Disclaimer: todos los personajes pertenecen a Rowling, yo sólo los tomo prestados para divertirme un poco y con la ilusión de divertir a otros.

Espero les agrade este capítulo lamento la demora, pero mi muso decidió tomarse una vacaciones y apenas volvió, espero cualquier comentario vía review.

Muchas gracias a todas las alertas y favoritos, a pesar de tener sólo el prefacio, ojalá les agrade el capítulo.

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Soy… Niñera

Ahí estaba, sentada en una fuente, sintiendo el agua que la salpicaba y disfrutando un delicioso helado napolitano, esperando que llegara la hora para aparecerse en la casa de sus padres, cuando un escalofrió recorrió su espalda. En realidad, no tenía ganas de ver a todos los amigos de sus progenitores celebrando el gran amor que tenían, lo peor no era eso, sino la manía de su madre por obligarla a tener alguna cita. Y últimamente su madre parecía más empeñada que nunca en conseguirle una pareja. Quizá era porque dentro de unas semanas cumpliría 32 años.

Veía a la gente en el callejón, algunos al verla aún señalaban y murmuraban algo, a pesar de que ya habían pasado trece años desde la guerra, ella seguía siendo famosa, no sólo por su papel como amiga de Harry Potter y parte de los salvadores del mundo mágico, sino también por ser la principal impulsora, creadora, y directora de la Unidad de Integración para los Hijos de Muggles. Al pensar en esto último una sonrisa de satisfacción adornó su rostro. Si su madre pudiera comprender cuanta satisfacción le producía su vida sin necesidad de tener a un hombre a su lado. Estos pensamientos se vieron interrumpidos por el intempestivo roce de una lechuza que por poco aterriza en su cabeza.

-¡Hey, fíjate por donde vuelas!-

Le increpó, pero el ave continuó volando nerviosamente entre la gente, al parecer tenía prisa por encontrar al destinatario. Siguió al ave con atención, sin saber muy bien porque se sentía interesada en saber a quién podría estar dirigido un mensaje tan urgente. El problema fue cuando vio que la lechuza se detenía frente a Draco Malfoy.

Sí, el mismo Draco Malfoy, el ex - mortífago que después de ser exonerado había abierto su bolsillo, bueno, mejor dicho su cámara de Gringotts para aportar alegremente los galeones empleados en crear lo que ella gustaba llamar "mi escuela". Para fines prácticos resultaba como su jefe. Y es que a pesar de que estaba en contra de todo lo que siquiera oliera a tráfico de influencias o corrupción y de lo mucho que habían cambiado el Ministerio bajo la administración de Kingsley Shackebolt, la realidad era que debía rendir cuentas de su trabajo al "Sr. Malfoy" que ahora estaba casado con Astoria Greengrass y tenía un hijo pequeño llamado Scorpius, quien por cierto se encontraba a su lado en ese momento, observando atentamente el animado ajetreo en el callejón Diagon.

Draco Malfoy leyó rápidamente la carta, su gesto tranquilo desapareció y se tornó en una mueca de dolor y preocupación, miraba en diferentes direcciones como tratando de encontrar algo o alguien y entonces sus ojos grises se cruzaron con los de ella, tomó a Scorpius de la mano y caminó hacia donde se encontraba.

-Granger, tengo una emergencia, por favor cuídalo, te enviaré una lechuza después. Gracias- dijo esto apresuradamente y desapareció ante la mirada incrédula de Hermione, pero al parecer el niño no encontraba nada extraño en la escena, pues de inmediato comenzó a cuestionarla.

-¿Quién eres? - Scorpius la miraba a través de esos ojos idénticos a los de su padre, con curiosidad

-Soy Hermione Granger.- la chica pensó que lo mejor era seguirle la corriente y le respondió con una sonrisa condescendiente.

-¿Tienes esposo?- siguió el niño.

-No.-

Hermione respondió automáticamente y casi gritando al tiempo que se preguntaba a que venía semejante pregunta Scorpius no se amedrentó y con aire resuelto dijo:

-Pero, tienes novio ¿no?-

Ella tuvo la sensación de un dejá vu. Esa era casi exactamente la misma pregunta que hacía su madre, cada vez que la veía entrar por la puerta.

-No.- Su tono condescendiente estaba a punto de convertirse en otra cosa. Semejante interrogatorio no le agradaba para nada.

