Los personajes no son míos son de la maravillosa S.M esta historia es una adp
-Advertencias:Hay escenas explicitas y lenguaje muy fuerte, creo que a muchas nos gusta, pero en avisar no hay engaño.
.
.
.
El gastado cuero de la silla de montar rechinó y gimió.
—¡Más rápido, nena, más rápido! —La voz baja masculina retumbó en los oídos de Isabella Swan. Ella sonrió ante la ráfaga de aire caliente que cosquilleó su cuello.
Una vez más, su culo desnudo cayó de golpe contra el duro cuero, empujando la polla más profundamente en su coño mientras el asiento se mecía adelante y atrás ante el movimiento del galope.
—¡Sí! ¡Sí! —Se estaba acercando al clímax, su líquida excitación lubricaba.
—Eso es, nena, estás a punto de llegar —murmuró él—. Monta a este pequeño becerro en el fango.
El asiento se sacudió bruscamente, casi descabalgándola. Se estiró en busca de la perilla de la silla y se sujetó con firmeza.
—Hazlo duro, ¿quieres, Tom? —pidió, encantada con el cambio en el programa.
—Córrete para mí, nena —susurró él.
—Casi. —El asiento gimió otra vez y la polla se partió soltándose de la silla—. Ahhhííííí… —El aparato de montar se estremeció al detenerse.
—¡No! —gimió, quitándose el casco de realidad virtual de la cabeza y lanzándolo al suelo. Se levantó cautelosamente de su asiento y extrajo el vibrador apagado de entre sus piernas—. ¡Breeeee!
—¿Sí, jefa? —La voz de su asistente personal incorpórea hizo eco contra las paredes del dormitorio de Bella—. ¡Oooh! ¿Algo funciona mal?
—Creía que esta cosa tenía una garantía de 10.000 horas —se quejó Bella con su coño todavía zumbando. Caminó pisando fuerte hasta la sala de estar y se tumbó en el sofá—. ¡No puedo creerlo! El trabajo ha sido un infierno esta semana. Lo único que quería era un pequeño alivio de la tensión y la maldita silla va y se rompe.
—Jefa, ¿crees que esto puede ser una señal? —La voz de Bree sonó desde los altavoces del techo—. Tu vida gira en torno al trabajo. En cualquier caso ¿Qué estás intentando demostrar? Tus padres no están por aquí para ver lo que has conseguido.
—No estoy intentando demostrar nada. Además, ellos tienen cosas más importantes que hacer, como lo es negociar acuerdos comerciales. —Bella odió la nota amarga de su voz. Estaba muy orgullosa de su trabajo. Hacía mucho tiempo que había dejado de sentir como si les hubiera defraudado.
—Quizás necesites el real.
—¿Quieres decir un hombre? —bufó Bella—. ¿Por qué querría eso? Los hombres son descuidados y exigentes. Eructan y se rascan, y el último quería mudarse conmigo sin un acuerdo de pre convivencia. —Bella se hundió más en su sofá y deslizó los dedos entre sus labios vaginales, frotando su carne para mantener su excitación—. Paso. No tengo tiempo para fantasear con otro amante. Además, mi cuenta corriente no podría hacerse cargo de otra separación.
—¿Por qué no me dejas planear unas pequeñas vacaciones para nosotras? ¿Nunca has considerado que tus opciones aquí sean demasiado limitadas? Me refiero a Forks. Donde hay 3.120 habitantes. A duras penas es el lugar para encontrar un hombre de verdad.
—Bree tú estás personalmente programada para mí, ¿verdad? ¿O es que te cambiaron en la incubadora?
—Soy exactamente lo que necesitas. Lo último en tecnología celular. Y te anuncio que he ejecutado tu perfil, y no vas a encontrar al Señor Don Perfecto aquí en Forks.
—¿Ves? Esta es una discusión sin sentido. El Señor Don Perfecto no existe. ¿Por qué no eres una buena ayudante personal y subes el catálogo de Playtings para Compañeros de Juegos? Necesito pedir un nuevo sustituto, y esta vez, ¡nada de vaqueros!
—¿Qué te satisfaría, señorita Swan? Tienes un armario entero lleno de juguetes.
—No seas descarada conmigo, o te desconectaré de la red eléctrica.
—No pasaría ni una hora antes de que me cargaras la copia de seguridad —contestó Bree.
—Quizás tenga que formatearte y borrón y disco duro nuevo —refunfuñó bella—. Si empiezo de cero, puede ser que consiga, de hecho, un ayudante que haga lo que le digo.
