Hola a todos (:
Muchas gracias a todas las personas que leyeron (: y especialmente, a las que se tomaron la molestia de dejar su opinión (:
Es raro que yo actualice algo tan seguido…pero los recientes acontecimientos de mi vida, y mi estado anímico, ayudó mucho (?)
En fin. Gracias por darle oportunidad (L)

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La habitación estaba totalmente a oscuras. Sólo podía distinguir aquellos orbes canela, que tanto apreciaba, gracias a su aguda visión. La situación se había salido de control. Pequeñas gotas de sudor se filtraban por su frente y diversas partes de su cuerpo, el temor lo había paralizado una vez más, temblaba levemente, sin recibir respuesta alguna de su cuerpo. No estaba seguro de cuál sería la mejor forma de reaccionar ¿Qué pensaría su más preciado amigo de él en estos momentos? Seguro lo estaba decepcionando…y en este preciso momento, cuando él le había confiado tal grado de intimidad. Estaba arruinándolo una vez más.

Apretó sus dientes con frustración, así como sus manos, que yacían sobre las blancas sábanas.

-No es necesario que lo hagamos ahora mismo- escuchó de pronto. Las palabras del moreno salían con lentitud de sus labios. Sonrió reconfortante ante la indecisión del albino. -¿Por qué no nos vamos a dormir?- agregó sin perder su sonrisa, a pesar de que su pecho aún subía y bajaba sin tregua.-Mañan…-

-¡No!- bramó el ojiazul cerrando los ojos con fuerza-¡Yo de verdad quiero esto, Gon!- espetó con frustración. Sin notarlo, copiosas lágrimas se esparramaron por sus mejillas, llegando a las ajenas.

El moreno bajo él sonrió y llevó ambas manos hasta su rostro, envolviéndolo como si fuera lo más delicado del mundo.

-Yo también- dijo sonriendo comprensivo.-Pero, no tengo prisa- consoló con sinceridad y ternura. El albino se sentó sobre las caderas del pelinegro, para así permitir que ambos se incorporaran. Restregó su antebrazo contra sus ojos con fuerza, para intentar enjuagar las abundantes lágrimas que no dejaban de salir. Miró a su amigo con tristeza, mientras éste le devolvía una mirada cariñosa. Él podía verlo; podía sentir que la mirada del pelinegro le transmitía sincera preocupación y comprensión. Pero eso sólo le hacía sentir peor al respecto.

Estaba muy oscuro. Desvió su rostro apenado, esperando escapar de los ojos canela.

-…lo siento mucho…- susurró en un hilo de voz.-…d-de verdad….lo siento mucho, Gon- alcanzó a modular antes de romper en llanto.

En tan sólo unos minutos, el ambiente había cambiado drásticamente. Ya no quedaba rastro alguno de toda la pasión desatada por ambos niños: las ardientes caricias, tórridos besos, los jadeos y gemidos… todo se había perdido de un momento a otro. Toda la excitación presente en ambos cuerpos se había esfumado por completo.

Ambos, jóvenes y ansiosos, querían sellar aquel sentimiento que tenían el uno por el otro. Sin embargo, no estaban listos. No bastaba su deseo, sus impulsos o todo el amor que llevaban profesándose desde hacía algunos meses: aún era demasiado pronto. Sobre todo para el ex asesino. No podía evitar sentir escalofríos involuntarios y cantidades enormes de pavor cada vez que estaba cerca de consumar su amor con su mejor amigo.

El pelinegro lo cobijó en su pecho, en un abrazo que buscaba ser protector. Le rodeó con firmeza por sus hombros. En tanto, sólo podían oírse sollozos ahogados en aquella lúgubre habitación.

No podía sentirse más miserable. Una vez más, le había fallado a Gon; una vez más, volvía a ser una carga para él; y una vez más era el mismo pelinegro quien terminaba consolándolo por sus errores. Él no merecía tener a alguien así a su lado, el moreno merecía algo mucho mejor. Se sintió patético, y trató de reprimir sus sollozos en un intento, por demás, fallido. Recibió como respuesta suaves caricias en su cabello, mientras el otro brazo del moreno seguía envolviéndole con fuerza.

¿Por qué todo tenía que resultar de esa forma? ¡No era justo para Gon!

-¡…lo siento, lo siento…lo siento…!- murmuraba contra el pecho de su amigo, en un llanto ahogado que parecía no tener fin. Se aferró con más fuerza a él.

El pelinegro depositó un suave beso sobre su cabeza, sin detener sus caricias.

-Está bien, Killua- consolaba empático- Sólo quiero lo mejor para ti.-

-Tú eres lo mejor para mí- soltó en un sollozo.- …aún así, yo…- agregó con tristeza.

