Capítulo 1
Durante los años que había pasado en Nueva York, 3 de universidad y 7 como actriz, Rachel había hecho muchos amigos y conocidos. La gente no la miraba mal cuando hablaba apasionadamente de sus sueños de estrellato y teatros abarrotados. No se reían de ella por como vestía, incluso antes del cambio de look que Kurt le dio cuando se mudó a la ciudad. No creían que hablara demasiado porque encontraban lo que decía interesante. Era un soplo de aire fresco para la muchacha. Su casa se había llenado de toda esa gente pocos días antes del nacimiento de su bebé. Todos habían acudido a su fiesta cargados de regalos para Emma y Rachel estaba encantada.
Mucho más encantada estaba ahora que podía hacer uso de todo lo que le habían regalado. No se veía en la necesidad de tener que comprar pañales o ropa para su recién nacida hija ya que sus amigos se habían encargado de hacerlo por ella. Era la noche del nacimiento de Emma y la enfermera se estaba encargando de enseñarle a la madre primeriza cómo cambiarle los pañales, algo que Rachel encontraba innecesario porque sabía cómo hacerlo. Pero por mucho que insistía, la mujer la hacía repetir la acción con su hija mientras le dictaba órdenes y repartía consejos. Rachel opinaba que simplemente le gustaba mandar a la gente. Una vez se hubo ido pudo relajarse, aunque no por mucho tiempo. Sabía que sus padres, junto con Kurt, Adam y Max, volverían de un momento a otro de cenar. Sinceramente, quería un momento a solas con la persona más importante de su vida.
La tomó en sus brazos con sumo cuidado y sonrió al ver ciertas similitudes con sus fotos de bebé. Repasó cada detalle de su perfecto rostro, acariciando su pequeña nariz con la yema de su dedo índice. Contó una vez más sus diminutos dedos, sonriendo aún más ampliamente al notar que Emma agarraba uno de sus dedos con fuerza. Tomó asiento junto a la cuna para estar más a gusto, no pensaba soltarla en mucho tiempo y no estaba en condiciones de estar de pie por más de unos minutos. Le dolía todo. Aunque merecía la pena solo por tenerla en sus brazos y saber que se la podría llevar a casa.
- Ni siquiera pareces una Berry con lo silenciosa que eres, Emma – susurró acariciando el rostro de su hija – Apenas lloras y duermes más y mejor de lo que yo nunca pude. Quizá lo hayas sacado de tu padre. ¿Tú qué crees? ¿Será culpa de él que no protestes tanto como tu mamá?
- Esperemos que siga así, hija. No querrás que sea como tú y no te deje dormir ni una sola noche – la voz de su padre, Hiram, interrumpió su monólogo.
- Estoy segura de que tenía una muy buena razón para llorar por las noches – se defendió Rachel con tono divertido.
- Siempre has sido una diva, cariño. Es obvio que necesitabas atención las veinticuatro horas del día y llorar era la manera de conseguirla a tan temprana edad – comentó Leroy al tiempo que cargaba con un Max dormido. Rachel estaba segura de que sus padres agradecían tener un nieto de verdad al que poder dar todo lo que quisiera. Hasta ahora habían tomado el lugar de abuelos con Max porque los verdaderos abuelos vivían lejos mientras que ellos vivían a apenas 40 minutos de la ciudad. Esperaba que el niño no se pusiera celoso de su nueva compañera de juegos.
- ¿Dónde están Kurt y Adam? Por favor decidme que no habéis secuestrado a Max. Sé que le queréis con locura, pero no hace falta llegar a extremos – bromeó la Rachel pasándole la niña a Hiram. Se recostó en su cama y enseguida extendió sus brazos para poder tomar a su hija entre ellos de nuevo. El puchero de su padre al ver que tendría que dejar ir a su nieta podía rivalizar al de su hija. - Papi... luego te dejo tenerla en brazos, te lo prometo – dijo con su mejor sonrisa de superestrella.
- Solo porque me lo pides así, Rach – cedió entregándole a la niña de nuevo. Mientras tanto, Leroy se había encargado de recostar a Max en el sofá de la habitación y de taparlo con una de las mantas extras. Eran las ventajas de dar a luz en un hospital privado.
En principio Rachel había pensado ir a un hospital cualquiera, casi como en las películas. Meterse a un taxi y gritar que estaba a punto de dar a luz y necesitaba llegar al hospital más cercano. Pronto había descubierto que sería mejor tenerlo todo listo para la llegada de su bebé. Había recabado información sobre varias instituciones de la zona y había terminado tomando el consejo de su ginecólogo y había terminado en aquel hospital. Te daban una habitación individual, así como una cama supletoria para quien quisiera quedarse a dormir allí con ella. Las comidas eran preparadas de manera individual y podías escoger lo que deseabas comer de un menú. También había una cocina a la que las familias y las mujeres que habían dado a luz podían acudir si deseaban comer algo a deshora. Max estaba encantado con esa parte, había un congelador lleno de helados.