—Amiga, estarías comatosa. Ningún hombre para volverte loca y ninguna Bree gruñéndote.
—En cualquier caso, ¿quién está al mando aquí? —Bella rechinó los dientes—. Sencillamente sube el catálogo.
—¡Sí, señora!.
—Ya he marcado las páginas que querrás revisar.
—Eso está mejor.
La puerta principal del catálogo se abrió y el dependiente le indicó con la mano a Bella el interior del vestíbulo de la tienda.
—¡Buenos días señorita Isabella! —dijo Diego sonriendo apreciativamente—. Veo que ha perdido peso. ¿La equitación ayudó con sus «alforjas»?
Isabella miró con ferocidad al dependiente, recordándose que sólo era virtual, y por lo tanto, el enfadarse con él no respondía a un propósito real.
—Encantado de verla de nuevo —continuó el dependiente, colocándose un mechón de pelo platino detrás de las orejas. Se inclinó hacia delante llenando la pantalla con su hermosa cara, sus ojos más azules que los de verdad brillaban con astuta diversión—. ¿En qué puedo ayudarla hoy, amor?
Nada peor que un vendedor pagado de sí mismo, pensó Bella, a menos que fuera un vendedor pagado de sí mismo, virtual.
—¿Está buscando un reemplazo para el Tornado de Forks Debido a su asidua afición como jinete, podemos ofrecerle una ganga sobre un modelo mejorado.
—Diego, sobre esa silla de montar. La maldita cosa se rompió. ¿Es que no estaba en garantía?
—Sobrepasó las 10.000 horas hace tres meses, cariño. —Diego le guiñó el ojo—. Por supuesto, podemos restaurar ese modelo, pero yo creo que querrá comprobar primero nuestras más recientes innovaciones. De hecho, Bree acaba de enviarme un perfil actualizado. —Él miró hacia su derecha—. Bonita elección de fuente, querida. —Volviendo de nuevo a Bella, dijo—: ¡Ella es rápida! Y muyyy buena. Es afortunada de tenerla.
Bella puso los ojos en blanco.
—¿Ella te ha hecho decir eso? El amenazarla con desenchufarla de la red eléctrica debe haberla puesto realmente nerviosa.
—En verdad que es gruñona, Diego —dijo Bree—. ¿Mencionó que fue ella la que rompió la silla de montar?
—¡Ah! —Con una sonrisa de superioridad pegada en sus labios, él levantó ambas cejas—. Entonces señorita Swan, ¿qué tal si lo dejamos ahí, y le doy un recorrido?
Bella suspiró. Las máquinas sabían lo que ella necesitaba, así que ¿por qué no?
—Te aviso que ahora espero quedar encandilada —dijo ella, anticipando un chasco. ¿Cómo podría empaquetar la satisfacción? ¿O el amor?
Diego se dirigió por un largo pasillo blanco iluminado a contraluz con luces fijas rosadas. Se detuvo y ondeó la mano sobre un botón púrpura que rezaba como «MOD», el disco de almacenaje. Un estante largo de juguetes relució en la presentación visual a lo largo de la pared. Él seleccionó uno y acarició el largo aplicador vaginal de color lavanda.
—Por supuesto, tenemos lo último en Vibradores Manuales, silenciosos, auto lubricantes…
—Ella tiene docenas —interrumpió Bree.
—Por supuesto que los tiene. —Chascó los dedos y devolvió el vibrador a su balda—. Sabe —dijo con voz ronroneante—, tenemos algo especial. Acaba de llegar de Pinnacle Productions. Totalmente exclusivo. Tenemos sólo unos cuantos modelos por el momento, pero no están disponibles para el público en general. En vista de que usted es una clienta tan fiel, podría ofrecerle uno en alquiler.
—Ella no está interesada en un alquiler, Diego —contestó Bree antes de que Bella pudiera abrir su boca.
—¡Yuu-huu! —dijo Bella, haciendo gestos con las manos hacia la pantalla—. ¿Qué hay de lo que yo quiero? ¿Por qué no me preguntas a mí?
—Ella no tiene tiempo para devolver ninguna cosa a la tienda —dijo Bree, sin hacer caso de la interrupción de su jefa.
—Oh, por supuesto la entrega y el reenvío están incluidos, Bree, amor.
Isabella suspiró con frustración, pero tenía que admitir que el gran final de rollo de vendedor de Diego había atrapado su interés.
—De acuerdo, enséñamelo.
—No puedo —respondió, con otra mirada engreída.
Bella estaba segura de que sus dientes acabarían reducidos a polvo para cuando terminara la conversación.
