Los personajes de Twilight no son míos sino de Stephenie Meyer, yo solo me divierto un poco con ellos.


Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite fanfiction)


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Capítulo 2

Dos meses después y nada había cambiado.

La imagen de Alice circulaba por todos los periódicos, noticieros del país, incluso los aeropuertos estaban alertados, los departamentos de policías de todo el país estaban alerta para atrapar a Alice.

La clínica se enfrentó a una fuerte demanda por parte de los padres de Edward, Carlisle no descansaría hasta que pagaran por aceptar que una loca mujer llevara en su vientre a su amada nieta y no solo se trataba de su hijo y nuera, muchas personas iban a esos lugares con la confianza de que tendrían a su bebé. Esme con su personalidad tan amable y cálida, se había ganado el afecto de varias personas importantes que no dudaron en brindar su apoyo para cerrar la clínica, tal vez muchos perdieron el trabajo y a otros se les quitó su licencia y credibilidad, pero con la vida de un bebé y el amor de unos padres no se jugaba.

Durante la segunda semana encontraron en los registros de una aerolínea canadiense a una mujer de aproximadamente treinta años, con un embarazo bastante avanzado y con dos niñas, realmente creían que habían encontrado a Alice y recuperado a Mary Anne, pero solo se toparon con una mujer bastante enojada por hacerla perder su vuelo.

—¿Qué no se supone que los aeropuertos tienen un súper sistema de seguridad? —se quejó Bella mientras el detective le explicaba acerca del error—. Ahora no me sorprende por qué no detienen el tráfico de droga, si no pueden detener a una mujer embarazada mucho menos pueden hacer algo más difícil.

Cada día que pasaba sentían que se alejaban más de su pequeña niña, tal vez había sido su error dejar pasar tanto tiempo mientras la esperaban en la clínica para su consulta, tal vez si hubieran alertado desde que tenía unos minutos de retraso la hubieran detenido y estarían a la espera del nacimiento de Mary Anne con Alice encerrada en algún lugar impidiéndole escapar.

Si de algo estaban seguros era de lo poco que les había importado Alice, solo se preocupaban porque su niña estuviera creciendo fuerte y sana, que no presentara ningún problema, en ningún momento notaron si Alice estaba mal, ni siquiera conocían a las niñas personalmente, no sabían nada acerca de ella.

Sin poder encontrar a Alice y culparla de todo lo malo que les pasaba, terminaron culpándose uno al otro.

No había día que la tensión no explotara en casa y ambos terminaran discutiendo hasta altas horas de la noche.

—Te dije que no era normal su comportamiento —le recriminaba Bella—, pero nunca me hiciste caso, debimos insistir más, no simplemente dejarla irse por su cuenta.

—¿Y hubiera servido presionarla?, tú confiaste en ella en primer lugar, creíste que era la adecuada.

—¿Me estás culpando a mí? Yo te dije que estaba retrasada y tú culpaste al estúpido tráfico, si me hubieras hecho caso, no se hubiera ido con nuestra hija.

—¿¡Y qué se supone que hiciera?! ¿¡Aparecer mágicamente frente a ella?!

Largas discusiones que lentamente destruían su relación.

Sin recibir ninguna respuesta de los oficiales, cada día era más difícil, no solo debían ver cada día la habitación de su hija, sino que la cuenta regresiva se hacía cada vez más corta, la fecha del parto se acercaba peligrosamente.

Tantos meses se imaginaron estar en la sala de partos, cargar a su bebé en brazos, ser los primeros en darle la bienvenida al mundo, sentir su pequeño y tibio cuerpo y saber que darían su vida solo para ver su preciosa carita de ángel.

Ahora ni siquiera sabían si llegarían a conocerla.

Rosalie había mantenido alejado a su hijo de cinco meses de edad, por respeto a su cuñado y concuñada, no quería herirlos más de lo que estaban, cada vez que arrullaba a su pequeño o lo amamantaba pensaba en Bella y Edward, no podía imaginar lo que sentían, los había visto luchar tanto por tener un hijo, ella le había mostrado los folletos del vientre de alquiler a Emmett, se sentía tan culpable.

Si tan solo se hubiera mantenido callada.

Si no hubiera encontrado ese folleto.

Si ella hubiera podido prestarles su vientre.

Por eso se mantenía alejada, no podía verle la cara a Bella sabiendo que Mary Anne no estaba con ellos.

La tan temida fecha llegó, el 5 de noviembre era la esperada fecha en la que su hija nacería, Edward sostenía el cuerpo de Bella contra su pecho, ambos derrumbados en la habitación de Mary Anne, debían estar en el hospital, esperando que la niña decidiera salir del cuerpo de Alice, esperando ansiosos su llegada.

