El señor Hawthorne se encontraba cazando solo, este día había decidido en arriesgarse ir hacia lo profundo del bosque, lejos de la pradera. Presentía que algo interesante iba a pasarle. Estaba con una lanza con el pico afilado, en espera de una animal, de preferencia que sea un oso. Necesitaba la piel para su primogénito, ya había pasado más de 4 horas y no había nadie a su alrededor. Con la semblante abatido iba fue hacia su casa. En el camino se encontró con el Sr, Everdeen.

Ambos señores iban platicando del trabajo en la mina, cuando en plena tarde cerca del crepúsculo un destello alumbro en todo el bosque. Era como un apagón. Ambos hombres corrieron a esconderse entre los árboles. Después de varios minutos al ver que no había ningún aerodeslizador, se miraron por tres segundos en ponerse de acuerdo. Fue el señor Hawthorne, quien dio el primer paso para ir hacia donde había salido el destello.

El señor Hawthorne, quedó asombrado al ver a una pequeña niña de pelos castaño, piel blanca como la leche, los labios rojos al igual que las fresas que crecen en la pradera. Fue el primero en acercarse a la niña que estaba inconsciente.

— ¿Qué es? —preguntó receloso el señor Everdeen, aun no llegaba hasta donde estaba el.

—una niña —su voz sonaba entrecortada y nerviosa. El señor Hawthorne se quitó la cazadora y lo colocó en el frágil cuerpo de la niña.

— ¿niña? ¿De que estas hablando? —preguntó confundido su acompañante.

El señor Hawthorne alzó la vista cuando vio que su acompañante estaba en shock al ver la niña. Se preguntó si el también tenía la misma cara sorprendida al ver a la niña. El con cuidado tomó la niña y la acurrucó en sus brazos.

—Vámonos colega —dijo mientras tomaba el camino hacia la alambrada.

— ¡¿Qué!? —Contestó estupefacto el señor Everdeen— ¡no puedes llevártela! —rebuznó.

—no la pienso dejar en el bosque a que los depredadores se la coman.

—no estoy diciendo eso. Solo que la gente va hablar, y vas a tener a los agentes de paz detrás de ti. ¿Qué les vas a decir? Que la encontraste en medio del bosque, cuando estabas cazando ilegalmente. —el tono sarcástico e irónico del Sr Everdeen hizo que el señor Hawthorne rodara los ojos ante el pánico del hombre.

—un primo lejano murió hace un día en el derrumbe, puedo decir que es mi sobrina. —contesto escueto el señor Hawthorne. Mientras seguía hacia la alambrada.

El señor Everdeen negó con la cabeza.

—yo me lavare las manos, no te ayudare en esto.

—no te estoy pidiendo a que me ayudes a criarla, mi mujer desea una niña, y Gale necesita jugar con un hermanito, en este caso hermanita. —sonrió al ver de nuevo a la niña dormida en sus brazos.

El señor Everdeen negó con la cabeza, mientras se alejaba del señor Hawthorne. El señor Hawthorne solo negó con la cabeza a la tosquedad de su compañero de caza.