Se desliza de una esquina a la otra con facilidad dado el largo de sus piernas. Mide más de un metro setenta y cinco de estatura y es tan delgado, que pareciera considerablemente más alto.

Su cuarto esta tan o, mas oscuro que el carbón. Negándole la bienvenida a los rayos del sol. Sus botines son tan silenciosos como sus pensamientos. Es su naturaleza ser tan sigiloso, instintivo y, astuto como un minino.

Su cabeza duele como si hubieran molido vidrio en ella.

Su celular vibra enloquecido, como si tuviera vida propia. Le ignora como lo ah estado haciendo durante toda la semana. Solo observa al maldito aparato bailando sobre sus sabanas de seda negra. Los ojos le duelen como el infierno y, entre esas cuatro paredes se resguarda de un soleado e irritante día de verano. -otro mas-Se dirige hasta el escritorio intentando relajarse masajeándose la cien y, preguntándose; si debió mandar a poner cortinas negras en vez de bordo y…, si protección animal lo condenaría por freír a ese pajarito burslita- qué canta sin cesar-asentado en el balcón de su ventana. Oh, cuanto le gustaría hacerlo desaparecer con un simple chasquido de sus dedos.

Es como si se hubiera pasado un mes entero ebrio y, la migraña jamás, encontrara el camino lejos de el. ¿Alguna vez te paso? Pues.., no es nada bonito.

Se apoya en la punta del escritorio, con el ceño fruncido y, apretando los dientes. Busca la silla, la gira y, se sienta apretando su pecho contra el respaldo. Aspira y, expira controlando algún impulso estupido, que pudiera surgir en él. Intenta cerrar unos minutos sus ojos, asentando su frente contra la madera fría queriendo aliviarse de alguna forma. Nada. El dolor sigue tan o mas fuerte que antes.

Se levanta y tras dar varias vueltas, cómo un perro buscando su cola. Se detiene.

Palabras intangibles para un ser humano común y, corriente; salen de sus gruesos labios, acompañado de ése continuo brillo en sus ojos. Tornándose dorados. Una caja, pequeña pero larga aparece en sus manos. No tarda mucho en tomar la silla y, volver a sentarse mientras pone la caja –ahora- vacía sobre el escritorio que ha quedado a un lado de él.

Sentado con las piernas abiertas, los codos sobre sus rodillas y, el rostro hundido entre sus manos. Observa su habitación personal-tan personal que enferma- tan fría que lastima y, tan silenciosa que párese prohibirle a sus ojos el mudo deseo de tan siquiera lloriquear por su soledad.

Y…

Es estupido…, Jodida-mente estupido.

Por qué apenas tiene veinticinco años.

Y…

¡Mierda! que puede ser tan hipócrita y, ruin como para tomar a quien quiera, cuando quiera y, como quiera. Y, así mismo, dejarle a la mañana siguiente, sin siquiera, sentir algo de culpa por ello.

Lo ah hecho antes. Si que lo ah hecho….

Pero no quiere hacerlo.

No más.

Nunca más…, No desea eso.

No quiere eso.

No solo eso…

Se encuentra en una depresión tan vomitiva, como beber un jugo de algas…. Y, todo por que su alma se siente incompleta.

Nunca antes había sentido esta sensación de vació, tan fuerte emergiendo de lo profundo de su pecho. Como si algo, estuviera apresando su corazón y, tan solo, el hecho de latir… le doliera.

Nunca se le había presentado de una manera tan física o, emocional.

Puede sentir su magia yendo en contramano, desplazándose descontrolada por todo su cuerpo, inestable y, peligrosa.

Su cuerpo se debilita; minutó a minuto.

Su mente divagando entre la realidad y, la fantasía.

Mentiría si dijera qué no se ah descubierto hablando con su difunto tío Gaius.-quien le enseño, casi todo lo que sabe- mentiría si dijese qué no siente un deseo suicida en estos momentos.

Durante toda la maldita semana; él moreno no ah hecho otra cosa que tragarse el sufrimiento, para no asustar a sus colegas o, amigos.

Un ilusionista; tan prestigioso, como el. Debe mantener su porte debe mantener-siempre-la calma. Y, demostrar la pura seguridad en su semblante.

