-¿Crees que debería ponerme este traje o este otro?
Albus despegó la vista del libro que estaba leyendo y la fijó en el joven parado al costado de la cama. En su mano derecha el susodicho sostenía un elegante traje negro, mientras que en la izquierda, portaba uno exactamente igual pero color blanco.
-Da igual cuál te pongas –Respondió sin interés. –Los dos son iguales- Y entonces volvió a prestarle atención a la lectura.
-Albus Severus Potter, préstame atención.
La voz era chillona. Su personalidad era chillona. Él era fastidioso. Cuando el moreno miró a su interlocutor con una clara señal de hastió, todo eso era más que obvio.
-¿Qué?
-Respóndeme la pregunta.
Responder la pregunta, eso era lo que tenía que hacer porque si no, por más que quisiese, no iba poder seguir leyendo en paz. Y Dios, como deseaba seguir leyendo… y poder saber que le iba decir Alicia a Jake, ¿quizás le iba a declarar su amor? Sí, por eso era que le gustaban tanto las novelas románticas; era tan lindo cuando el romance se hacía pre… ¿Qué carajo estaba pensando? La pregunta. Responder la pregunta, eso es lo que debía hacer.
-Usa el negro. Se va a ensuciar menos –Dijo al fin.
-Justo lo que pensé. –Contestó el otro. –Gracias, Potter. Ahora si estoy listo para mi cita.
-Sí.. sí como quieras… Saludas a Lucille.
Y finalmente estuvo solo de nuevo, como le gustaba.
No había que malinterpretar la situación; Albus no se consideraba un chico solitario, pero le gustaba poder leerse una buena novela mientras descansaba en su cama. Por eso, cuando Derek Schweinsteiger, uno de sus compañeros de curso, llegó a los dormitorios exigiendo su ayuda en una cita, no pudo hacer más que condenar la existencia de las citas.
En serio, ¿qué acaso el chico no tenía otro amigo o una amiga a la que pudiese preguntarle ese tipo de cosas? Pero claro, como él a pesar de todo, tenía tanta calma, no tuvo más remedio que seguirle la corriente y apoyarlo como podía. Lo que no esperaba era que Derek le preguntase sobre el perfume, la forma de hablar, la ropa interior, la higiene bucal, el chocolate perfecto, si a las chicas les gustaban las golondrinas, que si a Lucille Calvert tomaba cerveza de mantequilla. ¿Cómo iba a saberlo si ni siquiera conocía la susodicha? Y que finalmente lo atormentara con todo la ropa que tenía era más de lo que podía soportar…
Él sólo quería si Alice le iba a decir a Jake que lo amaba. ¿Era eso tan imposible?
Afortunadamente luego de contemplar el contenido completo del guardarropa de Derek, solo habían quedado esos dos trajes y todo fue cuestión de dar una última respuesta. Ahora si podía relajarse y seguir leyendo. Albus se acomodó, en su cama, sacudió un poco la almohada y tras respirar profundamente empezó a leer la página frente a sus ojos:
"-Que bueno que viniste. –Dijo en un tono demasiado sensual para su gusto.
Alice se puso de todos los colores del arcoíris antes de responder.
-Sí, había algo importante que quería decirte…
-Ah, sí… ¿y qué será?
-Pues que todo este tiempo me he dado cuenta que yo me he…"
-HERMANITO
-¡Salazar bendito!
Albus se incorporó súbitamente y la novela cayó al suelo del dormitorio, produciendo un ruido sordo. Su hermano James observó desde prudente distancia como la ira se arremolinaba en el rostro de su hermano menor hasta formar la muy conocida expresión. Su hermano estaba de verdad molesto.
-Lo siento. ¿Interrumpo algo?
El menor sólo respiraba calmadamente. 5. Tienes que calmarte, Albus. Esto no es nada, recuerda lo que te dijo la tía Hermione.
James obviamente no entendía nada. Sí, tenía claro que Albus era un chico muy atribulado… y un poco raro. Pero incluso verlo allí parado, con la mirada perdida en suelo, respirando pausadamente y murmurando cosas inentendibles, sobrepasaba el umbral de normalidad en el comportamiento del menor.
