Todos los personajes pertenecen a Hidekaz Himaruya, sin ánimos de lucro.


Capítulo II

Antes de continuar con lo que estaba a punto de acontecer en el apartamento del danés, déjenme contarles cómo Tino y Mathias terminaron enredándose. O mejor dicho, cómo el finlandés terminó en las manos del mejor amigo de su pareja. Fuera como fuera, he aquí un resumen de esta relación tan particular y que nunca debió ser… Todo nos lleva un par de años atrás, después de un catorce de febrero muy frustrado.

Era un trece de febrero, aparentemente cualquiera. Berwald le acababa de avisar al finlandés de que no iba a poder pasar el día de los Enamorados junto a él, ya que había un proyecto que debía terminar en la mayor brevedad posible. En la voz del sueco, pese a las pocas palabras que pronunció, podía notarse que estaba bastante triste al respecto.

Te lo compensaré, lo prometo —le dijo el escandinavo, con cierto temor. Lo último que pretendía era decepcionar al muchacho. Pero si quería llevar dinero a la casa, para que Tino no tuviese que ir a trabajar, entonces tenía que realizar dicho sacrificio.

No te preocupes, Berwald. Cuando regreses, haremos algo especial, ¿te parece? —le propuso éste, ya que no quería que su pareja se deprimiera o algo por el estilo. Además, unos días más, no eran demasiado. Lo importante es que lo tendría junto a él.

¿Lo dices en serio? —. A veces, le daba la impresión de que Tino era sumamente comprensivo y que era realmente afortunado al tenerlo como pareja. Estaba mucho más aliviado al escuchar esas palabras.

Sí, ve a trabajar y no te preocupes por mí —Tino sabía que de todas maneras, se preocuparía así que volvió a reiterarlo. A pesar de que desde inicios del mes anterior, todavía no había podido ver al sueco, podía esperar unos días más. Inclusive se había planteado la posibilidad de ir él mismo a donde se hallaba el escandinavo, con Peter y la cachorra Hanatamago.

Luego de despedirse, Tino se despidió cariñosamente del sueco. Bueno, ahora tenía una enorme casa para él solo. ¿Qué se suponía que iba a hacer ahora? Todo brillaba de limpio. Suspiró… Ninguno de sus amigos vendría ese día, porque probablemente se estarían preparando para el día siguiente. ¡Agh! En fin, no le quedaba otra más que aguantar.

Se tiró al sofá a ver la tele. Aunque le había dicho bien que no le importaba que estuviera trabajando arduamente, la verdad era que estaba triste, decepcionado. Se abrazó a una de las almohadas y se recostó por el posa brazos del mueble en cuestión. Sí, entendía perfectamente que tuviera tantas responsabilidades y obligaciones, pero… ¿Qué tanto podían depender de él? Sólo eran unas cuantas horas, no le pedía demasiado.

Y ahora, tenía que soportar esos estúpidos maratones de películas y series románticas, además de la cantidad de publicidad que había sobre productos especiales para dichas especiales. Al menos, la Navidad era una fecha mucho más importante y más divertida de celebrar, pensó.

De repente, alguien comenzó a golpear la puerta y a tocar el timbre como un loco desesperado. Se preguntaba de quién podría tratarse, ya que no esperaba visita alguna. Tampoco estaba demasiado presentable que digamos, aún estaba con sus pijamas y con unas pantuflas de conejo. En fin, no quiso dejar esperar mucho tiempo a esa persona, porque además le estaba volviendo loco lo ruidoso qué era.

Abrió la puerta. Y...

¡Soy tu nuevo vecino, Tino! —exclamó Mathias y lo abrazó con tal fuerza y entusiasmo, que tumbó al pobre finlandés al suelo.

¡¿Eh?! —Por un buen rato, el muchacho no comprendió que le había echado al suelo o le había chocado. Luego se percató de aquel cabello desordenado y brillante, y sabía que no podía tratarse de otro que de cierto danés.