Se ha mantenido escondido, cómo un ratoncito en su ratonera. Metido en su habitación con la excusa de preparar un nuevo acto. Pero todo es mentira y, las mentiras tienen patas cortas. Debe pensar en algo rápido. Necesita curarse de una vez por todas, de esta demencia temporal que le asecha o, podría morir por sus propias manos.

Los nudillos de ambas manos se encuentran vendados, como las manos de un boxeador. Se ah lastimado de tanto golpear paredes y, romper espejos, como un lunático.

El dolor de cabeza no se va, la depresión sigue y, el deseo sicótico se queda con el como un hermano molesto que no le suelta la mano.

La depresión es su amiga mas fiel y, lo esta liquidando.

Maldita las horas qué lo enferman. Ese maldito "tic tac" que resuena como navajas en sus tímpanos…

Malditos los nervios que no se controlan…

Malditos los años que pasan…

Malditos los sueños que no se cumplen...

Malditos los dolores de cabeza…

Maldito el deseo de apretar el bendito gatillo y, borrar el deseo de un estado de coma…

Gira el tambor una y, otra vez, -Como un cobarde, cierra los ojos. -lo sostiene alineándolo a su cabeza y, piensa-*Solo dispara y, listo**si, ellos están jugando contigo, demuéstrale que no puede hacerlo mas**olvídalo o, muere*. Es entonces que la cordura regresa en el llamado lejano de un amigo.- ¡Merlín! ¡Merlín!- lo escucha suspirar de forma exagerada mientras cruza los pasillos, tan desatendido de todo. Le vale madre que haya ordenado no molestarlo. Es Gwaine y, a él nadie le dice; No. Menos Merlín.- ¿Donde diablos te metes, Cabron?, Idiota ¿Donde estas? Te eh estado llamando y, sabes cuanto odio escuchar tú estupido buzón de voz.- suelta. Mientras abre las dos puertas y, se encuentra con las tinieblas de su cuarto.- ¿Merlín?

-Aquí.- Se deja ubicar no antes de alejar la cuarenta y cinco, junto con sus malos pensamientos. Entonces solo gira el tambor y, apunta frente a el en el suelo.

Enciende la luz, notando el chasquido de molestia que suelta su amigo.-¡Joder!- traga e intenta que la voz le regrese-¿Que haces con eso?- pregunta mientras le mira con obvia desaprobación.

-Tranquilo,- la voz le sale fría y, dura como el acero.- solo la revisaba.- Su amigo arquea una ceja, sin dejar de mirarlo con desaprobación.- Sabes que nunca esta cargada con balas de verdad.

-Aun así…, No me gusta que la tengas.- Suspira se acerca e, intenta tomarla con la mayor delicadeza. Pero Merlín le apunta y, dispara. Gwaine blanquea sus ojos entre sorprendido y asustado. Se encuentra con un pequeño cartel ¡BANG!- que sale por donde debería salir una bala. – Muy gracioso...- suelta molesto mientras escucha a su amigo riéndose de él.

Se la quita y, con cuidado la coloca dentro de una pequeña caja. Tantos años con Merlín le han enseñado qué nada es lo que párese.

Le pone llave y, se dirige a guardarla dentro de la caja fuerte que esta a unos metros de la cama de su compañero. Detrás del cuadro de esos simpáticos y tontos perros jugando póquer…, Merlín y, sus gustos. ¿A quién engaña? A el también le encanta ese cuadro. Sonríe y, vuelve su atención a su amigo, en cuanto le escucha hablarle.

- ¿Sabes algo de…, Gwen?

- ¿No ah regresado aún?- pregunta sorprendido su castaño amigo. Gwen nunca esta demasiado lejos de Merlin.

-No…, y, ya hace una semana… - Murmura, dando un aspecto pensativo.-, estoy algo preocupado…

-¿Has…, intentado comunicarte con ella?

-OH, si…- suelta en un tono bastante molesto- le eh mandado un par de twitter y, wassap… seguro contesta en cuanto se desocupe…- suelta irónico.

-Sabes que no me refiero a eso…- el pelinegro le regresa una media sonrisa que pretende ser de disculpa, pero le da un aspecto zancarrón.

