Hola, gracias por los reviews. Sé que esta historia daría para mucho, para demasiados caps si tuviera el tiempo de hacerlos pero bueno, es difícil.

Agarrence una canción de lo mas triste y tiempo para leer. Les dejo un segundo capítulo. No olviden dejar un review con sus opiniones. Por favor no me abucheen demasiado, traté de escribir lo mejor que pude.

Consideren este cap como un regalo de san valentin ¡espero que lo pasen genial!

Besos y abrazos.


2. No elegimos de quien enamorarnos, y jamás pasa como debería.

El jardín de la madriguera resplandecía. Las luciérnagas le daban el típico estupor y aire benevolente de una noche de verano. Los grillos lanzaban sus primeros cantos y algunas ranas croaban entre el riachuelo cercano. Las farolas de la carpa proferían luces tornasoles irremediablemente hermosas.

Hermione Granger suspiró observando el gran pastel blanco, adornado con flores moradas que descansaba junto a la mesa principal de los novios. Y ese sentimiento tan conocido y abrazador la asaltó. El ahogo en el pecho, una presión que luego se urgía hasta su garganta y terminaba agolpándose en sus ojos a modo de lágrimas.

¡Por merlín! ¡Aquel evento le resultaba tan doloroso! Daba gracias a todos los magos que nadie hubiese notado su estado catatónico desde la salida del altar. Realmente no deseaba buscar excusas para explicar lo que estaba sucediéndole. Salvo un par de veces sintió la mirada lastimosa de Sirius sobre ella, que relegó con un gesto desdeñoso. El hombre pareció entender.

Se llevó la copa de champagne a los labios y sorbió casi toda de un golpe. No era muy adepta al alcohol pero quizá era buen momento para iniciar. Volvió la vista a la mesa principal y observó a la novia ¡oh por merlín! ¡Lo que daría por estar en su lugar! Apretó los puños sobre su vestido y sus pensamientos se transportaron al pasado:

Hermione tomó la mano de Ron sintiéndose sumamente mal, y ese dolor poco a poco fue adueñándose de su cuerpo. Las lágrimas le brotaron a raudales, se sentía toda una arpía. Una maldita.

Mientras él yacía ahí, debatiéndose entre la vida y la muerte, ella se encontraba dando espectáculos en el comedor de una casa ajena en actos indecorosos con otro que no era él. Lloró por buen rato, admirando al pelirrojo tendido en la cama de San Mungo. Palpó ligeramente con la yema de los dedos esos electrodos que el muchacho tenía en el pecho. El artefacto monitoreaba su corazón, su magia y la red de magia conectada con el espacio y temporalidad. La chica volvió a sollozar. Descargó cada sentimiento que venía uno a uno:

La Rabia fue la inicial, esa que le carcomía el cerebro y le hacía enojar consigo misma. El desgraciado sentimiento estaba alimentado por el hecho de no poder hacer absolutamente nada para mejorar el estado de Ronald. ¿No se suponía que ella era la sabelotodo? ¿Perspicaz? ¡Y que resolvía hasta el acertijo más intimidante? ¡Debía encontrar la forma de hacerle volver! ¡Ron tenía que volver y quizá su mundo ya no estaría de cabeza!

El miedo. ¿Sería posible que él ya no despertase? ¡Por merlín! ¡Eso no! Él no podía abandonarla ahora cuando se sentía más sola y devastada que nunca. Así lo percibía aunque no fuera cierto. Aún está la familia Weasley y Harry, le susurró una vocecilla en la cabeza.

Harry.

¿Y si lo perdía a él también por dejarse llevar por quien sabe qué? ¿Por abalanzarse como una mujer de cascos ligeros? Y es que en verdad no supo la razón por la cual permitió aquel acercamiento. La culpa volvió a atravesarle el corazón como una flecha.

Dada las circunstancias vividas en el comedor ¿cómo era posible que eso ocurriera? Ella no tenía esa clase de sentimientos por su mejor amigo, ¿o sí? ¿Desde cuándo? jamás lo había analizado de esa forma a Harry. El era su amigo, su confidente, casi hermano, siempre estuvo para ella y viceversa. Ese cariño no podía tergiversarse, en algo tan desmesurado e impropio.

Quizá debía hablarlo con él, pensó. En algún momento debía tomar ese tema tan vergonzoso y dar explicación a los sucesos. Quizá se estaba machacando el cerebro buscando una razón elocuente y simplemente no tendría importancia. Era el estrés post-guerra, la pérdida de tantas personas amadas, el sentirse sola. ¡Sí! Quizá era solo eso.

