos que era dejada desnuda por sus medias. Ambos suspiraron profundamente cuando le quitó el vestido por la cabeza.
Sabía que la había visto desnuda antes, pero esta noche era diferente. Iban a tener sexo y tuvo miedo que no le gustara lo que veía. Bajó la mirada. Él levantó su barbilla y le sonrió.
Arrodillándose, le quitó los zapatos. Ella trató de concentrarse en la sensación de su contacto cuando acarició sus rodillas y el interior de sus muslos. Esperó a que le quitara las medias, pero un choque eléctrico la atravesó cuando sintió sus labios en su cadera. Él le dio un suave beso allí. Inclinándose hacia adelante, ella puso sus manos sobre sus hombros y abrió las piernas un poco más. Él le quitó las bragas y contempló sus rizos durante un momento. Ella sintió sus hombros subir y bajar cuando inhaló profundamente.
Echó la cabeza hacia atrás y gimió en el mismo momento en que él colocó su boca sobre ella y comenzó a saborearla. Se sujeto a él fuertemente y él la sostuvo firmemente con una mano sobre su trasero. La otra mano separó sus labios inferiores y reveló su clítoris.
Él canturreó su apreciación contra ella y ella dio un brinco. Le dio un golpecito con su lengua y ella tembló otra vez. Mientras, él continuó de rodillas impulsándola a retroceder hasta que sus rodillas tocaron el borde de la cama, para hacerla sentarse de repente.
—Relájate y disfruta. Sé que yo lo haré.
Él habló contra ella y el calor de su aliento y la vibración de su voz la hizo humedecerse. La lamió despacio, saboreándola.
—Sabía que tu sabor sería tan bueno como el vino más caro.
Ella se reclinó sobre sus codos y observó su cabeza enterrada entre sus muslos. Sus amplios hombros forzaron sus piernas a separarse, dándole mejor acceso. Él tenía una lengua muy talentosa. En el pasado había tenido varios amantes que la saborearon ahí abajo, pero siempre parecía que ellos no disfrutaban con aquello y que sólo lo hacían para impresionarla. Inuyasha parecía disfrutar de cada pizca de ella. Su boca pegada a su clítoris y chupando profundamente. Ella gimió y cayó hacia atrás sobre la cama. Cerrando los ojos, se perdió en las sensaciones que él creaba.
Un raspado de sus dientes y sus caderas se arqueaban separándose de la cama. Un movimiento rápido de su lengua y ella gemía. Sentía el toque de su dedo y ella imploraba. Él era implacable. Deslizó un dedo en su apretado pasaje. Lo empujó rápido y lo sacó despacio. Sus músculos interiores lo agarraron fuertemente en desacuerdo. Ella quería que se quedara. La punta de su dedo jugó con el punto perfecto en el interior y ella se tensó en todas partes. La presión siguió aumentando mientras él probaba, jugaba y lamía cada húmedo centímetro de ella. Justo cuando pensó que su cabeza explotaría, él empujó dos dedos dentro de ella y bombeó repetidamente. La presión explotó y ella pulsó en todas partes.
—Por favor —ella levantó los brazos hacia él mientras se ponía de pie. A través de los párpados entrecerrados, lo miró desnudarse. La camisa negra que tenía puesta salió volando a través de la habitación y ella admiró su estómago plano. Sabía que él hacía ejercicios frecuentemente para mantener su cuerpo. Ella le dio silenciosamente las gracias a Dios por esto. La leve pelusa de vello en su pecho se estrechaba hacia abajo en una línea delgada que llegaba hasta el cinturón de sus pantalones. Cuando él alcanzó el botón, ella se sentó y le hizo señas para que se aproximara. Él sonrió y se acercó.
Ella extendió la mano y desabotonó los pantalones. Rozó su mano sobre su erección mientras bajaba el cierre con cuidado. Él gimió, pero no trató de pararla. Su miembro saltó libre y ella no pudo menos que lamerse los labios. Ella le bajó los pantalones por sus delgadas caderas. Él alejó sus manos y terminó de quitárselos. Se paró delante de ella de tal modo que pudiera verle hasta hartarse.
