Damián era un muchacho bastante tranquilo.
Ni muy alto ni muy bajo, justo en el promedio. De cabellos dorados y ojos celestes. Hombros, torso y pecho bien formados, y con un gesto o un rostro que aparentaba mas edad de la que tenía. Justo como su padre en su juventud.
Podía presumir de nunca haber sido un chico problemático pero para nada, ese tampoco era su estilo. Además de que si en algún momento debía sacar ese trapo al sol sería en un momento especial que planeaba ya desde hace mucho.
Además, él no tenía de qué quejarse. Su madre siempre le había brindado las mejores atenciones, incluyendo algún regaño bien merecido y que ahora solía admitir estuvieron "a tiempo", pues tampoco se consideraba malcriado, ni lo era de hecho.
Era un chico simpático de unos 17 años, que ahora estudiaba letras en la universidad, gustaba de tocar el piano y la flauta en una escuela de música y en sus tiempos libres, gustaba salir con sus amigos. O mejor dicho sus amigas, a excepción de Seiya. Y Digo amigas porque Seiya fue el primer amigo hombre que tuvo, desde primaria siempre se había ajuntado con muchachas y eso no variaba mucho hasta ahora que estaba en la universidad, con la diferencia de que en ese nuevo grupo con el que se la pasaba se encontraba Seiya, un chico de tez morena clara, cabellos castaños y ojos marrones, un poco mas bajo que él, al cual no solía dar mucha importancia, pero le aceptaba y trataba como uno mas del grupo y eso ya era bastante.
Esa mañana después de mandar un mensaje de texto, dejó su celular en el suelo al lado del bolso junto a las pertenencias de los demás de su grupo, mientras juntos ensayaban una obra que esperaban presentar pronto. Ya que aparte de todo lo mencionado, asistían a las clases extracurriculares de teatro. Esa vez, cierto 'compañero de clases' se encontraba con ellos, no ensayando tan solo viendo... tan solo sentado al lado de esas pertenencias...
El muchacho volteó hacia un lado cuando escuchó que la alarma de un celular sonó, debía haber llegado un nuevo mensaje de texto. Tomó el celular y reconoció de quien era.
-Damián, creo que te llegó un mensaje.
Pero el rubio no lo escuchó, además el chico no se había esforzado en decirlo muy duro, ellos estaban concentrados en su trabajo.
Mejor entonces no interrumpirlos
Pensó el chico sin dar mucha importancia y por pura curiosidad natural o por travesura se dispuso a revisar por él mismo el mensaje.
-Mister-K: Nos vemos luego entonces precioso te quiero mucho... –
-... ¿?... Ayy papá...
Ese mensaje no sonaba ni de primos, ni de tíos, ni siquiera de un padre así que no le iba a venir con que se lo había enviado algún familiar. Volteó hacia donde se encontraba Damián aún concentrado en su ensayo con las muchachas. No se daría cuenta.
Se alejó del lugar y se fue con el celular 'un momento' donde sus amigos, acababa de hacer un descubrimiento... muy entretenido...
Al terminar el ensayo todos se disponían a tomar sus pertenencias y regresas a sus casas, mientras comentaban los resultados obtenidos de sus prácticas.
-No sé. Hay algo que todavía no me convence.
-¡Vamos Damián!. ¡Te lo digo en serio, lo estás haciendo muy bien! – le respondió Seiya.
-No... – negó Damián con el rostro. – A pesar de ser una obra tan clásica y tan repetida, no me sale Romeo como a los demás.
-Claro¡es que tu tienes tu estilo propio y eso es normal!. – Damián alzó una ceja, Seiya le sonrió. – Vamos créeme... – bajó un poco mas la voz. – arrancarás... mas de un suspiro.
Eso, el mismo Seiya ya había tenido la dicha de confirmarlo por si mismo, pero Damián pareció no captar el mensaje.
-Bueno seguiré tratando ni modo... – Dijo resignado ya y entre sus pertenencias comenzó a buscar su celular, esperando ver si Mister-K le habría mandado otro mensaje, en eso sintió como alguien se detuvo, dos personas de hecho, dos chicos observándole en la salida.
Ya no quedaba nadie en el salón del ensayo.
-¿Gabriel?. ¿Qué haces con mi celular? – Le dijo con una obvia molestia, pero con un muy bien disimulado espanto. El otro chico era el amigo mas cercano (y adulador) a Gabriel. Ojalá no les hubiese dado por leer nada.
-Te llegó un mensaje.
