UN NOMBRE PARA TI...

Reclaimer: todos los personajes de este fic (excepto uno) no me pertenecen a mí sino a la gran Shinobu Ohtaka y son de la serie "Magi: Labyrinth of the magic" Así que no se admiten carnets falsificados ni nada por el estilo.

Advertencias: ninguna por el momento


Capítulo 1: Una rehén de la oscuridad

Un estornudo surgió de entre los árboles que rodeaban el gran palacio imperial. El joven de vestimentas oscuras que yacía entre sus ramas simplemente se restregó la nariz antes de continuar comiendo la fruta que había robado de la despensa real. El día era muy aburrido a pesar del que el sol brillaba con fuerza en un cielo azulado. Los príncipes aún estaban ocupados en sus asuntos como para encargarse del entretenimiento de él, así que solo le quedaba quedarse en aquel aburrido y monótono jardín comiendo duraznos.

Después de comerse el quinto, decidió que haría un poco de ejercicio molestando a todo ser que se cruzara en su camino. Puede que incluso hiciese una visita a cierto rey tonto… pero sus planes se vieron frustrados cuando tres enmascarados se acercaron a él con clara intención de guiarlo a alguna parte.

Lo cierto es que muchos de los planes de Al-Sarmen eran divertidos, pues incluía destruir algo y crear caos a su alrededor, pero últimamente solo le daban misiones estúpidas que empezaban a aburrirlo.

Y un magi aburrido nunca es bueno para nadie…

- Oráculo, se necesita de su presencia inmediatamente –pronunció con solemnidad uno de los tres encapuchados, haciendo incluso una de esas ridículas reverencias que ya tanto le cansaba de ver. Así que solo se molestó en hacer un gesto con una mano para despacharlo y que empezara la marcha en silencio.

Pasaron por un costado de la zona donde el cuarto príncipe, Hakuryuu, entrenaba con su lanza cada mañana durante todos los días para fortalecer su magoi; delante del despacho de Kouen, donde este seguía sumergido en sus tediosos documentos y cerca de la habitación de la vieja bruja de Kougyoku, que se comportaba muy extraño desde que había regresado de Balbadd. No tardó mucho en dejar atrás toda esa zona y llegar hasta una de las salas más alejadas de aquel enorme palacio.

Entró el primero, sorprendiéndose al encontrar a un alto número de miembros de la organización alrededor de la amplia cama. Al parecer estaban tan concentrados en lo que allí reposaba que ni siquiera notaron su presencia. Frunciendo el ceño y con la curiosidad a flor de piel, se acercó lentamente hasta el lecho… aunque después se sintió profundamente decepcionado al encontrar solamente a una joven inconsciente.

Saciada el ansia de curiosidad, se alejó hasta una de las esquinas de la habitación sin darle más importancia a la mujer. Ni siquiera se fijó en su apariencia ni en lo que le estaba sucediendo, solo quería saber qué quería Al-Sarmen de él para marcharse a molestar a los habitantes de palacio.

- Oráculo, lamento haberlo molestado, pero necesitábamos de su poder para completar la prisión –uno de los hombres con el rostro oculto tras un velo blanco y un traje negro lleno de joyas se acercó hasta él, llevando en un suave soporte aterciopelado su varita. El magi oscuro la miró con sorpresa que se apresuró a ocultar, alzando simplemente una ceja sin entender qué era lo que querían que hiciera él.

- Sólo debes sellar las cadenas que nosotros hemos creado Oráculo, eso es todo –intervino una seductora mujer, que también llevaba el rostro oculto tras un fino velo blanco.

Con un gesto de cansancio para demostrarles que aquello no era nada divertido para él, cogió la varita e hizo exactamente lo que le pedían, invocando a los rukh negros y enviándolos en un hechizo hacia las joyas que adornaban el cuerpo de aquella misteriosa doncella dormida. Estaba a punto de decirle que ya estaba hecho cuando lo acallaron, imponiendo sus voces sin orden alguno por encima de la de él.

Casi como si intentaran ocultarla de alguien…

- Será mejor que nos acompañe Oráculo, vuestro trabajo aquí ya ha sido completado.

No le agradó nada que lo estuvieran echando de aquella habitación, como si fuera un simple sirviente al que pudieran ordenarle lo que quisiesen. Además, acababan de arrebatarle su varita como si no le perteneciera. Aun así obedeció, no sin antes mandarle una mirada que mostraba claramente su disconformidad.

