Celos

Por Dawn

Hierro al rojo vivo atravesando sus entrañas.

Un sabor amargo en la boca que le deja un regusto a hiel.

Su mente está embotada, como en una niebla espesa que le impide ver más allá.

Celos.

Celos vulgares y corrientes, de los que todo el mundo siente alguna vez en la vida.

Todos.

Todos menos él.

Hasta ahora.

Hasta ella.

Ahora son el producto de haber visto rozar su frente con el más casto de los besos pero mucho más íntimo de lo que él ha compartido hasta ahora.

Nunca pensó que sería así.

Celos del aire que respira.

Celos de la ropa que acaricia su piel.

Celos de los amigos que conocen sus secretos y reciben sus sonrisas.

Celos de aquellos que reciben más que él.

Y ahora celos de un magneto de pacotilla desmemorizado que ha conseguido posar sus labios en su frente.

Celos que le carcomen cada noche en la soledad de su habitación cuando por instinto su mano busca bajo los pantalones un alivio inmediato sintiéndose culpable al saberse amado por ella.

Y aún así siente celos.

Y aún así sabe que sin motivos.

Pero hoy alguien la ha rozado. Alguien sabe lo tersa que es su piel, conoce su sabor.

Y es algo más que celos.

Hoy ha saboreado el miedo.

Y el miedo es peor que los celos.

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