Capítulo 2: "Descubriendo nuestros sentimientos"

La lluvia caía muy fuerte y le costaba un poco correr, normalmente hubiera llegado hasta ellos en un segundo. Pero el suelo estaba resbaloso y era peligroso. Aún así no se dejó vencer y con Colmillo de Acero en sus manos se dirigió hacia aquel hombre que pretendía sacarle a Kagome.

La chica lo miró horrorizada. Sabía lo que estaría pensando Inuyasha en esos momentos. Él no sabía quién era en realidad esa persona.

Sin saber que hacer gritó lo primero que se vino a su mente.

- Inuyasha... ¡¡abajo!!-

El joven hanyou cayó de cara a un charco de barro. Kagome observó a su padre preocupada y le hizo una seña de que entrara a la cabaña que habían encontrado minutos antes de que Inuyasha llegara.

Se dirigió al hanyou y se agachó a su lado. Él abrió los ojos y levantó un poco el rostro para encontrarse con los ojos de Kagome observándolo fijamente.

Otra vez aquel sentimiento de odio se apoderó de él y se levantó de un salto. Kagome lo imitó y parándose enfrente de él trató de tocarlo pero él la rechazó.

- Primero te abrazas con ese y después vienes conmigo ¿verdad?! Me tomas como un tonto ¿cierto? ¿Qué soy yo? ¿Tu segunda opción? ¿Eso soy? Cuando estás sola vienes conmigo y cuando encuentras a alguien mejor te vas corriendo detrás suyo... ¡¡eres igual a todas!! ¡¡Una cualquiera!!... - Gritó con rencor.

Los ojos de Kagome se llenaron de lágrimas y en un impulso le abofeteó la cara. Inuyasha abrió los ojos y se llevó una mano a la mejilla colorada por la fuerza de la chica.

Ella lo observó con odio y las lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas mezclándose con las gotas de lluvia.

- ¡¡Eres un tonto!! ¡¡Un estúpido!! ¡¡Él no es un hombre cualquiera!! ¡¡Es mi padre!! ¡¡Idiota!! y tú no eres una segunda opción ¿sabías?... ¿y no es acaso lo que haces tú conmigo? Ves a Kikyo y te vas corriendo detrás de ella, pero cuando te ves solo vienes conmigo y me haces ver ilusiones que jamás serán... - Inuyasha la observaba con la vista cabizbaja sin saber que decir. ¡¡Estúpidos celos!! ¡Si tan solo pensara antes de actuar o decir algo! Kagome se dio la vuelta y se dirigió hacia la cabaña. Antes de entrar ladeó el rostro y lo miró con odio- y no soy una cualquiera!!- dicho esto cerró la puerta de la cabaña.

&&&&&&&&

En la cabaña había un absoluto silencio. El padre de Kagome la observaba sin entender. Ella desde pequeña había sido muy habladora y no le importaba con quién, era valiente y muy solidaria... tenía las cualidades que cualquier hombre quisiera para su mujer... pero, al parecer ella no estaba de acuerdo con eso.

El hombre comenzó a sentirse incómodo por el silencio, su hija no decía absolutamente nada. Tenía la vista perdida en algún lugar de la casa, como si no existiera nada más que ella.

- Kagome ¿te encuentras bien? estás muy mojada, vas a enfermarte-

- No es nada, estoy bien- Respondió la chica secamente.

- ¿Qué sucedió hija? ¿Acaso pasó algo con aquel joven mitad bestia?-

- ¡¡Ni siquiera lo menciones!! ¡¡No quiero volver a oír hablar de Inuyasha nunca más en mi vida!!- Dijo gritando.

- Pero... ¿no estabas enamorada de él?-

- Eso creí... pero después de todas esas cosas que me dijo allá afuera... creo que todo fue un error, desde la vez que lo liberé de aquella flecha y me quedé en este horrible lugar- Musitó con lágrimas en los ojos.

- ¿Qué te dijo pequeña?... cuéntame... -

Kagome lo observó y rompió en llantos. Lloraba, lloraba y lloraba sin consuelo.

