DISCLAIMER: El software Vocaloid, la novela escrita por Akuno-P y las canciones a las que se hace mención no son de mi autoría y no me pertenecen, lo único que es mío es la trama y los personajes secundarios.
ACTO II.- EL ORIGEN.
Vanika Lucifen D'Autriche era su nombre, una joven de veintiún años de edad con el noble título de princesa, hija del príncipe Dustin Lucifen y la duquesa Dagna Behemoth, desde pequeña fue educada para algún día gobernar Lucifenia, el país donde vivían y gobernaba su tío el rey Alexander Lucifen, se le dijo que ella gobernaría en caso de que el rey Alexander no concibiera un heredero varón.
Ella quería ser la reina, lo deseaba más que otra cosa en el mundo, cuando la reina Bernadette, se embarazó, Vanika en ese entonces de solamente seis años de edad, deseaba que el bebé fuera una niña, para que ella pudiese quedarse con el trono de efecto la reina dio a luz a una niña a la que llamó Rilliane, pero también dio a luz a un niño, al que llamó Leonel, Lucifenia tenía un futuro rey.
Vanika se entristeció cuando vio a los bebés, ahora nunca sería reina, miró fijamente al pequeño Leonel, a pesar de ser el gemelo de la pequeña Rilliane no se parecían en nada, Leonel tenía el cabello de color chocolate y el de Rilliane era rubio, Rilliane tenía ojos verdes y los de Leonel eran azules, eso no tenía sentido. Pero le habían dicho que solía ocurrir muy raramente que hermanos gemelos no se parecían en pequeño Leonel nació enfermo, los doctores dijeron que no viviría mucho y que al parecer había nacido solo con un pulmón.
El príncipe Leonel falleció a los seis meses de edad, su cuerpo no soportó el vivir solamente con un pulmón. Vanika volvió a ser la heredera legítima al trono. Estudiaría todo lo posible y se convertiría en una gran reina.
Cuando la princesa Vanika tenía siete años, su madre murió en un terrible accidente, el caballo en el que paseaba se exaltó al ver una serpiente y arrojó a la duquesa por los aires, la cual al caer se hizo un grave daño en la cabeza el cual no tuvo remedio. Vanika había presenciado todo y la había impactado. Pasaron años hasta que perdiera el pánico que tenía a los caballos y se decidiera a aprender a cabalgar.
Con el paso del tiempo la pequeña princesa, desarrolló un extraño gusto por las especias y el hecho de asaltar la alacena del castillo en que vivía se le hizo un hábito. Le daba por comer cosas extrañas, a veces se llevaba a la boca el pimentero o la paprika, una vez estuvo a punto de ahogarse al meterse a la boca una cucharada de canela en polvo.
—Curiosidad infantil —dijo su padre al verla, al parecer eso justificaba su raro gusto en comida.
Dos años más tarde, el rey Alexander murió, dejando a la reina Bernadette en el poder, lo que ocasionó que Rilliane fuera dejada muchas veces bajo la vigilancia de Vanika. La princesa le tomó gran afecto a su prima, a la que de cariño le decía Rillianie o Annie, le gustaba cepillarle el cabello o ponerle vestidos hermosos, a veces sustraía de la alacena dulces o galletas que le daba a escondidas a la pequeña niña.
Los años pasaron y Vanika creció, a sus dieciséis años era una muchacha hermosa, su cabello largo de un color chocolate al igual que sus ojos eran bellos, su cuerpo estaba desarrollado un poco más de lo normal, su complexión era delgada y cuando decía algo lo hacía con un gran manejo de su lenguaje, era propia y hablaba educadamente, era toda una princesa, a diferencia de su prima Rilliane quien a sus diez años era una niña mal educada, hablaba casi a gritos, era caprichosa y hacía berrinches si no se le daba lo que quería, creía saberlo todo y ensuciaba fácilmente su ropa. Pese a que la quería mucho, Vanika pensaba que el comportamiento de Rilliane era una lástima considerando lo bonita que era, tenía los cabellos dorados y largos siempre recogidos con dos preciosas coletas, sus ojos eran como dos bellas esmeraldas y su complexión era delgada y delicada.