¡Él era ni más ni menos que el gran magi oscuro, no podían tratarlo como un vulgar humano!

Pero no pudo recordárselo a nadie, pues nada más poner un pie fuera de aquellos aposentos, la puerta se cerró con un asombroso poder maligno. Sería fácil romper aquella barrera, pensó mientras sonreía, pero prefirió obedecer por esta vez. Aunque por el bien de ellos, más les valía no acostumbrarse.

Volvió a su árbol preferido, esperando alguna señal mágica que le indicara que debía hacer a partir de ahora. Sin embargo, ese día la organización Al-Sarmen parecía más ajetreada que de costumbre y requerían de su presencia en todas partes para asuntos muy estúpidos y ordenados. Por todos los rukh oscuros, él odiaba el orden y la paz. Todos los que le conocían lo sabían, entonces ¿por qué le pedían que hiciera esas cosas?

- ¡Esto es muy aburrido! –acabó explotando después de volver a reorganizar una enorme sala llena de documentos antiguos con ayuda de su magia.

A pesar de las insistencias de los miembros de la organización, se marchó quejándose de que él no era una sirvienta para que le mandaran esas cosas, sin darse cuenta por donde caminaba. El choque no fue gran cosa, pero desconcertó al joven vestido de negro, puesto que nunca antes se habían chocado de esa forma con él. Al alzar la mirada, se encontró con el mismo hombre que le entregó su varita en la habitación.

- Magi… te estaba buscando. Es muy importante que escuches mis palabras, pues desde mañana serás el guardián de nuestra nueva prisionera. -¡¿Eh?! ¿Él? ¿Guardián? ¿Es que todos se habían vuelto locos y él no se había dado cuenta hasta ahora? Estaba a punto de replicar, pero fue acallado con un gesto de su mano- Solo tu oscuridad sería capaz de retenerla si nuestro hechizo no funciona, por eso es importante que la vigiles en todo momento. Pero no debes dejar que en ningún momento te reconozca magi, es muy importante. Nunca debe saber que tú eres el magi Judal…

Frunció el ceño al escuchar aquel ultimátum final, mientras lo veía perderse entre los pasillo de aquella mansión. ¿Qué no debía saber que él era Judal? Todo era demasiado extraño para su gusto… demasiado. Pero quizás fuera entretenido, pensó esbozando una de sus típicas sonrisas traviesas.

El resto del día pasó sin contrariedad, y el nuevo día le dio una bienvenida calurosa, incluso más que el día anterior. Trenzándose el cabello lo encontró aquel sirviente que traía su varita por órdenes de Al-Sarmen, junto con una nota que le recordaba pesadamente que no le dijera su identidad a la prisionera. Arrugándola en una bola y tirándola por encima del hombro, cogió un par de duraznos antes de partir hacia la habitación donde su destino estaba a punto de cambiar para siempre sin él saberlo aún.

Cuando cruzó las puertas encontró a dos mujeres y cinco hombres enmascarados reunidos a los pies de la cama, discutiendo seguramente de su estancia en aquel lugar, pues hacían mucha referencia al gran oráculo y a lo peligroso que podía ser esa situación si se descubría. Harto de esperar a que notaran su presencia por sí solos, estuvo a punto de decirles que estaba allí, pero un ataque de tos por parte del grupo y gritos desesperados por la otra impidió que pudiera decir un simple "Hola".

- Oráculo, no hace falta que gastéis energías en algo tan banal como hablar. Basta con que simplemente estéis pendientes, por si pasa algo inesperado. Lo demás, déjelo en nuestras manos.

No tuvo tiempo de replicar nada, pues pronto la habitación quedó completamente vacía. Con un suspiro más de irritación que de cansancio, se recostó en uno de los amplios sillones que allí se encontraban y se dedicó a comer las frutas que traía o a jugar con su larga trenza negra. El tiempo parecía ir cada vez más despacio para él, y empezaba a desesperarse de no hacer nada.

De pronto, unos ojos de un dorado tan intenso como el propio astro rey lo observaban desde el centro de aquella habitación. Con un respingo por la sorpresa inicial, le mantuvo con valentía la mirada, negándose a ser él el que la apartara primero. Una mirada dorada enmarcada por un rostro pálido y una cabellera plateada, tan distinta a la de él pero a la vez tan parecida…

- ¡Oráculo!