Su padre, conmovido, se acercó a ella y la abrazó como a una niña pequeña acariciando sus cabellos.

- Ya, ya pequeña, no sufras... aunque sea hombre... quiero decirte que no vale la pena llorar por nosotros cuando les hacemos daño... tranquila, ya, ya-

Kagome se quedó dormida en los brazos de su padre, con sus mejillas coloradas y los labios semi abiertos.

- Inu... Yasha- Susurró mientras que fruncía el ceño.

&&&&&&&&

Después de la discución que tuvo con Kagome, Inuyasha se retiró del lugar.

Comenzó caminando pero luego apuró el paso corriendo a toda velocidad. No le importaba la lluvia, la inconsciencia de correr estando todo resbaladizo y borroso. ¿?Era un tonto, el más grande de todos los tontos en el mundo!!. Había desconfiado de Kagome, SU Kagome.

- ¡Maldición! ¡¡maldición!! ¡¡maldicióooon!!!- Gritó enfurecido contra sí mismo.

Inuyasha golpeó su puño contra el suelo repetidas veces hasta que este estuvo colorado por la fuerza que este ejercía en él.

- ¡¡Soy un estúpido!! Además... le dije todas esas cosas... lo más probable es que ella me odie... - Dijo con una semi sonrisa en su rostro al darse cuenta lo patético que era.

Al llegar a la cabaña de la anciana Kaede, Sango, Miroku y Shippo miraron a Inuyasha confundidos. Él los observó con una mirada de hielo y se sentó en el lugar más apartado de la casa sin decir ni una sola palabra. Sango y Miroku se miraron intrigados... era extraño que Inuyasha volviera sin Kagome con él y solo peleaban cuando estaban todos juntos. Además... no había ningún motivo, o al menos eso creían ellos.

- Inuyasha... em... ¿y la señorita Kagome? ¿No dijiste acaso que habías percibido su aroma?- Preguntó Miroku echándole una mirada a Sango.

- No, yo... me confundí con el aroma de Kikyo... fue a ella a quién fui a ver realmente... debe ser la lluvia, a veces altera los olores- contestó fríamente.

- Ah... ¿sabes algo de... Kagome? Cuando volverá... - Dijo Sango.

- ¡¡NO!! ¡¡Yo no soy su niñera, no sé cuando volverá y no me importa en lo absoluto!! ¡¡Puede quedarse en esa apestosa época si es lo que quiere!!. A mi ya no me importa en lo más mínimo... podemos recolectar los fragmentos sin su estúpida ayuda... ¡¡lo unico que ocasiona son problemas!! es un estorbo... -

- ¿Así que eso soy?... un... ¿estorbo?-

- Ka... Kagome-

&&&&&&&&

Antes de ir a la casa de la anciana Kaede, Kagome había despertado en los brazos de su padre que le sonrió al ver que se había despertado después de tanto sufrimiento.

- Pa... ¿papá?-

- Kagome, hija, ve a arreglar las cosas con ese joven... fue todo un malentendido... de seguro podrán arreglar todo sin hablan-

- ¿Tú crees? Él es muy orgulloso, y yo... lo abofetee... no creo que quiera volver a verme, de seguro me odia en estos momentos... - Musitó ella con tristeza.

- Vamos hija, Kagome... arregla todo ¿sí?-

Kagome asintió y se levantó dirijiéndose a dónde estaban todos.

Su caminar era lento y muy nervioso, tenía miedo de encontrarse con Inuyasha que la odiase y ella jamás podría volver a acercársele.

Sus manos temblaban y enroscaban y desenroscaban un mechón de cabello que caía sobre su hombro.

Llegó hasta el campo de cultivos de la aldea y se quedó observando todo. La lluvia ya había cesado y todo se veía muy tranquilo, al parecer no volvería a llover.

Se acercó a la puerta de la casa de Kaede cuando escuchó a Sango preguntarle por ella.