Lo siento, lo siento —Sonrió y ayudó a Tino a incorporarse —. ¿No te dijo Berwald que me iba a mudar al otro lado de la calle? —De inmediato, le señaló la casa de enfrente. No era tan grande como la del finlandés y el sueco, pero eso era porque en aquel momento, Mathias era todavía soltero.

Tino negó con la cabeza. Repasó rápidamente la conversación de casi dos horas que acababa de mantener con el sueco. No recordaba que en algún momento le hubiese mencionado sobre aquel pequeñísimo detalle. Por un momento, creyó que Berwald se lo hubiera ocultado a propósito. O tal vez, debido a la cantidad de trabajo que tenía, no lo había recordado.

Enseguida, sacudió su cabeza. No quería estar ocupado en esas divagaciones mentales por mucho rato.

Oh, bueno, supongo que no tuvo el tiempo de decírmelo —respondió con mucha prisa y con una enorme sonrisa en su rostro, para que el otro no se diera cuenta del súbito nerviosismo que se había apoderado de él. Nunca supo por qué demonios se ponía de ese modo con el danés.

Jo, qué imbécil —comentó y luego pasó su mano por los hombros del otro —. Dime, ¿qué piensas hacer este día de los Enamorados? Supongo que Berwald y tú… —Hizo un movimiento con las cejas, dando a entender que estaba pensando que ellos iban a hacer el amor todo el día o algo por el estilo.

Sin embargo, Tino lo corrigió de inmediato.

¡No! —exclamó como si ello le molestara. Al darse cuenta del tono de voz que había empleado, intentó calmarse un poco —. Digo, no. Él… Él tiene mucho trabajo así que no podrá venir para estas fechas —respondió con una tristeza que ni siquiera se molestó en disimular.

A Mathias no le importó acercarse al finés. Parecía que el otro no solamente estaba triste por eso. Así que decidió que era su obligación animarlo un poco. Miró la casa, sobre los hombros de Tino y como estaba vacía y la suya aún estaba de estreno, se le había ocurrido una ingeniosa idea.

¿Por qué no te quedas conmigo estos días hasta que regrese Berwald? —indagó éste —. Puedes traer a Hanatamago y a Peter contigo, así no se quedarán solos —explicó, con esa irresistible sonrisa de vendedor, a la cual no se podría resistir nadie.

Tino lo observó por un buen rato. No le parecía un mal plan. Después de todo, ambos no tenían nada que hacer. ¿Qué era lo peor que podría ocurrir entre ellos? Así que, con ayuda del hombre, quien llevó al pequeño entre sus brazos, sacó algunas pertenencias que podría necesitar y luego llaveó la puerta.

Miró una vez más a la puerta y luego siguió a Mathias.

No te preocupes, Tino. A la noche, podrás llamarlo si quieres —dijo sonriente mientras que con una mano intentaba abrir la puerta, puesto que el niño estaba durmiendo cómodamente sobre su hombro.

Tras dejar al pequeño en la cama de huéspedes y dejar la puerta semi-abierta, para poder escucharle por si se despertara, Tino y Mathias se acomodaron en la sala de estar de éste. El primero no podía despegar sus ojos de toda la decoración que la mencionada habitación. Era tan lujosa… y acorde a la personalidad del danés. Aunque, tanto rojo dañaba un poco a la vista.

¿A qué se debe qué no tendrás pareja para mañana? —le preguntó el finés de repente. Estaba un poco cansado del silencio y no quería hablar demasiado del asunto de Berwald. A eso había que añadirle que en verdad, sentía mucha curiosidad por dicha cuestión. Le extrañaba que no hubiera conseguido a alguien y que prefiriera estar con él.

No hay ganas. Aparte, ¿por qué no pasarla contigo? Digo, como amigos —aclaró en un abrir y cerrar de ojos. Aunque, tenía cierta esperanza de que ocurriera algo. Hacía tiempo que andaba buscando alguna oportunidad con el muchacho y ésta era perfecta. Y sabía que era posible que pudiera repetirse, dado el trabajo del sueco.

