ADVERTENCIA: Esto es un AU así que la situación que se plantea obviamente no es real, ni siquiera se acerca al canon, aunque en algunas partes si lo hará así que advierto "spoilers" del manga más adelante. Posiblemente la clasificación suba en los siguientes capítulos así que no se rasguen las vestiduras.

Descarga de responsabilidad: HQ! no es mío, si lo fuera hubiera apresurado el encuentro carnal entre Kuroo y Oikawa SE AMAN aunque no se conozcan xD (?

Cronopios del autor: Siento que esto se me va a salir de control y terminaré escribiendo veinte o treinta capítulos sobre esto. De momento me di cuenta que Kageyama es demasiado tierno para existir. Me siento muy feliz escribiendo este fic. Tuve varios problemas con el capítulo de "Las mil plumas del cuervo", los cinco capítulos que tenía se borraron por error de formateo y me puse a llorar como tonta. Sin embargo, y por suerte, éste capítulo estaba guardado aquí, sólo fue cuestión de que le limpiara algunas cositas y lo subí. Espero lo disfruten y muchas gracias a aquellas personas que se han embarcado conmigo a la aventura de este humilde fic. Gracias por tomarse su tiempo y leer.

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Los reyes de la montaña

por St. Yukiona

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7 y 7

Divorcio no exitoso 1er. Parte.

Los primeros días en la primaría son un verdadero infierno para Shoyo. Se siente intimidado ante tantos estímulos. Por suerte Tobio va por él todas las mañanas y agarros de las manos caminan hacia el colegio que queda a varias cuadras de donde viven. No hay ningún problema, al menos cuando llega el momento de separarse de salón: Tobio está en una clase y Shoyo en otra. Pero sólo duran un mes separados hasta que ambas madres tienen que ir a hablar con el director para que los párvulos puedan asistir a la misma y de ese modo no entren en un pequeño caos cada vez que llega el instante después de receso en que deben de regresar a sus respectivas aulas.

Algunas veces Tobio lleva su balón de vóley y juega con Hinata en el receso, otras veces sólo se la pasan hablando sobre el vóley y hacen dibujos relacionados en ello.

Súper héroes.

En la cabeza de ambos niños no hay súper héroes, no hay carritos, no hay fiestas, no hay dulces. Sus pensamientos están llenos de colores amarillos, blancos y azul. Sus sueños se sofocan ante el anhelo de poder volar cual gigante, poseer esa fuerza sobrehumana que hace sonar el balón: ¡paw! Contra el piso, rompiendo los brazos de aquellos que quieren bloquear y frustrar el ataque. Cada vez que hablan sobre ello parecen más y más excitados. Y cuando por fin es el tercer mes de clase llega el momento que han estado esperando: Un entrenamiento de vóley de verdad.

El maestro los separa: Los bajitos y los altitos. Los bajitos se encargan de rellenar los botes de agua y llevarlas a los campos, toman teoría, corren y hacen todos los ejercicios pero mientras los bajitos se dedican a limpiar los balones, los altitos aprenden a rematar.

Tocar.

Llevan un mes en el club y Hinata toca más veces el balón que Kageyama porque le corresponde mantenerlos limpios, avisarle al profesor si alguno está roto o ponchado y de ahí llevarlo a inflar a dirección. Se ve gracioso corriendo con dos balones en cada mano, a veces con tres. A veces se cae y Kageyama corre a auxiliarlo mientras ambos ríen. A Hinata no le duele cuando se cae porque cuando juega con Kageyama a pasar la pelota se golpea más duro.

Por las tardes las prácticas en casa no paran. Tobio se encarga de enseñarle todo a Hinata: desde cómo pararse hasta como recibir. La posición de las manos. De los pies. De las caderas. Los ojos. Los hombros. La espalda. Alineación. Balanceo. Todo. Shoyo sólo absorbía como esponja. Le valía no tener un uniforme con su nombre en la espalda y jugar porque se daba cuenta que no se iba a divertir: a sus ojos, y a los de Kageyama, todo parecía más lento que lo que veían en el televisor.

Lo que los niños estaban haciendo no era jugar vóley, era un intento penoso del cual Hinata no quería ser partícipe, si divertía más con Kageyama usando su barda como red de separación.

10 y 11

Decisión.