-Detente- frenó antes de que pudiera continuar, como si supiese lo que venía a continuación.

-…yo no…n-nunca podré…hacerte feliz…-

-Killua- regañó, sin apartarse de él.

-…tú mereces a alguien mejor…- exteriorizó. Entonces, dejó de sentir el calor ajeno. El pelinegro le había separado de él y le observaba con molestia y tristeza. Una pequeña pausa se hizo presente, mientras ambas miradas se enfrentaban.

-No tienes que exigirte tanto a ti mismo- habló serio.- Ya no estás sólo, Killua. Me tienes a mí para apoyarte- agregó suavizando su voz.- Siempre estaré contigo y te apoyaré. Si estamos juntos, podremos superar lo que sea- llevó una de sus manos hasta el rostro del albino, y secó sus lágrimas con sumo cuidado- Podremos superar esto- dijo, continuando con su labor- Sólo ten paciencia. Puedes contar conmigo.- ultimó, sonriéndole con desmesurado cariño.

El de tez clara volvía a sentirse culpable.

Alguien como él… ¿realmente merecía tanta comprensión?

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Su diestra se hallaba envuelta en carmesí. El espeso líquido seguía tibio, escurría con lentitud entre sus dedos.

Estaba inmóvil, lejos de la escena del crimen, en un callejón viejo y olvidado. A salvo. Sin embargo, sentía un temblor incesante recorrerle por completo. Castañeaba con sus dientes, su mirada yacía perdida en la sangre ajena. Cayó de rodillas, y antes de cualquier reacción que pudiera tener, su pequeño cuerpo reaccionó de forma involuntaria.

-¿No estás satisfecho?- a paso lento, el mayor de sus hermanos se acercaba a él, sin inmutarse por las grandes cantidades de vómito que su hermanito repartía por la acera.-Estuviste muy bien para ser tu primera vez-agregó inexpresivo. El pequeño tosió un par de veces más y con mano limpia retiró los residuos y la saliva que aún adornaban sus labios Respiraba agitado; levantó la vista para encontrarse con el mayor. A duras penas se puso de pie, todavía sintiendo asco.

-¿Por qué estás aquí?- preguntó directamente- Se supone que haría esto yo sólo- reprochó.

-Oh, y lo hiciste- respondió.-Yo sólo vine a observarte, Killu- explicó. El menor bufó molesto.

Aún podía sentir la sangre escurrir por su diestra, que comenzaba a sentirse empalagosa. La llevó frente a sí para apreciarla mejor.

-"Yo…acabo de matar a alguien"- pensó- "Todos estarán orgullosos…entonces… ¿por qué me hace sentir tan mal?"-

-Hiciste un buen trabajo- habló el pelinegro al notar la aflicción en las felinas facciones de su preciado hermano menor.-Vámonos- dio media vuelta esperando a que el menor le siguiera.

Seguía con una extraña y desagradable sensación en su pecho. Pero…eso era lo correcto, para eso había pasado sus tres años de vida en tortuosas prácticas y entrenamientos.

Antes de salir de ahí, removió la evidencia carmesí en un gran y sucio charco. Luego, se dispuso a seguir a su hermano.

-Esto es sólo el comienzo- acotó sin detenerse. La ciudad estaba repleta de personas, todas llevando un ritmo distinto. A esas horas de la noche transitaba un gran flujo de gente.-Ve acostumbrándote. Pero no te precipites. Aún te hace falta mucho entrenamiento- explicó. El albino asentía escuchando atento.-En un par de años más, te pondrán a prueba. Una vez que superes eso, podrás empezar como un profesional.-

¿Entonces, pasarían al menos dos años más antes de que tuviese que volver a manchar sus manos? Qué alivio. Realmente esperaba que así fuera, no había disfrutado de la experiencia. Mientras menos lo hiciera, sería mucho mejor.

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El silencio reinaba en un ambiente que cada vez se volvía más tenso. Sólo tres de las personas allí presente entendían el motivo de aquella inesperada reunión. Las diez personas, sentadas alrededor de una gran y elegante mesa, esperaban expectantes el anuncio por el que habían sido citados.

-Killua- llamó esa temple y sobria voz- Tú serás quien herede el negocio familiar- Sentenció Zeno. Todos los Zoldyck estaban presentes. Todos: los diez miembros completamente activos.-De ahora en adelante, llevarás sobre tus hombros nuestra reputación.-declaró solemne.

Silva se mantenía serio; Illumi, inexpresivo; Milluki refunfuñaba para sí; Kalluto sonreía; Alluka….extrañamente, se sentía triste, veía con tristeza a su hermano. Kikyo intentaba acallar su llanto de entera felicidad. Los tres mayores sólo permanecían serios, en silencio, esperando la respuesta de la joven promesa.