Esa mañana salió huyendo del 12 de grimmauld place antes de que inclusive saliera el sol. Tenía vergüenza con Sirius y más con Harry.

Harrymurmuró Hermione sin dejar de sentirse sumamente miserable

Ya más calmada, se limpió las lágrimas y toda listilla permitió autoanalizarse ¿Desde cuándo sentía esa atracción por su mejor amigo? Era cierto que notó su cambio después de la guerra, pero no precisamente a su físico, más el estado anímico. Apuntó mentalmente el hecho que fue capaz de percatarse de Harry en aquel baile de cuarto curso. Cuando lo vio embelesado por Cho Chang mientras ella iba del brazo de Viktor Krum. Recordó que un tinte de rabia le abrasó el cerebro preguntándose ¿Qué le vería a esa chica insípida? Pero en esos momentos adjudicó su comportamiento a la sobre protección que solía mantener para con sus amigos y que quizá estaba demasiado molesta con Ron por no invitarla al baile.

También en alguna ocasión que lo observó admirar a Ginny, deseó que alguien la mirase de ese modo en que él hacía con la pelirroja. No imaginó que en lo profundo de su ser desease que "ese alguien" fuera Harry.

La puerta de la habitación se abrió un poco, sacando a Hermione de sus pensamientos. La chica no pudo evitar sentir un ardor en el rostro. El hombre que dominaba su inestabilidad mental en ese momento hizo aparición. Harry tenía medio cuerpo saliendo de aquella madera blanca.

Hola ¿pu-puedo pasar? –murmuró. Se sintió estúpido por tartamudear, pero desde que la vió sintió todo su cuerpo en tensión y las mejillas enrojecer−

Hermione asintió, su corazón retumbó en su pecho y desvió la mirada a Ron. La zozobra de su amiga no pasó desapercibido para Harry. Comprendía bastante su estado, podría decir que estaba igual. Realmente no concretaba cómo debería comportarse ahora.

Ella estaba sentada cerca del muchacho pelirrojo en una silla que para el gusto de Harry, se veía más que incómoda.

¿Alguna buena noticia? –bisbiseó. Se acomodó justo a los pies de la cama de hospital. Estudió con atención todos los aparatejos que Ron tenía a los costados. No se veían atractivos, ni mucho menos a algo que el conociera antes en una sala de hospital normal. Pero, vaya, San Mungo no era un lugar normal−

Ella negó con la cabeza.

Por unos segundos guardaron silencio, observando a Ron. Los labios de Harry se curvaron en una línea fina y la tristeza se delató en sus ojos. Le dolía enormemente ver a su mejor amigo tendido en aquella cama, siendo que meses antes planeaban juntos las estrategias de juego en quidditch, veían los partidos, jugaban ajedrez mágico etc... Demasiado habían pasado ya los Weasley como para seguir atravesando situaciones dolorosas.

Molly me ha mandado a decirte.. –comenzó Harry en el mismo tono que antes. No se movió de su lugar ni dejó de observar al pelirrojo−…es la hora de curar sus heridas y cambiarlo de posición…ella.. –

Yo lo haré−zanjó Hermione− Molly ha pasado toda la noche aquí, dile que vaya a descansar−

Harry meditó un instante. No comprendía qué heridas debían curarse ni porque debían de cambiarlo de posición. Cierto es que se paseaba al menos unas tres veces por semana en el hospital, hizo un par de guardias nocturnas velando el sueño de su amigo, pero no presenció más que el respirar apacible del pelirrojo y las visitas de los sanadores. No conocía los rituales ni por tanto todo los artefactos que tenía a su alrededor. Y no porque no quisiera, se había metido en el lío de terminar el colegio y además se matriculó como aprendiz de auror. Todo sugerido o casi obligado por su padrino. Si no fuera por él..

¿Harry? –escuchó la voz de Hermione como un eco−

Le diré a Molly que se marche a descansar. Ya regreso, quiero ayudar también−su voz sonó apagada. La tristeza era evidente hasta en sus ojos−

Él salió. Hermione se dispuso a preparar el agua tibia, las pócimas desinfectantes y los paños. En cuestión de minutos su amigo estuvo de regreso. De pronto, como si todo fuere asunto olvidado, se hizo un cómodo silencio. Ella pasaba a las manos de Harry cada una de las cosas que preparaba mientras que el chico les daba lugar sobre la mesilla de noche. No eran necesarias las palabras, su conexión era tal que sobraba siquiera.