Los ojos castaños miran directo los ojos azules con intensiones de descubrir que está pensando su compañero de juegos. Ambos han cursado su primer año, segundo año, están en el tercer año de educación primaria y en las preguntas han empezado a nacer entre ellos. Dudas que para sus madres tienen obvias respuestas pero para ellos son enigmas que les atormentan a niveles que no se pueden explicar. Pequeños niños inocentes, sus complicaciones de vida parecen no tener soluciones fáciles ante sus infantiles ojos.

—¿Qué tanto me ves?

—¿A qué secundaria quieres entrar?

—Al Kitagawa, tienen un equipo muy fuerte de volley.

—¿Ah? La Chidoriyama es más fuerte.

—Claro que no, estúpido Hinata.

—Claro que sí… sus remates hacen "Pawn" y sus saques hacen "Potg" —mueve las manos para ejemplificar cada uno de sus movimientos.

—Supongo que… ambas son fuertes…

Hinata le pasa el termo con agua que han llevado hasta su patio donde han estado entrenando, reviviendo las prácticas que han visto por internet gracias a la madre de Tobio. Las practicas en la escuela primaria siguen siendo un chiste.

—¿Crees que si insistimos este año podríamos ir a las clases de de volley que hay en el auditorio? —pregunta Kageyama mientras que Hinata pone el balón sobre la coronilla de su cabeza.

—No lo creo… chocan con las practicas de la escuela.

—Hmp. Igual son unos inútiles todos —comenta de forma escueta.

—Kageyama-kun… no seas tan cruel —suplica con un puchero el de cabellos naranjas.

El moreno abre mucho los ojos sólo para desviarlos buscando que sus mejillas no se sonrojen debido a que el rostro quejoso de su compañero siempre le ocasiona ese tipo de reacción que le hace parecer un tomate. No le gusta verse como un tomate.

—Pero es la verdad —admite enfadado mientras que ajustas sus rodilleras usadas y manoseadas, ambos compraron equipo de segunda mano con el dinero que les daba Oba-san, la dulce señora vecina del frente, ellos se encargan de sacarle la basura a la anciana a cambio de unos pocos yenes. No obstante, Hinata fija toda su atención en el gesto serio y plano de Kageyama. Hay algo que no le va.

—To-chan.

El aludido alza el rostro, se encuentra con la mirada preocupada del contrario.

—No me mires así, Shoyo —murmura—. Para ellos el voleibol sólo es el momento idóneo para saltarse un par de clases… no son buenos.

Algo feo sube y baja por el pecho del mayor cuando escucha esas horribles palabras. Aprieta el balón entre sus manos infantiles y aspira fuerte. La conversación muere al segundo siguiente cuando Hinata lanza el balón a la cara de Kageyama que ruge furioso y se tira sobre él. El del cabello naranja ríe cuando tiene encima a su amigo que le jala el cabello queriéndoselo arrancar, algunos cabellos se enredan entre sus dedos y él sólo puede empujarlo pues la risa no le da la suficiente fuerza como para defenderse mejor.

Frustración.

Durante las vacaciones de primavera, Kageyama ha crecido casi diez centímetros completos y empieza ser llamado a jugar en el equipo de la primaria como titular. A sus ojos desaprovechan la habilidad de Hinata para resistir sin cansarse, pues a pesar que tiene un cuerpo pequeño y delgado soporta mejor las condiciones de los partidos que cualquier otro del equipo. Tobio se molesta que es justo durante un partido que deben de interrumpirlo pues uno de los bloqueadores recibe un balonazo con la cara y ha sangrado. Comenzó a llorar y el juego se dio por terminado pues las mamás presentes consideran el deporte peligroso.

Si Hinata hubiera estado ahí, si Hinata hubiera sido ese rematador… la sangre hubiera sido cosa minúscula porque muchas veces han logrado parar hemorragias nasales y bucales antes de tener que regresar a casa para evitar ser regañados por sus respectivas madres.

—Has jugado bien, Kageyama —dice Hinata mientras que se apresura para alcanzarlo. Kageyama camina con su mochila que contiene sus zapatillas deportivas, uniforme y rodilleras, además de una venda, mamá se la compró hace dos días.