Ella lo estudió desde la cabeza hasta la punta de los pies. No había ni un solo defecto para ser encontrado excepto la curiosa cruz con una flor de loto ensartada en medio marcada en su pecho. Ella nunca lo había notado antes. Entonces se percató que nunca lo había visto sin camisa. Incluso cuando hacía ejercicio, llevaba puesta una remera. Había marcas negras a lo largo de la parte superior de sus hombros y alrededor de su bíceps. Bajo la luz tenue, no podía distinguir que eran, pero ella no estaba demasiado preocupada por eso. Lo deseaba fuertemente apretado contra y dentro de ella.
Ella pasó un dedo ligeramente de arriba abajo sobre su miembro y este brincó y tembló de deseo por ella. Se inclinó hacia adelante y lo tomó en su boca. Lamiéndolo como si fuese su dulce favorito, arremolinó su lengua sobre la cabeza de su miembro y disfrutó de su gusto salado. Sus manos se ahuecaron en sus testículos y él separó más las piernas mientras ella los hacía rodar y los apretaba mientras chupaba su hombría. Al poco tiempo él empujaba en su boca rápida y profundamente. Ella supo que su clímax se acercaba cuando su respiración se aceleró y se estiró para agarrar sus hombros. En lugar de venirse en su boca, él se separó de ella.
—Alguien está demasiado vestido para la ocasión.
Él la empujó de regreso hacia la cama y le quitó las medias. Su lindo sujetador "push-up" (// para los que no sepan, son sujetadores para subir el pecho y hacer que se vea mas formado y en mayor tamaño) fue arrojado detrás de él. Ella no pudo evitar reírse. Él presionó su espalda contra el colchón mientras avanzaba lentamente sobre ella. Ella envolvió los brazos alrededor de su cuello mientras él colocaba sus caderas entre sus piernas. Ambos suspiraron cuando él se acomodó dentro de ella. Era como haber llegado finalmente a casa. Ella había sido hecha para él. Mirando fijamente en sus ojos, él comenzó a moverse suavemente dentro de ella. Ninguno de ellos quería que esto terminara.
A cada movimiento, podía sentir sus emociones, sensaciones y sueños que lo atravesaban como un rayo blanco. A cada movimiento, su gloriosa respiración, hacía eco en su alma y corazón. Y como si quisiera manifestarse, a cada empuje, extrañamente el cabello de Inuyasha, se volvía de un plateado, que la misma Luna estaría celosa de su blancura y brillo, bajo las mudas sombras de la noche.
De este extraño fenómeno, Kagome no tuvo atisbo si quiera, pues su entereza estaba totalmente concentrada en sentir al magnifico ser que con cada empuje y dulces susurros de su amor que recitaba, más se adentraba en su corazón y alma, llenándola de sueños e ilusiones. Para con ÉL y en ÉL.
Era una unión perfecta entre dos almas e Inuyasha se dio cuenta de todo lo que ella se había significado para él desde el principio. Su clímax lo atravesó trayendo con ello una epifanía de su arrogancia suprema. Él nunca había confiado que Kami supiese lo que hacía. ¿Cómo podría el ser que creó el Cielo y la Tierra saber qué era lo mejor para un simple Semi - Dios como él? Escuchó el grito de Kagome cuando su orgasmo la golpeó. Kami era bueno y se la había enviado.
La abrazó suavemente acercándola y juró que nunca dejaría a nadie hacerle daño. No podía darse el lujo de perderla.