Eso sucedía con mucha frecuencia, desde que se conocieron. Incontables veces Ron se sintió celoso por esa "cosa extraña" que sucedía entre ellos y no era para menos.

¿Por qué tiene la piel así? –dijo Harry una vez que Hermione destapó las piernas del pelirrojo−

Cuando un paciente permanece demasiado tiempo postrado en una cama y sin movimiento voluntario, tiende a generar este tipo de lesiones. Es necesario hacerle curaciones y moverlo de lugar regularmente para que estas no se agraven−recitó como si se tratase de un tema que todo el mundo conoce−

Así era Hermione. Nunca dejaba de sorprenderlo. Admiraba su capacidad para almacenar tanta información y no como una biblioteca andante, sino que, razonaba lo aprendido. Ella podría ser casi cualquier cosa, destacaría en cualquier carrera que eligiese. Tanto en el mundo muggle como el mágico. Harry no evitó curvar los labios en media sonrisa. Ahora entendió por qué la admiraba tanto. No era una come libros sabelotodo, era curiosa, deductiva, perspicaz, inteligente y bonita..

Bonita.

Rememoró cuando por primera vez consideró esa cualidad en ella. Fue precisamente en el baile durante el cuarto curso cuando bajó de las enormes escaleras hacia el salón. Se veía realmente preciosa en ese vestido que transformó su silueta no solo en una mujer bella y atractiva, si no en una mujer ante sus ojos y no sólo en su mejor amiga.

En aquel entonces logró disuadir cualquier pensamiento relacionado con ello gracias a que su vida pendía de un hilo en cada uno de las pruebas del torneo y lo dejó de lado aún más tras la muerte de Cedric. ¿Quién tendría tiempo de fijarse en las chicas cuando había presenciado el ritual que regresó a Lord Voldemort?

Harry parpadeó pesadamente. Su pasado doloroso comenzó a ondear por su cabeza como una película vieja.

¿Harry? –llamó Hermione al verlo perder movimiento de sus manos. Los ojos verdes del muchacho estaban fijos en un punto inexistente en el suelo. La chica se angustió, tenía mucho tiempo sin ver a su amigo en ese estado de mutismo. Mas de un año, incluso antes de la caída de Voldemort−¿Harry?−insistió−

La chica dejó lo que hacía y se colocó frente a él. Apretó las cejas al notar las gotas de sudor agolpándose en la frente del muchacho. Levantó con timidez una de sus manos y acunó la mejilla pálida.

¿Harry? –balbuceó nerviosa, y no por el nerviosismo de estar junto a él sino por la incertidumbre. Algo estaba sucediéndole y por su expresión no se trataba nada referente a lo pasado entre los dos. Casi podía asegurar, que se parecía a las veces que la mente del chico se unía a la del señor tenebroso−

La chica lo obligó a mirarle.

Harry, estoy aquí. Siempre estaré aquí. Regresa de donde te hayas ido−le susurró con pesadez. Los ojos avellana brillaban por las lágrimas que se agolpaban−

Lo siento yo.. –

Lo sé. Los recuerdos de la guerra−aseveró Hermione. Le regaló una sonrisa que intentaba ser conciliadora. Harry fue capaz de percibir la cercanía entonces. Aspiró lentamente llenándose los sentidos con el perfume de ella.

Lilas.

La pureza del aroma inundó sus sentidos, eliminando de la mente cualquier pensamiento opresivo y circundante al pasado. La manera en que se relajó con su tacto y esa sensación de cosquilleo en el área que Hermione tocaba lo cautivó como nunca antes. Esa era una atracción inverosímil, pues muchas veces compartieron en la soledad de la noche momentos en la biblioteca y otras tantas Hermione le ayudó a curarse después de los enfrentamientos contra el ejército de Lord Voldemort pero nunca su cercanía y su roce le provocaron esas sensaciones.

Con solo un maldito rose de sus dedos.

Hermione sonrió débilmente al notar como Harry cerró los ojos despacio y su respiración se alentó. Le dio un vuelco al corazón cuando él, ladeó el rostro hacia la mano que descansaba en su mejilla. El gesto meramente infantil, le enterneció. Harry, al igual que ella, debía sentirse tan solo y devastado.

Quisiera poder evitarte cualquier sufrimiento Harry−le dijo sinceramente−

Y lo haces−Le respondió en un susurró cauteloso. Para cuando abrió sus orbes, se encontró con esos ojos avellana mirándolo fijamente, como si deseara encontrar en su rostro una respuesta a algo desconocido−

Hermione acarició con las yemas de los dedos el mentón de su amigo, y por puro impulso lo abrazó.