Tino se ruborizó un poco. Le animó un poco el hecho de que alguien realmente quisiera pasar el bendito día de San Valentín con él. Se sentía terriblemente mal al pensar eso, pues sabía que Berwald estaría trabajando pero… En fin. Demasiado enredo como para pensar en ello.

¡¿Pero qué clase de anfitrión soy?! —exclamó el danés y se levantó en cinco segundos, como si tuviera un resorte —. ¿Quieres tomar algo? Tengo de todo y estoy seguro que alguno será de tu agradó —Guiñó.

Ah, esto… —El muchacho no se había puesto a pensar en ello, a pesar de que, realmente tenía hambre. No había comido nada en las últimas horas y estaba con algo de sed, para añadirle al asunto —. Lo que tengas, no es necesario que te tomes tantas molestias de todas maneras —. Se encogió de hombros y luego le dio una sonrisa.

Mathias le devolvió la sonrisa y se encaminó hacia la cocina. Ya que al otro le daba igual lo que le trajera, entonces decidió aprovecharse un poco de ello. Sólo un poco. Cuando vino de vuelta, trajo dos botellas de cerveza. Supuso que Tino no tendría mucho problema en tomar un poco, ya que además estaban solos y Peter estaba durmiendo profundamente.

Sólo es una cervecita —El danés le guiñó y tomó asiento a su lado.

Bueno, supongo que una no me hará mal —El finlandés se rió un poco. Agarró una de las botellas, sabía que el alcohol que el otro tenía era de la mejor calidad y no siempre podía darse ese gusto. ¿Qué podría ocurrir si tomaba una o dos? Nada, fue lo que supuso.

Conforme pasaron las horas, las cosas se volvieron bastante entretenidas. Ambos estaban riéndose de tonterías, a veces imitando al sueco, cuando éste se ponía demasiado serio sobre determinados asuntos. Tino se había relajado por completo después de unos cuantos tragos y la verdad era que ni siquiera le importaba lo que Mathias decía de su pareja.

Mientras que bromeaban y seguían tomando, el danés se iba acercando cada vez más al finés. No creyó que realmente le importara, porque lo hacía poco a poco. Luego, terminó tan cerca de él que sus brazos estaban alrededor de él y podía ver muy bien la piel sedosa del muchacho.

¿Qué tal si…? —Éste empujó a Tino para que se recostara sobre el sofá, casi sin ningún esfuerzo. Por supuesto, el muchacho estaba sorprendido con dicha acción. Eso… eso era sólo una broma, ¿no?

¿Qué…? ¿Qué ocurre? —indagó el finlandés, quien no tardó en volverse a poner tenso y muy nervioso. Miró directamente a los enormes y brillantes ojos azules del dueño de la casa, como si buscara una explicación y de inmediato, lo supo. Supo qué iba a suceder luego. Y por alguna razón, no puso ninguna resistencia —. Mathias, no creo que esto… —Desvió su mirada hacia otro lado.

Sin embargo, éste le acarició lenta y delicadamente el rostro, como si quisiera tranquilizarlo. Estaba completamente seguro de que eso era lo que Tino deseaba, podía ver que aquel estaba luchando internamente entre hacerlo o serle fiel al sueco. Y él iba a ayudarle a decidirse. Un beso aquí, un beso allá…

Nadie lo sabrá —le susurró mientras que continuaba acariciándolo. Aunque tampoco quería parecer que lo estuviera forzando a hacer algo que no quería —. Por supuesto, todo depende de ti. Si quieres, me levanto y no volvemos a hablar del asunto —comentó. Tenía cierta esperanza de que eso no iba a suceder. Hace rato que había estado aguardando para hacer algo por el estilo.

