"¡Papá!" El fuerte grito despertó a Dean y casi le hizo saltar de la cama. Se quedó un segundo quieto, tratando de saber si se trataba de su sueño o si había sido John el que le había llamado con tal desesperación. Entonces lo volvió a escuchar. "¡Papá, tío Sam!"
Dean se volvió hacia Sam que también se había despertado al escuchar el grito y ambos se levantaron y entraron en el cuarto de baño. El niño, acurrucado en el suelo y con la pequeña cabecita oculta entre las piernas, no dejaba de sollozar.
Tras mirar a su hermano, Dean se agachó y se colocó frente al niño, que al escucharlo, levantó la mirada.
"¿John que pasa?" Antes de poder hablar, John se acercó a Dean y se abrazó a el, escondiendo de nuevo el rostro, contra el pecho de su padre, mientras este notaba como su cuerpecito temblaba casi con violencia.
"Ha sido el monstruo, ha venido a por mi." Mientras el niño volvía a acurrucarse entre el cuerpo de su padre y este le abrazaba, Dean se volvió hacia Sam, que le devolvió una mirada de preocupación, la misma que tenía él.
"John, ¿Cómo es el monstruo?" Dijo Dean con el tono más tierno que fue capaz de utilizar en ese momento.
"No lo se, no lo vi." John se volvió a separar de su padre, dejando que las lágrimas empaparan sus mejillas enrojecidas. "Lo siento papá, me asusté y cerré los ojos. No soy tan valiente como lo sois tu y el tío Sam."
"Eh, no digas eso." Sam se había acercado a ellos y arrodillado también frente a John, le acariciaba el pelo algo revuelto mientras hablaba. "Claro que eres tan valiente como nosotros. Además, también hay cosas que nos dan miedo a nosotros."
"¿Ah si, como que?" La atenta mirada del niño, que alternaba entre uno y otro, hizo que los dos sonrieran discretamente.
"Creo que no te lo había dicho todavía, pero Sam tiene un miedo horrible a los payasos."
El niño, que parecía haberse olvidado momentáneamente de lo ocurrido, comenzó a reír. "¿Tienes miedo de los payasos?"
Sam miró un momento a su hermano, pero entonces sonrío y se volvió de nuevo hacia el niño. "Si John, no me gustan nada, pero tu padre, odia los aviones, tenías que haberlo visto cuando fuimos en uno." John volvió a reír, en esa ocasión a carcajadas, mientras su padre lo cogía en brazos y lo llevaba hasta la cama.
Lo dejó sentado allí, el niño cruzó las piernas y volviendo a quedarse serio se dirigió a su padre. "Ese monstruo me quiere hacer daño." Dean se sentó a su lado. "Ha dicho algo, pero se que ha sido."
"Tu no te preocupes más." Mientras John se tumbaba en la cama, Dean le arropó igual que hacía todas las noches y dejó un tierno beso en la frente. "Ahora duérmete, que Sam y yo nos encargamos del monstruo."
"Freddy ha dicho que no podéis con él, que es muy fuerte."
"John, la próxima vez que hables con Freddy, dile que el monstruo es cosa nuestra y que nunca permitiríamos que te sucediera nada malo." Le revolvió ligeramente el pelo, mientras el niño cerraba definitivamente los ojos.
Dean se quedó ahí un momento más, mirando a John y pensando que podía haber sucedido en el baño. Tal vez las sombras le había jugado una mala pasada a John, tal vez estaba medio dormido cuando entró en el cuarto y vio algo que en realidad no estaba allí.
Sin embargo, también pensó que al fin y al cabo, John era un Winchester y en la familia, no era costumbre que existieran sólo sombras extrañas, las casualidades de ver cosas que en realidad no estaban allí, eran mínimas.
Dean se levantó y fue hasta el cuarto de baño, en el que se había quedado Sam, comprobando si algún tipo de criatura sobrenatural había dejado algún tipo de rastro. Dean se apoyó en la puerta, con la mirada clavada en su hermano, esperando que le dijera que no había nada, que todo debía de haber sido fruto de la imaginación de un niño de casi cuatro años.
El silencio se apoderó de toda la habitación, hasta que la voz de Sam rompió la tensión. "Mira esto." Se volvió hacia Dean, con lo que parecía ser una especie de tela en la mano.
"¿Qué es?" Dean lo cogió y la puso bajo la luz. Parecía ser el jirón de una prenda ropa que se le había roto a alguien y que había dejado olvidada con las prisas. Ambos la contemplaron, sabiendo que no pertenecía a ninguno de ellos.