Debía ser el día más feliz de su vida, en cambio, sentían que su día era una tormenta que nunca se acabaría, sus esperanzas se esfumaban.

No solo se trataba del nacimiento de su niña, Bella había crecido escuchando como su padre le contaba de ese amor incondicional que sintió cuando la cargó por primera vez, esa unión que existe entre un padre y su hijo, como el bebé midiendo apenas cincuenta centímetros podía reconocerlos.

Bella tan solo tenía para abrazar una de las tantas mantas que había comprado especialmente para cuando Mary Anne naciera, pensaba que la mantita violeta con mariposas y flores la mantendrían calentita mientras dormía plácidamente en sus brazos o mientras Edward le daba el biberón.

La maleta que había hecho y vuelto a hacer para este día se burlaba de ella desde la puerta del armario, todo en la habitación le recordaba que no sería usada, nadie llegaría en tres días para dormir en la cuna, a nadie arrullarían en la mecedora, la lámpara de noche no iluminaría la oscuridad para nadie, la ropa en el armario no sería ensuciada ni mucho menos utilizarían el radio de bebés que habían instalado.

No se despertarían durante la noche para alimentar y cambiar a su preciosa bebé, tampoco la mirarían dormir por las tardes, ni mucho menos se darían el lujo de meterla en la cama con ellos.

No podrían vivir su nacimiento y eso era lo que más les dolía, saber que sería Alice quien calmaría su llanto y la alimentaría, saber que sería ella quien la arrullaría y con quien dormiría.

Una loca mujer egoísta sin sentimientos sería quien tuviera a Mary Anne al nacer.

La habitación que usaba en su adolescencia en casa de sus padres era en donde la mayoría del tiempo Edward dormía.

Después de que su hija naciera las cosas se habían complicado, a casi tres meses de la desaparición de Alice, su búsqueda estaba disminuyendo, en los noticieros de televisión aparecía su fotografía por unos cuantos minutos en donde repetían que se comunicaran a los números en pantalla si la identificaban, los periódicos solo ponían una pequeña imagen de Alice, parecía que todos se estaban rindiendo.

—Ahora que ya no está embarazada será mucho más difícil —les dijo el detective—. No dejaremos de buscarlas, pero es más difícil que buscar una aguja en un pajar, buscar a una mujer que no tenemos idea si sigue en el país, con tres niñas y que viaje sola.

—Tiene a nuestra hija —protestó Edward—, secuestró a nuestra hija y tal vez las otras niñas ni siquiera sean suyas. ¿Han investigado eso?

Las discusiones con Bella se hacían cada vez más difíciles, la familia quería ser su apoyo, pero ella no los dejaba acercarse, ni siquiera Charlie había podido decirle que él no descansaría hasta encontrar a la niña.

—Solo quieren ayudar, ellos también están afectados por no tener a Mary Anne.

—No saben nada, no saben lo que se siente no tener a su hija, está por cumplir un mes, Edward, un mes y no la conozco, mi hija está en este mundo y no la conozco.

—¿Y yo no sé cómo te sientes? —preguntó cansado, Bella hablaba como si solo ella fuera la afectada—. Tampoco conozco a mi hija, no tengo conmigo a mi princesa, pero a ti eso no te importa, no solo tú la perdiste, Bella, yo también, quiero a nuestra niña en casa tanto como tú la quieres.

Ante el silencio de Bella, Edward pasó otra noche en casa de sus padres en donde el pequeño Ian de seis meses lograba sacarle una diminuta sonrisa sincera.

Rodeado de su familia sentía un poco de esperanza, su hermano nunca dejó de apoyarlo y Rosalie le permitía cargar cuanto quisiera al pequeño.

Con Bella sentía que ya no tenía una familia.

Diciembre llegó solo para ensombrecer más la casa de Bella y Edward.

Ninguna luz, adorno, reno, hombre de nieve o árbol adornaban la casa, Bella se había negado a que la Navidad llegara a su casa, Edward estaba de acuerdo con ella, no quería ver su casa iluminada sabiendo que Santa no llegaría ese año a casa a mimar a ninguna consentida bebita.

Bella y Edward no pudieron rechazar la invitación de Esme de pasar la noche en casa Cullen, Charlie también estaba invitado así que ambos se presentaron antes de las diez de la noche para cenar en familia.

Bella se negaba a ver a Ian, la última vez que lo sostuvo en brazos fue dos noches antes de la desaparición de Alice.

Ian era encantador, un niño regordete, con marcados hoyuelos, sonrisa torcida, ojos de un verde intenso, piel blanca como la nieve, con cabello oscuro rebeldemente incontrolable, un Cullen en toda regla.