- Entonces, ¿dónde están los padres de la criatura? – volvió a preguntar una vez que tuvo a su hija con ella en la cama.
- Tratando de comprar algo que no sea horrible en la tienda de regalos de la entrada – respondió Kurt con cierto desdén al entrar por la puerta.
- No sé cómo os las arregláis para responder mis preguntas nada más llegar, ¿estáis escondidos tras la puerta hasta que llega el momento perfecto? – preguntó la muchacha entrecerrando los ojos. No descartaba la posibilidad de que así fuera.
- No digas tonterías, sabes que no le dejaría hacerlo – fue Adam el que habló aquella vez con su encantadora sonrisa de niño bueno inglés. Rachel entendía a la perfección por qué Kurt había terminado con él. Era asquerosamente perfecto. O casi. La verdad es que Rachel no apreciaba su necesidad de tener la ropa tirada por el suelo, aunque suponía que era algo en lo que su marido lo complementaba. Kurt tenía un problema grabe con la limpieza, muchas veces lo comparaba con Miss Pillsbury.
- Lo sé, aunque es divertido imaginaros escondidos en un rincón esperando el mejor momento para hacer vuestra entrada triunfal – reconoció con una pequeña risa, algo que hizo que Emma se removiera en sus brazos. – Shhhh, no pasa nada. Sigue durmiendo. – susurró al tiempo que la mecía para tranquilizarla. Por suerte, no se despertó.
- Es un angelito, nada que ver con el nuestro – se quejó Kurt mientras acariciaba el cabello de su hijo.
La conversación duró poco más que eso. Era ya de noche, las horas de visita terminaban y Max necesitaba dormir en su cama y no en un sofá. Aquella noche fue Hiram el encargado de quedarse a dormir con sus niñas, como las llamaban el matrimonio Berry, y cuidar de ellas. Su marido pasó la noche en casa de Rachel.
Al día siguiente su médico se pasó para comprobar que todo estaba en orden. Si todo iba bien, Rachel solamente tendría que pasar allí otra noche más. La estrella estaba deseando poder ir a su casa e instalar a su bebé en el cuarto que le habían preparado entre todos. Se suponía que iba a ser una sorpresa para la mamá, pero Rachel era demasiado entrometida y había terminado dando órdenes a todo el mundo.
- Buenos días, doctora – saludó la morena desde su puesto en la cama, Emma recostada contra ella. – Espero que no sea contraproducente que duerma conmigo tras alimentarla. Es solo que no puedo parar de tocarla para estar segura de que es real – confesó con cierta timidez, algo casi extraño en ella.
- No te preocupes, estoy segura de que oír los latidos de tu corazón la tranquiliza y le hace bien. Mientras duerma en su cuna por las noches todo estará perfecto. – la tranquilizó con una sonrisa.
Tras realizar un rápido análisis visual de las dos la doctora determinó que no había ninguna complicación y que serían dadas de alta al día siguiente. Rachel no podía ser más feliz, y así se lo hizo saber. También le agradeció por todo lo que había hecho por ella.
- No hace falta que me des las gracias, casi debería ser yo la agradecida. Después de todo, la hija de Rachel Berry lleva mi nombre. – dijo antes de salir del cuarto y dejar a Rachel a solas, su padre esperando fuera.
·
- No entiendo por qué tengo que ir con los ojos tapados, ya he visto la habitación. De hecho ayudé a decorarla. – se quejó por decimocuarta vez Rachel mientras trataba de averiguar qué hacían los que iban a su alrededor.
- Cállate y haznos caso por una vez en tu vida, Rach – escuchó decir a Sydney desde su izquierda.
- No me hace gracia no poder entrar a mi casa con mi hija en brazos, ¿dónde está? – preguntó estirando sus brazos y topándose con algo sólido y fuerte. - ¿Quién eres? ¿Tienes tú a mi hija?
- Rachel, por favor, deja de sobetear a mi marido y sigue andando – podía notar el aburrimiento en cada una de las palabras de Kurt. Sabía que estaba siendo difícil, pero no podían esperar que estuviera tranquila cuando la había separado de su hija recién nacida nada más salir del hospital solamente para vendarle los ojos y meterla en un coche.
- Decidme al menos dónde estoy. Porque el coche me ha desorientado y ya no estoy segura de que estemos en mi apartamento. Además, estamos subiendo escaleras y mi casa es el Pent House. Sé que Syd no podría soportar la subida. – razonó, no sin cierto humor.
