Capítulo 2: Destinos separados
"La manera en que una persona toma las riendas de su destino es más determinante que el mismo destino."
Las horas habían pasado, y la tarde se hizo de noche. La luz de la luna alumbraba las calles de Magnolia, admirando la belleza de la luna reflejada en el canal de agua que pasaba por la ciudad. Natsu salió del portal observando el reflejo, iluminando las paredes de piedra con titilantes luces cristalinas. Era una ciudad bonita, después de todo. La echaría de menos. Se giró hacia la puerta del portal, y ahí estaba ella. Como un ángel salido de entre la oscuridad. El rastro de las lágrimas aún se veían cayendo por su rostro, iluminado por la luz de la luna y el reflejo de ella en el canal. El joven dragon slayer sintió una punzada de melancolía en el corazón, como una flecha clavada directamente en él. Le cogió de la mano instándola a salir de la puerta y caminar. No le importó lo más mínimo dejarse la puerta abierta, solo existía él y su aliento en manos del destino. Anduvieron en silencio camino al gremio, para despedirse de todos. Destino. Cruel destino, como lo odiaba. Quizás ella creyera al principio en él, esas meras casualidades que te hacían conocer a personas en las que, por caprichos del destino, nunca conocerías. Y así fue. ¿Quién si no hizo conocer a Natsu, cuando estaba ensimismada con aquel mago de pacotilla? El destino. El mismo destino que le trajo a él, ahora se lo arrebataba de entre sus brazos. De repente unas luces alcanzaron el rostro de la chica. Se irguió y vio a todos los integrantes del gremio ahí, parados, mirándola a ella y a él con la tristeza y la pena marcada en sus miradas, sin ningún reproche. No sabían que decir, ella lo notaba, así que simplemente se dejó caer en el hombro de Natsu, cerrando fuertemente los ojos, deseando que nada de lo que pasaba ocurría de verdad.
-Lucy…-le llamó Levy con tristeza.
Lucy se levantó del hombro de Natsu y abrió los ojos. De repente, vio a todos los integrantes que antes se encontraban a metros de distancia, al lado de ella, preocupados. Se tocó las mejillas levemente y pudo notar que estaban mojadas. Diablos, se prometió que no lloraría, que tendría que ser fuerte.
-Yo…Lo siento, no quería…
Y de pronto sintió un cálido abrazo rodeándola por su cintura torpemente. Un abrazo ansioso, ávido y codicioso. Un abrazo que no significaba nada, y lo significaba todo. Sintió el pecho del pelirosa arder con furia en sus mejillas, mientras notaba sus latidos acompasados y su aliento ardiente bufar entre su pelo. Levantó la cabeza hacia la mirada del pelirosa, que se la miraba directamente a centímetros de ella. Sus alientos se disipaban entre ellos sin previo aviso, acortando cada vez más esos cortos centímetros que le separaban de él.
-Te quiero.-se escuchó una voz ronca proveniente del pelirosa.
Y acto seguido acortaron las distancias hasta caer rendidos en un esplendoroso beso. Un beso anhelado y deseado desde hacía mucho tiempo. El primer beso de los dos. Cuando se separaron por falta de aire, Lucy sintió como si le quitaran una parte vital de su vida. Sonrió con dulzura, con el sabor de los labios de Natsu en sus labios teñidos de un rojo encarnado.
-Yo también te quiero.-respondió la rubia.-Nuestro primer beso…y el último.-pensó en voz alta Lucy, inconscientemente.
-El último no. –le respondió el pelirosa, antes de volver a besarla de nuevo.
Y en ese momento lo supo. Supo que él volvería pasara lo que pasara, haría frente a Zeref y a cien como ellos si hacía falta, pero él nunca se detendría, nunca tiraría la toalla, porque él era así. No se dejaría morir a manos de un bastardo como ése. Solo le faltaba un poco de paciencia y esperanza.
-Natsu…
-Tranquila, no hace falta que digas nada.-dijo el pelirosa. Lucy tragó saliva intentando no llorar, aunque en su corazón sabía que él tenía razón. Todo lo que se había dicho ya estaba dicho, y no podía expresarse de otra forma que con un desesperado beso. Natsu le besó suavemente en la frente: un beso de protección y de esperanza. Lucy se sonrojó al ver como una acción tan romántica fuera hecha por un cabeza hueca como él, aunque, después de todo, él sería su cabeza hueca para siempre.
Al terminar el beso, Natsu la miró tranquilizándola.
-Te prometo que volveré. No quiero morir sin ver otra vez tu radiante sonrisa.-dijo desenfadado.
Ella sonrió levemente, y fue la primera vez que le creyó. Sabía que lo decía de verdad, que volvería junto a ella.
-Adiós, Luce.-dijo Natsu, mientras se dejaba ir de sus brazos para despedirse de todos los del gremio sonriéndoles con su característica sonrisa y decirles a todos que volvería.
Y mientras Lucy, acunada entre Levy y los demás, vio la espalda de su primer y único amor desvanecerse entre las sombras de la noche, suplicó al destino que no fuera duro con él, que no fuera cruel esta vez.
-Oye Lucy…-le llamó Levy al lado suyo-¿Conoces la leyenda del hilo rojo?
...
¿Qué tal? ¿Os ha gustado?
Espero críticas (constructivas) para hacer mis historias aún mejores ^^
Creo que le pondré uno o dos capítulos más y listos.
¡Muchas gracias por leer y espero que os haya gustado tanto como a mí escribirlo!
¡Nos leemos!