- Lo se.- Cierra los ojos, intentando calmar ese dolor atravesando toda su cervical y, golpeando en su maldito cerebro.- Es solo qué…

Gwaine lo examina a la distancia. Merlín lleva unas gafas negras de sol. Y, sin duda, Su amigo es un maniaco de la ropa oscura pero las gafas nunca fueron lo suyo.

- Merlin, ¿Sucede algo?- pregunta al verlo con el ceño fruncido, observando el suelo, como si tuviera las respuestas del universo.- ¿Ahí…, algo que no me hallas dicho?

- No puedo…, no ahora.

- De acuerdo…, pero con respecto a Gwen… ¿Qué piensas hacer?

Se levanta tomando su chamarra y, colocándosela. No sentirá calor dado que solo lleva puesta una musculosa blanca pegada al cuerpo y, unos jeans oscuros. Se peina su cabello azabache con las manos y, camina lejos del cuarto.- No tengo suficiente fuerza para traerla a mi…- Suspira- pero creo poder hallarla… puedo sentirla, solo que no me siento tan bien…como para… quiero decir…, de salir de… ¡Maldición!- Se gira quedando frente a su amigo que le sigue detrás, sonriendo ante el nerviosismo de su amigo.- sueno patético.

-Suena a que tienes que ir…, sea a donde sea que debas...

-Si. Sueno patético.

-Cómo un padre preocupado, solamente.- le da un golpe en el hombro.- Vamos, no creo que puedas manejar…- Merlin asiste- Bien, creo que seré tu chofer- le agarra del cuello, dándole una especie de abrazo y, lo encamina hasta el ascensor.- que no se te haga costumbre.- Gwaine agrádese el mensaje de Freya a pesar de ese amor-odio que siempre existió entre ellos.

Esta más qué seguro que Merlin no esta en sus cabales…, algo le pasa. Le conoce lo suficiente como para amigo esta teniendo una guerra mental demasiado fuerte consigo mismo.

Gaius se lo advirtió y, se lo confió.

Gwaine sabe que no es su lucha y, no debe meterse. Pero estará a su lado, no solo por qué juro protegerle y, estar a su lado siempre…- y, así será.- Si no por que le quiere y, nada lastimara a los que él ama.

Mientras Merlin lo maldice por no tener vidrios polarizados. El sonríe preguntando- ¿Por donde…, my lady?- Los insultos que le siguen solo lo tranquilizan mas. Merlin se esta controlando y, eso es bueno.- Ya deja el lloriqueo y, dime; ¿por donde?

Arturo no puede creer su mala suerte.- todo es culpa de ese idiota de Lancelot y, esa horrible bola de pelos…- Farfulla mientras camina por los pasillos de su escuela. Va hasta el bebedero e, intenta tomar un trago de agua. Desde que se encontraron con ese animal. A el, parece sucederle toda clase de cosas…, se moja el cabello, molesto consigo mismo, sabiendo que solo quiere echarle la culpa a alguien. Pues esta perdiendo la paciencia.


-Arturo, al fin te encuentro, enano- El rubio solo se digna a apretar duramente sus dientes, es la última persona que quiere ver en el maldito día.- Necesito que le digas a Lance, cuando llegues a casa, qué me quedare esta noche en casa de Sofía.

-Díselo tú.

-Arturo, te lo estoy pidiendo a ti…

-No mentiré para que te encuentres con tu novio en turno.- Suelta alejándose de su hermana. Debe ingresar a su próxima clase, de la cual, ya esta retrasado.

Morgana le sigue insistente. Arturo no esta de humor para discutir con ella e intenta terminar aquella discusión, posando sus ojos asesinos en ella. Pero la morocha le ignora devolviéndole una mirada de pura soberbia.- oh, si que lo harás.- asegura, topándole el camino.

- ¡No! No lo haré.- se impone rayando en histeria. Morgana se sorprende simplemente por que Arturo nunca le niega nada, a pesar de siempre estar peleando, como los peores enemigos. Siempre se doblega y, acepta cada cosa que ella le pide. Por que ella es mayor por un año y, aunque Arturo lo niegue hasta que le sangren las encías ella es su princesa. Su hermana favorita. – Morgana, estoy arto. Sabes tan siquiera lo que eh estado viviendo, por tu culpa.