¡Tan sólo había interrumpido una lectura!, una lectura de…
James Potter se agachó y tomó la novela que yacía en el suelo. Era bastante pesada y tenía una cubierta dura de color ¿rosa? El titulo fue lo que lo dejó más estupefacto: Velada de Amor.
Entonces de repente, el silencio se hizo más denso. Albus lo captó inmediatamente y finalmente se dirigió a su hermano.
El mayor estaba parado frente a él, con el libro entre las manos y oscilando la mirada entre el mismo y la cara de su hermano. Eso no era bueno. No era bueno para nada.
Y entonces, James Potter empezó a reír como maniaco y al moreno le pareció que el dormitorio se sacudía con el estruendo. Si sólo las cosas podían empeorar, entonces James seguramente era el causante.
-No puedo creer que –Hablar entre carcajadas se le hacía difícil – esto e-esto sea lo que – Su rostro ahora se ponía rojo –Lo que lees….
-¿Qué hay con ello? –Chilló un ofendido Albus . En serio, el romance no era tan malo para un varón, ¿o sí?
-Yo pensando que leías "La Comunidad del Anillo", pero esto.
-Vuelvo a preguntar: ¿qué hay de malo con ello?
-No, nada- Respondió James ya más calmado –Sólo es un poco raro que te gusten las novelas Muggles y más de las de romance. Al menos me alegra que no estuvieses leyendo Crepúsculo… eso si me hubiese molestado.
-¿Crepus-qué?-La cara que había puesto Albus era de verdad chistosa.
-No importa.
Los dos soltaron una risita en la que James aprovechó para desordenarle un poco el cabello a su hermano. El menor protestó por el molesto roce, pero el contacto hizo que abriera las manos y le colocaran el libro de nuevo en las manos.
-Será mejor que guardes esa cosa en un lugar seguro –Le dijo con bastante preocupación. –Yo como tu hermano me controlo, pero no puedo imaginar qué pasaría si alguien como Thurston Pratt lo descubre…
-No entiendo por qué tanta preocupación. Sólo es un libro de romance.
James no podía creerlo. Su hermano era lo subiente cabeza hueca. A veces parecía que en verdad su inocencia era atípica de los trece años. Quizás, se lamentó, el haberlo aventado tanto contra el suelo cuando estaban pequeños terminó de transtornar al pobre. De haberlo sabido, se hubiese abstenido de lanzarlo desde su cama.
-Mira Albus, sólo digo que no creo que sea algo bueno para ti, ni para mí, ni para los Potter, ni para ningún chico que descubriesen que te gusta leer cosas como: "La brisa de otoño acariciaba su rostro, mientras sus sedosos cabellos rubios se movían con elegancia frente al objeto de todos sus más dulces deseos"
Rayos. James tenía algo de razón.
-Bueno, puedes que sea un poco raro. –Admitió Albus al fin.
-Perfecto.
Albus se agachó bajo el colchón de su cama, sacó un enorme baúl y escondió la novela en su interior. Luego mencionó Securitas Maximus y escondió el baúl de nuevo bajo la cama. De esa forma sólo él podía abrirlo.
-¿Y a qué viniste? -Preguntó cuando se reincorporó nuevamente
James no respondió nada, tan sólo se lo quedó viendo, estudiando nuevamente la reacción del menor y esperando su próxima expresión.
-¿Y bien?
-Pues sólo vine a verte
-Eres un tonto… Te voy a mat…
-Oh, vaya pero si están los dos Potter aquí.
Ambos voltearon al escuchar la tercera voz y se encontraron con la ingrata presencia de Thurston Pratt. Su cabello negro con rulos le llegaba hasta los hombros y enfatizaba con fuerza sus vacíos ojos azules. Él chico era lo peor que tenía Gryffindor. Arrogante y mal hablado y aun así había logrado quedar en la casa de los leones.
-No estarán pensando en hacer cualquier estupidez, ¿verdad? –Prosiguió de manera ácida al ver que los dos hermanos no decían nada.
