Muchas gracias por la acogida a este fanfic, estoy feliz de que les haya gustado, prometo que les encantará! ahora empezamos con la historia de amor de las Faberry. Este capítulo está relatado por Quinn, porque esta es una introducción a su vida. Si bien hay un acercamiento en este capítulo, la amistad Faberry se dará mucho más adelante.
Mi twitter: iheartrivergron
Año: 2011
Quinn
Estaba sentada mirando el entrenamiento de las Cheerios y no pude evitar que algunas lágrimas recorrieran mi rostro. Tomé el gancho en forma de mariposa rosa que había encontrado entre mis cosas esa mañana y me traté de acomodar el corto cabello. Limpié mis lágrimas y saqué la cajetilla de cigarros que llevaba en el bolso. Tomé uno, lo encendí y me lo llevé a los labios.
Miré a Santana hacer las coreografías tan bien que me sorprendí. Santana era buena, jamás lo había dudado; era diferente que yo dijera que no era buena, en realidad tenía miedo que ella me quitara mi puesto de capitana. Vaya ironía, yo misma me quité ese puesto. Santana se movía como una pluma, ella era bastante delgada y muy dinámica. Estaba Britt, tan adorable como siempre, su inocencia me asombraba y a veces, siendo sincera, quería tener esa inocencia. Yo crecí muy rápido.
Faltaban tres días para el inicio de clases, para el inicio de nuestro último año. Las Cheerios tenían una presentación el primer día, es por eso que venían practicando una semana y por eso Santana me pidió que la acompañara. Cuando recogimos a Brittany, ambas me trataron de convencer de que vuelva a las Cheerios. Brittany puso su carita de cachorrito y Santana me amenazó, pero yo no cedí. Las Cheerios no eran para mí, ¿Cómo es qué no me di cuenta antes? La imagen de niña buena, esa no era yo.
Empecé a salir con Nick. Lo conocí en una tocada de música de los 80 a la cual mi prima me había prácticamente arrastrado porque estaba pasando por una fuerte depresión. Ahí lo conocí, no sé cómo terminé saliendo con un hombre de treinta cinco años. No me lo pregunten, que no tengo respuesta. Pero en nuestra corta semana de "enamorados" o lo que fuere, me descubrí. Me teñí el cabello rosa dejando algunos mechones rubios. Me hice un tatuaje en la parte baja de la espalda y un piercing en la nariz. Mi ropa era negra. Faldas largas negras, botines con púas, etc. Un cambio tremendo, pero era yo y no volvería a cambiar.
¿Qué quedaba de la Quinn destrozada? ¡Nada! Exacto, quedaba nada. Ya no era una nena llorona que se quejaba de su vida amorosa, era yo, esta nueva Quinn sin sentimientos y sin miedo a absolutamente a nada. Tampoco iba a volver a Glee, aunque eso Santana no lo sabía.
Comencé a toser porque me atoré con el humo del cigarro. No era una experta en eso. Jamás en mi vida había llevado uno de esos a mis labios, sino hasta hace un mes. Pero, me relajaba y cada día me volvía mucho mejor. Vi como Santana y Brittany se abrazaban y con las manos entrelazadas se acercaban a mí. ¿Qué pasa con Santana y Brittany? Yo no lo sé, pero creo que es bastante obvio.
-¡Quinnie! – me saludó Brittany muy alegre y sonriente.
-Britt.- murmuré.
- Apaga esa cosa Quinn, nos vas a matar.- se quejó Santana frunciendo el ceño. Yo la miré molesta. Ella también lo hacía, es más fumaba tres cajetillas en un solo día. Miré el gesto que me hizo señalando a Brittany.
-Eso te mata, Quinnie.- murmuró la rubia de los ojos azules.- Le he dicho a Santana que deje de hacerlo.-
-No… no te preocupes por mí Britt, es una vieja costumbre.- me encogí de hombros y apagué el cigarrillo en el piso con mi zapato. Me acomodé mi casaca y vi como dos pares de ojos me estaba mirando.- ¿Qué? – pregunté.