-¡¿Que?! ¡¿De que hablas?!.

- El ultimo idiota al que dejaste me ha estado haciendo la vida a cuadritos,- sus ojos están rojos de ira y, su hermana traga intentando no salir huyendo.- ha intentado romperme los huesos, junto con esos ineptos que le siguen, me han lanzado a la basura tantas veces, que eh considerado mudarme al contenedor para ahórrales el trabajo de tirarme dentro de el, cada mañana.

- ¿Leonidas?, El no aria eso…- Se niega a creer- No puede ser… - Su hermano solo niega con la mirada triste- El no es de usar la fuerza bruta con nadie.

- Pues… al parecer el hecho de unirse al equipo de fútbol, volverse el capitán y, que su novia lo cambie por su propio amigo.- sostiene-. Le da impulsos para ir contra sus principios morales.

- Arturo, no creo que esto sea…

y, eso es tan estupido. por que practicamente es un cliche que el capitan del equipo de la escuela sea un completo bastardo, con el mas nerd de la misma. Practicamente una leyenda que debe cumplirse año tras año.

- Morgana…, por una puta vez…,- Suelta, bajando la voz por que sabe que no le conviene que algún maestro los escuche- cierra la maldita boca… - le señala -eh conocido "a profundidad" casi todos los baños de este jodido y asqueroso instituto. Me HAN hecho besar el suelo a golpes.- Le asegura acentuando cada palabra- ¡Dime una vez mas qué "Leoncito", no es capas…! Y, no sabes de lo que, yo, seré capas… -suelta alejándose con rabia de la incredibilidad de su propia hermana.

La morocha lanza su bolso al suelo, totalmente molesta consigo misma, por no querer ver lo que estaba pasando en sus narices. Ahora entiende los cambios de ropa entre clases, de su pequeño hermano y, la razón por la que llegaba adolorido después de sus prácticas de natación. También esa extraña manera de esquivarla e ignorarla en casa. Como para no odiarla, demonios. Toma sus cosas y, sale dispuesta a patear el trasero de su ex.

No puede creer que haya cambiado tanto. -Ese estupido. Idiota…, me va a oír.- Sentencia dirigiéndose al campo donde el joven tiene su entrenamiento.


Arturo mira agotado el libro de matemáticas. Sus ojos le arden, quizás por su leve ati-matismo. Pero no puede usar sus lentes, por que "el orangután de Leon", los lanzo por el retrete. Cierra los ojos y, suspira. Atendiendo la voz de su profesor consolándose con el hecho de ser lo suficientemente inteligente para entender sin mirar la pizarra.

En cuanto la hora acaba. Guarda, sus cosas dirigiéndose a la salida- ha dejado el club de natación-. Por la obvia razón de no ser un blanco fácil para su ex-cuñado. El cual le espera apoyado en la puerta principal. Intenta pasar de largo, pero el tipo simplemente le sujeta de la camisa a cuadros y, lo arrastra a uno de los salones vacíos.

Los demás ignoran el pedido de auxilio de sus ojos. Y, se van.

- ¿Qué quieres?

- Nada. – alega con un pequeño mohín para nada inocente.

- Entonces.- pregunta siendo acorralado contra la puerta fría.- ¿Qué buscas?

-Nada.- Repite en un susurro, que lleva al menor ha encontrar en la mirada ajena algo qué no le agrada en lo más mínimo.-Bueno, quizás si…- los libros de Arturo, que servían como una débil barrera entre el agresor y, el. caen al suelo, al usar sus manos para intentar soltar su cuello del agarre brutal que tiene el mayor.- le fuiste con el cuento, verdad.- afirma con un tinte de odio en los ojos.- No podías dejar el secreto…entre nosotros.- murmura.

Le suelta por que… no quiere matarle, solo asustarle. Arturo toma grandes bocanadas de aire mientras se encuentra casi de rodillas en el suelo.

Notando que el otro no se ha ido aun, pregunta.-¡¿De que hablas?!

