Disclaimer: La Trilogía "Los Juegos del Hambre" y sus personajes no me pertenecen, ni gano un centavo al escribir esto, solo soy una fan con suficiente imaginación como para inventar locuras.


-II-

Me negué y aun así logro un cambio en las reglas. Si no consentía, me acusaría. Así que aquí estamos. Son las siete de la mañana de un domingo y estoy esperando a la hija del maldito alcalde del Doce para traspasar la cerca. La Pradera aún está cubierta por el rocío matutino. Espero que no venga, que no haya logrado burlar a su padre, pero la veo acercarse a cámara lenta.

— Esto es un error Undersee… de pronto la cárcel parece más seguro…

— El bosque es seguro Gale, tú lo traspasas cada día — no seas irónica conmigo Madge, por favor.

— Nos meterás en problemas Madge…

— Andando Gale…

Traspaso la alambrada y la sostengo para que haga lo mismo. Lleva un mono azul largo hasta los pies y unas botas que apenas tendrán dos usos. Camina frente a mí como si no temiese a nada. Lo observa todo, yo solo puedo mirarla a ella. Solo he pasado unas horas con ella la otra noche y logró derribar cualquier imagen que pudiese tener de su persona.

— El lago… — susurra deteniéndose, voltea a verme — ¿Sabes dónde está?

— ¿Cómo? — la miro sorprendido.

— Katniss me lo dijo una vez… — parece emocionada, no quiero mostrarle, es de Katniss y mío.

— No sé dónde está…

— Oh…

— ¿Te apetece recoger tus propias fresas?

— Sería genial — chilla emocionada, debo poner mi mano sobre su sonrisa, me mira asustada.

— Si gritas así nos pones en peligro — instintivamente ha puesto su mano sobre la mía y una corriente eléctrica hace que mi corazón se acelere, la suelto — Perdón…

— Lo siento — susurra dándose vuelta, sonrío cuando sé que no me mira.

Ha cambiado incluso la forma de caminar. Es más cuidadosa, aunque sigue observándolo todo como si en la vida hubiese sido capaz de encontrar un árbol. Cruzo delante y la guio hasta el pequeño fresal que hemos acomodado con Catnip. Estoy por darle la bolsa de cuero en la que juntamos las fresas cuando saca una de su morral y me mira sonriente.

No sonrías para mi Madge, quiero seguir odiándote, necesito seguir odiándote. Recoge las fresas más rojas, incluso pregunta si puede comerse alguna y se le iluminan los ojos cuando asiento. Me alejo unos metros y trato de cazar. Me descubro volteando hacia ella a cada rato. Le veo dar vueltas cuando la brisa se cuela entre los árboles. Sus rizos se alborotan y su sonrisa vuelve a acelerar mi pulso. Cazo dos patos salvajes y dos ardillas, pero pierdo la posibilidad de agregar dos conejos solo porque la encontré viéndome mientras le espiaba.

Se queda sentada a la sombra de un sauce mientras recojo las trampas y algunas hierbas que ha pedido la madre de Katniss. Cuando vuelvo a ella, sus ojos están cerrados y puedo notar por el subir y bajar de su pecho que se ha dormido. Me acerco sin hacer ningún ruido y me quedo frente a ella simplemente viéndola. Tiene un rostro bonito, pestañas largas y rizadas, algunas pecas en las mejillas y sus labios son rosados. Recuerdo su beso y la intriga me invade. Pienso en las posibilidades, de que esa chica tan lejos de mi alcance, sienta algo por mí.

— Gale — susurra, vuelvo a prestarle atención, el rubor se le ha subido a las mejillas — ¿Qué ocurre?

— Estaba esperando ver cuánto tardaba una bestia salvaje en devorarte dado que decidiste dormir en vez de estar alerta — se sonroja más aun y frunce el ceño levantándose con rapidez.

— Lo siento… — musita sin mirarme — deberíamos volver.

— Eso lo decido yo ¿sabes? — Me mira sin entender — soy él que tiene que alimentar dos familias…

— Ya — parece encogerse aún más — lo… lo siento.

— Undersee — mascullo exhalando con fuerza, en dos pasos estoy frente a ella, tiembla ligeramente — era una broma — empujo su frente con mi dedo índice y dejo escapar una carcajada, esperando que al menos sonría.

—…— se voltea y empieza a caminar, creo oírla suspirar.