-Te ves tan rara así.- murmuró Santana.
-Esta soy yo Santana, anda acostumbrándote que no voy a cambiar.-
-Me gustabas más cuando eras rubia como yo. Parecíamos gemelas.- dijo Brittany sonriente. Recibí una mirada de 'más-te-vale-que-le-respondas-bien' de Santana. Yo sonreí.
-Es que el rosa me gusta más Britt, quizá podamos cambiar el color de tu cabello también.- a Brittany se le iluminaron los ojos. Santana negó varias veces.
-¡De ninguna manera! – Exclamó, causando que Brittany la mirara con un puchero.- Britt, el rubio es tu color y me gustan las rubias.- dijo Santana.
Hubo un silencio incómodo. Yo no tenía idea qué decir. ¿Santana acaba de admitir que le gustaba Brittany? O… ¿Qué le gustaban las rubias, en general… es decir, le gustaban las chicas? Santana se puso roja como tomate y Brittany le dio un beso en la mejilla. Yo tenía mis sospechas respecto a esas dos. Decidí romper el silencio.
-Chicas, ¿vamos por un helado? –
El camino al centro comercial fue algo divertido. Como en los viejos tiempos, puse un disco cualquiera y las tres cantamos todas las canciones que nos sabíamos de memoria. Yo iba manejando y Santana y Britt iban en la parte trasera. Las miré con una sonrisa sincera por el espejo y ellas me la devolvieron. Parecían los viejos días de la Unholy Trinity.
-¿Qué desean, chicas? – pregunté amablemente, sacando mi billetera.
-¿Piensas pagar Quinn? – preguntó en tono molesto Santana.
-Yo las invité, es correcto que yo pague.- dije encogiéndome de hombros.
-De ninguna manera Quinn.- elevó un poco la voz Santana.
-No hagas un escándalo.- le advertí.- Mira, yo pago hoy y otro día lo haces tú.- luego vi a Brittany que nos miraba a ambas confundida.- Y otro día paga Brittany.-
- ok.- murmuró molesta.
-¿Qué sabores desean?
-Yo quiero de chocolate y menta.- gritó Brittany, yo le sonreí.
-Pues yo… lo mismo que Brittany.- dijo Santana. Yo asentí y fui a pedir las órdenes.
Estaba parada mirando la vitrina con todos los sabores de helado, no tenía idea de que tomar. Estaba el de mora, era delicioso. Sí, ese sería mi sabor. Me acerqué a la fila para pagar, luego todo pasó muy rápido.
Sentí algo helado en mi rostro y luego pequeñas gotas cayendo en mi camiseta de los Beatles, blanca, mi favorita. Pasé mis manos por mi rostro y pude sentir el helado en este, vi con horror mi camiseta y vi las manchas naranjas en esta. La gente se estaba riendo.
-¡Oh Dios mío! ¡Dios! ¡Lo siento, tanto! – decía la persona responsable de todo eso.- Yo… hablaba por teléfono y…-
-Por supuesto, no me viste.- grité y la miré a los ojos. Oh no, ¿Por qué ella? - ¡Tenías que ser tú! –
-Perdona, ¿me conoces? – preguntó ella.
-Rachel, ¡claro que te conozco! – exclamé tratando de quitar el dulce de mi camiseta.
-Oh mi dios.- se llevó ambas manos a su boca.- ¿Quinn? – yo asentí.- ¡Estás tan cambiada! Ni en mil años hubiera podido creer que eras tú.-
-A mí también me encantaría tener una adorable charla, Rachel, pero si no ves estoy cubierta con helado.- grité.
-Hobbit, ¿Por qué tienes que arruinar una perfecta salida de amigas? – Santana me limpió con una de las servilletas que encontró. – Vamos Quinn, tienes que cambiarte eso.- señaló mi sucia camiseta.-
-Hola Rach.- saludó Brittany.