Estuvo dispuesta a entrar pero la voz enojada de Inuyasha la detuvo. Al parecer estaba muy enojado por el tono en el que hablaba. Le oyó decir todo tipo de cosas horribles acerca de ella. ¿No le importa que yo no vuelva? ¿Mi ayuda es estúpida? ¿Solo traigo problemas? Soy... ¿un estorbo? Se dijo mientras que nuevas lágrimas se acumulaban en sus ojos desesperadas por dejarse ver para soltar aquella pena.

&&&&&&&&

- Ka... Kagome- Inuyasha la observó sorprendido. ¿Acaso ella estaba escuchando todo?

- ¡¡Venía a disculparme!! ¡¡Pero veo que no necesitas que lo haga!!- Kagome volteó enojada y comenzó a caminar rápidamente.

- ¡¡Kagome!! ¡¡Espera no te vayas!!- Inuyasha salió detrás de ella cuando la lluvia comenzaba una vez más.

Sango y Miroku se miraron, obviamente había pasado algo demasiado grave entre ellos dos.

- ¡¡Ese perro tonto!! ¡Siempre es lo mismo, es todo su culpa!- Dijo Shippo enojado.

- Ay... pero nosotros no podemos meternos, sería para más problemas- Comentó Sango.

- Sango tiene toda la razón lo mejor es no interferir entre ellos... - Acotó Miroku.

- ¡¡Excelencia!! ¡No aproveche la situación para tocarme! ¡Quite su mano inmediatamente!- Sango golpeó a Miroku con su boomerang y este cayó al suelo con un enorme chichón en la cabeza.

- Lo... siento, pero... no puedo resistirme a tus encantos... -

Sango lo fulminó con la mirada y siguió hablando con Shippo, mientras que Miroku retaba a su propia mano por cosas que él hacía.

&&&&&&&&

Kagome caminaba rápidamente sin observar ni detenerse. Sus ojos iban inundados en lágrimas y no podía dejar de llorar. Su mente estaba completamente nublada por las palabras de Inuyasha. Aún no dejaban de resonar en su cabeza como un puñal clavándose cada vez más en el interior de su corazón.

- ¡¡Kagome aguarda!!- Inuyasha corrió hasta ella y la tomó por la muñeca.

- ¡¡Déjame!! ¡¡No quiero saber nada de ti nunca más en mi vida!!- Gritó ella furiosa.

- Pero no es lo que tu piensas... yo solo... estaba... -

- ¡¡No quiero más mentiras!! ¡¡Déjame en paz!! ¡¡Odio que no aprecies lo que hago por ti, siempre piensas que Kikyo hizo mucho más... pero te equivocas porque en cierto modo yo también di mi vida por ti, lo dejé todo allá en mi época por seguirte... olvídate de que existo, porque desde este momento para mí estás muerto Inuyasha!!-

- No... no aceptaré que esto termine de esta manera- Inuyasha tiró de la muñeca de Kagome y la apegó a su cuerpo. Kagome lo golpeaba en el pecho para que la soltara pero solo conseguía que él la tomara con más fuerza- no dejaré que te vayas-

En un impulso Inuyasha acercó fuertemente sus labios a los de Kagome. Ella abrió los ojos impresionada. Su cuerpo se paralizó y no sabía que hacer... estaba completamente confundida. Inuyasha seguía besándola y pronto una de sus manos se posó en el cuello de ella acercándola más él haciendo así el beso más profundo y apasionado. Su otra mano se dirigió a la cintura de ella que aún seguía sin ser capaz de moverse. Las piernas le temblaban y sentía que en cualquier momento caería al suelo. Ella sentía como él la besaba sin importarle lo demás. Finalmente su mente fue capaz de reaccionar y lo único que hizo fue corresponderle de la misma manera. Estaban totalmente empapados y la lluvia cada vez se hacía más fuerte. Ninguno de los dos quería separarse, al fin sentían que eran correspondidos y no podían dejar de besarse.

Kagome sintió que el poco control que le quedaba se estaba perdiendo. Esa situación se estaba volviendo peligrosa...

Continuará...