"No lo se, pero creo que John no ha imaginado nada. Alguien ha estado en este cuarto de baño y ha intentado hacerle algo."
Mientras escuchaba a su hermano, Dean se volvió hacia la cama en la ya se había quedado dormido John. No le cabía en la cabeza quien podía querer lastimar de alguna forma a su hijo. Desde luego, estaba convencido que no se trataba de ningún ser humano, normal y corriente, ellos se habrían dado cuenta cuando hubiera tratado de entrar en la habitación. Por lo tanto, sólo quedaba una explicación posible, alguna criatura estaba intentando lastimar a su hijo.
"Dean, no se, tal vez…" Dean parecía no escucharle, pero tampoco sabía que podía decir en aquel momento. Comprendía muy bien lo que debía de estar pasando por la cabeza de su hermano, porque al fin y al cabo se trataba de su sobrino el que estaba peligro.
Por un momento volvieron a su mente los recuerdos de las muchas ocasiones en las que su hermano había estado en apuros y no quería volver a pasar por lo mismo otra vez, después de que durante aquellos últimos años, Dean se hubiera vuelto alguien mucho más responsable, apenas se metía en problemas y arriesgaba lo menos posible, no quería que las cosas se volvieran a estropear otra vez.
"Sam, algo o alguien está detrás de mi hijo, de tu propio sobrino. No me digas que tal vez no sea nada o que tal vez nos equivoquemos, porque si John está en peligro…"
"Ya lo se, Dean, pienso igual que tu, pero no sabes ante que nos estamos enfrentando."
"Yo si lo se, o al menos tengo una ligera idea." Dijo Dean mientras volvió a mirar al niño, recordando lo que le había dicho un momento antes. "Es Freddy."
"¿Quién?"
"Freddy, su amigo." Los dos salieron del baño y se sentaron en las camas, bajando el volumen mientras hablaban para no despertar a John.
"Pero es su amigo imaginario, no existe."
"Yo también pensaba eso, pero no se, creo que hay algo más, que ese Freddy, intenta poner a John en nuestra contra; le ha dicho que no vamos a poder contra el monstruo." Dean sonrió mientras seguía hablando. "John no piensa así, sabe que podemos con cualquier cosa que le haga daño. Te digo que ese tal Freddy, lo que quiera o quien quiera que sea es lo que está atacando a John."
John se removió en la cama y comenzó a hablar en sueños, como solía hacer todas las noches durante los últimos días. Dean, seguido de su hermano, se levantó y fue hasta la cama del niño, se agachó a la altura de su rostro y le acarició mechones revueltos de su cabello negro.
"Shh, John tranquilo, no es nada, Sam y yo estamos aquí. No tienes porque preocuparte." Aunque estaba dormido, el niño pareció haberle escuchado en sueños, pues moviéndose un poco más, se acurrucó justo hacia donde provenía la voz de su padre se quedó cayado de nuevo.
"Voy a salir, necesito tomar un poco de aire fresco. ¿Te quedas con él?" Dean se levantó y fue hasta la puerta, cogiendo de la percha la cazadora.
"Claro." Sam lo vio desaparecer. No se había movido del lado de John y casi de forma inconsciente cogió su pequeña mano en la suya y lo escuchó suspirar. Se sentó en el suelo, como si de esa forma pudiera protegerlo de cualquier pesadilla que tuviera.
La habitación volvió a quedarse tranquila después de desaparecer su hermano. No le había dicho nada durante los últimos días, pero Sam le conocía demasiado bien, como para saber que estaba muy preocupado por John.
No le hacía gracia que el niño hablara tanto de su amigo Freddy, porque sabía perfectamente que existían demasiadas criaturas que podían tratar de hacerle daño de esa forma, ya lo habían intentado con ellos siendo unos niños, pero su padre había sido capaz de defenderles y cuidarles; y de alguna manera Sam sabía que Dean no quería defraudar a su padre y ser también un buen padre para John; lo cual, por mucho que se preocupara Dean, Sam tenía muy claro, Dean estaba siendo un padre estupendo para John.
- o -
Había demasiada gente en el bar para el gusto de Dean cuando este entró, pero en esos momentos, no le importaba, necesitaba tomarse una cerveza, intentar pensar con claridad contra que estaban luchando y mirar continuamente la cara de su hijo y escucharle mientras tenía pesadillas, no le dejaba concentrarse; estaba seguro que Sam podría cuidar de él un rato, llevaba mucho tiempo haciéndolo, tanto como él.