No sé si algún día volveremos a ser normales−

¿Alguna vez lo hemos sido? –trató de bromear para limar asperezas. Pero él era malo con los chistes, generalmente le resaltaba el humor negro−

Nunca me dejes Harry−

Jamás−

Hermione pareció recordar y se separó del muchacho con cierta reticencia. Se giró donde Ron y no pudo evitar todo el torbellino de sensaciones que la encararon antes de la llegada de Harry. El chico notó el cambio en su expresión y la rigidez de su cuerpo. Recordó el día anterior y todas las palabras ensayadas en su habitación de cómo diantres haría para empezar la conversación del "asuntito".

Hermione…−

Como si ella adivinara su intención. Se alejó de él. Rodeó la cama y prosiguió con el aseo de su amigo.

Ahora no Harry. No creo que sea el lugar adecuado−perdió la mirada en el pelirrojo que estaba postrado en la cama. La angustia se debeló en su rostro. Hermione se sentó al costado de Ron pensando que esa situación era la más difícil e incómoda que le tocó vivir−

Algunos libros que ella había leído en esas noches que no lograba conciliar el sueño, mencionaban que durante ese estado de letargo, el individuo era capaz de percatarse de ciertos acontecimientos en su entorno. No sería apropiado mantener una conversación con Harry sobre el suceso en el comedor. Harry se encogió en hombros entendiendo la réplica, él tampoco se sentía cómodo con tomar el tema, no sabía cómo ni por dónde. Lo que si tenía muy claro es que debía llevarse a cabo.

Por otro par de minutos permanecieron en silencio, terminaron con las curaciones y colocaron al paciente en otra posición. Hermione suspiró de alivio al instar la comodidad de Ron, aunque no supera con certeza si sufría o no. Ese pensamiento se le instaló en la cabeza, deseando con todo su ser evitar sufrimiento a él también. Sobre todo sanarlo.

Harry la observaba. Llamó su atención los cuidados que tenía para con su mejor amigo, y pensó en lo afortunado que era de tenerla. Lo afortunados que habían sido de hacerse sus amigos.

¿Has logrado averiguar algo en los libros de los Black?−soltó queriendo cambiar el rumbo de las cosas

La otra noche, me encontré un pedazo de pergamino chino entre un libro de pociones de oriente. Mencionaba algo del hilo rojo−

Harry hizo una mueca sin comprender.

¡La leyenda del hilo rojo Harry! La que siempre nos cuentan en san Valentín−

El rostro del chico no cambió en absoluto, Hermione rodó los ojos.

Cuenta una leyenda oriental que las personas destinadas a conocerse están conectadas por un hilo rojo invisible. Este hilo nunca desaparece y permanece constantemente atado a sus dedos, a pesar del tiempo y la distancia. El pergamino mencionaba, que si alguno de ellos entraba en letargo, el otro podría regresarlo gracias a ese hilo rojo. Debe concentrar su magia para que esta fluya a través de él. De ese modo encontraría el camino a casa−

Hermione recitó todo aquello como si estuviera dando una clase remilgada y ostentosa de la historia de Hogwarts. Harry sólo asintió tratando de comprender toda aquella perorata. La chica se percató que su amigo hacia enormes esfuerzos para concretar la idea en su cabeza.

Es como si tuvieras atado un cordel invisible en tu dedo meñique. Y la persona que está destinada a ti, amorosamente hablando, es la única que puede mostrarte el camino por un valle obscuro concentrando su poder en él. Como una luz−puntualizó con evidente irritación. A veces le molestaba que sus amigos no pudieran ver las cosas como ella. Todo era sencillo−

Ahora lo entiendo−por alguna razón Harry sintió una opresión en el pecho. Significaría que Hermione era la mujer destinada a su mejor amigo y él estaba ahí entrometiéndose en algo que no puede ir en contra de lo predestinado. Se bofeteó mentalmente. Luego pensó que eso parecía algo cursi y ridículo−

Pero creo que son boberías ¿sabes? Desde que leí ese pergamino llevo días concentrando mi magia en esta habitación, con ayuda de la red que se ha instalado alrededor de Ron pero no he conseguido nada−recalcó exasperada. Realmente no consideraba que esa idea fuera real, pues al igual que Harry, pensaba que el suceso era todo parte de un invento ridículo para el día de los enamorados. Pero valía intentar todo lo posible e imposible−

Harry meditó sus palabras. Ella dijo que lo intentó cada noche durante una semana entera, sin conseguir siquiera conectarse a la red de magia, lo cual resultaba extraño porque en innumerables ocasiones Hermione demostró sus habilidades como bruja. Su magia era excepcional así como su fluctuación. Eso jamás estaría en duda.