Tino estuvo pensando un buen rato. Se suponía que esto no debía pasar, estar tan cerca del danés, con su cuerpo tan cerca del suyo. No. Debería estar sentado sobre el sofá de su casa y esperar a la llamada de Berwald. Eso era lo que todo bueno novio tendría que hacer. Sin embargo, quería más. Quería probar más. Quería que lo tocara más.

Bueno… —Estaba ruborizado hasta las nubes, si eso era posible. ¿Cómo iba a rechazarle después de esas caricias, de esos besos…? Debía tener una fuerte voluntad para hacerlo y tristemente, debido en parte al alcohol que estaba corriendo en su sangre, no podía.

Sólo dame una oportunidad —le pidió a través de un suave susurro que erizó la piel del finlandés. Iba a hacer lo que fuera necesario para que el otro accediera a su petición,

Está bien —No pudo creer que lo hubiera aceptado. Supuso que, como Berwald estaba lejos y como no había forma de que se enterara de lo que estaban haciendo o lo que estaban a punto de hacer. Cerró sus ojos y se dejó llevar por el momento.

Lo siguiente que supo es que estaba acostado sobre la cama del danés, completamente desnudo. Había sido jodidamente intenso. Lo más intenso que alguna vez había experimentado en su vida. Tal vez, sólo podía compararlo a la primera vez con el sueco. Dejó escapar un suspiro. Lo hecho, hecho estaba.

Miró hacia al otro lado. El danés estaba durmiendo plácidamente y en todo su esplendor. Literalmente. Nunca se había puesto a pensar en el cuerpo que el otro escondía debajo de toda esa ropa. No estaba nada mal… Es decir, era justamente lo que esperaba, e incluso más. Y por un segundo, no pudo despegar su vista del sudoroso cuerpo del danés.

Y ahí fue cuando el otro despertó.

¿Te gusta lo que ves? —le preguntó mientras que sonreía triunfalmente.

Bueno, tienes… Tienes un buen cuerpo —reconoció mientras que se daba la vuelta, para ocultar su rostro entre las sábanas. No se animaba a mirarle a los ojos a la vez que se lo decía. Simplemente, le daba demasiada vergüenza hacerlo —. Esto… No volverá a pasar —aclaró de inmediato, algo tembloroso, como si no estuviera muy seguro de ello.

Mathias se despertó de inmediato cuando escuchó aquellas palabras.

¿Eh? —preguntó decepcionado —¿No te gustó como te lo hice? —indagó mientras que posaba una de sus manos sobre el hombro del finlandés. Lo que le acababa de decir… Bueno, digamos que no era precisamente lo que él deseaba oír.

¡Me encantó! —exclamó Tino y volvió a hundir su rostro contra la almohada. Claro, no quería que el otro tuviese esperanzas de repetir y justo deja escapar eso. Todo muy coherente, pensó.

¿Entonces? Yo pienso lo mismo. Y eres maravilloso en la cama —explicó y luego, le dio un tierno beso en el cuello, al cual siguieron muchos más. Comprendía que Tino no se sintiera cómodo del todo, eso lo tenía bien claro. No obstante, eso no era un obstáculo para él —. Es sólo… Una aventura. ¿Acaso no te sientes aburrido en aquella casa mientras que esperas por Berwald?

En eso tenía bastante razón y el finlandés sabía que no podía negarlo. En fin, quizás… Quizás no era tan malo lo que estaba haciendo con Mathias. De cierto modo, parecía que se había ganado un compañero o algo así, mientras que aguardaba por su pareja. Así que de esta manera, comenzó la "aventurilla" con el danés.

Ahora, ya habían pasado dos años de ello. Mathias, de hecho, estaba comprometido con cierto noruego. Pero a pesar de ello, no había querido finiquitar el asunto que tenía con Tino. Y éste tampoco lo había hecho.

Ahora, estaban a tan solo unos minutos de que toda su vida cambiara de una manera que ninguno de los dos podía imaginar…


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