—Mire, la forma de cada modelo está regenerada de acuerdo a las necesidades de cada cliente de manera individual.
—¿Es un juguete de lo que estamos hablando?
—No exactamente. —Los labios bien modulados de Diego, se distendieron en una sonrisa felina—. Es un robot completamente funcional, de tamaño natural.
—No quiero un muñeco al que llevar a cuestas. Necesito acción…
—Sí. Penetración, movimiento de deslizamiento, estimulación del clítoris. Lo sé. Bree mencionó eso, pero esto no es sólo otro muñeco, amor. Es piel y tendones sintéticos estirados sobre un armazón de acero. Totalmente fiel a la realidad. Incluso se corre y se vuelve flácido después.
—Ya tengo modelos que se corren y se quedan flácidos. —Hizo un ademán con mano—. Lo sé, lo sé. Son lo que toda mujer quiere.
—¿Pero éstos tienen dedos y lenguas húmedas? ¿Pollas grandes, duras como una roca y flexibles y bocas succionadoras? —Dio un paso acercándose de modo que su cara llenó la pantalla—. ¿Y tienen inteligencia artificial que les permita aprender sus deseos y actuar independientemente basándose en ellos? ¿Hmmm?
—No. —Bella se inclinó hacia adelante y deseó poder controlar el rubor que delató su interés—. ¿Vuestro robot hace todo eso?
—Este modelo lo hace.
—¿Por qué no puedo ver una muestra del producto? ¿No tienes un prototipo?
Diego enarcó una ceja.
—Dígame, amor, que usted es vendedora de oficio. Si le muestro un producto que no está destinado para su consumo, ¿aún tendría alguna expectativa sobre su aspecto o funcionamiento? —Ante el ceño fruncido de Bella, agregó—: Nosotros preferimos sorprender a nuestros clientes. Trazaremos un plano de sus preferencias, recabadas del minucioso perfil que Bree nos ha proporcionado, para construirle el perfecto compañero sexual.
Bella lo observó con suspicacia.
—Suena caro.
Él le dirigió una mirada reprobadora.
—Bree me aseguró que puede permitírselo, así que deje de quejarse.
—Ella ha sido una chica muy ocupada —masculló Bella.
—Tengo que mantenerme un paso por delante del viejo botón del formateo —murmuró Bree.
—Ella le promete que no quedará decepcionada —dijo Diego—, y yo lo garantizaré personalmente.
—Si este juguete es tan especial, ¿por qué no puedo comprarlo?
—Es sólo un ensayo de mercado. Pinnacle quiere ver si existe demanda en el mercado antes de que acondicionen una planta para la producción en masa.
—No sé. Un robot sexual parece un poco… decadente. —Sus dedos se arrastraron de vuelta entre sus piernas.
—Incluiremos un reajuste de su Montura Golfa —dijo él en tono zalamero.
—¿Diego, me puedes enviar el robot ahora? Por favor, por favor. —Hizo pucheros con sus labios.
—Lo siento, querida. Están todos ocupados por el momento. Uno quedará libre en dos días, justo a tiempo para el fin de semana. ¿Lo reservo del viernes al domingo?
—¿Cómo unas mini vacaciones? —contestó Bree, con entusiasmo en la voz.
¡Qué original concepto! Bella se recostó contra el respaldo. Mantendría su conexión al trabajo desconectada todo el fin de semana. Tres días completos de hedonismo sensual…
—¿Querrás llevarlo a algún lugar en especial? —preguntó Bree.
—¿En público? No creo.
—Oh, pero la verdadera naturaleza de su robot no se distinguiría de cualquier otro hombre —dijo Diego—. Se lo prometo, es absolutamente realista e inteligente.
—De acuerdo, así que tiene modales en la mesa y puede reírse ante mis penosos remates de chiste. A pesar de eso, me gustaría conseguir el mayor disfrute por mi dinero, nos quedaremos aquí.
—Bien. Entonces lo embalaran encendido.
—¿Lo programarán con mis… especificaciones?
Diego meneó sus cejas perfectamente simétricas.
—Cariño, le colgará como a un caballo.
Bella sonrió abiertamente y deslizó los dedos dentro de su coño empapado.
—Mmmm. ¿Cómo dijiste que se llama este juguete?
—No lo dije. Se llama El Robot del Placer…
.
.
.
.
¿Que les pareció?
bueno desde ya les digo que esta historia es de alto contenido sexual... no apto para cardíacos y menores xd
actualizare a mas tardar el jueves a si que prepárense por que el sig. cap se viene... MUY interesante ajajja