¿Hermione? ¿Y si el hilo rojo de Ron no te perteneciera?-soltó sin querer. Fue una súbita idea que le atravesó por la mente. Como cuando recitas por automático el abecedario porque te han obligado a memorizarlo−

Hermione frunció las cejas, abrió la boca para protestar pero el sonido de la puerta le detuvo. Los sanadores entraban a la habitación.

Es la hora de la sesión espiritual. Intentaremos contactar su alma de nuevo. Si no les importa−dijo una mujer regordeta, con cara de sapo que de momento les recordó a la profesora Umbridge−

Ambos salieron de la habitación no sin antes mirar con pesar y angustia a su mejor amigo.

Hermione salió de sus recuerdos cuando una mano masculina le tomó por el hombro. Agitó el champagne en su copa por la sorpresa del arribo y alzó la vista.

−¿Hermione? ¿estas bebiendo? –le preguntó en un tono escéptico. El muchacho alto y castaño le miró con sus grandes ojos. Pronto se sentaba junto a ella

−¡Neville!, ¡hay que celebrar! ¡Sí? –Alzó de nuevo la copa, bebió todo su contenido y con la varita volvió a llenarla. Sus movimientos ya no eran tan coordinados tanto que el aludido debió atrapar en el aire la botella vacía

−Hermione..tal vez no deberías.. –quiso advertir pero la muchacha no se lo permitió−

−¡Oh vamos! ¡ no serás aguafiestas! ¡vayamos a bailar! –

Y antes de que Neville pudiera replicar, Hermione ya tiraba de él hacia la pista. La cara de Neville estaba impregnada de consternación. Realmente ese comportamiento de su colega le resultaba sumamente extraño, pero trató de no desairar sus intenciones. Procedió a iniciar el baile siendo el quien guiaba y le sostenía.

−¿Hermione? ¿te sientes bien? –se atrevió a preguntar−

La chica apretó los labios duramente. Esa pregunta tenía una respuesta dolorosa en esos instantes pues al levantar la vista por sobre el muchacho, se encontró con la imagen de Ginny besando castamente a Harry ¡por merlín! ¡Quería irse de ahí! Sus ojos chocaron entonces con la mirada del novio. Una mirada dolida, quebrada, que casi podría jurar se acompasaba con la de ella. Luego viró el rostro a otra parte y se encontró con una mirada azul y un entrecejo pelirrojo bastante contrito. Adivinó las intenciones de ese pelirrojo que pretendía ir a apartarla de su pareja de baile, y entonces Hermione murmuró una excusa a Neville y se echó a andar entre los jardines de la madriguera.

Harry aprovechó que unos familiares de la novia la abordaron, lanzó una excusa relacionada con su necesidades fisiológicas sólo para ir tras la muchacha de cabellos castaños que corrió fuera de la carpa. Apenas salió logró localizar los rizos y el vestido lilla que se perdían entre el huerto de maizal. Sin pensarlo fue a por ella.

−¡Hermione! –le llamó sin recibir respuesta. Avanzó varios pasos entre la obscuridad. Sé llevó con desesperación una mano al cabello alborotándolos ¿y si ya se había marchado? El chico levantó la varita –Lumus maxima

Escuchó unos cuantos pasos y las ramas moverse en torno a estos, se giró encontrándose con la pequeña silueta de la chica que buscaba.

−¿Por qué no estás dónde tu mujer? –le dijo en un tono áspero, impropio de sí ¿Qué sería el alcohol una pócima para envalentonarse? La chica se acercó más de modo que la luna le regaló a Harry una desgarradora visión. El maquillaje medio arruinado, al igual que el peinado. El vestido se llenó de lodo en las orillas y se había desecho de los zapatos

Hermione sintió el nudo de la garganta acrecentarse y se dedicó a fulminar a Harry con la mirada. Deseaba odiarlo, nunca podría.

−¡Contéstame! –urgió−

−No lo sé−mintió. Claro que lo sabía. Corrió tras ella porque necesitaba hablarle, necesitaba decirle todo lo que llevaba contenido en el pecho porque de lo contrario explotaría. Deseaba con todo su ser estrecharla entre sus brazos y acabar con ese martirio. Pero no podía. Lo hecho, hecho estaba−

−Márchate−rogó lastimosa−

Harry tembló de impotencia y negó con la cabeza.

