Muchos comentarios no habían pero los pocos que me los han dejado me piden que continúe. Pues para vosotros lo hago, muchas gracias por el apoyo y los consejos. Espero que esto siga gustándoos. Por favor, decidme lo que pensáis de ello.

DOS

No les resulto difícil encontrar el lugar del crimen. Los faros giratorios de dos coches de policía derramaban sus luces resplandecientes por las piedras grises del edificio. Kate aparcó el Crown Vic a proximidad y salió seguida de cerca por Castle que andaba poniendo mala cara. El café le había manchado el pantalón y la humedad se había desparramado hasta la ingle. Era muy incómodo. Para que no se viera, se abotoneó el abrigo y tuvo que apurarse para alcanzar a Beckett. Hizo un gesto al policía en uniforme que guardaba la puerta del inmueble y éste se lo devolvió. Al cabo de tres años y medio de trabajar con los polis todas las caras le sonaban;

Kate había contado cuatro pisos al llegar. Esposito había mencionado que el cuerpo se hallaba en el último. Se giró sin pensarlo, acostumbrada como estaba a sentir la presencia de Castle pisándole los talones. No la estaba mirando, ocupado deshaciéndose el ultimo botón de su abrigo que le impedía dar sus zancadas habituales. Kate tuvo el tiempo justo para poner una mano sobre su torso para detenerle.

-Castle, para de jugar con tu abrigo y mira a donde vas. Por poco te me echas encima.

El autor la miró con una sonrisa socarrona en su cara sin afeitar.

-Ya te gustaría a ti que te pasara por encima...

Con su mano aun apoyada en su torso, Kate le empujó suavemente con fingido fastidio y se volvió para empezar a subir los escalones. Castle deshizo otro botón y la siguió refunfuñando.

-¡Vaya tontería! ¿Qué idiota construye un edificio de cuatro pisos y no pone ascensor?

El final de la escalera se perdía en un pasillo sombrío. De cada dos bombillas una no funcionaba, echando las tinieblas a intervalos irregulares sobre las siluetas de los dos socios a medida que avanzaban. Al fondo, entre un gran florero vacío y una bolsa de basura abandonada desde hace días -una especie de jugo marrón se escapaba de ella- esperaba otro policía en uniforme.

-Detective Beckett – saludó cortésmente. Luego se dirigió al escritor – ¡Eh, tío! ¿Cómo estás Castle? El agente Molina le dió una palmada en la espalda que por poco le hace perder el equilibrio.

-Bien Joe, ¿y tú ? - Le preguntó dándose un masaje donde la mano enorme de Joe le había impactado

-Mejor desde que firmaste el libro para mi chica. Estaba como loca. Si la hubieras visto, no te lo habrías creído. Adiós los problemas. ¡ he pasado una noche monumental !

Castle le guiñó un ojo y entró en el piso. Su sonrisa se desvaneció instantáneamente. Miró a Beckett con la nariz arrugada. A pesar de tener más de cuarenta años, sus mímicas le daban la impresión de ver a un niño de cinco al que le obligan a comerse espinacas. Ese aire de chiquillo le había aborrecido durante los primeros días de su colaboración pero ahora Kate debía admitir que le gustaba bastante. La policía se fustigó mentalmente, cada vez le costaba más concentrarse en su presencia. Reprimiendo la sonrisa que empezaba a curvar sus labios, centró su atención en la habitación donde se encontraban. Se trataba de un salón si se consideraban los muebles y sobretodo era un lío indescriptible. La suciedad y el desorden se disputaban la partida con la pestilencia y... -Castle levantó un pié, había chafado algo- los escarabajos.

-Beckett, recuérdame que tire estos zapatos antes de irme a casa. ¡Que asco!

-Si no le hubieran asesinado, este tío se habría muerto de tétanos, de septicemia o devorado por las cucarachas -comentó Lanie con la misma cara de asco que había puesto Castle – Beckett, Señorito escritor, bienvenidos chez Derek Morris.

-Ah, no, por favor, esto sí que no... - soltó Rick, retrocediendo un poco.

Ante la mirada interrogativa de las dos mujeres, añadió:

-No me gustan los payasos.

-Vamos Castle, no me digas que It te traumatizó tanto.

