REUNIÓN

Los tres amigos se sentaron a cenar, pensativos. Hermione, como siempre, fue la primera en asimilar todo lo ocurrido.

-¿Habéis notado su poder?-consiguió articular, al fin.

-Sí, pero-contestó Harry- si es tan poderosa no entiendo qué hace en la escuela. Ahora que lo pienso, saca mejores notas que tú en todo, Hermione.

La muchacha asintió. Una idea parecía estar tomando forma en su mente a toda velocidad.

-¡Pues claro!-Dijo Ron, sobresaltándolos.-¡Su protegido tiene que estar en Hogwarts! ¿No os dais cuenta? ¡A mi me parece obvio!-Continuó, satisfecho con su conclusión.-Todo tiene mucho más sentido así. Hay que preguntarle de nuevo acerca de los protegidos, pero sin mencionar al suyo. Así, quizá podríamos sacar algo en claro.

-Ron, a veces eres brillante, ¿lo sabías?-Dijo Hermione, dándole un beso en la mejilla.

-Emm... Supongo.-Dijo Ron, estupefacto, acariciando embobado su propia mejilla.

Harry y Hermione rieron ante la reacción de su amigo, y cruzaron una mirada de complicidad. En ese momento, dio comienzo el banquete, y al segundo, Crystal se sentó entre Ron y Seamus, quien la miró, sorprendido. El resto de mesas también se habían percatado del cambio y miraban en dirección a Crystal. Nunca solía presentarse a las comidas, y cuando lo hacía se sentaba en una esquina, alejada del resto. Además, ella era de Slytherin, ¿qué hacía con los Gryffindor? Los profesores también miraron en esa dirección, curiosos ante el silencio cargado de murmullos en que se había sumido el gran comedor.

-Hola.-Dijo Crystal, con una media sonrisa.

Los chicos la saludaron, sorprendidos pero a su vez encantados de que se hubiera unido a ellos. Así no tendrían que esperar al día siguiente para saciar su curiosidad acerca de la naturaleza de la chica.

-¿Qué tal Sitka?-Dijo Hermione, recordando al enorme y cariñoso animal.

Crystal le dirigió una mirada que Hermione no supo interpretar, más de pronto, escuchó una idea en su mente, más bien era una voz, que le susurró:

-Aquí no, por favor.

Hermione miró a Crystal, con los ojos muy abiertos.

-¿Eres telépata?-Pensó.

-Ay... Sí, pero no hace falta que pienses tan "alto". Te escucho igualmente.

-Entonces, podríamos hablar telepáticamente. Así, nadie se enteraría de nada.-Dijo Hermione.

Por la cara que estaban poniendo los dos muchachos, a ellos también les estaba llegando la conversación.

-No es tan sencillo.-Contestó una voz muy grave y rasgada en sus mentes.-Crystal teme que formuléis una pregunta como la de ayer en el bosque y se enfade de nuevo. Ella no desea asustar a nadie, y además, piensa que sería demasiado extraño que ninguno de los tres hablase en la cena.-Culminó la voz.

Los tres chicos miraron hacia todas partes, intentando averiguar de quién salía esa voz.

-No lo encontraréis aquí,-rió Crystal en sus mentes.-Es Sitka y está en el bosque, donde lo dejé. Pero ahora cenad. Hablaremos mañana, como acordamos.

Los chicos intentaron responder mentalmente, pero esa presencia que habían notado mientras se desarrollaba la conversación telepática había desaparecido, y el trío supo que no tendría más remedio que esperar al día siguiente.

Neville, Luna y Ginny, que estaban sentados frente a los cuatro muchachos, miraban a la chica con curiosidad. Luna expresaba con su semblante que creía ver algo más en la chica, algo que el resto no veía.

-Hola Crystal.-La saludó Luna, con su suave voz.

Crystal la miró a los ojos, y sonrió.

-Hola, Luna.-Dijo.-Neville, Ginny,-continuó,-encantada de compartir mesa con vosotros.-Concluyó, cortésmente.

Los tres chicos miraron hacia abajo, sonrojados, pero al volver a mirarla, descubrieron una sonrisa sincera en el rostro de la chica. Parecía estar verdaderamente encantada de estar entre la gente.

En la mesa del profesorado, la conversación versaba sobre la repentina integración de esa extraña chica en la mesa de los Gryffindor. Eso pasaba poco a menudo debido a la rivalidad entre las casas por la copa de la casa a final de año.