— ¿Madge? — La alcanzo enseguida, sigue oculta bajo su mata de cabello, viendo al suelo — Madge… lo siento…

— No debí dormitarme, no dormí bien anoche lo siento — la detengo y cometo una osadía, tomo su mentón y la obligo a mirarme, tiene los ojos acuosos y noto las bolsas azuladas bajo sus ojos.

— Fui cruel… no sé cómo… comportarme contigo Madge Undersee.

— Como si fuera una chica normal Gale, no soy especial.

Quiero darle la razón, pero no es cierto. Ella no es normal, normal, para mí, es una chica de la Veta, ella es especial, lejana una extraña. Sin embargo asiento y seguimos caminando. Pasamos algunas ardillas y ella apenas dedica unos segundos a verlas. El ambiente es tenso aun cuando estamos al aire libre. Creo que sin querer, o queriendo, he herido su orgullo y ahora mi dignidad pende de un hilo.

La ayudo a cruzar la alambrada. Sacude cualquier suciedad de su ceñido mono y de sus botas. Desenreda su cabello y lo amarra en un moño perfecto. Me quedo viéndola pasar de chica regular a muñeca del Capitolio y veo la brecha entre nosotros expandirse. Vuelvo a odiarla, por nacer rica y acomodada mientras mis hermanos y yo nos jugamos el día a día. Y me odio, por nacer en la Veta y estar tan lejos de su alcance.

— No sé qué pensar — exclama, me he quedado viéndola, de nuevo.

— ¿Sobre qué? — frunzo el ceño.

— En el porqué de tus miradas — hace una pausa — ¿buscas más razones para odiarme? ¿O simplemente estás maldiciéndome?

— Ni una ni otra Madge…

— Mañana será en mi casa… — la miro con sorpresa, jamás podré burlar a sus padres, a sus mucamas.

— ¿Te has vuelto loca?

— No puedo ir cada día al bosque Gale… mi casa es un sitio seguro y mañana en la noche… el Alcalde se va a su visita nocturna — se aferra a su morral, suspirando.

— Tu casa…

— Solo tienes que ser cuidadoso, te espero a las diez, puerta trasera… no toques, estaré esperando — me entrega el círculo de madera, acariciando levemente el dorso de mi mano al cerrarla con la suya.

Y se va, me quedo junto a la alambrada como un idiota viendo como la rubia desaparece de mi campo de visión. Su casa, jamás he estado en la mansión. Realmente está loca.

Hago los cambios en el Quemador. Cupido me da la paga del día cuando entrego el medallón. Alcanzo a comprar algo de azúcar y tela con el dinero extra. Mi madre tendrá para hacerle una blusa nueva a la pequeña Posy y Prim podrá hacer dulce con las fresas extra y el azúcar. A costa de Madge, gracias a ella.

El padre del maldito panadero le ha cedido ropa de los hermanos mayores a mi madre. Ropa con algo de uso pero que claramente está en mejor estado que la mía y la de mis hermanos. No quiero aceptarla, pero ella insiste y daría lo que fuera por ser el causante de la sonrisa de mi madre. Además, debo ir a su casa y aquel vestuario era mejor que el mío en cualquier caso.

— No tienes que irte hoy también… — veo a Posy colgada de la falda de Hazelle, me mira fijamente — podemos ver a Catnip juntos.

— Calla Posy — chilla mamá, mi corazón se detiene, Katniss obtuvo un once como puntuación y escapo ilesa del baño de sangre.

— Pero mami — agrega la pequeña señalándome — está triste…

— Estaré bien — mascullo besando la coronilla de mi hermana y la de mi madre.

— Cuídate Gale…

No sé dónde piensa mi madre que asisto. Supongo que espera que acuda al Quemador, a refugiarme en lo que me queda de Katniss cuando el sol cae y el bosque no es seguro. Quizás cree que paso la noche en la Pradera, rogando que llegue el amanecer. La realidad es que hasta el día anterior, pasaba las horas frente a la casa de Katniss esperando que saliera en mi encuentro. Así fue anoche, pero no la noche anterior a esa y tampoco está. Pasaría la noche en la mansión del alcalde. Vaya locura.