Al parecer la madre de Rilliane pensaba parecido, pues la envió a estudiar a otras tierras.
—Vanika, dile que tú puedes enseñarme a ser igual a tí —dijo Rilliane casi a gritos el día que se tuvo que marchar.
—Annie, yo no puedo enseñarte perdóname —dijo calmadamente a la niña.
—Vanika, eres mala y tú quieres que me vaya —dijo la niña gritando y a punto de hacer berrinche.
—Claro que no Annie, yo te quiero mucho, pero tu madre considera que es mejor que aprendas en otro lugar, tranquila yo te enviaré cartas y seguiremos siendo las mejores amigas te lo prometo. —dijo calmadamente a esa niña que tenía enfrente.
Rilliane se despidió dándole a Vanika un fuerte abrazo y la promesa de que volvería.
El padre de Vanika se dio la tarea de buscarle un esposo desde que cumplió los quince años, pensaba en un duque o un príncipe, consideraba probable una alianza con el reino Marlon, pues el príncipe de dicho reino, el joven Kyle, tenía la misma edad que su hija.
A la reina Bernadette le pareció una buena idea, si Vanika se casaba con el príncipe de Marlon, el reino de Lucifenia sería para Rilliane, luego de casi cinco años de comunicación mediante cartas con la reina Prim Marlon, llegaron a un acuerdo matrimonial, Vanika Lucifen D'Autriche la princesa de Lucifenia de veinte años de edad contraería nupcias con Kyle Marlon el príncipe del país Marlon de la misma edad, logrando así una alianza. La boda se llevaría a cabo en el país Marlon donde Vanika viviría con su futuro esposo, la reina Prim se hizo cargo de los preparativos, todo estaría listo para que al llegar la princesa a Marlon fuera directamente hacia el altar de la catedral de la capital del país.
El viaje a Marlon comenzó cinco días antes de la fecha de la boda, la caravana formada llevaba cuatro carruajes, en el que encabezaba irían la reina Bernadette y el Príncipe Dustin, en el segundo varios nobles y miembros de la corte, en el tercero irían algunos sacerdotes y el obispo y finalmente el carruaje de la futura esposa del príncipe de Marlon.
Pero algo salió mal, el carruaje que encabezaba la caravana se calló al pasar por un frágil puente cerca de los límites de Lucifenia provocando que todos los que ahí viajaban murieran.
Un poco después de los funerales, el ministro de la corte real, decidió nombrar al próximo soberano. Al parecer Vanika era la única que podía tomar el reino en esos momentos, pero no podía gobernar sola como reina, necesitaba un esposo, pues contaba ya con la mayoría de edad y pese a que estaba comprometida y su boda parecía haberse aplazado, si la nombraban como reina estando aún soltera se armaría un escándalo entre todos los nobles de la corte. Eso no podía ser.
Pensó en la otra heredera, Rilliane de tan solo catorce años de edad, era perfecta para tomar el trono, gobernaría como princesa debido a su edad y cuando cumpliera la mayoría de edad, seguramente estaría casada y no habría escándalo alguno, además de que no habría problema por la mayor de las princesas, pues como su boda estaba arreglada, ahora tendría otro reino que gobernar. El ministro mandó a traer a la pequeña princesa rubia al lugar donde la había mandado su madre, un pequeño pueblo cerca de la costa. Pronto Lucifenia tendría una nueva soberana. Cuando Rilliane fue nombrada como la joven princesa soberana, Vanika estalló de rabia, pues a siempre le dijeron que el trono le correspondía. Estaba muriendo de celos y de envidia.
Un mes más tarde, mediante una carta dirigida al padre de Vanika la reina Prim comunicó que el príncipe Kyle ya no contraería nupcias con ella, debido a la falta de interés del reino de Lucifenia, pues jamás se presentaron y el príncipe se había quedado solo frente a un altar, esperando a su prometida que jamás llegó.
