LO QUE NOS UNE
Prólogo
Había un camarero que no dejaba de mirarla. Isabella Swan llegó a pensar que tenía algo en la cara pues la estaba mirando desde que había adentrado a aquél café. Pero sí tenía algo en la cara, tenía tanto maquillaje que le llegaba a pesar los ojos. No que fuera fea, por lo menos Alice le había dicho que no era así, es que se necesitaba estar espléndida- nuevamente, palabras de Alice- siempre, cuándo tu novio es el quarterback estrella de los New York Giants.
La pequeña Alice, era la asesora de Jake. Una chica pequeña, simpática y profesional. Era bajita, un metro y medio, cabello negro brillante y corto apuntando a todos lados. Tenía un rostro de facciones finas y delicadas. Si no fuera por la altura había dicho, sería modelo.
Volviendo a su "novio", Jacob Black, moreno, alto y sensual. Volvía locas a las chicas, no importaba la edad. Y ella era su "novia". Bella se rió al pensar en eso. Quien quiera que haya leído cualquier revista o diario, sitios web o blog, o haya visto televisión últimamente estaría enterado de la nueva novia de Jacob Black, por lo que gran parte de la población femenina y, por qué no, masculina la estaría envidiando en este momento. Bella se rió por pensar que no había nada que envidiar a no ser algunos castos besos frente a cámaras de paparazzi, caminar de la mano, almorzar o cenar juntos algunas veces.
Hubo una vez que se quedó en su casa, un ático en frente al Central Park, solo para que las cámaras la flagraran saliendo de allí de mañana. Claro, había dormido en la habitación de huéspedes tan cómoda y lujosa como el resto del local. Todo allá era con muebles sobrios, de diseño y entre negro gris y blanco. Había iluminación tenue que le daba un toque misterioso al lugar. Un típico apartamento de soltero. O de dos solteros, que no eran tan solteros, no cuando estaban a solas.
Había conocido a Edward Cullen, antes mismo de serle presentado. El gran cirujano plástico de Manhattan tenía hileras de fans. Ella no era lo que se podía decir una fan, pero lo veía en cada revista que compraba de la mano con alguna modelo o actriz. Mujeres bonitas, en su mayoría en ascensión en sus carreras.
Quién se atrevería a siquiera dudar que el mantenía por lo menos una vez, algún tipo de contacto sexual con alguna de aquellas mujeres? Antes de conocerlo personalmente, Bella no se atrevería…
Bella o Isabella Marie Swan había sido nacida y criada en el municipio de Brick, Nueva Jersey. Cerca de la playa, en una casa blanca con persianas rojas y un barquito de madera como decoración del frente de su casa. Sus padres, Charlie y Reneé, un policía y una profesora, la habían criado y educado con toda la dedicación a una hija única.
Cuando tenía seis años se mudó para la casa de enfrente el Sr. Black y su hijo Jake, de siete años. Rápidamente él y la pequeña Bella se hicieron buenos amigos, los mejores. Así que todos se esperaban solo una cosa con la llegada de la adolescencia: que se hicieran novios. Pero eso no pasó.
Cuándo tenían catorce años, Jale fue a su casa luego de haber estado toda la tarde jugando rugby y le pidió al Sr. Swan si podía hablar con ella.
Aquél día, en su habitación, con la puerta abierta, a pedido de Charlie, Jake le contó un secreto que escondía ya hace un tiempo y necesitaba contárselo a alguien, alguien en quien él podía confiar ciegamente, Bella.
Le contó lo que sentía cada vez que veía a Jared, su amigo, y lo que sus amigos contaban sobre chicas que a él no le llamaban la atención. Su amiga solamente confirmó, lo que él ya sospechaba: le gustaban los chicos y estaba enamorado de Jared. Bella, mismo teniendo tan solo trece años y un leve enamoramiento por su mejor amigo, lo encorajó a que le contara a Jared como se sentía. En su inocencia le dijo que siguiera su corazón.
Y así lo hizo Jake, le contó que se sentía atraído por él, pero no pasó como lo esperado. Jared, siendo mejor que muchos que pudieran hacer cosas peores a tan rebelde edad, le dijo que no le contaría a nadie, pero que no se sentía de la misma forma y que no podían continuar siendo amigos.
Con el corazón roto por primera vez, al otro día, en el camino que los llevaría de la escuela de vuelta a su casa, Jake le robó el primer beso de Bella. Fue torpe, tímido y tierno, un primer beso no distinto a la mayoría. Luego los dos se sonrieron y continuaron caminando despreocupadamente. No hablaron más de aquello, porque los dos sabían muy bien lo que había significado. No había sido un beso romántico, pero había sido con amor y ternura. De mejores amigos que se amaban.
Jake para ella era una de las personas que más amaba en el mundo, junto a sus padres. Y, aunque muchos sospecharan, no había nada romántico en su relación.
