CAPÍTULO 2
CHRISTINE
Al escuchar aquel nombre, Erik se levantó rápidamente y se sentó en una mesa, cerca del sofá donde la muchacha rubia descansaba. El tan sólo escuchar aquel nombre, hacía que el Fantasma se sintiera descorazonado. Christine Lévesque sólo observó a Erik, se levantó y caminó hacia él.
-Señor Erik…-murmuró mientras colocaba su mano en el hombro del Fantasma.
-Lo lamento, pero es que… No, no es nada, Christine…-al pronunciar ese nombre, palidecía. La joven de cabellos dorados sólo le tendió la mano a Erik.
Después de un momento algo largo, finalmente Christine pudo hacer una pregunta que la traía curiosa desde que escuchó la música de órgano.
-¿Qué hace aquí viviendo, señor Erik?
-Es algo difícil de explicar. Mejor dime tú qué hacías en este lugar abandonado.
La joven Christine bajó la mirada. Con la luz tenue de la vela, parecía que se había sonrojado. Después de un poco de silencio por parte de la rubia, pudo decir algo.-Me escapé de casa.
-¿Cómo que ha escapado de casa? ¿Y porqué venir a este sitio tan abandonado?
-Bueno, yo…-volvió a titubear la muchacha. Después de armarse de valor y apretar fuertemente los puños, dijo-Es que… Yo quiero ser cantante de Ópera, pero mis padres no lo aprobaron. Así que vine para probar mi suerte. Pero, al ver que la Ópera Popular ha cerrado, sólo pude entrar a llorar.
Erik bajó la mirada. Una señorita que quiere aprender a cantar ópera. Ahora su sueño se ha visto truncado, y sólo puede llorar su desgracia. La miró fijamente por un buen rato, era una chica muy bonita. Finalmente, tomó su mano, y le tomó la barbilla para que alzara la mirada. Cuando ella tuvo sus ojos fijos en los de Erik, aunque ocultos tras la máscara, le pudo decir.-Aún no debe lamentarse, señorita Lévesque. Todavía se puede hacer algo.
-¿Aún es posible?-preguntó entusiasmada la chica de ojos verdes.
-Por supuesto. Yo le puedo enseñar si usted así lo desea. Si usted accede a quedarse aquí, yo le podría enseñar tanto como pueda.
Christine sonrió. Apretó su mano a la de Erik, y finalmente accedió. Christine aprendería a cantar, y Erik no estaría solo. Ambos ganaban. Pero en el corazón de Erik, aún existía un sentimiento por la otra Christine, la que tomó desde pequeña, la que amó con locura, la Christine por la cual hubiera matado a centenas, y la misma Christine que le dio la espalda. Esa Christine probablemente ya no debe existir en sus pensamientos, y ahora, el Cielo le ha dado a otra, totalmente distinta, una Christine que accedió por cuenta propia a quedarse con él. Un nuevo Ángel de Música.
Christine Daae, la esposa de Raúl de Chagny, estaba nuevamente en el balcón de su habitación, viendo el cielo nocturno, estrellado, tan pacífico, con la luna llena en el centro. Todas las noches, desde el último año y medio, había hecho esto. Anteriormente, acostumbraba que antes de dormir, cantaba junto con su Ángel. Pero ahora, los Ángeles de Música no existen más. Para perder esa costumbre arraigada, se ha visto a sí misma en el balcón, cantando entre dientes. Raúl se ha dado cuenta, y una noche, esta noche, mientras su esposa miraba nuevamente el cielo de la noche, se atrevió a preguntar.
-Christine…-dijo el vizconde de Chagny, mientras se acercaba a la mujer en el balcón.
-Raúl. No puedo olvidarlo.
-¿A quién?
-Al Ángel. No lo puedo olvidar.
-Christine, mi amor, ya no pienses más en él. Erik ya murió. No regresará a hacernos daño.
-Ese es el problema. No creo que esté muerto. Tal vez no haya muerto.
-No digas eso, mi amor. Él murió. Se publicó en los periódicos. Hasta la Ópera cerró. No puede seguir vivo.
-Lo se. Pero, siento que no es así. Tengo miedo, y no se de qué pueda ser.
Christine se tiró en los brazos de Raúl, y empezó a llorar. Lloró y no sabía porqué. Raúl la abrazó y ambos entraron a la habitación, cerrando por esta noche el balcón.
-No, el tono es en Mi Mayor, tú estás cantando en Sol.-reprendió nuevamente Erik a la señorita Lévesque. Los últimos días, para Christine, habían sido prácticas muy arduas y difíciles. Aún así, todo al final iba a valer la pena.
Erik, un poco molesto de las continuas fallas en su joven estudiante, se dirigió al órgano y empezó a tocar unas escalas.-Estos son los tonos. Intenta imitarlos. Cuando los domines, ahora sí empezaremos a practicar la canción.
Empezó a tocar los tonos. Mi, Fa, Do menor, Re, Sol mayor. Era una escala algo compleja, pero era de las básicas. Christine empezó a cantar. Se equivocó varias veces. Mi, Re, Do mayor, Re, Sol menor. Mi, Fa, Do mayor, Re, Sol mayor. Mi, Do menor, Re, Re menor, Fa. Al parecer, era inútil el enseñarle a la rubia. Un poco molesta de su propio fracaso, estuvo a punto de darse por vencida. Eran como las 3 de la mañana, y ya estaban muy cansados. Erik ya había quedado dormido, y Christine seguía memorizando las notas. Finalmente, cuando se iba a rendir, jaló bastante aire, y al fin pudo ser. Mi, Fa, Do menor, Re, Sol mayor. Era eso. Lo repitió. Mi, Fa, Do menor, Re, Sol mayor. Al fin estaba dominándolo. Erik, al escuchar los sonidos, despertó, y vio a su aprendiz cantando tal y como debía ser.
Cuando Christine terminó, unos aplausos tras ella la sorprendieron. Erik estaba fascinado. Ella tenía una voz preciosa. Tal vez necesitaba más entrenamiento para la Ópera, pero era una bella voz. Así pasaban los días, practicando la voz de la jovencita, mientras ésta iba prestando más interés en su maestro que en sus enseñanzas.
Finalmente, la voz de la joven está lista. Tomó bastante trabajo, sobre todo al principio, pero tuvo avances realmente rápidos. Terminaron sus ensayos en 3 meses. Es porque la muchacha desde pequeña había entrenado, poco, pero lo había hecho.
-¿Y dónde cantaré? La Ópera está abandonada. Y esta era la mejor en París.
-No te preocupes, para eso tengo un plan. Pero, debes acceder a unos cuantos términos.
-¿Cuáles son?
-En primer lugar, tu nombre no será Christine Lévesque. Tu nueva identidad será la de… Monique Géne. Y serás la hija de un empresario que quiere comprar la Ópera.
-¿Comprar la Ópera? Entonces, debería ser muy costosa. ¿De dónde sacaremos tanto dinero?
-No te preocupes por eso. Yo soy un hombre adinerado, y eso no será inconveniente. Además, así podrás brillar, mi Ángel. Nunca nos faltará nada, viviremos bien.
CONTINUARÁ…