-Tú hermana. – Arturo siente una oleada de miedo arrebatarle la poca seguridad qué aún tenia

-¿Qué pasa con ella…?- arruga el ceño, con preocupación.

-Fue a gritarme en medio de mi práctica.- Se agacha para quedar mas cerca del menor- Me suspendieron por una semana, gracias a ti.

Mira el suelo, por temor a recibir algún golpe al ver un destello de alegría en sus ojos. –Lo siento- Miente. Por qué sabe que es lo menos qué se merece.

-No sirve que lo digas….- se acerca al rubio y, le sujeta de la mandíbula para que le mire a los ojos-. Se que no lo haces…, se que adoras verme derrotado. Detesto esa maldita mirada de engreído que portas, esos malditos ojos celestes. Ese rostro de niño bueno que no te pertenece…, esos la… – se le queda mirando en silencio, por demasiado tiempo. Arturo se siente incomodo ante aquel examen que el mayor párese tomarle. Los ojos intimidantes quedan fijos en sus labios y, Arturo se tensa al notarlo. Pero el mayor se aleja soltándole brusco, como siempre. – mas te vale no volver a fastidiarme. – Amenaza antes de salir y, dejarlo solo en aquel cuarto.

Arturo cierra los ojos, sin tan siquiera creer el hecho de no haber recibido un golpe. Aunque imagina que los amigos del gorila, Irán a por el, al saber que su capitán fue suspendido. Se maldice por haber sido tan idiota de irle con el cuento a Morgana. Jamás imagino que esa tonta fuera a plantarle cara a León. Se ríe de solo pensarse la escena. El solo quería que estuviera alerta de ese idiota.


Al salir respira aliviado al hallarse con su hermano esperándole en el auto- Necesito comprarle algunas cosas a mi pequeña. ¿Bienes conmigo?

- claro.

- ¿Enserio? – pregunta incrédulo- No te molesta que la bola de pelos, este cerca de ti.- Señalando a la gatita que duerme en el asiento trasero. Por el propio apodo que le a puesto su pequeño hermano. Desde que la encontraron siendo molestada por unos alumnos. El mayor se la ha quedado y, dado que Morgaus… no le tiene nada de paciencia. La pequeña viaja con el a todos lados. Claro, en el instituto los tres la cuidan en secreto. Cuando Lancelot se encariña con los animales no ahí poder humano que lo haga olvidarse de ellos. Y, los gatos son su debilidad.

- Digamos, que al parecer… no da TAN mala suerte. – después de todo, con su hermano cerca…, zafara de un golpiza segura. Esperar el bus… no es una opción. Además, de que debe comprar un libro nuevo, dado que el anterior termino lleno de huevo podrido.

El centro comercial es el mejor lugar para distraerse luego de un momento incomodo con el ex-novio de su hermana.

El mayor arranca el auto y, el menor maldice su suerte en cuanto su hermano le pregunta por Morgana. Lancelot cortara cabezas… de eso, esta seguro.


-¿Estas seguro de que es aquí?- Pregunta el castaño al azabache. Ambos bajan del auto encaminándose a las profundidades del centro comercial.- No será…, que en realidad querías que te compre una hamburguesa. ¿Verdad?

Merlin ríe por que no quiere preocupar a Gwaine-siente el cerebro como si estuviera entumecido. Tan solo quisiera poder dormir un poco. Pero nada le tranquiliza lo suficiente para poder cerrar los ojos,- No tienes remedio.- Suelta desganado.

- ¿ seguro que estas bien?

-Me lo has preguntado, durante todo el camino. Joder Gwaine, no tientes contra tu vida.- sostiene con el seño fruncido mientras sube por las escaleras de dos en dos- Estoy de fabula.

-Si, se nota…

-Tranquilo, solo vamos por Gwen y, volvemos a casa.

-¿Sin hamburguesas?.

-Sin hamburguesas.

- Por que eres tan cruel… ¡diablos! ¡¿Por que eres tan sexy, siendo cruel?!- una mujer les mira entre indignada y, exaltada. Merlín ríe intentando no golpear a su amigo. Por que reír solo empeora su dolor de cabeza.

- Cállate, Gwaine.