¡Hola! Esta es una actualización muy rápida ¿no? Así son las cosas buenas porque luego puedo tardarme tres meses en actualizar.
Quiero darles una advertencia sobre mis advertencias: Si yo digo que habrá hard les miento vil mente porque en mis historias nunca habrá, si digo que habrá lemon entonces un beso es lo que más va a pasar (?) y si digo que será yaoi entonces es probable que no lo parezca y en el fondo todos creemos que no lo sea. Quiero llegar al punto de que aunque solo sean insinuaciones yo advierto así que nuevas advertencias:
Angst. Violación. Totty maldad (Todomatsu es un buen hermano, pero aquí no son hermanos) Ooc, aunque sigo intentando que no lo sea.
Todos agradecemos que Osomatsu-san ni sus personajes ni sus AU me pertenecen.
cuando los diálogos tengan un guion - es porque están hablando en el presente, si tienen comillas "" están hablando en lo que Ichi está contando.
Espero que les agrade el cap:
Todo había sido silencio mientras Karamatsu le limpiaba sus heridas. Ichimatsu mantuvo una mirada perdida y silenciosa, preocupantemente similar a sus primeros días allí.
-Listo – dijo Karamatsu mientras se levantaba – solo han sido rasguños y raspones, se curarán dentro de nada. – puso una mano en su barbilla y con ojos brillosos agregó – mi mano es famosa por los milagros que hace.
No hubo respuesta, ni siquiera una mirada.
-¿Has intentado confesarte alguna vez? – dijo, esta vez con más seriedad que antes. E Ichimatsu sí que levantó la mirada esta ocasión.
Karamatsu tomó su lugar habitual en el confesionario y escuchó como Ichimatsu entraba. Decidió no empezar como siempre, después de todo Ichimatsu no estaba allí por las mismas razones que todas las demás personas por lo general tenían. Hubo silencio y silencio. El sacerdote no estaba seguro de que fuera una buena idea presionarlo, pero tampoco era como si fuera malo darle una pequeña ayuda.
-¿Tenías un hermano mayor llamado Osomatsu?
Escuchó como se removía el otro en su lugar, el silencio continuó y al final se salió. Karamatsu salió también y lo vio alejarse deprisa en dirección a las habitaciones, lo siguió y entró tras de él en el cuarto de Ichimatsu. El de ojos morados se lanzó a su cama y abrazó con fuerza el peluche que tenía allí. No podía contestar ni siquiera esa pregunta. Eso implicaría terminar contándole todo y podría provocar el odio del otro.
-Ichimatsu-
-No
El padre pudo notar como temblaba. Y por alguna razón se sintió enojado, después de todo ese tiempo y ¿aún no podía confiar en él? Caminó decidido hasta él, lo tomó de sus brazos y extendiéndolos hacía ambos lados lo obligo a estar boca arriba, subió una rodilla a la cama junto a su cuerpo para tener un mejor apoyo y dejó caer algo de su peso para que no pudiera soltarse de su agarre. Lo estaba sometiendo en la cama. Pero no lo pensó de esa manera, sólo quería verlo al rostro, quería que lo enfrentara.
-Guardarte las cosas para ti solo te hace daño – su voz había perdido todo rastro de amabilidad que acostumbraba – déjame ayudarte. ¿Acaso no soy suficiente? ¿No crees en mí? – con esto último su voz salió algo quebrada.
Ichimatsu lo vio pasmado unos momentos y luego desvió la mirada.
-Te creo. – susurró, casi para él mismo, pero Karamatsu pudo escucharlo a la perfección y fue casi como si una corriente eléctrica lo recorriera y se hinchara de felicidad. – Osomatsu-niisan es… - La seriedad regresó a él al percatarse de que Ichimatsu estaba a punto de abrirse con él – él es lo que me merezco.
-¿uh?
-¿Cuánto tiempo planeas estar sobre mí, sacerdote de mierda?