-No, Beckett. Mi aversión por los payasos es más antigua. Cuidado, no estoy diciendo que sea viejo... pero te puedo asegurar que Stephen King en esto no tiene nada que ver. Es que no me gustan esas caras untadas con maquillaje barato y grasiento, las narices rojas ridículas, los atuendos más chillones que un árbol de navidad. Y esos zapatos. ¡Enormes! Piénsalo. Esos tíos deben tener un complejo de inferioridad para calzar esas cosas. Ya sabes lo que se dice...

-Castle, ya continuarás tu informe más tarde – le calmó Beckett antes de que se lanzara en uno de esos monólogos interminables y sin sentido.

-No, no, Kate, deja que acabe.

La detective fusiló su amiga con la mirada. Dale carta blanca a Castle y acabarás arrepintiéndote.

-Gracias doctor. Estaba diciendo que se trata de un complejo de inferioridad. Estudios científicos demuestran que por el tamaño de las extremidades, los pies y las manos, se puede saber más o menos cuánto mide el órgano...

-¡Castle!

-Vamos Beckett. Imagina lo que ello conlleva. ¿Qué perversión esconde el hecho de llevar zapatos como estos? Al menos son diez números más grandes que sus pies! Debe ser pequeñita, pe...

-¿Castle, porqué no te callas? - Replicó Beckett poniendo los ojos en blanco – Tenemos trabajo.

-¡Yo! Jefa, Castle...-Esposito acababa de llegar, justo a tiempo para dar los datos a propósito de la víctima. Sacó su bloc de notas y empezó a aflojar las informaciones recolectadas:

-Tenemos aquí al señor Derek Morris. Su identidad ha sido confirmada por el contenido de su cartera. Quarenta años. Este cuchitril es suyo como lo demuestran las cartas que hemos encontrado y la dirección inscrita en su carnet. Su primo, Marty, le ha descubierto así hace poco menos de una hora. Vuelve de juerga con unos amigos y encuentra la puerta medio abierta. La primera cosa que ha visto al entrar era su primo al suelo y sin vida.

-¿Dónde está Ryan? -preguntó Castle a Esposito, acostumbrado a ver a los dos detectives siempre juntos.

-Notó que había una cámara en la entrada. Uno de los vecinos nos ha dicho que el propietario vive a pocas manzanas de aquí. Se ha ido a ver si puede conseguir que le afloje las grabaciones.

-Bien. ¿Y tú Lanie, puedes aclararnos?

Cuatro pares de ojos se giraron para mirar al cadáver, echado sobre un montón de papeles y de periódicos cerca de un sofá medio hundido y de una mesa de café donde se amontonaban latas y botellas de cerveza vacías. Derek Morris estaba vestido de payaso, no había tenido tiempo para cambiarse. Su atuendo comportaba una chaqueta roja de lunares amarillos abierta lo que dejaba aparecer una camisa azul eléctrico salida del pantalón, verde de cuadros, y ofrecían una vista panorámica inigualable de su barriga prominente. La panoplia la completaban un par de zapatos rojos y amarillos, aun más grotescos por su medida que contrastaba con la horizontalidad del cuerpo. Sus ojos abiertos como naranjas estaban apagados por un velo blanquecino y parecían contemplar el techo con una mirada de pez muerto. Su peluca se había escurrido y dejaba aparecer un cráneo de cabellos escasos. Un hilo de sangre que sobresalía sobre su blanco maquillaje se escapaba de un orificio nítido en su frente. Pero lo más turbador era su boca. Sus labios habían sido cosidos y el asesino había depositado algo en su boca.

-La causa de la muerte es más bien evidente – Lanie hizo un gesto circular con su mano enguantada resiguiendo el orificio por el que la bala había entrado – Diría que es un calibre 38, a quemarropa. La bala ha salido por detrás del cráneo.

Los cuatro compinches miraron hacia el fondo del salón. Se podía ver un agujero en la pared. Castle se aproximó esperando encontrar el proyectil pero un agente de la policía científica se lo quitó de la cabeza, visiblemente irritado. La reputación de fisgón del escritor era conocida de todos.

-No hay pruebas de violencia y seguramente murió de golpe – continuó Lanie – La hora de la muerte se sitúa entre las onza y medianoche.

-¿Y para su boca?- Preguntó Beckett.

-Ya veremos cuando esté a solas con este caballero...