—No jugué bien, pudimos jugar mejor. ¡¿Por qué no te apresuras a crecer?! —grita fuera de sí haciendo que Hinata brinque asustado. Sigue su camino dejando atrás a su amigo.

No se hablan lo que restan del día, Kageyama no es consciente del daño que ocasionó a Hinata. Y Hinaya no comprende porque duele tanto no cumplir con las expectativas de su amigo. Esa tarde el mayor de los dos ve entre lagrimones y sollozos un partido un partido: Rusia contra Cuba, los jugadores de Cuba son de estaturas promedio, la alineación más baja a decir verdad enviada al Grand Prix de campeones, los rusos le sacan unas dos cabezas de altura. No obstante, es entre tanto llanto que descubre una pequeña verdad que comienza a picarle en los pies.

Armas para luchar.

El entrenamiento termina con un Tobio con el ceño fruncido, siente que el entrenador no fue claro al decir que las lesiones podían ocurrirle a cualquiera. De haber tenido él la fuerza de voluntad completa hubiera especificado que todos eran unos débiles, que debían de ser más fuertes si realmente querían ser deportista, parecía que nadie se tomaba enserio el club y eso le enfermaba pues la otra persona que efectivamente podía tomarse enserio la disciplina nunca había estado ni siquiera en la banca debido a su estatura: descartado antes de poder mostrar siquiera su valencia, su fortaleza, su temple y determinación. Kageyama podía ser un niño que poco a poco se había empezado a volver irascible pero sabía reconocer que su compañero de juegos era igual de talentoso que él.

—¿Sigues molesto, Kageyama? —pregunta Hinata caminando tímidamente detrás de él.

Tobio había olvidado lo que había ocurrido, o al menos, seguía sin percibir el grado de devastación que había dejado en su amigo. No responde sólo sigue andando.

—Tobio…

No hay respuesta, Kageyama está ideando algún plan que lo saque del hoyo, es decir, la incompetencia del equipo lo tiene enterrado en un hoyo.

—¡To-chan! —grita Hinata y el aludido se gira, ha avanzando tanto que no nota siquiera que su vecino está varios metros atrás. Los ojos azules recorren el cuerpo de su acompañante y se detinen en el gesto perplejo y al borde del llanto. Mierda. Otra vez le ha pegado en la nariz. Se acerca a él.

—¿Qué sucede?

—¡To-chan me has estado ignorando! ¡No es mi culpa que no pueda crecer! ¡Lo siento mucho! ¡Estoy haciendo todo lo necesario! ¡No volverá a jugar si no quieres… pero deja de ignorarme por favor…

—¿Qué estás diciendo, idiota? —se acerca a él.

—¡Qué es porque no crezco que no puedes seguir jugando conmigo! ¡Eso debe de ser!

—Estoy molesto porque no puedes jugar conmigo en la cancha… oficialmente. Me siento frustrado de que todos sean débiles y…

—Kageyama —llama Hinata otra vez haciendo callar al que se queja tan apasionadamente—. Este sólo es un club… pronto será tiempo de entrar a la secundaria y ahí…

—¿Y si allí tampoco puedes jugar porque no tienes la estatura?

El rostro de Kageyama Tobio se ve tan frustrado que logra hacer sentir mal a Hinata, él sólo se acerca lentamente, acortando la distancia y extiende sus manos hacia las mejillas contrarias. Empieza a acariciar lentamente los pómulos para que se calme, trata de consolarlo inconscientemente porque a Hinata le da miedo que de pronto Tobio empiece a llorar. Tobio nunca ha llorado todo lo que él sí, no le desea a Tobio el dolor de cabeza o la sensación de vacío que viene después del llanto, no, Tobio no merece sentirse frustrado. Él está confiado en que un día podrá pisar una cancha de verdad a lado de Kageyama Tobio, y cuando eso ocurra podrán hacer la magia que han estado guardando en sus corazones. El más alto agradece la acción y cierra los ojos serenándose ante el contacto.