Karamatsu se quitó disculpándose, ya había perdido la costumbre de regañarlo por decir malas palabras en el templo del señor, a Ichimatsu simplemente no le importaba. Ambos se sentaron en el borde de la cama. Ichimatsu volvió a desviar su mirada al suelo. Tomó aire, estaba nervioso por contarlo, tanto por las sensaciones que tendría al revivirlo como por la impresión que dejaría.
Le contó que cuando eran niños su padre los había abandonado por algún problema relacionado con el alcohol. Su madre había tenido que trabajar mucho para mantenerlos a su hermano y a él. No pudo pagarles la escuela así que nunca habían asistido, como ella se sentía culpable de que crecieran sin una figura paterna no los obligaba a hacer cosas, pero no era buena, Ichimatsu la definía más como indiferente, se limitaba a darles de comer y tenerles ropa cuando la vieja ya no les quedaba. Cuando ellos tenían dieciséis años ella murió.
De esa forma solo quedaron él y su hermano gemelo Jyushimatsu.
-¿Jyushimatsu? – preguntó el padre, pues Osomatsu fue el nombre que le mencionó antes.
-Cállate y escucha
-Lo siento
Cuando ella murió, los hermanos no se sintieron tristes, para ellos nada había cambiado, o al menos eso creían hasta que se dieron cuenta de que la comida se estaba acabando y una mujer que nunca habían visto se acercó a ellos y les dijo que si no le pagaban lo del mes los iba a echar sin consideración, hasta ese momento descubrieron que el lugar donde vivían no era de ellos, sino que rentaban. Los dos tenían mucho pánico, no sabían que hacer, no sabían cómo se conseguía dinero, no sabían cómo se conseguía comida. Terminó llegando el fin de mes y la enorme mujer cumplió su palabra. Guardaron lo que pudieron en una mochila y salieron, seguían muy perdidos y tuvieron que dormir en la calle.
Jyushimatsu y él tenían hambre, desde que se les había acabado la comida habían estado hurgando en la basura, pero últimamente no encontraban mucho. Un día estaban en un callejón sentados, Ichimatsu se había hecho cercano a los gatos que se encontraban sin embargo nunca cambiaba la expresión taciturna que tenía. Jyushimatsu de pronto se levantó con una enorme sonrisa que nunca antes le había visto, estaba agitando los brazos.
"¡nii-san! ¡nii-san! Vamos a otro lado, ¡seguro habrá comida en otra parte-muscle!"
"¿Qué pasa Jyushimatsu? ¿Por qué estás sonriendo de esa forma? ¿y qué es eso de muscle?"
"Nii-san siempre está triste ¡así que yo debo sonreír por ambos-hustle!"
"No digas tonterías Jyushimatsu, no hay nada por qué sonreír."
"Estamos juntos nii-san, eso es suficiente razón para sonreír. Tú te encargas de preocuparte y estar triste por ambos, yo disfruto y sonrío por ambos."
Ichimatsu estaba por gritarle enojado ¿qué era esa división? ¿por qué él tenía que estar triste siempre? ¡Estar juntos no era algo para estar felices si se están muriendo de hambre en la calle! Pero al mirar a su hermano, pudo ver en sus ojos que estaba al borde de las lágrimas, probablemente quería llorar más que él mismo. Así que no le dijo nada. No era como si de verdad importara.
-Jyushimatsu siempre sonreía para hacerme sentir bien, desde ese día nunca lo volví a ver con otra expresión salvo algunas ocasiones. – Ichimatsu apretó el peluche que tenía entre los brazos, Karamatsu no sabía que podía hacer para consolarlo así que solo asintió invitándolo a que continuara - Y eso que técnicamente yo era el mayor, éramos gemelos sí, pero yo era el mayor y al final yo era el que era cuidado.
Siguiendo el consejo de Jyushimatsu los hermanos salieron de ese callejón donde la habían pasado los últimos tres meses cargando su mochila que solo contenía ropa y unos trastes, cuando salieron de su casa no sabían qué más necesitaban así que eso era todo, y fueron a buscar en otro lado, se encontraron frente a un restaurante, un enorme y lujoso restaurante que no se parecía a ningún otro que hubieran visto antes, el olor de la comida estaba saliendo y se quedaron de pie inhalando el aroma como si eso fuera a llenar sus estómagos.