-¿Por qué yo?- preguntó con desinterés. Llevó ambos codos sobre la larga mesa de la que todos formaban parte, y apoyó su rostro contra sus manos.-No quiero hacerlo- respondió aburrido. De inmediato los presentes reaccionaron con unánime sorpresa. La única persona que sonrió fue la más pequeña de los hermanos.

-¡P-pero por qué dices esa tontería! ¡Qué pasa contigo, Killu! - gritó su madre horrorizada, al tiempo que se ponía de pie.- ¡Acaso no entiendes el honor de liderar a la familia!- reclamaba gesticulando con sus manos. El albino bufó molesto.- ¡Cómo puedes ser tan desagradecido!- su llanto de felicidad se transformaba ahora en uno lleno de ira y angustia.

-Ya cállate, por favor-pidió con fastidio, mientras cerraba sus ojos.

-¡Eres un insolente!- esta vez, Milluki era quien se ponía de pie para enfrentarle.- ¡Sólo eres un engreído! ¡¿Te crees tan superior como para despreciarnos?!- recriminó, cada vez alzando más la voz. La pequeña con aspecto de sacerdotisa que estaba junto al pelinegro, se puso de pie.

-Illumi- mencionó su padre a penas notarlo. Y en un rápido movimiento, la joven yacía en brazos del más alto.

-¡No! ¡No me encierren otra vez!- rogó comenzando a llorar. No tenía un plan, pero de todos modos había alcanzado a hacer nada para defender a su hermano- ¡Onii-chan!-se le oyó gritar.

Ignorando los gritos de su madre y su hermano, el albino se puso de pie, dispuesto a ir por su pequeña hermanita; sin embargo antes de llegar a la puerta de la sala, le interceptaron los recién mencionados.

-¡Ni siquiera te atrevas a dar un paso más, Killu!-

-¡Mocoso insolente! ¡No puedes ignorar a nuestra madre de esa forma!-

Dio un chasquido molesto.

No era lo suficientemente fuerte como para enfrentarse a Illumi, pero sí podía asegurarse de que su hermana llegase a salvo a su "prisión". No quería ni imaginar lo que podría pasarle estando a solas con el pelinegro. Ella no debía terminar como él.

-No puedo dejar que le ponga un solo dedo encima- pensó -¡No tengo tiempo para esto!- objetó, sin saber qué diablos lloriqueaban los dos sujetos delante suyo.

-Killua- se oyó, y todos enmudecieron al instante. Incluso el tiempo pareció detenerse en un breve lapso.-Exijo una explicación- habló con voz grave. Su padre se había incorporado y le veía severamente.

Ya estaba harto. No había podido distinguir en qué momento de su vida fue, pero estaba harto. Harto de ser un asesino, de seguir órdenes de su familia, de complacerlos al destacar en sus entrenamientos, de estar "encerrado" en esa lúgubre montaña: quería salir de allí para algo más que trabajar. Interactuar con más personas, conocer nuevos lugares, poner a prueba sus capacidades por sí mismo…

Y era en este preciso momento, a sus doce años, donde se sentía capaz de romper todos los esquemas impuestos en él por terceros. Ya no dudaba más.

-Lo siento. - fue todo lo que dijo antes de desatar una pequeña "discusión familiar".

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-Siempre estaré a tu lado- había llevado ambas manos sobre las mejillas del albino, las acariciaba con cautela.-De ahora en adelante- agregó antes de depositar un tierno y casto beso en sus labios. Le correspondió, sintiendo que podía compartir lo que fuese con el moreno. Las lágrimas habían cesado y ya casi podía regular el ritmo de su respiración.

Se separaron para encontrar sus ojos en medio de la negrura que les inundaba.

El albino aún seguía sobre las caderas del pelinegro; al notarlo se sintió apenado. Le abrazó por el cuello y lo apegó a su cuerpo, el otro correspondió el gesto abrazándole por la cintura y recostando su cabeza sobre uno de sus hombros.

-Me esforzaré- susurró.-Prometo que dejaré de ser una carga para ti- agregó sincerándose. El pelinegro dejó salir una risa alegre.- ¿Qué es tan gracioso?- preguntó con algo de molestia sin separarse de él.

-Te lo sigues tomando muy en serio, Killua- dijo divertido. El albino optó por resoplar con resignación.

Luego de unos minutos, y ya cerrado el diálogo, se dispusieron a dormir. Pero, a pesar del agradable abrazo en que se vio envuelto, el ojiazul no pudo conciliar el sueño en toda la noche.

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Chan chan!
espero que no haya sido muy engorroso de leer, ni muy latoso xd
Insisto en agradecerles de forma especial a quienes llegan hasta acá C:
Perdón por tooodos los errores que se me hayan pasado D:
muchas gracias! (: