Había tenido un día muy ajetreado hasta que tomó el vuelo a Maine. Ahora viajaba sentada en el asiento trasero de un coche observando por la ventanilla el cartel que pasaba por su lado rezando "Derry".

Cruzaron el pueblo y llegaron a las afueras por un camino terroso con altos arboles aguardando su llegada a ambos lados. La vegetación estaba medio muerta y más allá se alzaba un edificio gris de letras plateadas bastante agresivas en su fachada. "Derry's asylum"

Un hombrecillo calvo, moreno y con gafas redondas la esperaba en la entrada con una sonrisa demasiado exagerada. La recibió casi con los brazos abiertos cuando bajó del coche y la dirigió mediante elogios a su despacho.

-¿Tiene algún miedo, señorita Mora?- preguntó de golpe muy serio dejando dos tazas de café sobre la mesa. Mussa pudo ver unas cicatrices alrededor de su muñeca derecha, pero se abstuvo de preguntar, no le conocía demasiado.

-Emm… ¿alguna fobia?- él asintió cubriéndose mejor con la manga y sentándose. –Bueno, tengo aracnofóbia, aunque antes era mucho peor.

-¿Sólo esa fobia? ¿Ninguna un poco más escalofriante como, la muerte, la sangre… los payasos?

-Si tuviera miedo a la muerte o a la sangre, no habría ayudado con los asesinatos, Dr. Simmons. ¿Y a los payasos? ¿Es una broma?- rió, pero él se mantuvo serio.

-Excelente. Sólo quería asegurarme.

-No entiendo cuál es el punto.

-No se preocupe, se lo mostraré cuando todo esté listo.

Siguieron hablando y cuando hubieron terminado el café, una voz salió del teléfono de su oficina indicándole que ya podían dirigirse al ala de máxima seguridad.

Se subieron al ascensor y Mussa se percató del estado de nerviosismo de Simmons. Cuando llegaron a la planta baja, había una iluminación muy pobre en el largo pasillo en el que se encontraban. A los lados había una celda frente a otra, habría un total de 10 que curiosamente estaban vacías. Se fijó en que al fondo no había una celda sino una habitación colocada frente a una estancia acristalada. Al final del pasillo había talla de piedra de una gigantesca tortuga en la pared. Parecía muy antigua, su localización en ese lugar le extrañaba.

A medida que se fueron acercando, Simmons se detuvo repentinamente sin decir una palabra. Mussa le miró extrañada y él hizo un gesto indicándole que siguiera sola. No muy convencida de su comportamiento, avanzó despacio con sus sentidos agudizados al máximo. Se escuchaba el retumbar de sus tacones y hasta el balanceo de su coleta contra su ropa.

Al llegar frente al cristal de seguridad miró con curiosidad la decoración de esa blanca celda. Había una cama, una mesa y dos sillas, algo completamente normal, y platos de comida sin tocar. En el cristal había unos pequeños orificios que ella interpretó que serían para respirar, aunque cabe decir que eran minúsculos. Unas letras rojas en la pared captaron su atención, "PENNYWISE" era el nombre escrito.

-¿Pennywise?- Mussa se sobresaltó cuando frente a ella apareció un hombre pelirrojo con ojos amarillos brillantes y de casi dos metros de altura, con la cara pintada de payaso. ¿Cómo era posible no haberlo visto antes?

-Puedo olerte, Simmons.- dijo sin dejar de mirarla con una expresión de desagrado, que por alguna razón desconocida interpretó que no iba dirigida a ella. Mussa miró hacia el susodicho sin dar crédito cuando lo vio subirse al ascensor dejándola sola. –No te preocupes, no le necesitas.

Mussa volvió a mirar al payaso y éste se sentó sobre la mesa, llevaba una camisa de fuerza, "debe ser muy incómodo y limitante llevar eso".

-Soy la Dra. Mora...- comenzó a decir mirando sus ojos amarillos, pero él siseó haciéndola callar de inmediato.

-Shhhh… por favor, siéntate primero, doctora.

-No tengo dónde sentarme.- se estremeció levemente cuando él le dedicó una gran sonrisa.

-Hay una silla en tu habitación

Mussa descubrió por qué había una habitación allí, pero no quiso mostrar ninguna emoción delante de él. Simplemente se giró, abrió la puerta y sin si quiera mirar el resto de la amplia estancia, tomó una silla y la colocó con rudeza frente a él.

-¡Soy Pennywise! ¡El payaso bailarín!- canturreó con voz aguda dándole énfasis a sus palabras.

-Ese será su alter ego, pero ¿cómo se llama realmente?- la pregunta le molestó, pero siguió sonriéndole entre dientes.

-¿Mi nombre… "humano"?- su risa de payaso sonó enfadada. -Bob Gray fue el nombre que se me ocurrió, pero Bob Gray era un tipo muy aburrido, ¡sin gancho! Así que ahora soy Pennywise.- se carcajeó, pero Mussa se inclinó hacia él con una ceja alzada.

-¿Está diciendo que no es humano?

-Soy todo lo que yo quiera, tengo poder de convertirme en lo que todos temen, eso te incluye...