Decidieron ir a la parte trasera de ese restaurante, seguro conseguían algo. Entraron a lo que era el callejón de allí, era bastante angosto y se les iluminaron los ojos cuando vieron los contenedores de basura. Corrieron hacia allá ya antes de que estuvieran al alcance de sus manos Ichimatsu sintió un repentino dolor en el estómago y se quedó sin aire, cayó al suelo. Escuchó a su hermano gritarle, sonaba como si estuviera en algún lugar muy lejano. Para cuando pudo enfocar la vista correctamente diferenció a su Jyushimatsu en el suelo frente a él con un hombre encima. Entonces entendió que lo habían golpeado.
"Estos mocosos creen que pueden meterse a nuestro callejón y tomar de nuestra comida" la voz se escuchaba muy grave "demostrémosle que no es así" y hubo otras voces, no podría decir cuántas, lo único que supo Ichimatsu fue que lo estaban pateando, y por lo que escuchaba a Jyushimatsu también.
"Oye ¿no crees que este se ve muy lindo?"
…
-¿Qué pasa? – preguntó Karamatsu ante el repentino silencio de Ichimatsu.
-Quiero… ¿puedes traerme té? – y se recostó en la cama aferrado al regalo que tenía entre los brazos.
Karamatsu salió y fue a prepararlo. Se sentía muy mal, imaginar que esos dos pobres chicos habían pasado esas desgracias le estrujaba el corazón, como deseaba haber podido ir al pasado y buscar a Ichimatsu, darle el hogar y el amor que se merecía. Claro, y a little Jyushimatsu también.
Se detuvo cuando levantaba la tetera. Recordó el día del hospital, después de que evitara que Ichimatsu se lanzara desde el techo habían forcejeado bastante, Ichimatsu quería terminar con su vida, había sido tanto y había estado tan agotado que había terminado desmayándose. Fue en ese momento cuando el padre bajó y pidió informes de ese paciente. Le dijeron lo básico: Su nombre, su edad, la razón por la que estaba allí y… que no tenía ningún familiar.
Dejó todo en la mesa de la habitación, y lo observó por unos momentos. Le entregó con cuidado el té que le había pedido, y vio que tenía los ojos rojos, entonces comprendió que no quería té, quería estar solo. Eso molestó al padre, quería estar allí para él, no tenía palabras que pudieran ayudarlo, pero no era bueno que estuviera en soledad en momentos duros.
Terminó de tomar su bebida, se sentó dándole la espalda a Karamatsu y solo entonces retomó su anécdota.
-Decidieron violarnos – dijo de golpe, si no lo hacía de esa forma nunca se atrevería – esos vagos nos consideraron apropiados, lo más similar a una mujer que podrían tener. – le aterraba la idea de voltearse y descubrir alguna expresión de asco en su acompañante – estuvimos forcejeando, pero éramos unos escuálidos mocosos de dieciséis años y ellos eran adultos y más que nosotros.
Trataban de escapar los dos, Ichimatsu escuchó un golpe seco, cuando volteo vio a Jyushimatsu tirado en el suelo y a dos hombres rodeándolo con un tubo en las manos, lo habían dejado inconsciente, con el camino libre los hombres tuvieron la facilidad de hacerle lo que quisieran. Ichimatsu se asustó cuando vio que tomaban sus shorts para bajárselos.
"¡NO! - gritó - ¡Déjenlo a él, no lo toquen! Solo… - tomó aire y apretó los ojos con fuerza - ¡Solo háganmelo a mí!"
"¿Qué dices Ichimachuu~?"
Los hombres le tomaron la palabra y ahora había más brazos sometiéndolo, ya no había mucho que pudiera hacer, sus ojos llorosos se dirigieron a su hermano que estaba abandonado.