−Deberías estar con tu esposa, disfrutando de tu boda−dijo. Tomó un sorbo de la botella que se robó al paso de la huida. No supo con exactitud que parte de la frase dolió más−

−Deja de beber−suplicó. Había notado varias horas antes como ella se estaba tirando a la deriva del alcohol−

−Se supone que debo brindar−dijo Hermione con ahínco. Se tambaleó un poco y cambio su peso de un pie al otro−pues…¡brindo por ti! ¡por tu esposa y un matrimonio dichoso! –alzó la botella y luego dio un gran trago−

Harry le arrebató el ron.

−¡Basta! ¿deja de hacer eso quieres? ¡que pretendes? –dijo molesto−

−Eso no es de tu incumbencia−sentenció−

−Claro que lo es−

−No Harry. Por favor vete y déjame sola−rogó y de un mal equilibrio fue a dar al suelo−

Harry alarmado se acuclilló para encararla. La tomó por los hombros y la ayudó a incorporarse. El perfume de Hermione volvió a inundarle los sentidos, las lilas.

La única razón por la que soportó a esas flores esparcidas en los arreglos de boda, era porque le recordaban su aroma. A su Hermione. El muchacho levantó el mentón de la chica con sumo cuidado encontrándose con su rostro vaciado en lágrimas.

−¿Por qué me mentiste? –murmuró ella−

−Herms, yo nunca te he mentido−aseveró. Tenía los sentimientos a flor de piel−

−Lo hiciste. Dijiste que me amabas−murmuró cerca de sus labios. Sus deliciosos y apetecibles labios. Su nariz rosaba con la de él. Podía sentir su aroma y su cercanía nublándole el juicio a un más que el alcohol−

−Y lo hago. Siempre lo haré−confesó−

−¿Entonces porque? ¿Por qué haces esto? –preguntó con dolor. Su corazón había sido expuesto hace muchos meses atrás y él parecía jugar nada mas−

Harry apretó las mandíbulas. Quería decirle tantas cosas y una de ellas era la razón primordial porque accedió a esa boda. Tragó saliva tratando de aminorar la sequedad de su garganta. Su respiración se descontroló.

−Lamento hacerte daño. Lo siento Hermione pero no puedo decirte.. –

Las lágrimas también brotaron de sus ojos verdes. Abrazó a Hermione de manera posesa, temiendo que se alejara. Ella dejó su brazos laxos a los costados de su cuerpo a pesar de que deseaba devolverle el abrazo. Harry aspiró su aroma y sollozo con la sola idea de que jamas podría volver a tenerla así. La chica sintió un escalofrio recorrerle el cuerpo cuando la nariz del chico rozo ligeramente su cuello.

−Harry..basta−rogó mintiéndose a si misma de que eso no era lo que deseaba. Pero ¿Qué tanto más tendría que humillarse? –

−No−

Hermione fue capaz de notar todo el sufrimiento que el cargaba a cuestas. El rostro de Harry evidenciaba que la situación también lo había superado. Haciendo tripas corazón acunó las mejillas de él entre sus pequeñas manos y lo atrajo. Lo besó lentamente, disfrutando de ese roce efímero que le regalaría por última vez ¡que se fuera todo al demonio por un instante al menos! Tal vez jamás volverían a estar cerca.

El beso tomó intensidad conforme pasaron los minutos, ese sentimiento fluyendo por sus cuerpos, cargado de electricidad y liberando toda esa contención. Se saborearon con hambre, desespero, derivando en un frenesí que los llevó al suelo lleno de hojas. De igual forma no pudieron evitar tocarse, reconocerse en cuerpo y alma.

Las manos temblorosas de Hermione se pasearon por la espalda de Harry y se introdujeron debajo del saco, descolocándolo inmediatamente. Amaba su piel blanquecina que la embargaba en un ardoroso delirio, ¡lo deseaba! ¡lo amaba tanto! Mientras él le respondía con la misma pasión, con la devoción surgiendo desde sus más recónditos deseos. Harry posó sus labios en cada parte de piel que estaba a su alcance. El corazón se le llenó de gozo al sentir que ella le correspondía y acariciaba con cariño gimiendo su nombre y susurrando incoherencias. Ella le permitía hacer y deshacer a su antojo.

¡Por merlín! , lo seguía amando pese a las circunstancias. Harry se sintió dichoso, con la suerte más grande al estar poseyendo a la mujer que más amaba en el mundo. El muchacho se entretuvo en ese cuello níveo y sedoso que cautivaba sus sentidos. Su miembro respondía a cada roce, a cada talle, palpitando de deseo e hirviendo con la necesidad de sentirla. De hundirse en ella y concretar el acto. Estaba volviéndose loco con el movimiento ligero de aquellas caderas debajo de él. Urgió una de sus manos hasta el final de del vestido y levantó la tela deliberadamente. Ella le dio cabida entre su cuerpo.