Ahora Vanika Lucifen D'Autriche, no tenía ningún país que gobernar, era una princesa que jamás se convertiría en reina, solo tenía eso, un título de princesa que para ella no valía nada y pese a que era también duquesa de Beelzenia debido al título que le dejó su madre, aquel pueblo era demasiado pequeño y repleto de nobles y además nada se comparaba con ser una reina, una soberana.
Tuvo que resignarse a vivir junto a Rilliane, viendo como la caprichosa niña, no se interesaba en el pueblo y solo se concentraba en sus egoístas deseos. Se cansó de todo eso y a los dos meses se fue a vivir al castillo que su padre había construido cerca del bosque a las afueras de la ciudad, justo a los límites de Beelzenia. Un precioso castillo de piedra, que ahora era suyo. Visitaba a su prima cada semana, pues la invitaba al castillo real a tomar té y bocadillos, al parecer solo le habían enseñado a comer correctamente. No podía evitar, ese sentimiento de envidia cada vez que veía a su prima.
—Vanika, pide lo que quieras que Allen lo traerá —decía siempre que se reunían.
Ella siempre pedía pastel y un pimentero, le gustaba el sabor del pastel con un poco de pimienta encima. Allen, ponía exactamente la cantidad de pimienta que ella deseaba y no la cuestionaba, sí que era un buen sirviente.
"Lástima que trabaje para Rilliane, estaría mucho mejor en mi castillo de piedra".
Pero hubo algo que no pudo evitar notar, Allen, el sirviente de Rilliane, era demasiado parecido a ella, tenían el mismo color de cabello y además sus ojos eran idénticos, parecía como si fueran gemelos, pero era imposible Allen decía tener quince años y venir de una familia que vivía en uno de los barrios más pobres de Lucifenia. Sin embargo, pensar en Leonel y su nulo parecido con su hermana y en Allen y el gran parecido con Rilliane, la inquietaba un poco.
Uno de esos días en los que Vanika visitó a Rilliane, llegaron a ese lugar unos señores feudales. Ellos hablaron con la princesa de cómo el pueblo era azotado por el hambre, y se mostraban dispuestos a ayudar, para combatir ese problema. Vanika los apoyaba y quería que Rilliane los tomara en cuenta pero, de los labios de la princesa de Lucifenia solo salió:
—Si no tienen pan, mejor que coman pastel ¿O no Vanika?
Los señores feudales quedaron asombrados con la respuesta de la princesa y Vanika lo consideró un insulto. Ese fue el último día en que Vanika pisó el castillo real, salió avergonzada de tener por prima a una niña malcriada como Rilliane. Fue a su castillo de piedra y despidió a toda la servidumbre a gritos, todos sabían de su relación sanguínea con Rilliane y no quería estar cerca de las personas que sabían que esa tirana era su prima. Tomó todo objeto que tenía el escudo de su familia y lo dio a los señores feudales, para apoyarlos, ellos lo agradecieron y quisieron que el pueblo lo supiera, pero ella los detuvo y los hizo prometer que no dirían nada.
A partir de ese día, Vanika Lucifen D'Autriche, dejó de utilizar su escudo familiar y se despojó de su apellido y título de princesa, decidió crear una nueva identidad. Metió todos los cuadros donde aparecían sus padres, su prima, sus tíos y ella, en una habitación, la cual cerró con llave y se prometió no entrar nunca más. En cuanto a su aspecto físico, cortó su largo cabello que le llegaba a la cintura hasta arriba del cuello, se deshizo de todas las prendas amarillas que poseía, el color de Lucifenia era el amarillo, pues su bandera era totalmente de ese color con un par de estrellas negras. Todo fue sustituido por carmesí, el color favorito de Vanika. Adoptó el título y apellido que perteneció a su madre, modificó su nombre al que su bisabuela había llevado en vida, y se decidió a olvidar todo su pasado.
Ahora era alguien distinto, Vanika Lucifen D'Autriche ya no existía ahora sería conocida por todos con el nombre de Concepción Behemoth, la dama rica que vivía en un castillo de piedra y que además era duquesa del pueblo de Beelzenia.