Elijo las calles más desiertas. No es difícil, durante los Juegos todo el mundo se queda en casa, sobre todo si los tributos de tu distrito siguen vivos. Vaya que lo están, Katniss atada a un árbol, Peeta Mellark aliado a los profesionales. Me alegra no tener que verlos, no quiero verla sin mí, desprotegida. Llego a la mansión y noto que no hay seguridad. Pienso en quien osaría colarse en la casa del Sr. Undersee y entiendo que no haya peacekeepers rondando, solo serían un estorbo para las salidas nocturnas del alcalde.

Voy por la puerta de atrás. Me invade el recuerdo de Katniss insistiendo para que trajéramos aquí las fresas cuando recién empezamos, diciendo que su nueva amiga era amante de aquel fruto y que obviamente su padre pagaría bien. Una pequeña farola sobre la entrada trasera, me permite ver mi reflejo en el cristal de la puerta. Luzco bien, igual que siempre, de la Veta. El pomo gira y una mano se asoma desde dentro, toma la mía y tira hacia dentro. Escucho la puerta cerrarse detrás de mí.

— Hay un problema — musita poniendo su dedo sobre mis labios, conectando su mirada azul profundo a la mía — quítate los zapatos y sube las escaleras, segunda puerta a la derecha ¿Si? La puerta tiene un cartel.

— Madge — la voz es de su padre, la miro con miedo.

— ¿Si? — Chilla viéndome a mí, la pregunta es para mí, me agacho quitando mis botas — ya voy padre.

Corre dentro, oigo una puerta azotarse. Mi corazón parece salirse de mi pecho y pienso en mis probabilidades de huir. Simplemente abrir la puerta y volver a mi casa. Recuerdo su mirada, el azul penetrante y decido asomarme. Estoy en la cocina así que simplemente sigo, el camino se bifurca, Madge corrió en dirección al salón, quizás al estudio de su padre. Al otro lado está la escalera. Cada escalón parece alejarme más de la planta de arriba y para cuando llego debo regular mi respiración. Me siento un ladrón, pienso en lo que me harán si me encuentran, en lo que le harán a mi familia.

Segunda puerta de la pared derecha. La luna entrando por el ventanal que está al final del pasillo, me permite ver el cartel. "Pequeña Maysi" cita el letrero y pienso en que quizás aquel es su segundo nombre. La puerta no tiene traba así que entro y cierro con mucho cuidado. Hay una lámpara de mesa encendida por lo que no estoy en la oscuridad. Es un cuarto lleno de rosas, flores por todas partes y sin embargo el cuarto no huele a ellas. Huele a fresas, a Madge. El piso es alfombrado así que desisto de volver a poner mis zapatos. Me siento en la cama, atento a cualquier sonido.

— ¿Tiene que ser hoy? — la escucho decir, está nerviosa.

— Baja la voz Madge, tu madre no ha tenido un buen día — me apego a la puerta, incapaz de dejar de escuchar — ¿Tienes algo mejor que hacer, cariño?

— No padre, pero creí que tenías una reunión — ¿por qué no me echaste Madge?

— Se retrasó media hora… toca para mí — siento repulsión por el hombre que proclama frente a su hija sus citas.

Me quedo pasmado cuando un sonido lo inunda todo. Abro apenas la puerta para que el sonido no se distorsione y descubro algo nuevo sobre mi "cliente". Es una melodía suave, un instrumento del que solo oí hablar, el piano. Pero no es ese mi mayor descubrimiento. La voz dulce de Madge es aún más melodiosa al cantar y me hace pensar que Katniss tiene competencia en el canto.

Dura unos minutos. De pronto cesa así que cierro la puerta y espero. Una puerta produce un chirrido y alcanzo a escuchar una despedida por parte del alcalde. Luego oigo pies descalzos correr de un lado a otro y finalmente subiendo las escaleras. Por un momento entro en pánico y me oculto en el baño de la habitación y aguanto la respiración.

— ¿Gale? — Enciende la luz principal de la habitación inundando mi escondite con su luz — ¿Gale?

— Aquí — suspira al verme, cierra la puerta con una mano, me apresuro a tomar la bandeja que carga la otra — ¿Por qué él estaba aquí?

—Su… reunión se retrasó.

— ¿Por qué no me dejaste ir? — me mira sorprendida.

— Yo… el contrato… Cupido tiene ojos en todos lados.

— Mientes… — dejo la bandeja sobre la mesa y me acerco, ella por inercia retrocede— Madge sé cuando alguien miente.