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Permanecieron en la cama y la abrazó apretadamente a él. Acariciando su espalda, se deleitó en el cansancio agradable que lo absorbía después de haber hecho el amor. Ella estaba dormida por el momento, pero no planeaba dejarla dormir mucho más tiempo. De repente la agitación lo golpeó. Se deslizó fuera de la cama y se dirigió hacia las puertas francesas que conducían al balcón. Escudriñó en la noche oscura y escuchó los sonidos de los pantanos. Él había amado este lugar desde el momento que había bajado del barco a tierra. Los animales y los espíritus de estos pantanos le hablaron y lo hicieron sentir bienvenido. Hacía doscientos años, él estaba entre los primeros blancos que se establecieron en este lugar y no planeaba dejarlo alguna vez. El silencio total de la noche lo advirtió de que las cosas no andaban bien.
En el silencio, una voz se metió en su mente.
—Inuyasha, ayúdame.
Él trató de ignorarla. De ninguna manera dejaría a Kagome sola y sin protección. Incluso en su propio lugar de paz, el mal podría meterse. No iba a correr el riesgo de que algo le pasara a ella.
—El dolor es terrible y quiero morir —la voz era desigual y agotada. El caído a quien pertenecía había vivido demasiado tiempo. La locura y el sufrimiento que había soportado lo hacían anhelar la muerte. Un tirón en el alma de Inuyasha le dijo donde podría ser encontrado. El caído
—Es difícil ignorar sus súplicas — Fudō Myō-ō se reunió con él.
—¿Es esto lo que escuchas?
Fudō Myō-ō asintió con la cabeza.
—Son similares. Tienen el mismo asomo de desesperación.
—Está decidido a convertirme en su verdugo.
—Sí. Te llama a voces implorando perdón y redención cuando todo que puedes darle es la muerte.
—Es todo lo que puedo dar a cualquiera de ellos.
—Así es como debería ser. Sólo Kami - Sama puede perdonarle y si no se lo pide a Él, nunca lo conseguirá. Debemos humillarnos para conseguir el perdón y la mayor parte de nosotros somos demasiado orgullosos para pedirlo.
Inuyasha asintió con la cabeza. Recordó como lo había desgarrado suplicar cuando él había sido una de las criaturas más poderosas que Kami - Sama había creado. Él también recordó el dolor angustioso que había sentido cuando Kami le negó el perdón y Fudō Myō-ō había tomado su divinidad y sus alas.
—Hay momentos en los que entiendo su locura. A veces ha sido difícil continuar.
—Eres más fuerte de lo que ellos son, Inuyasha. Todos los Amitabha (persona que se dedica hacer cumplir lo pactado, si es necesario, utilizando la fuerza) lo son. Ustedes son aquellos, quiénes han encontrado un modo de sobrevivir en este mundo mortal sin hacer daño a alguien más.
Ellos oyeron el murmullo de Kagome. Fudō Myō-ō se rió de él.
—Deberías entrar. Ella se despertará de un momento a otro y no querrás que nos vea hablando junto.
Inuyasha entró de nuevo y se deslizó en la cama. Arrastrándola hacia sus brazos, calentó su alma fría con su cuerpo y amor.
¡Je – je – je – je – je o !
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¡¡¡Review!!!
Besos
HADA
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"Rincón Cultural"
Amitabha: Es un Bodhisattva que demoró su propia salvación (es decir, su entrada al nirvana) hasta que se hubieran salvado todos los seres humanos. Constituye el personaje principal de la secta de la "Tierra Pura" (Jodo – Shu y Jodo Shinshu) basada en la creencia en que invocando a Amida, los fieles pueden renacer en una hermosa "Tierra Pura" donde todos se verán libres del dolor y la necesidad hasta estar preparados para la iluminación final
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¡Gracias!
Estoy muy feliz por los review de:
Aabla:Gracias amiga por el review, y me gusta que te guste la historia, jejejeje. Besos y nos estamos leyendo.
kisa-Chan-sohma¡Genial! gracias por el apoyo y que bueno que te haya llegado. Pero bueno, espero tus comentarios para con este, haber si deja buena impresión. Un bezazo y nos estamos leyendo.