Sus corazones palpitaban desbocados, sus labios se encontraron incontables veces deseando saciar esa necesidad del uno por el otro. Harry acarició los muslos de su amiga despacio, queriendo guardar en su memoria cada detalle. Hermione sintió una mano intrusa llegar hasta su centro. Él acarició ahí, justo donde su cuerpo palpitaba de necesidad. Los dedos juguetones y curiosos de su amante se internaron por la tela, abriendo paso sobre sus labios externos ya húmedos. Después de juguetear con su clítoris hasta oírla gemir su nombre, Harry roso su entrada y con lentitud infiltró dos dedos curiosos en ella.

−¡Oh Harry!-gimió de anticipado−

La besó arduamente, y acompasó el movimiento de sus dedos en aquel interior caliente, húmedo y terso, conforme devoraba los labios carnosos de Hermione. La chica ahogó un gemido en aquel beso ansioso. La sintió llegar al orgasmo e humedecerse más que antes. Harry sacó a los intrusos y no pudo evitar llevárselos a la boca.

−Sabes delicioso−le dijo con la voz impregnada de erotismo−

Ella no respondió. Solo lo atrajo para besarle con violencia. De un movimiento se colocó sobre él y sus labios viajaron desde el mentón del chico, hasta el abdomen dejando un rastro húmedo y el vaho de su cálido aliento tras de sí. Llegó al inicio de los pantalones y sin que el chico pudiera rechistar ella los abrió premeditadamente. Hermione besó toda la piel visible, adorablemente y con el deseo dilatándose por todo su cuerpo. Volvió a sentir la humedad en su centro acrecentarse ¡lo necesitaba! ¡lo necesitaba ya! Pero antes de eso, deseaba hacerlo sufrir un poco.

Bajó el pantalón con deliberada lentitud y a la vez los calzoncillos. El miembro de Harry se expulsó como un resorte y gimió sonoramente en el momento que aquellos pequeños labios le besaron justo ahí. Ella lo introdujo en su boca lo más que pudo, saboreando, deleitándose con el olor y sabor que despedía. El chico empuño las hojas, el placer era demasiado delicioso. Hermione viajó una y otra vez por toda la longitud ayudándose de vez en cuando con la lengua. Harry tuvo que detenerla o llegaría al final y deseaba hacerla suya antes.

Volvió a ponerla debajo de él y aprovechó su estupor para retirar la última prenda que le evitaba poseerla por entero. De un movimiento súbito se introdujo con fuerza dentro de ella. Hermione gimió sonoramente, se sintió plena, completa y dichosa cuando la llenó en su totalidad. Hacer el amor con él siempre había sido así, pasión, ardor, deseo, pero bañados de amor, cariño y sentimientos mutuos. Cada estocada era un éxtasis fortuito. Los gemidos aumentaron conforme las envestidas se volvían poderosas, invasivas. Las caricias y los besos ahondaron, se reconocían ahí entre la naturaleza y la penumbra . Un arcoíris apareció detrás de sus parpados cuando el climax llegó.

Harry escondió el rostro entre el hueco del cuello y el hombro de Hermione. Ella lo apretó contra sí. Sus respiraciones eran agitadas y sus cuerpos yacían entre las hojas cecas de maíz adornados con gotas perladas de sudor.

−Te amo. Siempre te amaré Hermione Granger−


Ginevra Molly Weasley había pensado que el día de su boda sería el más dichoso. Desde niña había soñado con que ese día llegase y ahora que se materializó, se sentía la mujer más miserable sobre la tierra. Logró que su "gran amor de infancia" concluyera con sus sentimientos y actos. Pero lo que no quería reconocer es que había logrado todo aquello coaccionando al susodicho.

Se llevó la mano al estómago y salió de la fiesta en busca de un baño. Procuro que nadie notase su mal estar y se excusó de manera educada. Observó su silueta pálida−más de lo normal−en el espejo junto al lavabo y no evitó hacer una mueca reprobatoria a sí misma. Aquella visión le desagrado totalmente. En definitiva aquello no era ni por asomo lo que deseó alguna vez.

Pero ¿desde cuándo? ¿Por qué? ¡morgana! Cualquiera desearía estar en su lugar ¡se había casado con el elegido! ¡con el salvador del mundo mágico! Pero el hecho no le hacía ni remotamente feliz. Se inclinó sobre el retrete y vació hasta las entrañas ahí. Le dolía la cabeza, se sentía mareada e inestable. Después de que hasta el pastel de bodas se fue por el caño, se sentó sobre el retrete a llorar en silencio.