-2-

La media hora siguiente Beckett y Castle la pasaron horrorizados ante el estado del piso. El escritor tenia la impresión de que el asesino algo había añadido al desorden aunque las pocas cosas de valor que Derek Morris tenía parecían estar todavía en el apartamento. La policía científica estaba algo desamparada en medio de ese campo de ruinas, encontraban en todos sitios centenares de huellas dactilares y substancias dudosas. Tendrían dificultades para separar lo útil de lo anodino ya que los dos ocupantes no se habían percatado de que una mente sumamente pragmática había inventado en un pasado remoto la escoba y la bayeta.

La única persona que podía corroborar la suposición de Castle era el primo de la víctima. Éste, completamente piripi, estaba evacuando sus tripas por la boca desde que los policías habían llegado y no se le había podido interrogar como era debido. No tenía importancia, visto su estado de embriaguez, no cabía la menor duda de que no hubiera podido matar a su primo de manera tan limpia. Las probabilidades de que se tire una bala en el pié o que acabe tirando con el arma al revés eran más importantes. Castle y Beckett habían esperado poder interrogarle allí mismo pero su nivel de alcoholemia iba por las nubes y después de haber vaciado su estomago se había sumido en un estado letárgico total e inquebrantable.

-No sé si podremos sacar algo útil de él - comentó Castle – Cada vez que abre la boca es para vomitar o roncar.

-Ya acabará soltando la mona – respondió Kate con una mueca. El olor infecto del piso y las emanaciones de alcohol regurgitado empezaban a irritarle las narices.

Cuando estaban a punto de volver a la comisaría, Ryan regresó y se dirigió hacia ellos.

-No hay suerte con la cámara. No funciona desde hace años.- Los ojos azules del policía chispeaban a pesar de la hora tardía y de las malas noticias. Castle sintió una ligera punzada de celos. Si a él el matrimonio le hubiera sentado tan bien...

-Tendrías que interrogar a los vecinos para saber si alguien a visto o oído algo. Insiste con el ruido del disparo.

-Hecho. Todo el edificio dormía. Nadie ha oído el disparo. Pero la joven que vive justo debajo dice haber entendido un ruido sordo a las doce menos cuarto.

-El ruido del cuerpo que cae al suelo, sin vida, sobre el montón de papel. - dijo Castle mirando el lugar en que la victima había estado echada. Se volvió hacia Ryan arqueando una ceja – Dime, las doce menos cuarto... ¿No es eso muy preciso?

-Llevaba una hora intentando dormir y casi lo había conseguido cuando el ruido se lo impidió. Echó un vistazo, de instinto, a su despertador y por eso sabe que hora era exactamente. - Aclaró Ryan quien visiblemente se había preguntado la misma cosa.

-Vale. Nosotros nos vamos a la comisaria. En cuanto la Bella Durmiente se haya despertado, me la lleváis.

-De acuerdo jefa. Hasta luego -Ryan desapareció por una de las habitaciones, silbando alegremente.

Castle le miró desconcertado. Era un comportamiento algo raro en una escena de crimen. Tomó nota de ello para utilizarlo con Raley para aliviar un poco un momento difícil en su próxima novela.

-¿Te vienes Castle?

Kate ya estaba esperándole en la puerta. El escritor la siguió pisándole los talones. Hizo un gesto de la mano a Molina que seguía en el mismo sitio que una hora antes. El policía les observó mientras se iban meneando la cabeza. Castle y Beckett caminaban juntos, con una proximidad injustificada, rozándose a cada paso.

-A propósito Beckett...

-Dime – Kate le escuchaba a medias con las marchas de su cerebro puestas en el caso. La pizarra blanca ya se estaba perfilando en su mente.

-Por si te interesa, calzo un 45.

Kate puso los ojos en blanco. Su colega, como siempre demasiado cerca de ella, le miraba maliciosamente. La mujer acabó por sonreír, una sonrisa ligera y fugaz. Castle se dio cuenta de ello. Nadie le conocía mejor que él. Sus sonrisas, sus gestos, sus mímicas y sus palabras... algo había cambiado últimamente en su manera de comportarse. Algo había cambiado en esa conexión que mantenían. Rick consideró esa sonrisa como un gesto alentador y se atrevió a poner la mano en su espalda para acompañarle durante un breve instante con uno de esos ligeros contactos que se autorizaba cada vez más.

Dejadme vuestros comentarios y consejos por favor. Muchas gracias de antemano.