-Demuéstrelo.- El payaso dejó su actitud altiva y eufórica y pasó al disgusto.

-¿Qué? ¡No puedo hacerlo!

-Vaya… es una lástima, quería verlo.-El payaso la miró con una sonrisa maliciosa y se relamió observándola de pies a cabeza haciéndola sentir incómoda.

-¿Por qué no me tomas en serio, Mussa? Sí… sé cómo te llamas.

-Según me han dicho muchos lo saben, no tiene por qué tratar de impresionarme, Pennywise.- El payaso se puso serio y se levantó hacia el cristal bruscamente pegándose a él, se agachó a su altura y la miró intensamente.

-Si no estuviera esa mierda ahí, verías lo impresionante que puedo llegar a ser.- Dijo mirando la tortuga.

- No somos tan íntimos.

-¡Touché!

Mussa se levantó de la silla sin prestarle más atención al payaso y comenzó a caminar hacia el ascensor. Estaba muy enfadada con Simmons, ¿Acaso era verdad que esa era su habitación y tendría que dormir ahí? ¿Y esa forma de irse y dejarla sola? Menudo cobarde.

-¡Hasta la noche, mi pequeña doctora!- gritó él antes de que las puertas del ascensor se cerraran, cuando al fin lo hicieron, Mussa soltó todo el aire que estaba conteniendo.

Llegó al despacho y le vio empinar el vaso con líquido marrón bebiéndoselo al trago.

-Dra. Mora, yo…- dijo intentando esconder el vaso.

-Quiero saber por qué diablos no se me informó de que tendría que dormir frente a ese maníaco con personalidad múltiple.

-Ah, ¿no se lo dije? ¡Vaya! Un despiste.- rió nervioso, ella puso los brazos en jarras. –Está bien, le debo una explicación...- Mussa tomó asiento dispuesta a escucharla.- Otros… han tratado con ese sujeto y no han acabado muy bien… de hecho…

-Sí, la marca de su muñeca.- dijo cuando vio que iba a enseñarle la cicatriz.

-Así es… ¿ve? Por eso la necesito, es muy observadora. Tuve mucha suerte de que me cosieran a tiempo, sino habría perdido la mano. Es usted muy astuta, seguro que puede ser capaz de ver detalles que las vícti… quiero decir "colegas", pasaron por alto.

-Me alegra que no la perdiera, pero todavía no está respondiendo a mi cuestión, Simmons.

-Quiero que se gane su confianza, que esté cerca de él y le haga confesar, eso sí, con mucha cautela. Cualquier cosa o detalle de su vida personal, algún trauma, algo embarazoso o lo que sea, lo usará contra usted. Teniéndola cerca, ser lo primero y lo último que vea al empezar o acabar el día seguro que le crea un apego hacia usted y le hará bajar la guardia.

-Sí, eso, o que termine tomándome asco por verme demasiado. ¿Por qué tiene que gustarle verme? Ni si quiera me conoce.

-Bueno, creo que es obvio.- dijo mirándola, pero levantó rápidamente sus palmas cuando vio su expresión. –Oh, no, no me malinterprete, sé reconocer a una hermosa mujer a pesar de mi orientación sexual.

-Simmons… estoy muy intrigada por el trabajo, de verdad… pero creo que tenemos que ser sinceros entre nosotros primeramente.- dijo más suave.

-Por favor, llámeme Hugo, ¿Podemos tutearnos?- ella asintió.- Siento mucho no habértelo comunicado, Mussa, cualquier cosa que necesites, cualquier condición… pero no abandones el trabajo, ya no sabemos qué más hacer.

- Está bien, me quedaré, pero quiero sinceridad y todos los detalles de esto.

-Por supuesto.- sonrió más tranquilo.- ¡toma!- abrió un cajón en su escritorio y sacó un gran archivador, contenía recortes de periódico, fotos, y muchos, muchos informes que le llevaría tiempo leer.- Gánate su confianza, sé que soy muy repetitivo con esto pero ese sujeto no es de este mundo, esconde algo y quiero averiguarlo.

-Gracias, espero que tengan una buena cafetera, esto es mucho trabajo.- bromeó cogiendo el material.

-¡Mañana tendrás una nespresso si es necesario! Hay un panel instalado en su habitación con botones de marcación rápida por si hay algún… problema. Tenga cuidado, ¿vale?

- Y usted… por cierto, ¿han reparado en que no puede comer por sí mismo con una camisa de fuerza?

-Emm… es por seguridad…

-¿Por seguridad quieren que muera de inanición?- preguntó ofendida.

-¿Se atreve a entrar a darle la cena esta noche?- desafió entrelazando sus dedos y apoyando la barbilla.

-¿Se puede entrar ahí?- preguntó sorprendida. Él asintió dándole una tarjeta identificativa con una sonrisa ladina pero se le borró cuando ella dijo "está bien, se la daré yo misma", y salió cerrando la puerta con un golpe seco.

-Ésta mujer es muy dura, espero que no cause problemas.- dijo cuando estuvo solo.