−¿Qué es lo que sucede conmigo? –murmuró Ginny con pesar. Limpió las lágrimas en sus mejillas con las palmas de sus manos y pensó en salir a arreglar el desastre que seguramente sería. Sacó su varita de entre los pliegues de su vestido blanco−

−Es lo mismo que me he preguntado yo desde que anunciaste esta estupidez−oyó una voz masculina decir arrastrando las palabras y cada una impregnada de rabia−

La chica abrió la puerta de los aseos de un golpe y apretó la mandíbula duramente al notar un hombre recargado sobre los lavabos. Era alto, de tez blanca e ungido en un costoso traje negro que resaltaba sus facciones finas así como la tonalidad de su cabello, que podría confundirse con el oro.

−Te has arruinado el maquillaje−apuntó con ironía−¿lloras de tanta felicidad? –dijo en la misma tonalidad−

−¿Qué haces aquí? –refunfuño por lo bajini−¡podrían verte! si no te has percatado los aseos de los hombres están del otro lado de.. –

−Chhht chht deja tus rabietas para Potter! Que ahora es él quien tendrá que soportarte –le dijo ásperamente−

−¡Oh eres un imbécil! ¿a qué has venido? –Ginny fulminó con la mirada al intruso−

−Potter me ha invitado, ya sabes, hemos limado asperezas y ahora somos amigos−respondió con peligrosa ostentosidad. Se revisaba las uñas como si estas estuvieran a punto de revelarle algo muy interesante−

−¡Sal de aquí! –bisbiseó−

−¡No hasta dejarte un par de cosas claras! –de un movimiento abrupto llegó hasta Ginny, encontrándose a solo unos palmos de la pelirroja. Ella no se amedrentó en apariencia pero por dentro la carcomía el miedo−La verdadera razón para desposarte con Potter no la he pasado por alto−

−No sé a lo que te refieres…−

−¡No te atrevas a insultar mi inteligencia Weasley! ¡Sé que lo has estafado, como lo hiciste conmigo!..¡todos en esta maldita patraña han sido timados por tus artimañas! Pero debo decirte que no durara mucho−

−¡Qué pretendes hacer? –un pinchazo de miedo atravesó el corazón de la muchacha. Sus ojos se abrieron de par en par. No sabía con certeza de que era capaz él−

−Nada..dejaré que el tiempo desenvuelta tus mentiras..además averiguáremos la verdad en nueve meses Weasley. Engañaste a Potter ¡pobre idiota! –La tomó por los hombros y la acercó a su cuerpo. Ginny nunca había sentido intimidación por nada, ni por nadie pero en ese momento su cuerpo no reaccionó a una defensa inquisitiva− a mí no me engañas…sé que ese crío que llevas en las entrañas es mío. Sigue..anda, ve y juega a la casita con Potter. Se feliz. Te lo deseo de corazón aunque no lo creas−

Las palabras salían duras, concisas con la decepción palpable.

−¡Como te atreves a decir semejantes disparates! ..cuando tú..cuando tu solo me usaste.. –

−¡Sabes que eso tampoco es verdad! ¡Te abrí mi corazón! ¡te dije mis sentimientos! Luché contra mi familia por lo nuestro y tú huiste solo por guardar las apariencias ¡porque no soportabas la idea de que te señalaran en la calle por estar conmigo! –

−¡Cállate! ¡tú no sabes nada! ¡y vete! ¡vete ahora mismo o yo..! −

−¿Vas a lanzarme un Avada Kedavra?..no lo creo..no tienes las agallas. Si no las tuviste siquiera para luchar por tu felicidad..pero ¡oye Weasley! ¡te felicito! ¡eres una perfecta actriz! –

−¡Suéltame! –ella de deshizo de su agarre y blandió la varita−márchate ahora…−

Él le miró con desdén, sus ojos grises se pasearon por el cuerpo de la muchacha develando el asco y repudio que sentía en ese momento.

−Por supuesto que me voy−dijo altanero y se acomodó el saco−lo que he venido a decir, ya está hecho. Te deseo lo mejor de lo mejor−ironizó. Una vez más le lanzó una mirada furibunda e hizo desaparición−

Ginevra Molly Weasley se dejó caer al sueño rompiendo en llanto, aquellas palabras le hicieron mella. Se llevó una mano al vientre y dejó que las lágrimas cubrieran su vestido una a una.