"Ojalá lo tomaran a él ¿no es así? – Ichimatsu sentía como su ropa era jalada - ¿por qué él es quien está a salvo ahora? ¿por qué no te dejaron inconsciente a ti?"
Cuando unas manos empezaron a tocar directamente su piel, recorriendo cada parte de él regresó la vista a sus agresores, seguía sin saber cuántos eran, tal vez cinco, todos eran similares, estaban vestidos con ropa sucia y vieja, apestaban, tenían el pelo largo y asqueroso. Detrás de ellos había alguien de pie, observándolo, no era de ellos, estaba vestido con un traje, tenía algo saliendo de su cabeza como si fueran cuernos y algo como alas detrás, sus ojos eran rojos y profundos, sentía que estaba viendo directamente su alma.
"¿Quieres que se mueran, Ichimatsu? ¿Quieres que te dejen en paz? – nadie más parecía escuchar a esa persona – ¿quieres que te ayude? – se acuclilló junto a uno de los hombres que estaba tomando su brazo derecho - ¿quieres que me deshaga de ellos?"
"sí – pensó Ichimatsu – quiero que desaparezcan" Esta persona sonrió.
Se escuchó una puerta abrirse. Todo lo que estaba sucediendo se detuvo. En la puerta trasera del restaurante se encontraba una persona de pie observándolos asqueado.
"¡Atsushi-kun! – le gritó a alguien dentro – llama a la policía"
Los vagabundos salieron huyendo. Ichimatsu con esfuerzos se arrastró hasta donde estaba su hermano y se subió los pantalones que tenía hasta los tobillos, luego intentó levantarse para cargar con Jyushi e irse, pero sus piernas le temblaban por miedo y por cansancio.
La persona en la puerta contempló el patético espectáculo aún con desagrado en su rostro. Otra persona salió y se detuvo detrás de él, le dio una mirada a los chicos que estaban tirados allí.
"¿Haremos algo, Todomatsu-kun?"
"Los vagabundos me dan repelús, ya no quiero que haya ninguno aquí, ve lo que pasa, es asqueroso – regresó la mirada a los chicos que estaban allí, uno sin moverse, el otro intentando ponerse de pie fallidamente – llama a una ambulancia" dijo y ambos volvieron a entrar al restaurante cerrando la puerta.
Cuando los dejaron solos, Ichimatsu comenzó a llorar, se aferró a la sudadera de su hermano menor y estuvo llorando mucho rato. Luego la puerta volvió a abrirse y Todomatsu salió con una cubeta. La dejó junto a ellos sin decir nada y volvió a entrar. Ichimatsu se fijó con mucho cuidado en qué era y empezó a llorar otra vez. Era comida. No podrida, no llena de basura. Eran panes calientes que olían como el cielo, algo de queso y unas cosas verdes que no sabía que eran. Comenzó a devorar con desesperación, le costó mucho contenerse, pero tenía que guardar algo para su hermano.
-Jyushimatsu terminó despertando antes de que llegara la ambulancia y también comió mientras lloraba. – la voz de Ichimatsu había temblado bastante mientras contaba eso y Karamatsu estaba apretando tanto los puños que se había hecho daño. La impotencia de no ser capaz de cambiar ese hecho casi lo hacía llorar de desesperación ¿qué podía hacer para ayudar a una persona a superar eso? No era justo. Incluso un odio irracional nació en él contra esos vagabundos. Trataba de calmarse, trataba de respirar, pero no podía, era demasiado, estaba infringiendo todas sus creencias de fe al tener tal sentimiento de venganza naciendo en él.
-Esa fue la primera vez que vi a Osomatsu-niisan – continuó Ichimatsu una vez que ya se había calmado – en ese momento no había pensado en ello, después creí que lo había alucinado por el miedo y el odio.
Karamatsu abrió la boca dispuesto a decir algo, pero fue interrumpido antes.