Cuando consiguió llegar hasta la barra se dejó caer en uno de los taburetes y le pidió a la simpática y atractiva camarera una cerveza. La chica le sonrió mientras le servía, instándose y sonriendo con picardía. Sin embargo, por muy aparente que tenía la posibilidad de tener compañía esa noche, no estaba de ánimos para hacerlo y por ello, no le prestó demasiada atención.
Mientras se había perdido en sus propios pensamientos, alguien le llamó por detrás, dando pequeños golpecitos en su hombro.
"Eh, amigo, tu cara me suena."
Sin tan siquiera darse la vuelta, Dean contestó. "Lo siento amigo, pero no llevo mucho tiempo en la ciudad y estoy seguro que no te he visto." Los golpecitos en su hombro continuaron, por lo que, algo crispado por la situación terminó volviéndose hacia el desconocido.
"Ya me acuerdo de ti, tu eres el que te metiste en mis asuntos con mi hermana el otro día." El extraño sonrió con desagrado.
Dean se lo quedó mirando, la última vez que lo había visto, no recordaba que fuera tan grande, tan que le tapaba el resto de la visión de su alrededor. "Si, es posible que fuera yo, pero tengo que decirte que así no se trata a una hermana."
"¿Qué sabrás tu de eso? Además, por tu culpa perdí parte un gran negocio, así que creo que me debes algo."
"¿Perdón?"
"Que me debes lo que perdí por tu culpa, si no también podemos arreglarlo de otro modo."
"Vamos ahora vas a empezar a decirme que te quieres batir en duelo conmigo." Dean comenzó a reír pero cuando el hombro puso su fuerte mano sobre su hombro y apretó con fuerza, dejó de hacerlo.
"No te rías de mi, lo digo en serio. Me debes mucha pasta y si no me quiere pagar, me lo tendré que cobrar de otra manera." El hombre hizo más fuerza con la mano, haciendo que Dean se retorciera ligeramente al sentir el dolor. "Fuera, ahora."
Dean no contestó mientras el hombre le obligaba a levantarse y ambos, tratando de no llamar la atención, salían del local y desaparecían por una de las esquinas.
El hombre empujó con fuerza a Dean que dio un pequeño traspiés y se volvió. "Tío, te lo digo de verdad, creo que as visto demasiadas películas." El extraño no contestó, tan sólo sonrió, mientras se fue acercando a él.
Cuando apenas le separaban unos pocos centímetros de la pared, Dean vio que el hombre pretendía golpearle. Era demasiado grande y por lo tanto sus movimientos eran lo suficientemente lentos como para que Dean los pudiera ver venir. Por ello, cuando el hombre fue a golpearle en la cara, Dean consiguió esquivar el golpe e intentó devolvérselo, sólo que pareció no darse cuenta cuando su puño alcanzó su estómago.
El hombre dibujó una enorme sonrisa en su rostro al ver la expresión de sorpresa en la cara de Dean, que parecía haberse quedado paralizado de repente. El hombre volvió a poner su mano sobre el hombro de Dean, sólo que en esta ocasión, hizo una gran fuerza, mucho más que antes y consiguió que cayera de rodillas al suelo, mientras intentaba no expresar su dolor.
"¿Qué me dices ahora, me vas a pagar lo que me debes o quieres continuar con esto?"
"¿Por quien me tomas?" Dijo Dean intentando controlar el dolor en el brazo y en el hombro. "No soy un tío cualquiera que deje sus deudas sin pagar. Aquí tienes amigo." Al mismo tiempo que hablaba, Dean sacó un pequeño cuchillo que siempre guardaba para estas ocasiones e hizo una raja en el brazo del otro hombre, que tras quejarse le soltó rápidamente.
Dean se levantó del suelo, dispuesto a seguir enfrentándose a aquel hombre de dos metros de altura, pero este, comportándose igual que haría un toro se lanzó contra él y sin que Dean pudiera detenerlo, le lanzó contra la pared y cayó al suelo.
"Tu lo has querido, ya te he dicho que si no me pagabas, me cobraría lo que me hiciste perder." Los dos primeros golpes en la cara, apenas pudo evitarlos, pero cuando llegó el tercero, directo a su estómago, con ambas manos consiguió detenerlo antes de que le golpeara.