Bella no podía dejar de pensar si su niña tendría los mismos hoyuelos de la familia Cullen o si heredaría los preciosos y vivaces ojos verdes de Edward o sus ojos chocolate, si tendría la misma gracia y encanto que Ian.

Cada risita y chillido que Ian hacía eran miles de pequeñas dagas apuñalando su corazón.

Amaba a Ian, era un bebito inocente que solo debía recibir amor, pero era imposible no sentirse herida.

Debía ser su primera Navidad como mamá, quería todo el paquete, desde acurrucarla contra su pecho hasta tolerar su llanto porque no le daban rápido su biberón, quería ver los ojitos de Ian brillar ante la curiosidad de ver a un bebé más pequeño que él.

Pero nada de eso estaba pasando.

En su lugar, estaba ahí, sentada junto a Edward que sostenía su mano y de vez en cuando le sonreía.

Mientras pasaban el rato en la sala de estar junto al árbol navideño disfrutando de ponche y un buen vino, esperando a que el reloj marcara las doce de la noche, Ian estiró los brazos hacia Edward.

Bella no lo dejó apartar sus manos de su cintura, ver el intento de sonrisa de Ian la desarmó por completo, debía ser su hija la que Edward cargara en Navidad, no a su sobrino, solo a su hija.

—Bella… —susurró Edward en su oído.

Emmett les sonrió y tomando a su hijo en brazos se acercó a su hermano y cuñada.

—¿Por qué no le mandas un beso a la tía Bella?

El pequeño Ian hizo su boquita de pato y simuló dar un beso, aunque terminó escupiendo más baba de la necesaria, con su sonrisa orgullosa de bebé volvió a estirar las manos, esta vez hacia Bella.

—Upa, upa —repetía Ian.

Todos reían ante los intentos de besos que hacía Ian, nadie notó la cara de pánico que Bella tenía mientras Emmett se acercaba cada vez más a ella.

No podía, simplemente no podía cargar a otro bebé, no hasta que su niña no estuviera junto a ellos.

Ian solo alcanzó a tocar la punta del rostro de Bella cuando ella lo alejó con un manotazo.

Todos en la sala se quedaron callados, nadie se reía tan solo veían perplejos como los ojitos de Ian se llenaban de cristalinas lágrimas ante la mirada de pánico de Bella.

El llanto de Ian los hizo reaccionar, Rosalie tomó a su hijo en brazos y Edward arrastró a Bella al estudio.

Esto había llegado demasiado lejos.

—Él no tiene la culpa, Bella —le reclamó apenas cerró la puerta detrás de él.

—No sé de qué hablas.

—Lo sabes perfectamente y ser una perra con todos no hará que ella regrese.

—Cállate, Edward.

—Yo también la quiero con nosotros, Bella, quiero a mi hija, ver sus ojitos iluminados por las luces, llevarla con el Santa del centro comercial incluso cuando ella no entiende lo que está pasando.

—Te dije que te calles.

—No, no lo voy a hacer, Bella, no solo perdí a Mary Anne, sino también a ti, ya no eres mi dulce Bella y la extraño.

—Esa Bella iba a tener a su bebé, no me pidas que actúe feliz y sonriente cuando no me siento así, mi bebé está allá afuera y no sé en qué circunstancias se encuentra.

—Por eso la estamos buscando, pero que te alejes de mí no funciona, tenemos que permanecer unidos.

—Lo estamos.

—No es así, acepta que no estamos bien.

—Para mí estamos bien y si no es suficiente, entonces…

—¿Entonces qué?

—Entonces creo que ya no quiero estar contigo.

Bella abandonó esa noche la casa Cullen junto con Charlie.

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Hola chicas!

Estos dos no están llevando nada bien la perdida de Mary Anne, no solucionan nada discutiendo y recriminándose uno a otro.

Yanina, muchas gracias por la ayuda por betear el capítulo, te adoro.

Déjenme sus comentarios, opiniones, criticas, teorías o lo que quieran compartir conmigo en un review

Frans: Comparto completamente tú gusto por las historias con una Alice así.

crysty Katy: Gracias por acompañarme en otra historia más, tienes mucha razón, las madres de alquiler suelen encariñarse ¿Eso le habrá pasado a Alice?

Alexa: Que bueno que te diviertan mis historias, mi intención es que se diviertan mientras leen, así que espero que te sigan dando risa. Mi inspiración en realidad vine de una combinación de novelas latinas y malas películas americanas y que yo recuerde aún no he cambiado bebes en mis fics, aunque podría hacerlo…todo es posible.

A todas las demás chicas que me acompañan en este nuevo fic, espero que lo disfruten y nos vemos la siguiente semana.