— No miento — musita sin mirarme, acaba contra la puerta y yo frente a ella, demasiado cerca.

— ¿Por qué en tu casa?

— Dijiste que no volverías a aquel lugar…

— Y tu dijiste que iríamos al bosque… princesa — mascullo — ¿A qué juegas? ¿Esperabas tener a quien culpar? ¿Querías venganza porque te hice sentir mal ayer?

— ¿De qué hablas?

— Porque me metí contigo en el bosque… fui cruel… ¿Es tu venganza?

— Simplemente me sentía sola — susurra abatida, suspira y me sobrepasa — dormir es casi imposible y creí que si estabas aquí podías hacerme compañía… eres libre de irte — abre una pequeña cajita de arriba de un escritorio, toma un circulo de madera y me lo arroja — Puedes irte ya…

— Mierda — mascullo acercándome a ella, tiembla ligeramente — lo siento.

— Vete Gale… mañana iremos al bosque y ya — no voltea a verme, simplemente se queda en pie.

— No me iré — me siento en la cama, me mira con rabia — debo cumplir un contrato… — no afloja el ceño — no luces satisfecha.

— Idiota — murmura sentándose en el suelo frente a mí, sonríe tímidamente señalando la bandeja — no sé si has cenado… — hay galletas, una tetera, algo rojo en una jarra y panes de queso, la chica frecuenta la panadería de Mellark.

— ¿Tu? — si cene, Hazelle no me habría dejado ir de otro modo.

— Si, pero siempre hay tiempo para un tentempié.

— Madge… — acoto luego de una larga pausa, me mira.

— ¿Si?

— ¿Por qué me besaste la otra noche? — abre y cierra la boca algunas veces, sus mejillas se tornan igual de rojas que el jugo de fresas que sostiene en las manos.

— Para retenerte — logra balbucear, evita mirarme, sigo sentado en su cama así que me bajo al suelo — no podías irte sin oírme.

— Te dije Madge…

— Gale — susurra con temor, me mira, estoy comiéndola con la mirada, no puedo dejar de pensar en lo incorrecto que es esto, pero tampoco puedo evitar arrebatarle el vaso y dejarlo sobre la bandeja.

— Se cuándo mientes…

Se arrodilla, apenas para impulsarse mejor hacia mí. Tomo su rostro en mis manos y la acerco al mío hasta que sus labios rozan los míos. Me embriaga su sabor a fresas y abandono sus mejillas para atraerla a mí. Tomo sus caderas y la obligo a moverse. Acaba sobre mis piernas, abrazada a mi cuello mientras acaricio su espalda. La beso suavemente, disfrutando sus labios, su cercanía, el calor que emanan nuestros cuerpos.

Está condenadamente mal. Si alguien me descubriese en su cuarto en medio de la noche, robando un beso de los labios más caros del distrito, mi vida y la de mi familia estarían acabadas. He visto lo que ocurre con los que osan inventar rumores sobre la mujer del alcalde y sus locuras, aun cuando nuestros agentes de la paz no suelen ser demasiado violentos. Que pasaría conmigo si soy descubierto. Dejo de besarla, de tocarla, me quedo estático sintiendo como su calor es incitante.

— ¿Qué? — murmura cuando dejo de corresponder su beso— Gale…

— Esto está mal Madge— deslizo mis manos hasta que acaban sobre la alfombra.

— Tu familia y la de Katniss necesitan el dinero Gale…

— No esto, no Cupido — la empujo, me levanto, se ha quedado en el suelo viéndome sin entender —ESTO… — nos señalo — tu y yo… eres hija del alcalde, yo soy de la Veta… vendí mi persona (nota: quedaba muy sexual poner "vendí mi cuerpo" xD) para darle de comer a mi familia, tu simplemente diste tu dinero porque te sobra…

— Yo…

— ¡Maysilee! — los ojos de Madge se abren de par en par, en un instante está de pie — ¡Maysilee!

Me quedo muy quieto viendo como los ojos azules de Madge se abren de par en par y palidece. Es el grito más desgarrador que he oído en mucho tiempo.


Hasta aquí el segundo capítulo. ¡Espero que les haya gustado!

Ya saben que hacer... fav, review y follow para que les avise cuando se sube el siguiente n.n

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Con cariño atentamente, Anna Scheler.