Habían entrado, en un remolido de capas negras y velos blancos, algunos de los miembros más radicales de la organización, empujándolo fuera sin darse cuenta que segundos atrás su prisionera había recobrado el conocimiento. Estaba a punto de decírselos, pero como las anteriores veces, le fue imposible pronunciar una sola palabra sin que el griterío histérico del grupo se impusiera por encima de su propia voz.

- Basta. Soltad al oráculo de inmediato. –la profunda voz del líder sí consiguió lo que el joven no había podido, obteniendo la libertad que tanto deseaba. –Está bien, el oráculo debe cuidar de ella. Así se ha decidido en la reunión de ayer. Ahora dejadlo entrar.

La discusión continuó incluso después de que él volviera al interior de aquella habitación, con su misteriosa invitada en ella. Recordando lo que había sucedido, volvió la mirada hacia ella, pero no encontró nada fuera de lugar. Volvía a estar inconsciente como al principio.

¡Qué aburrido!

Hubo más escenas como aquella a lo largo del día, pero ninguna había vuelto a pasar el umbral de la puerta, escuchándose solo las discusiones desde el interior. Al principio le habían hecho hasta gracia oírlos quedarse sin argumentos para sacarlo de allí, pero pronto se cansó también de ello y empezó a buscar en la habitación con qué podría entretenerse. Harto también de eso, se acercó hasta la enorme cama central para ver el objeto de su aburrimiento.

La joven era sin duda hermosa, pero tampoco creía que era razón suficiente para aprisionarla de esa manera. Lo más seguro es que ocultaba algo que Al-Sarmen no había conseguido quitarle… o era a ella misma a la que querían. Se centró en analizar lo poco que podía ver de ella, pues su cuerpo, desde su cuello hasta la planta de sus pies, estaba cubierto por una sábana blanca.

Pero no era difícil imaginar lo que se ocultaba debajo.

Olvidándose de algo tan mundano e indiferente para él, se acercó aún más a la susodicha para analizar su rostro. Estuvo a punto de soltar un grito cuando se topó de golpe con dos lagunas doradas viéndolo con tanta atención como él a ella. Dos intensos y brillantes soles que quemaban todo su ser hasta llegar a su alma oscura. Pero él era Judal y nunca se dejaría amedrentar por alguien como ella, así que, equipándose con su típica sonrisa maníaca, se alejó de ella para situarse en el extremo más cercano de la puerta y llamar a los guardias de Al-Sarmen.

Pero no consiguió dar ni dos pasos cuando una débil voz inundó cada rincón de la alcoba como si fuera un susurro del viento. Se detuvo y giró únicamente su cabeza para observarla por encima del hombro, pero ella había vuelto a cerrar sus párpados y su respiración daba a entender que ya se había vuelto a sumergir al reino de la oscuridad. Sin embargo, el susurro seguía escuchándose en la mente del joven magi oscuro.

"Estoy seguro… de que susurró mi nombre…" –la voz de su mente no estaba dispuesta a olvidar tan fácilmente aquel detalle, como tampoco el hecho de que era la segunda vez que sus miraban volvían a encontrarse aquel día.

Pero, a pesar de los deseos de Judal, los días pasaron sin que volvieran a repetirse dichos acontecimientos, como si se burlaran del joven muchacho de negro, incitándolo a dudar de sus propios recuerdos. En total, tres semanas habían pasado desde que ella entró en su vida, lo que el magi caído en la depravación no sabía, era que pensaba quedarse en ella para siempre.

Pero mejor no adelantemos acontecimientos futuros, mejor dejadme mostraros cómo la joven vuelve el mundo de este ser un auténtico caos y le enseña que la diversión se esconde en lo que menos se espera. Dejadme mostraros cómo seduce a Judal hasta el punto de convertirse en su necesidad.

Dejadme mostraros cómo consigue que florezca la pequeña chispa de luz del amor en el más profundo abismo de oscuridad.

Continuará…


Bueno, hasta aquí por esta semana. Espero que os haya gustado y que comentéis que os ha parecido. Nos vemos la semana que viene…

¡Hasta pronto!