-Mmmhhh, al menos tienes amigos, ¿no?-

Hermione vio al niño, definitivamente se notaba que el pequeño pensaba que era un alien o algo parecido.

- Sí, tengo dos amigos- Hermione sonrió autosuficiente, seguro que con eso el interrogatorio pararía y ella podría hacer sus propias preguntas, pero estaba muy equivocada.

-¿Cómo se llaman?- Al parecer quería los nombres para corroborar su respuesta.

- Son Harry Potter y Ron Weasley.-

-¿Ellos son tus amigos? Papá dice que voy a ir a la escuela con su hijos, ¿eso es verdad?- Hermione no sabía a cuál de las dos preguntas responder, la primera, ya había sido resuelta, así que contestó la última.

- Si, Albus tiene tu edad, irás con él a Hogwarts

-No, a Howgarts no, a TU escuela.- repuso Scorpius, como si le extrañara que Hermione pensara primero en Hogwarts que en SU propia escuela.

-¿A mi escuela? ¿Tu padre te dijo eso? ¿Estás seguro?-

El asombro en su rostro hizo sonreír a Scorpius de una manera idéntica a la de su padre. Probablemente era un gesto grabado a fuego en los genes masculinos de la familia Malfoy.

-Sí, me lo acaba de decir, antes de que llegara la lechuza, quiere que vaya a una escuela y la tuya es la única que ofrece educación a magos menores de once años, y papá dijo que si aceptaste a Albus Potter a pesar de ser sangre pura, entonces también me puedes aceptar a mí.

-¿Eso te dijo?-

Hermione tenía la quijada desencajada ante la sorpresa

-Sí, dijo que era una idea genial la de acercar a los niños de padres muggles…

-Mis padres- exclamó Hermione llevándose una mano a la cabeza y tomando a Scorpius de la mano mientras caminaban hacia el caldero chorreante para acceder al Londres muggle.

-¿Qué pasa con ellos?, ¿están bien?- Scorpius parecía preocupado

-Sí, claro, sólo es que tengo que ir a verlos, pero una aparición conjunta con alguien de tu edad es muy peligrosa.-

-Y, ¿por qué no usamos la red flu?- Scorpius lo dijo como un tono que denotaba lo obvio de la idea, ¿cómo es que a ella no se le había ocurrido?

-Mis padres no están conectados- Hermione, no sabía cómo decirle que su padres no eran magos.

-¿No tienen chimenea?-

Scorpius la miraba asombrado. ¿Cómo era posible que no tuvieran chimenea? ¿Qué clase de personas eran esas que no tiene chimenea? ¿Acaso eran TAN pobres? No, su padre nunca lo dejaría con alguien así de pobre, ¿o sí?

- Espera un momento, ¿tus padres viven en Londres?-

-Sí, y espero que a tu padre no le moleste que te lleve con ellos, pero en verdad tengo que ir.- "Aunque preferiría quedarme aquí" pensó Hermione.

-¿Por qué se enojaría mi padre? Él me dejó contigo sin siquiera pedir permiso.- dijo Scorpius con tono enfático.

Al oírlo hablar de esa forma a Hermione se le olvidaba que apenas tenía cinco año. Al parecer, tener las ideas claras era de familia o quizá, dada la penosa enfermedad de su madre, se había visto en la necesidad de desarrollar ciertas habilidades. Pero no quiso pensar más en eso, porque se dio cuenta de que el tiempo apremiaba

-Sí, tienes razón en eso. Tendremos que tomar el metro para llegar a tiempo.- La última frase era más bien n pensamiento en voz alta. Hermione miró el reloj. Su plan era aparecerse sola en la casa de sus padres y llegar incluso antes de lo previsto, pero la sorpresiva presencia de Scorpius como acompañante hacía necesaria una alteración en sus planes, tenían media hora para llegar a su casa, vestirse y prepararse para recibir a los amigos de sus padres.

-¡Iremos en metro!- el niño sonaba maravillado ante la perspectiva de ir en ese medio de transporte muggle, Hermione les realizó un hechizo desilusionador, creando la ilusión de ser muggles normales, después de todo los dos vestían con túnicas de mago, la de Scorpius era verde, mientras que Hermione llevaba una color morado, a juego con una pequeña diadema que empleaba para evitar se le fuera el cabello al frente, era sólo con fines prácticos, cualquiera pensaría que eran una madre con su hijo de regreso del colegio.