-Quizás deberías ir a inflar tu ego en otro lado, Pratt.-Contestó finalmente James sin ocultar el evidente desprecio en su tono. –Ven, Albus, vamos a otro lugar.
El menor tan sólo asintió y siguió a su hermano fuera del dormitorio.
Atrás quedó Thurston, escudriñando con su mirada todo el lugar. Había algo que le molestaba mucho y no iba a descansar hasta haber acabado con eso.
Finalmente el día estaba llegando a su fin, luego de una larga jornada de clases. James había ido a hacer unos deberes de Encantamientos en la biblioteca y Albus ahora estaba sentado en las afueras del castillo, acompañado por Scorpius y Derek, quien en un pésimo estado de ánimo escondía su rostro en sus rodillas.
-Vamos, anímate… -Le dijo Scorpius –Ya tendrás otra oportunidad.
-Sí, pero es que yo la amo. Hasta me bañe cuatro veces y me puse este incomodo traje negro
Albus sonrió ante la mención de la ropa, pero tan sólo se dedicó a mirar a los otros dos en silencio.
-Sí, pero las chicas son cosa seria –Scorpius ahora le apretaba el hombro con un poco de afecto –Es más Lucille es bastante dura, eso lo sabe todo el colegió.
-Y por eso es que es tan irresistible… Y con ese flequillo…
-Sí, cómo digas, es de verdad hermosa –Scorpius volteó a mirar a Albus y le dedicó una mirada de "Es hermosa pero no tanto", a lo que el moreno no pudo estar más acuerdo.
-Bueno…
Derek se había levantado y ahora miraba a los dos amigos desde lo alto, una sonrisa bastante infantil plasmada en su rostro.
-Tienes razón –Le dijo a Scorpius antes de fijarse en Albus –Y si no hubiese sido por ti, Potter, quizás no hubiese logrado llegar a hablar con ella. Gracias, de verdad.
Albus tan sólo murmuró un "De nada" y el chico desapareció, dejando a Malfoy y Potter solos.
Tras un largo periodo de silencio en el que Albus se dedicó a pensar en todo y a la vez en nada, fue Scorpius quien finalmente habló.
-Creo que eres bueno dando consejos para las citas gracias a "Velada de Amor"
-¿Qué? – Los ojos de Potter se abrieron como platos e instintivamente voltearon a ver a Scorpius, quien sin moverse de su lugar, sonría de lado. –No me digas que el idiota de mi hermano…
-Me enteré por mi propia cuenta hace tiempo, tonto. –Scorpius rio –Sólo creo que es un poco raro.
-Eso fue lo que dijo James.
-Sí, es inusual…
Nuevamente silencio, pero era un silencio agradable.
Extrañamente, siempre que estaba con Scorpius, cualquier situación parecía agradable. Incluso estando allí luego, de que descubriese que Malfoy sabía de sus peculiares gustos literarios, todo parecía muy sereno. El joven Malfoy tenía un carisma muy peculiar, que iluminaban hasta los días más grises. O quizás, así le parecía a Albus.
-…aunque no me imaginaba que fueses tan romántico.
-Creo que es parte de mi personalidad
-Sí. Y eso es interesante –Afirmó Malfoy son suma franqueza. ´-Definitivamente cada día tu personalidad me sorprende más.
Al escuchar eso, Albus se sonrojó y tuvo que voltear el rostro por la vergüenza ¿Qué carajos le pasaba, por qué se enrojecía de repente?
Scorpius rio por lo bajo. Albus era tan chistoso a veces, con las cosas que hacía y decía de repente.
-Creo que si fuese chica, me enamoraría de ti.
-¿Qué? –Albus se sonrojó mucho más. Rayos. Había escuchado bien, ¿había dicho él eso?
-Sólo bromeó –Dijo Scorpius soltando una risita –Ahora – se reincorporó y le ofreció una mano a Albus –Será mejor que nos vayamos adentro, hay que hacer lo de Transformaciones.
-Sí-Contestó el otro sin mucho ánimo.
En el camino al castillo, Albus caminó en silencio. Dos oraciones repitiéndose continuamente sus pensamientos: cada día tu personalidad me sorprende más y luego Sólo bromeó