-Hola.- respondió Rachel rápidamente y luego volvió su atención a mí.- Quinn, espera…
-Déjalo, no te puedo detestar más de lo que ya lo hago.-
-¡No puedo creerlo! – grité ni bien puse los pies dentro de mi casa.
Mi mamá salió con un delantal puesto y con el ceño fruncido al escuchar mi grito. Santana y Brittany ya no estaban conmigo. Brittany trató de calmar mi enojo todo el camino pero no lo logró; Santana me pidió que las dejara en casa de Britt y así lo hice. En realidad quería estar sola y Santana lo logró entender, de todas maneras ella y yo éramos mejores amigas, me entendía perfectamente.
-¿Quinn? –
-Hola, buen día.- dije en un susurro y seguí mi camino.
-¿Qué pasó, Quinn? – escuché decir a mi mamá cuando yo ya estaba en el segundo piso. Tomé una bocanada de aire y volteé a mirarla. Me molestaba su actitud, realmente lo hacía. Actuaba como si yo de verdad le importara.
-¿Es de tu incumbencia? – pregunté molesta.
-Eres mi hija, claro que es de mi incumbencia.-
-Judy.- murmuré, hace mucho tiempo había perdido el respeto por ella por eso sentía que llamarla 'mamá' era tonto.- Me topé con una chica del colegio y me echó helado encima.- la miré una vez más y me fui.
Cuando entré en mi cuarto me quité la ropa que llevaba puesta rápidamente y fui a mi baño. Me miré en el espejo de cuerpo entero con detenimiento, mi cuerpo estaba en forma pero ya no veía a la misma Quinn de antes. Fruncí el ceño y saqué mi bata y me metí a la ducha para quitarme todo el dulce que tenía en el cuerpo. 'estúpida Rachel' volví a pensar.
Salí de la ducha y mi cabello mojado goteó agua por todo el piso del baño, lo cual simplemente me puso de mal humor. Me quité la toalla y me puse unos pantalones de chándal y una camiseta blanca, dejé que mi cabello siga húmedo.
Escuché la melodía de "sweet child of mine" en mi habitación. Busqué en mi casaca y saqué el celular del bolsillo, la llamada era de un desconocido.
-¿Hola? – dije mientras ordenaba mi ropa y prendía mi computadora.
-Quinn, Hola ¿Quinn? –
-Oh no.- murmuré
-No cuelgues por favor.-
-No tengo humor.-
-Por favor, escúchame.-
-¿Cómo es que tienes el número de mi celular? – murmuré frustrada.- Esto no lo tolero Rachel, chau.- y colgué con furia.
Tiré mi celular con furia al piso y al momento que lo vi caer con una fuerza impresionante al piso, me arrepentí. Cuando chocó con el piso, el celular literalmente se hizo trizas. Era uno de los más modernos, esos que los que son táctiles. Demonios, pero lo bueno era que Rachel ya no podría llamarme. ¿Qué clase de psicópata era esa chica? Creo que porque no la entendía era por lo mismo que no la podía soportar. Además, ella me quitó a Finn.
Recogí el destrozado celular del piso y lo guardé en el cajón de la mesa de noche. Me senté en mi cama y saqué el cigarro que me quedaba en el bolsillo y lo prendí; sabía que mi mamá detestaba que el cuarto oliera a cigarro y por eso precisamente lo hacía. Santana me había dicho que todo lo que estaba haciendo era para llamar la atención, pero no lo era. Había llegado a parecerme estúpida la Quinn de antes, es por eso que había cambiado tanto. Además me gustaba molestar a mi mamá porque ella no me apoyó cuando estuve embarazada.
-Quinn cof cof.- mi madre entró con una cesta rosada llena de ropa limpia y al instante de poner un pie en mi habitación, comenzó a toser exageradamente. Al principio de verdad había pensado que el humo le hacía mal, pero luego llegué a la conclusión de que le gustaba exagerar. Me miró con rabia mientras movía sus manos para "apartar" el humo de su rostro.- ¿Qué te he dicho de fumar en el cuarto? – dijo entre dientes.
-Es mi cuarto y yo hago en el lo que quiera.- me encogí de hombros y le di otra calada al cigarro y boté el humo en dirección a su rostro. Bingo, la había hecho molestar a más no poder, lo veía en sus ojos.
-No me hables así Quinn.- no gritaba pero la furia se sentía en cada una de sus palabras.
-¿Qué esperas de mí? – dije levantándome de la cama y poniéndome en frente de ella, el cigarro se había acabado y ante su atenta mirada de horror lo puse en el piso de mármol y lo aplasté. - ¿Qué puedes esperar de alguien que quedó marcada de por vida? – grité más fuerte y sentí como tomaba mi brazo y lo apretaba fuertemente.- ¡Déjame! – me solté de su agarre y fui hasta mi clóset por una casaca, cuando la saqué tomé mis llaves, un viejo celular y dinero.
-¿A dónde vas? – gritó ella, cuando yo estaba ya mitad del pasillo. - ¡Soy tu madre! ¡Tienes que respetarme!-
-Hace mucho perdí el respeto por ti.- respondí y me fui.
Santana abre la puerta, necesito un lugar donde dormir – Q
¿Q? ¿No tienes una casa? - S
Larga historia, abre la puerta – Q
Ummh okay, noche de chicas con Britt. – S
¿Estás con Britt? – Q
Sí, se quedó a pasar la noche *wanky* - S
Pensándolo bien… necesito ver a una amiga, ella me puede dejar pasar la noche en su departamento, igual gracias – Q
Pero Q… - S
He dicho gracias – Q
Qué amargada, ok, bye – S
Guardé al viejo teléfono en mi casaca y volví a mi auto. Era un auto de segunda mano que había logrado comprar trabajando todo un verano entero, porque claro que mi papá no le daba la gana de comprarme uno… a su princesita. Aunque ya no era su princesita desde que 'abrí las piernas' a un perdedor.
Mi plan era quedarme con Santana y pasarla como en los viejos tiempos, viendo películas y conversando hasta altas horas de la noche; pero ella estaba con Brittany, en otros tiempos me hubiera quedado y las tres hubiéramos tenido nuestra noche de chicas, pero desde que cantaron 'Landslide' en el Club Glee algo me huele a que esas dos se quieren más que amigas. Mejor que pasen su noche solas, yo no quería estar de violinista.
Antes de arrancar el carro le marqué a Liz rápidamente. Sentí como tocaron con desesperación el vidrio de mi ventana y volteé con molestia a ver quién era. Hablando de él…
-¿Qué quieres? – grité. Él hizo un gesto con las manos para que le abriera una de las puertas, pero yo solo bajé el vidrio de la ventana. El viento chocó en mi rostro.- ¿Hola? –
-¿Eres tú? –
- No estoy para tus bromas.-
-Lo siento.- se disculpó y me miró intensamente.
-¿Qué haces por aquí de todas maneras? –
-Quería ver si Santana y Brittany querían un trío.- dijo guiñando uno de sus ojos. Yo puse cara de asco.
-Qué asco, Puck.-
- Ahora dime… ¿Cómo es que te convertiste en una mujer gótica? – me miró de arriba abajo y yo me sentí intimidada, él aún tenía es poder en mí.- Aunque muy sexy… deberías usar faldas más cortas.-
-Puckerman si no me dices lo que quieres voy a irme.- sentencié molesta.
-¿A dónde vas tan sola? – fruncí el ceño y rápidamente cerré la ventanilla y arranqué el carro tan rápido como pude. Pude mirar a Puck mirándome confundido y molesto, bueno, él se lo había buscado.
A veces mirar a Puck causaba algo extraño en mí, yo lo atribuía a que él había sido el primero y era el padre de mi hija. Después de las nacionales me dediqué a espiar a Puck, cuando lo vi con una niña me pareció realmente adorable y fue cuando me di cuenta que no podría haber mejor padre que Noah Puckerman.
Cuando paré porque el semáforo estaba en rojo, la melodía de "Creep" comenzó a inundar todo el carro. Busqué mi celular entre mi casaca y respondí.
-¿Quinn? –
-¿Liz? –
-Te he extrañado tanto, ¿Dónde te has metido? –
-Creo que tengo poderes telepáticos…
-¿Ah?
-Estaba por llamarte.- cuando iba a continuar con la conversación el semáforo cambió a verde y algunos autos comenzaron a hacer sonar sus bocinas en protestas. – Te vuelvo a llamar.-
- ¿No te parece el cielo increíble? –
-¿Por qué?-
-No lo sé, es tan inmenso.-
-Pero todo tiene un final.-
-No, el universo no tiene fin, por eso me encanta.-
Liz me paso el cigarro y yo le di una larga calada, me relajó. Sí, Santana podía decir que me estaba matando pero fumar me quitaba todo el stress que llevaba encima. Seguí mirando al cielo tratando de encontrarle algún sentido de lo que había dicho Liz. Ella era tan… rara, la antigua Quinn no se hubiera hecho amiga de ella. Pero esta era la nueva y mejorada Quinn Fabray.
Conocí a Liz en una de las tocadas a la que iba con mi prima. Era una chica alta, pálida como la nieve, labios rojos y cabello largo y negro. Tenía diecinueve años y era una mezcla entre una chica gótica y una hippie. Vivía en San Francisco pero estaba en Lima porque su madre había entrado en una depresión y se tenía que hacer cargo. Había dejado la universidad porque no era para ella, quería estudiar arte pero estaba esperando aún. Había estado con hombres mucho mayores que ella y hasta había tenido aventuras con muchas mujeres. Liz tenía algo que me gustaba pero no sabía el qué.
-¿Por qué no estás en tu casa? – preguntó volteando a mirarme. Yo le di una última calada al cigarro y se lo pasé, me quedé callada.- Es una noche bastante fría para ser verano.- me gustaba eso. Me gustaba que cambiara de tema cada que yo no me sentía cómoda como para responder.
-Este verano ha sido muy extraño.-
-Sí, nunca pensé en tener una amistad con Quinn Fabray.- yo rodé los ojos y me recosté de panza, cerré los ojos y traté de escuchar el silencio de la noche.
-Deja eso Liz, sabes que eres mi amiga.- la sentí suspirar y segundos más tarde sentí sus manos en mis hombros, me estaba abrazando- ¿Sabes? Hoy fue un buen día hasta que Rachel Berry apareció para arruinarlo.-
-¿Qué hizo ahora? –
-Me dio un baño de helado, literalmente.- me acomodé porque sentía como el pasto me hacía cosquillas en el estómago. Liz y yo estábamos en uno de los bosques de Lima, echadas sobre una frazada mirando las estrellas. Puse mi cabeza en los pechos de Liz y ella me abrazó.
-¿Me quieres decir, porqué hablas tanto de ella? – me llamó la atención lo que Liz dijo y levanté mi cabeza quedando solo a centímetros de su rostro.- Hablas mucho de Rachel, y ni siquiera te das cuenta- no sé porque pero yo me acerqué más a su rostro y estuve a punto de besarla pero ella se alejó.- ¿Quinn qué haces? –
-Lo siento.- no sabía qué demonios pasó por mi cabeza
-Quinn, eres mi mejor amiga.-
-Liz, ¿de verdad hablo mucho de Rachel? – pregunté confundida.
-Sí, te has pasado el verano entero quejándote de ella… le tomas mucha importancia. Rachel te importa mucho.- yo mordí mi labio inferior.