-Bien Scorpius, ¿te has subido a un tren antes?-Hermione necesitaba saberlo, para explicarle como era todo, para que no se asustara.

-Nunca, siempre viajamos en red flu, en escoba o caminamos.-

-¡Sabes usar una escoba!- exclamó Hermione impresionada, como dejaban a un niño subirse a una escoba estando tan pequeño y entonces recordó la foto de Harry con sus padres, el que ella a sus treinta y un años no pudiera subirse a una sin sentir vértigo, no quería decir que todos fueran igual, además Scorpius pertenecía a una de las familias sangre pura con mayor tradición, seguro antes de poder hablar ya montaban una escoba.

-Bien no te separes de mí, haz fuerza con tus piernas y en cuanto veas un lugar vacio te sientas, ¿entendiste todo?- preguntó la castaña.

-Sí, hago fuerza con las piernas y me siento, y no me suelto de ti- repitió el pequeño con vehemencia, la última frase la dijo como si su vida le fuera en ello, al parecer no pensaba soltarse de la chica para perderse en un lugar llenó de muggles, esto lo corroboró cuando apretó fuertemente la mano de Hermione.

Ambos se subieron al tren, se encontraban sentados, Scorpius miraba asustado a un par de muggles vestidos todos de negro, y con largos abrigos y entonces la esperanza de Hermione de que ese fuera un viaje tranquilo, se desvanecieron cuando el pequeño comenzó a hablar:

-¿Y ellos porqué no tienen un hechizo desilusionador?- dijo firmemente, pero la chica se encontraba entretenida en sus pensamientos que no le escuchó a la primera.

-¿Qué?- dijo Hermione sobresaltada

-¿Qué porqué ellos no tienen un hechizo desilusionador?- gritó el pequeño para asegurarse que Hermione la escuchara, pero no sólo ella, también lo oyó el vagón entero.

-Habla, más bajo, no estoy sorda- le recriminó, sonriendo nerviosa a sus compañeros en el vagón.

-No me oíste la primera vez- se justificó el pequeño- y no has respondido a mi pregunta.

-Ellos no son magos, así se visten, es su estilo, pero no es normal que la gente se vista de esa forma- explicó con toda paciencia Hermione.

-Ahh, ok, ya entendí- dijo Scorpius y guardó silencio.

El viaje en el tren siguió, sólo faltaban dos estaciones para llegar a la casa de Hermione, cuando la electricidad falló y el tren se paró. Scorpius apretó fuertemente a Hermione y le dijo:

-Tengo miedo, ¿puedes hacer un lumus? Por favor

-Perdona Scorpius, pero no puedo hacer magia, es necesario esperar a que regrese la luz, no puede tardar mucho- dijo con dulzura tratando de calmar al niño.

-Eso espero- y como si sus palabras fueran mágicas la luz volvió y el tren avanzó.

-Ves, te dije que no tardaría en volver- dijo Hermione feliz, pues no sabía si el terror del niño lo obligaría a usar magia, como cuando ella era pequeña y se fue la luz en su casa, tan asustada estaba que su magia salió e hizo que explotara el transformador, sonrió ante el recuerdo.

Pronto pasaron las tres estaciones restantes, cuando se bajaron, Scorpius apoyó con un poco de dificultad los pies en el suelo firme, se había acostumbrado al movimiento del tren. Hermione esperó a que se volviera a acostumbrar para caminar con rumbo a su casa, sólo eran un par de cuadras cercanas a la estación.

-¿Ésta es tu casa?-preguntó Scorpius maravillado, era una casa pequeña con un pasillo que daba a la entrada y de ambos lados se encontraba un jardín con pensamientos y narcisos, cuando el chico lo vio dijo que se parecían a los de su abuela.

Caminaron seguros hasta pararse frente a la puerta blanca, dio un fuerte suspiro y armándose de valor tocó el timbre, a la espera de que su madre le abriera.

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Gracias por tomarte un tiempo para leer esta historia, planeo actualizar el 1 de julio o el 5, si les interesa hoy o mañana subiré un one-shot de Andromeda y Ted Tonks, para continuar con la serie de novias fugitivas.