Con el pasar de los años, Bella había probado como era genial tener un amigo Gay. Mismo que él solo se mostrara enteramente como era cuándo estaban a solas. Y en cierto modo ella solo se podía abrir totalmente con él. Tenía más amigos, pero Jake era su BFF. Y, aunque no por falta de insistencia de Bells, Jake todavía no le contaba a Billy sobre su opción sexual. Billy Black era un hombre rígido que había perdido a su mujer para el cáncer. Jacob le había revelado tener miedo de la reacción de su padre. Después de años, Bella había dejado de insistir.
Era verano, ya estaban por empezar el primer año de preparatoria y Bella de diecisiete años recibió la trágica noticia de que sus padres habían muerto en el camino de vuelta a casa luego de haber salido a Cenar. Charlie y Reneé lo hacían siempre que podían, y Bella pensó, con lágrimas mojándole el rostro y la camisa de Jake, quien la sujetaba, que el amor que sus padres tenían muy indirectamente los había matado.
Y no solo había quedado sin padres, la habían separado de Jake también. Fue casi tan doloroso como perder a sus amados padres, tener que mudarse a Washington con la hermana de su madre, Elizabeth y su primo Emmett. Los dos vivían en una casa de clase media en Seattle, donde la acogieron con los brazos abiertos. En un comienzo fue difícil, solo poder conversar con Jake por cartas o teléfono, una escuela nueva, incluso una familia nueva. Le costó pero su primo Emm, grande y fuerte, aunque juguetón y protector a la vez, la había conquistado. También su tía Lizzie, con su dulce sonrisa maternal y los mismos hoyuelos que se le formaban a Emm en las mejillas cuando sonreían.
Ahora, años después, vivía con su primo en Nueva York, alquilando un apartamento compartido y trabajando cómo la recepcionista del Dr. Carlisle Cullen. Tenía un diploma en lengua inglesa, pero era difícil así mismo conseguir un trabajo de acuerdo. Pero tenía que sacar de algún lugar dinero, entonces aceptó el puesto que, primeramente le había comentado Edward.
Así que había llegado a Nueva York Jake la había ido a esperar. Primer flagrante de las cámaras, a lo que Jake dijo la verdad alegando que era una vieja amiga. Emm y Jake se llevaron demasiado bien, demasiado pues hablaron todo el almuerzo que habían compartido en un restaurante del centro hablando de fútbol.
Fue en la segunda semana que Bella pasaba allá en la cual Jake le hizo una visita. Tomando café en la cocina americana del apartamento Jake le hizo una propuesta más común en el mundo de los famosos de lo que imaginamos.
-Vamos... Bella, todos pensaban en la escuela que salíamos a escondidas, ahora sería lo mismo solo que... público.
-No sé Jake... Lo que me pides es... Me sorprendiste, es eso.
-La prensa comienza a sospechar y el resto del equipo también. Podría pedirle a cualquier chica, pero no confío en nadie como en ti, mi amor. Hazlo por mí, sí?- La miró con ojitos brillantes y cara de súplica. Él sabía que Bella no podía negarle nada cuando hacía esa carita.
-Ok Jake, pero me tendrás que presentar ese novio, dime, lo conozco?- lo miro, pícara. Con la complicidad de viejos amigos que eran.
-Mi novio es... Edward Cullen- dejó salir un agudo gritito de felicidad, en el que, luego de procesar la noticia, lo acompañó, así mismo todavía llena de dudas que no dudó en averiguar quedando hasta tarde de la noche conversando con su BFF.
La primera vez que vio personalmente a Edward Cullen, pensó haber muerto en un accidente en el camino y no se había dado cuenta. Las imágenes de revistas no le hacían justicia, pues personalmente era mucho más impactante, sus ojos, verde esmeralda, que parecían ver más allá de sus secretos más ocultos tan solo con la primera mirada. Mantuvieron una conversación amena, los tres, donde Edward le contó que había sido criado en una mansión en Manhattan Beach, con sus padres, Esme Cullen, una diseñadora de interiores muy reconocida en su medio. Su padre, Carlisle Cullen, dueño de un hospital particular, y sus dos hermanos, el mayor Jasper y su melliza Rosalie. También fue cuándo le comentó que su padre necesitaba una secretaria, a lo que ella agradeció y aceptó la tarjeta con el número de su padre.
En su casa, cuándo debería estar durmiendo, se quedó cuestionando toda la noche cómo aquél hombre podía ser Gay... Pero rápidamente se reprendió, diciendo que no le debería importar si el novio de su amigo era... todo lo atractivo que era, tenía que olvidarse de ello y obligarse a pensar en él cómo un cuñado. O una cuñada.
Solo que ella ni pensaba en la posibilidad de que a Edward siquiera le hubiese llamado un poco la atención su apariencia, por más que hubiese dicho que ya había tenido en antaño, relaciones con mujeres.
Lo que estaba bastante lejos de la realidad.
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Ahhhhh! Siempre quise tener un amigo gay...! :p Pero no :/
q les pareció? :D
bsitos y hasta pronto!
Paola d.S.