A Hinata leda mido que de pronto Tobio llore, sin embargo más miedo le da pensar que en vez de llanto la frustración de su amigo desemboque en algo peor y eso algo peor terminé por alejarlo de él. Le da tanto miedo cuando dice que nadie sirve, que todos son débiles y que son fracasados. Le da miedo escuchar esas palabras en la boca de su amable amigo, en el hijo de la cariñosa to-chan Kageyama… él no es así. Sólo no sabe cómo expresarse, no sabe cómo sacar todo. Hinata comprende entonces que Tobio no estaba enojado con él sino consigo mismo por permitirse jugar sin Shoyo a su lado. Lo estrecha fuerte cuando sus manos han caído de las mejillas ajenas y se han dedicado a abrazar por la cintura al menor.

—Encontraremos la forma… —señala para después separarse y ofrecerle la mano.

Sus dedos se entrelazan y vuelven a caminar hacia sus respectivas casas. Se detienen sólo un momento en una tienda de convivencia donde compran un bollo de carne para Shoyo y uno de curry para Tobio. Lo comen sentados en la acera. Se han desviado un poco de la ruta debido a que pasaron antes a comprar un manga que habían estado esperando, quizás el único que siguen fervientemente ambos niños y eso porque uno de los jugadores japoneses de voleibol que ellos admiran admitió en una entrevista que sigue el mismo manga. Kageyama come su bollo de carne y juega con el Mikasa que no entrado en su mochila lo tiene entre sus piernas. Hinata hojea la adquisición y come con la otra mano a grandes mordidas su propio alimento.

—Mira, mira… qué lindo —alguien habla y Kageyama alza la mirada—. Es un balón de vóley el que el chibi tiene entre sus piernas.

—Quizás se ha enterado que vamos a las nacionales y ha querido venir a conocernos en personas —comenta otro.

—Calla, Mitsuki, sigue caminando —ordena otro con mala leche—. Estoy molido, el entrenador Ukai ha excedido esta vez… no siento mis manos de tanto rematar… —comenta mientras rodean a los niños y entran a la tienda.

Kageyama jalonea a Hinata que por poco tira su bollo, cuando está a punto de reclamar su amigo le hace girar la cabeza hacia la puerta donde un grupo numeroso de estudiantes entraron. Todos ellos visten de negro. Todos ellos lucen enormes. Todos ellos pertenecen al club de voleibol de Karasuno.

La piel se le eriza a los dos cuando uno de ellos, el más pequeño, se ha girado y los ha desdeñado con la mirada.

Los dos mocosos han salido corriendo ante el susto. Tremenda presencia del sujeto ese. No obstante Hinata se detiene y ve salir otra vez al grupo de la tienda de antes, parecen todos cotorros hablando chorradas y molestándose entre sí. Son como gigantes. Pero sus ojos vuelven a chocar con el de aquel minúsculo ser que camina detrás de ellos comiendo lo que parece ser un helado.

—Akiteru, cambiame el helado… me ha salido sabor cereza —dice y la voz resuena como la de un ogro en los oídos de Hinata.

—Tal como se esperaba de nuestra caprichosa estrella: Pequeño Gigante, Tsukishima-san… cumple los deseos de tu amo —comenta uno y todos comienza a reír.

El corazón de Hinata se quiere salir.

¿Alguien así de enano puede ser una estrella?

—¡Oi! ¡Hinata! ¡Hoy van a dar el partido de la liga japonesa! Llegaremos tarde —apremia Tobio, y Hinata corre detrás de su amigo.

La sensación de antes, le vuelve a picar los pies.

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Review:

Alejandra: Muchas gracias hermosa por venir y leer el primer capítulo, como dije, lo dedique especialmente para ustedes mis hermosas seguidoras de la página. Pasando a otras cosas, pues son niños, son fáciles de impresionar, así que es obvio que se queden prendado de algo. A mí me paso en su momento con la lectura, cuando era pequeña me quedé atrapada con Petter Pan, la película, cuando me enteré que había un libro jamás y nunca volvía a ser la misma. Conozco esa pasión de antemano y quiero reflejarla un poco en mis muchachitos. Resuelvo dudas sin que suena a spoiler: Sí, todos los sobresalientes apareceran conforme sean requeridos y ya no te diré más pues necesitas leer~, aunque creo que puedes notar que en este capítulo se resolvió otra duda que tenías por ahí. Hehe. Espero tener tu apoyo para este capítulo y que te siga agradando. Muchas gracias por leer y nos estamos viendo.

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Gracias por leer.

St. Yukionna.

Quien los ama de corazón, costilla y pulmón.