-La ambulancia llegó por nosotros y nos llevaron a un hospital. No teníamos familia y ni dinero así que no sé quién pagó el que nos atendieran. Como éramos menores de edad nos llevaron a un orfanato, esa fue la etapa más estable de nuestras vidas. Dos años vivimos en ese lugar, nos enseñaron a leer y a escribir, nos enseñaron un poco sobre el mundo, nos enteramos de cómo se llamaba el país en donde vivíamos. Éramos unos idiotas y no lo sabíamos.
Ichimatsu era retraído, no confiaba en nadie y no se interesaba por hablarles. Terminó acercándose a los gatos que había en los alrededores, los felinos fueron importantes para él, eran los únicos que los aceptaban en aquellos callejones. Jyushimatsu tenía más oportunidades de adaptarse, pero siempre prefería estar junto a su hermano. Fue otra etapa neutra. Así dividía Ichimatsu su vida, los momentos en los que solo vivían y los momentos en que lo pasaban mal.
-No quiero que ésta sea una etapa en la que solo vives – Karamatsu puso un brazo sobre el hombro de Ichimatsu quien se espantó ante la acción, prácticamente ya se había olvidado de la presencia del otro, le recordó que estaba allí y que en realidad lo estaba escuchando. ¿Qué pensaría de él ahora? ¿Le daría asco saber sobre las cosas que le habían pasado? Seguro sí, si fuera él le daría asco. Y ni siquiera había llegado a la peor parte. Se giró lentamente para encontrarse con el rostro del padre. Tenía una mirada seria, lo estaba viendo fijamente. – me encargaré de que a partir de ahora seas feliz – agregó.
-No digas idioteces – fue la respuesta del menor. Y volvió a darle la espalda. Las comisuras de sus labios subieron un poco, nadie podría decir que eso era una sonrisa, Ichimatsu estaba feliz, pero pronto esa sensación desapareció. Apenas venía la parte mala, después de que los echaron de ese lugar, todo lo que hizo… el sacerdote aún no lo sabía – ya es momento de que te bañes, para poder bañarme yo e irnos a dormir.
-Ichimatsu-
-Mañana te seguiré contando, quiero descansar.
-Ichi-
-¡Que te vayas a la mierda! – empujó a Karamatsu haciéndolo caer al suelo, se levantó y salió en dirección a los baños, haría lo mismo de siempre. El padre prontamente estaba detrás de él.
Una vez que escuchó el agua caer por primera vez se levantó del suelo y se alejó, llego a una ventana y la abrió.
-¿Osomatsu nii-san? – solo el silencio se hizo presente – Sé que estás allí, siempre estás allí. Observándome. – Ichimatsu miró el cielo nocturno, las estrellas lo llenaban todo, la luna era enorme y brillaba – Me había olvidado de ti, Osomatsu-niisan ¿Por qué no te habías presentado hasta ahora?
-¡¿Ichimatsu?! – se escuchó a lo lejos, Karamatsu había terminado irracionalmente rápido.
El nombrado estaba dándole la espalda a la ventana por haber volteado.
-¿Es por él? Es alguien amable e idiota, hasta llegar al punto de lo absurdo. Está convencido de que todos lo admiran y quieren ser como él. Cree que le debo la vida. – Ichimatsu bajó la mirada – tal vez es así. Karamatsu se asomó al pasillo en el que estaba y lo vio, su expresión se relajó. Ichimatsu lo noto.
-Voy a quedarme con él, Osomatsu-niisan. Ya no iré contigo nunca más.
Las ventanas tras de él se cerraron con mucha fuerza. Karamatsu se acercó preguntándole que había sucedido, si estaba hablando con alguien. Ichimatsu ignoró sus preguntas y vio gotas de agua corriendo en su rostro y su torso descubierto, cayendo desde su pelo mojado.
-A partir de mañana hay que bañarnos juntos. – dijo y se fue dejando a un Karamatsu confundido – eso si aún puedes estar junto a mi cuando te enteres de lo que hice – susurró para él mismo.
¡Hasta aquí!
Gracias por leer, y miles de más gracias a quienes comentaron. Me alegra el corazón saber que mi historia es del agrado de alguien.
Espero que nos leamos otra vez!~