-... –
Damián se acercó a él de lo mas normal y buscó arrebatarle el celular de la mano pero el chico no se dejó.
-Dame acá Gabriel.
-Te escribió Mister-K, que se veían después... precioso.
El chico rubio se quedó mirando muy molesto a Gabriel, directo a los ojos. Y estuvo apunto de darle un golpe en la cara pero se contuvo, se contuvo porque no quería demostrar que había un motivo por el cual debía molestarse además del de violación a su privacidad. Pues claro está, que el que se pica es porque ají come.
-¿Y tú que haces leyendo eso?. ¡Eso no es problema tuyo!... –
-Nada... yo solo quería charlar. – decía Gabriel con una sonrisa cínica en el rostro. Damián estaba asustado, no quería imaginar lo que ese chico podía planear hacer, humillarlo, correr el chisme por toda la universidad, quien sabe si la universidad, quien sabe si hasta sus padres, eso no le agradaba nada. NADA. El aún no estaba listo para admitirles nada.
-¡Estás malinterpretando todo!. – fue la escapatoria, pero realmente no tenía ninguna historia, o ninguna ocurrencia ahora para decirle así que lo mejor era darse un tiempo y prolongarse. Por eso decidió soltar otro comentario. - ¡Pero igualmente yo no tengo nada que charlar contigo.
-Anda rubiecito... – dijo Gabriel acercándosele burlón. – dime que no te gustaría abrirte para mí como una zorrita.¡Ahí si no se contuvo.
ZAM!... Gabriel cayó de golpe al suelo, por un puño bien propinado en la cara. Damián se colocó sobre él, le quitó el celular y le miró al rostro. Esa palabra ningún hombre se la hubiese dejado decir con tal seriedad sin regalar un buen moretón en la cara de su emisor.
-No te confundas conmigo Gabriel. Yo no soy de "esos"...como tú pareces... –
Enseguida sintió por detrás unos brazos que lo sujetaban levantándolo y supuso era Seiya.
Pero supuso mal...
Al levantarse un nuevo puño en la cara le esperó, se lo había propinado el amigo de Gabriel, quien ahora lo veía con una sonrisa estúpida, iba a darle otro golpe pero Seiya de colocó en el medio.
-¡Váyanse!. – les dijo amenazante.
Gabriel se levantó con la misma sonrisa idiota.
-Te salió perro guardián... ¿es tu novio?
-¡No pe!
-¡PUES TAN NOVIO COMO TU Y TU AMIGUITO QUE NO SABEN PELEAR COMO HOMBRES!. ¡COBARDES.
Seiya había interrumpido en un grito a Damián. Y al parecer estaba verdaderamente molesto. Y pues, reflejaba bien su interior.
Gabriel iba a contestar de nuevo cuando una de las muchachas, una de las amigas del ensayo habló, se había devuelto desde la salida hasta el salón al ver que los muchachos aún no salían y escuchar unos gritos desde afuera.
-¿Qué pasa acá?...
El silencio inundó el salón.
Nadie habló... no se supo, o si se supo por qué... pero nadie habló.
La chica alzó una ceja, era obvio que algunos acá se habían peleado, tenían la cara roja. Sabía que sus amigos no eran busca pleitos y también sabía lo contrario de los otros dos, a quienes por la misma razón no trataba.
Entendiendo que mientras ella estuviese ahí era que reinaba la paz tomó a Damián y a Seiya de las manos.
-Vámonos... – fue todo lo que les dijo aún insegura de qué pudo haber pasado, pero con muchas suposiciones en la cabeza.
De salida, Damián volteó una vez más molesto hacia Gabriel y su amigo, quienes los seguían con la mirada y esa sonrisa cínica en el rostro, Gabriel le guiñó un ojo burlón.
Hasta en la noche se mantuvo muy asustado, esperando que de algún momento a otro Gabriel se apareciera por su casa o llamase por teléfono solo para molestarlo o decirle a sus padres o chantajearlo con eso. Pero había algo que le tranquilizaba y era algo que Seiya le había dicho (quien conocía su secreto)
-No sabemos por qué, pero ellos no tuvieron por qué quedarse callados y sin embargo lo hicieron¿por qué ahora sería diferente.
Esas palabras tenían algo de sentido y la verdad, Damián no quería analizar mucho otras posibilidades sino creerse ese argumento y punto. Nada ganaba con mortificarse, si las cosas se iban a dar se daban con o sin preocupación, la diferencia la tenía él.