Dumbledore supuso que Harry le había contado a sus amigos su interés por que la chica estuviera en la Orden, y los tres amigos habrían ido a hablar con ella. Lo que no esperaba, era que aceptase tan rápidamente. "Quizá aún no se lo hayan pedido", pensó el anciano director.

Seguramente, era lo más probable, y sólo se estaban acercando a ella.

-Minerva, querida,-dijo el director.-Quiero que os reunáis Severus, Hagrid y tu conmigo después de la cena. Hemos de hablar sobre la chica. Tengo mi teoría al respecto, pero no sé si es correcta, y quiero debatirlo con vosotros. Podría ser una pieza fundamental en esta guerra.

-Sí, Albus. Nos reuniremos en tu despacho al finalizar la cena. Yo me encargaré de comunicárselo a Hagrid y a Severus.-Respondió Minerva, un poco sombría.

El anciano director asintió, satisfecho. Creía que su teoría estaba más que fundamentada, pero le daba rabia no saber con exactitud quién o qué demonios era aquella muchacha.

Lo que el director ignoraba, es que Crystal, desde su posición en la mesa, había escuchado toda la conversación y su semblante se oscureció.


Ya en el despacho de Dumbledore, los tres profesores esperaron, expectantes, a que el director comenzara a hablar.

-Veréis,-empezó el director.-he realizado un profundo estudio sobre la naturaleza de esta muchacha, de Crystal. A pesar de no hallar conclusiones en mis primeras investigaciones, mis esfuerzos acabaron dando su fruto. Se conserva un texto muy antiguo que habla de una raza muy superior, que sin embargo, está vitalmente vinculada a algunos miembros de nuestra propia raza.-El director hizo una pausa, observando sus caras de profunda concentración.-Os explico; no conozco el nombre de dicha raza, pues no se menciona en ese texto, pero sé que estas criaturas actúan como "escudos" ante algunas personas destinadas a cambiar la historia, ya sea para bien o para mal. Por lo que se dice en esos pergaminos, si el "escudo" por llamarlo de alguna manera no consigue evitar la muerte del que defiende, muere con él. Eso resulta muy interesante, si estoy en lo cierto, pues esta chica podría estar actuando como escudo de alguien de Hogwarts. Hay que indagar en el tema.

Los otros tres profesores lo miraban, tratando de asimilar el torrente de información que acababan de recibir. Minerva tenía la mirada perdida, Severus fruncía tanto el ceño que sus cejas formaban una sola, y Hagrid sacudía la cabeza de vez en cuando. Dumbledore esperó, paciente.

-Si cree que voy a servir a sus propósitos, está muy equivocado.-Dijo una voz, desde la parte de arriba del despacho, sobresaltando a los profesores.

Crystal estaba sentada en la barandilla, con los pies colgando, y con Fawkes dormitando en su hombro. Había estado ahí todo el tiempo, y ninguno de los cuatro se había percatado de su presencia. Resultaba increíble.

Hagrid la miró, casi con devoción, Minerva desvió la mirada, incómoda y Severus clavó sus fríos y característicos ojos, negros como carbones, en los amarillos de ella, más no encontró rencor en ellos. Ni rencor, ni frialdad, ni pena. Aquellos pozos sabios sólo le devolvieron un torrente de comprensión y apoyo. Severus desvió la mirada, un poco aturdido.

La chica saltó de la barandilla al suelo, aterrizando grácilmente, y Fawkes volvió a su percha, algo molesto por el repentino movimiento.

-Sí, soy una protectora.-Dijo, mirando acusadoramente al director.-Pero no estoy aquí para servirle a usted.

Una lucha invisible se produjo en el despacho mientras Crystal y Dumbledore se miraban fijamente. Al cabo de un rato, el director retiró la mirada, sin comprender cómo una muchacha tan joven podría conseguir que se amedrentara. "Un momento"-pensó el director,-"no puede ser tan joven".

La chica ya se dirigía a la puerta, cuando el director le preguntó:

-Crystal, ¿cuántos años tienes?

-Demasiados.-Dijo, con la voz teñida de cansancio.-Demasiados...-Repitió.

Y después, tras dirigirles una última mirada que les hizo sentir culpables, se marchó de allí, dando por finalizada la reunión.