El hombre, furioso por no haber podido darle, lo cogió del cuello de la camisa y lo levantó en aire.
"¡Papá!" Escuchar de pronto la voz de su hijo, en mitad de un callejón, le parecía totalmente imposible, pero cuando volvió la cara y vio a John seguido de cerca por Sam, apenas pudo entender nada.
"John, ven aquí." Aunque el niño había comenzado a correr hacía donde estaba su padre, Sam lo atrapó y lo cogió en brazos, sujetándolo con fuerza, mientras John trataba de zafarse. "No, John, es muy peligroso."
Una sombra apareció detrás de Sam. "Richie, ya basta, ¿es que acaso tu cerebro de mosquito no te permite ver cuando has tenido bastante?"
El hombre dejó de hacer fuerza sobre Dean, que haciendo un poco de fuerza, consiguió que lo dejara y cayó al suelo. El hombre miró a Nadia, que a pesar de su pequeño tamaño al lado de él, parecía tener la situación totalmente controlada.
"¿Qué haces aquí hermanita? Te dije muy claramente que no te metieras en mis asuntos."
"¿Y vas a golpearle delante de su hijo? No creo que ni siquiera tu seas capaz de algo parecido." El hombre dudó un momento y luego se volvió de nuevo hacia Dean, que seguía sentado en el suelo.
"Esta vez te has librado, dale las gracias a tu querido hijo, pero espero que no nos volvamos a encontrar a solas, porque tal vez entonces no tengas la misma suerte." Sin esperar la contestación de Dean, el hombre se acercó hacia donde estaban Sam y John. Mientras pasaba a su lado, Sam se apartó de él, protegiendo con su propio cuerpo a John.
Una vez que se hubieron quedado solos, Sam dejó en el suelo a John, que corrió hacia su padre. "¡Papá!" Se abrazó con fuerza a Dean, que se quejó al notar la pequeña fuerza del niño contra su cara.
"Dean, se puede saber que ha ocurrido."
"No le digas nada a él. La culpa es de mi hermano, el otro día os metisteis donde no debisteis y le hicisteis perder un gran negocio." Nadia se acercó a Dean y echó una ojeada a los moratones de la cara. "Está furioso por el dinero perdido y lo tiene que pagar con alguien."
Al incorporarse e ir a darse la vuelta, una pequeña figura se abrazó a ella. "Gracias por salvar a mi papá." John la miró desde abajo y sonrió y ella no pudo evitar devolvérsela, revolviendo su pelo.
Sam cogió de nuevo a John. "John tiene razón, gracias por lo que has hecho."
"No ha sido nada, supongo que el otro día me ayudasteis a mi, es lo menos que podía hacer ahora." Se dio la vuelta para marcharse y entonces se detuvo. "Por cierto, tienes un hijo encantador, creo que ya se a quien ha salido." Una sonrisa pícara se dibujó en sus labios y mientras agitaba su melena, de una forma que pretendía ser casual, se dio la vuelta y se marchó.
Los dos hermanos se quedaron mirando a Nadia hasta que esta desapareció. Luego Sam le ofreció una mano a Dean para que se levantara. "¿Cómo sabías que estaba aquí?" Dijo por fin Dean.
"No lo sabía. De repente se despertó John y dijo que estabas en problemas, que necesitabas nuestra ayuda." John caminaba por delante de ellos, sin que ninguno le quitara la vista de encima. Luego Sam se quedó mirando a su hermano. "Recuerda que John siempre ha tenido un sexto sentido con nosotros, sabe cuando estamos en peligro."
"¿Qué me dices de Nadia?" Sam continuó mirando a su hermano.
"¿A que te refieres?" Sam sabía perfectamente de lo que estaba hablado, pero quería cerciorarse que los problemas no hacían más que crecer.
"Parece simpática y nos ha ayudado."
"Dean, no empieces, ya tenemos bastante con el monstruo, con Freddy y con el hermano psicópata de Nadia, no me digas que te has encaprichado."
"Vamos Sam, no digas tonterías." Dijo Dean mientras se acercó a donde estaba John y lo cogió en brazos, mientras el niño reía. "Sólo lo digo porque no estaría mal contar con un poco de ayuda de vez en cuando." Dean continuó andando mientras Sam se quedaba parado.
"Claro Dean, sólo se trata de eso." Pero Dean ya no le estaba escuchando, estaba mucho más concentrado en hablar con su hijo, tanto que incluso habían dejado de dolerle los golpes recibidos sólo unos niños antes.