- ¡Hey! – vino la ofendida respuesta de la otra chica – Estoy en mejor forma que tú, Tiny – continuó, ahora desde delante de la diva. Estar sin un sentido era muy confuso. Sabía que estaba en buenas manos, eran sus mejores amigos, y eran sus padres los que tenían a Emma. Aun así, le costaba relajarse y dejarse llevar.
- Sigue andando y deja de tratar de adivinar nada, cotilla – esta vez era Kurt desde detrás suyo, propinándole una palmada en el trasero para enfatizar su punto.
- ¿Así que tú puedes toquitearme pero si yo toco a Adam te ofendes? – la risa del rubio podía escucharse escaleras arriba, sin duda era el que mejor en forma estaba y había tomado la delantera.
Entre quejas, risas y muchos tropezones consiguieron llegar a dónde fuera que llevaban a la recién estrenada mamá. Después de la subida, no estaba tan segura de no terminar en su casa, habían sido muchas escaleras. Escuchó una puerta abrirse y podía notar más luz filtrándose por la venda que antes. ¿A dónde la estaban llevando? Su respuesta vino poco después, una vez que hubo atravesado la puerta y notó el aire en su rostro. La venda desapareció y Rachel parpadeó varias veces hasta que su vista se acostumbró de nuevo a tanta claridad tras casi una hora en la oscuridad.
Estaba en la azotea de su edificio, pero no era el lugar desolado que solía ser. Rachel subía mucho allí por las noches para ver su amada ciudad aún en movimiento, la soledad y desamparo del lugar era como un bálsamo de tranquilidad para la actriz. Pero lo que veía en aquellos momentos era completamente distinto. Había globos de colores sujetos con cuerdas, guirnaldas de varias formas y colores iban de un lado a otro del edificio, había mesas con comida y bebida y podía escuchar música claramente, aunque no sabía de dónde demonios salía. Y, claro, el lugar también estaba abarrotado. Todos sus amigos estaban allí, así como sus padres y sus parientes más cercanos. Emma estaba en brazos de Leroy y dormía plácidamente.
- ¡Chicos! – exclamó sin poder evitar dar un par de saltitos de pura emoción. Les había dicho a todos que quería una tarde tranquila en casa pero ellos la conocían mejor. Obviamente, lo que quería pedir pero no pidió era una fiesta con toda la gente que quería. - ¡Me encanta! – añadió antes de abrazar a sus tres amigos más íntimos para luego comenzar a entablar conversación con cualquiera que lo quisiera.
La tarde transcurrió sin ningún contratiempo, Rachel felizmente ejerciendo de anfitriona y de madre al mismo tiempo con Emma en sus brazos. Habló con antiguos compañeros de trabajo, antiguos compañeros de clase, familiares y amigos cercanos por igual. También les dejó coger a la niña siempre que no hubieran bebido y de que no sospechara que fueran incapaces de sostenerla sin peligro. Hizo sentarse a su tía Velma antes de dejarle a la niña porque era increíblemente anciana. De hecho, ni siquiera era su tía. Era la tía de su padre Hiram, lo que la hacía la más anciana de la fiesta.
Esta vez no hubo regalos, al menos no demasiados. Kurt había estado de compras, de nuevo, mientras ella descansaba en el hospital para comprarle ropa a su ahijada y había terminado con más ropa de la necesaria según los estándares de Adam. Rachel estaba segura de que la pareja terminaría con otro bebé pronto. Habían adoptado a Max, y la joven se preguntaba si esta vez lo harían mediante vientre de alquiler o si volverían a adoptar. Pero no dudaba que Max tendría un hermano o hermana menor del que tener celos en un futuro no muy lejano. Sonrió ante la idea de todos sus hijos criándose juntos y siendo amigos. Tendrían una infancia feliz, rodeados de gente que los quería.
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Una vez la fiesta terminó, sus padres mandaron a Rachel a la cama junto con Emma. No querían que se esforzara más de la cuenta y sabían que estaba cansada tras tanta emoción. Se despidió de los pocos que se quedaron a limpiar, básicamente sus padres, Kurt, Adam y Syd, y bajó a su hogar. Estaba impoluto, tal como ella lo había dejado antes de irse. Bueno, mejor que cómo lo dejó. Había comenzado a notar contracciones mientras desayunaba y sus padres la habían llevado al hospital de inmediato, dejándolo todo tal cual estaba. Ahora la cocina estaba recogida y al subir al piso de arriba pudo ver que su habitación estaba ordenada y la cama estaba hecha, algo que tampoco pudieron hacer antes de irse al hospital.
El cuarto de Emma era antes el cuarto de invitados y estaba en la planta baja. De hecho, la única habitación de la casa que estaba arriba era la suya y el baño que incluía. No era muy práctico ahora que tendría que levantarse por la noche para alimentar a su niña, pero es lo que había.
