VUELTA A EMPEZAR

Por Cris Snape


Disclaimer: El Potterverso es de Rowling. La Magia Hispanii es creación de Sorg-Esp.

Esta historia participa en el reto especial "Vuelta a la rutina" del "Foro de las Expansiones". Me han tocado en gracia 741 palabras. ¡Allá van!


José Vicente entró al Cuartel General de Aurores con paso firme. Caminó hasta su mesa y comenzó a revisar sus papeles. Tenía un montón de trabajo atrasado. Eso le pasaba por haber tardado tiempo en incorporarse. No debió escuchar a su tío. Jamás debió quedarse en su casa, no cuando tenía tantas cosas que hacer.

Para empezar tendría que hablar con Ungueti, la forense que había examinado el cadáver de Constanza. Con un poco de suerte habría encontrado alguna pista que le permitiera cazar a ese cabrón. Porque tenía muy claro quién le había hecho aquello, solo que no tenía pruebas que lo demostraran.

Apretó los dientes. No podía dejarse llevar por la furia. Debía olvidarse de quién fue Constanza para poder hacerle justicia. Si sucumbía a sus emociones no podría ser el auror que quería ser. Ahora más que nunca debía mantener la calma y mostrarse frío y sagaz. No le quedaba más remedio si quería detener a esos cabrones.

Levantó la vista un instante y vio que la mitad de sus compañeros le estaba mirando fijamente mientras que la otra mitad se esforzaban patéticamente por ignorarle. Clavó las uñas en el tablero de su escritorio y se contuvo para no gritarles lo que pensaba de ellos. No eran más que un montón de vagos incompetentes. Ninguno de ellos merecía estar allí, empezando por su tío y terminando por el estúpido secretario que le llevaba el café por las mañanas.

—¿Qué estáis mirando? —Espetó, incapaz de contenerse ante tanta ineptitud—. ¿No tenéis cosas que hacer?

Todos dieron un respingo y comenzaron a moverse como un montón de pollos sin cabeza. Sólo uno de ellos se atrevió a acercarse a él. Estupendo. El gilipollas de Carnicero. ¿Acaso no lo había sufrido lo suficiente en el pasado?

—José Vicente.

Fue interrumpido de inmediato.

—¿Cuándo hemos comido juntos tú y yo para que me trates con esas confianzas? Soy López.

Carnicero suspiró, mirándole como si le estuviera perdonando la vida. Inútil de mierda.

—López. Tu tío dijo ayer que tardarías un par de semanas en incorporarte.

José Vicente dejó los papeles que había estado alineando y le miró con el gesto torcido.

—Muestra más respeto por tu superior. Es el Comandante López. Y me importa un carajo que os vayáis juntos de chatos. Aquí no es tu amigo, es tu jefe.

Carnicero se puso rojo como la grana. Pareció dispuesto a mandarle a freír monas pero se dio media vuelta sin decirle nada. José Vicente no quería pensar en ello pero estaba claro que le tenía lástima y por eso no le contestaba. Pues bien. Iba a demostrarles a esa panda de cretinos que no necesitaba que le compadecieran. Eso no le ayudaría a hacerle justicia a Constanza. Trabajar, trabajar y trabajar sí que lo haría.

Sin venir a cuento se le hizo un nudo en la garganta. Constanza siempre le decía que trabajaba demasiado. Cuando se quedaba hasta las tantas en el despacho, repasando expedientes y antiguos informes, le preparaba una tila doble y le daba un masaje en las cervicales mientras le convencía para irse con ella a la cama. No lo haría nunca más. Ya no.

Notó como los ojos se le humedecían. Agitó la cabeza con fiereza y se dijo que no podía llorar en mitad del Cuartel. Las lágrimas tampoco solucionarían nada. Ni tomarse dos semanas libres como había sugerido su tío. No. A él con un par de días le había bastado. Tenía demasiadas cosas que hacer. No podía quedarse en casa porque si lo hacía se moriría de pena. Quería tener la cabeza ocupada, atrapar a Carballeira y sus secuaces. Y a ese cabrón de Torquemada. Sobre todo a él.

Sí. Cuando lo tuviera entre sus manos se iba a enterar. Iba a pagar con creces todo el sufrimiento que le había ocasionado a Constanza. Cuando terminara con él, iba a suplicar por su muerte. Había leído mucho, conocía muchas maldiciones infinitamente peores que las famosas imperdonables y estaba deseando probarlas con él.

Suspiró. Se encontraba un poco más tranquilo. Miró a su alrededor una vez más y le alegró que nadie le estuviera mirando. Tomó asiento y se dispuso a empezar su vida desde cero. Posiblemente sería una vida de mierda pero a Constanza le hubiera gustado que siguiera adelante de la misma manera que a él le hubiera gustado que fuera feliz en caso de quedarse viuda.

Se quisieron demasiado para desearse otra cosa.