Mas sin embargo era difícil no pensar en el tema. ¿Por qué no habrían dicho nada.
¿Talvez porque sabían que habían violado su privacidad y por eso incluso hasta se puede demandar a alguien?... no, eso no sonaba convincente, talvez por no armar escándalo, pero tampoco ellos se la pasaban armándolos, talvez porque se dieron cuenta que lo que hacían estaba mal pero... ¡ese tenía menos sentido que los demás!. Talvez, les daba pena decir esas cosas con otras personas en frente pero... ¿entonces por qué no lo agarraron en un momento en que no estuviese Seiya?... Nada parecía tenerle sentido pero Damián se obligó a tratar de olvidar eso...
Sonó la PC con el sonido típico de un nuevo mensaje en el messenger.
-Mister-K dice¿Te pasa algo bebé?, estás muy calladito.
Era verdad, Damián sacudió la cabeza procurando olvidar todo y hablar rápido, mejor sería que se acostase a dormir.
-Damián (próximamente romeo) dice: No... es solo lo del problema que te conté en la universidad. Me tiene algo nervioso, pero creo ya me estoy calmando.
-Mister-K dice: de verdad no hallo como personas de 26 años andan haciendo semejantes inmadureces... porque... ¿ellos tienen tu edad verdad.
Damián suspiró, al leer en el monitor su propia mentira devuelta en palabras de aquel hombre especial. Pero seguramente si le hubiese dicho su verdadera edad no estarían hablando ahora, no le querría tanto, no serían novios y se sentiría muy solo en ese momento.
-Damián (próximamente romeo) dice: Si así es... 26 igual que yo. Oye amor, te tengo que dejar, quiero irme a acostar.
-Mister-K dice: Bueno precioso, sabes que siempre cuentas conmigo y discúlpame de verdad por mandar ese otro mensaje de haber sabido no hubiese respondido. Que descanses.
-Damián (próximamente romeo) dice: Te quiero mucho.
-Mister-K dice: yo también te quiero.
Sin más que decir Damián apagó la computadora y se acostó en su cama suspirando, ojalá su madre cumpliese su palabra y no le estuviese contando nada a su papá. A ella no se lo había podido ocultar, ni por el moretón que le había salido en la cara ni por el estado de ánimo con el que le llegó. Simplemente ella le cacharía si le mentía, como siempre lo hacía. Se limitó a respirar hondo y cerrar los ojos, aunque no sería sino después de pasado un largo rato, que lograse dormirse...
Para su fortuna, los chicos no dijeron nada. Talvez se hubiesen conscientizado de lo grande que era el asunto, del problema que podía significar o de lo metiches que estaban siendo. Damián seguía sin saber el por qué, pero daba gracias a Dios porque fuese así.
-No dormiste casi ¿verdad? – le preguntó Seiya algo preocupado mientras Damián retiraba sus cuadernos de un estante de la universidad.
-No... como dormir estando tan intranquilo. Pero espero poder hacerlo hoy, ya han pasado dos días y ellos no han dicho, supongo no debería de preocuparme.
-Así es... – comentó Seiya por lo bajo para luego quedar en silencio. Observando como Damián sacaba sus cuadernos del estante, con algo de obstinación, o talvez impaciencia.
Impaciencia por... verse con él... por... estar con su novio.
Eso le dolía.
-Pero quiero que sepas, que pasase lo que pasase puedes contar conmigo. – dijo Seiya muy lentamente interrumpiéndose sus propios pensamientos, limitándoselos. Damián volteó hacia el chico de cabellos castaños analizando sus palabras, cerró el estante y le dedicó una sonrisa.
-Muchas gracias... –
No era algo que no supiese, Seiya se encargaba de recordárselo constantemente. Por eso Damián lo apreciaba, por estar en todo momento bueno o malo, porque a veces podía casi palpar el cariño que Seiya le transmitía, su compresión en todos los sentidos, su apoyo e incluso su protección.
...Pero no se daba cuenta de cómo era observado. Del pronóstico que todos esos síntomas podían indicarle. Pero claro, Damián ni consideraba porque el estaba convencido de que a Seiya solo le gustaban las chicas. E incluso el mismo Seiya pensaba así.
Hasta que lo conoció a él.
A veces una sola cosa le da un giro de 180ª grados a nuestra vida. Y sin querer Seiya anhelaba que un día Damián le viese de la forma que él le estaba viendo y que reconociese que esos ojos deseaban algo mucho mas profundo que la amistad.