Cuando compró el lugar, en contra de todos que le dijeron que lo alquilara, no esperaba tener familia. Al menos no en ese apartamento. Lo pagó con su primer trabajo en Broadway y estando soltera, sabía que no necesitaba nada más para poder vivir cómodamente. Aún podía, aunque fuera una molestia tener que andar subiendo y bajando para ver a su bebé. Quizá terminase trasladándose al sofá para no tener que hacer tanto viaje. Era un sofá increíble, así que no sería tan terrible.
Sabía que tenía el resto de la noche para ella misma, ya que nadie vendría a su apartamento tras la fiesta. Le gustaría poder contradecir a sus padres, pero estaba cansada. Solamente quería tumbarse en su cama y dormir 12 horas, algo que sabía sería imposible. Emma era buena, pero no tanto. Se encaminó con la niña en brazos hacia el recién remodelado cuarto y sonrió al ver las nuevas adiciones a la decoración. Había algún que otro peluche de más y podía ver algún juguete que Emma no sería capaz de usar hasta dentro de algunos meses.
Pero lo que más la sorprendió fue un marco que contenía dos fotos en la pared. Una era ella sosteniendo a su hija en su cama de hospital. Tenía el pelo revuelto y húmedo del sudor tras tanto esfuerzo, se la veía cansada. Pero estaba sonriendo con más felicidad que nunca. Emma se aferraba a la manta que la envolvía con ferocidad, Rachel sabía que estaba despierta aunque sus ojos estuvieran cerrados en la foto. Junto a ella, en blanco y negro, podía verse a una jovencísima Shelby sosteniendo a un bebé increíblemente parecido a Emma. Una pequeña Rachel que extendía su mano al cielo, casi como si quisiera saludar a la cámara. La joven madre sonreía, pero Rachel podía ver que no era igual de feliz que la madre de la foto contigua. Seguramente porque tendría que decir adiós a su hija en unas horas. No era la primera vez que veía aquella foto, pero era la primera vez que comprendía la tristeza en los ojos de su madre biológica.
Con un suspiro de tristeza por lo que pudo haber sido y no fue, continuó con su camino hacia el cambiador y comenzó a desvestir a Emma con cuidado de no despertarla. Revolviendo en el cajón de los bodys para la niña encontró uno que Adam había comprado, algo extraño ya que parecía tenerle pánico a las tiendas de ropa. Era blanco, con pequeñas estrellas amarillas, y podía leerse en el frente "Mommy's Little Star" algo que a Rachel le había encantado, obviamente. Era por todos sabido que las estrellas eran su seña de identidad. Tanto que incluía una al firmar autógrafos.
Tras colocárselo sin despertar a Emma, lo que hizo que Rachel hiciera un baile de la victoria silencioso durante unos segundos, la alzó de nuevo y la metió en su cuna. Finalmente. La arropó con una manta que había sido suya de bebé y sonrió ante la imagen. Era madre. Por fin. Su sueño hecho realidad. Y su niña era perfecta, sana y preciosa. No podía pedir más. Tras unos minutos observando la respiración de la niña, decidió que dormir apoyada en el marco de la puerta no sería buena idea y salió de allí tras conectar el monitor y coger el que le correspondía para poder oír cualquier cosa.
Al pasar por el salón se fijó en que había recibido correo y supuso que alguien lo había dejado allí pensando que lo vería más fácilmente que si lo dejaban en la entrada. Alzó el grupo de cartas y subió las escaleras a su habitación mientras leía de qué se trataban. Facturas, facturas y más facturas. Hasta que llegó a una que decía William McKinley. Raro. Dejó las demás sobre su cómoda y abrió la que provenía de su antiguo instituto.
Querida Srta. Berry,
Le informamos de que el próximo día 4 de Agosto se celebrará una reunión de antiguos alumnos para la clase del 2012 con motivo del 10º aniversario de su graduación.
La celebración se realizará en el gimnasio del instituto y dará comienzo a las 6pm. Esperamos su respuesta lo antes posible.
Le recordamos que puede traer acompañante.
Atte.
K. Schulz
Junto con la carta pudo ver otro pequeño sobre que contenía un RSVP. En él estaba escrito su nombre y solamente tenía que marcar si acudiría o no y si llevaría acompañante. Lo primero sería un sí, pero lo segundo… ¿contaría un bebé de 4 meses como un más uno?
A/N: So... estaba escribiendo esto cuando salieron las fotos nuevas de Lea y me distraje por unas horas, comprendedme. Soy débil.
Sé que queréis ver a Quinn, lo sé. Solamente recordad que la paciencia es una virtud.
Muchísimas gracias por todos los reviews, los favoritos y los follows. You are the best!
PS - Sigo sin ser la dueña de Glee, aunque el dinero de las ventas de sus canciones me vendrían genial.
