Disclamer: ninguno de los personajes me pertenece, todo es de la genialosa S. Meyer... obviamente. Sólo la historia es mía XD


CAPITULO I

PRESENTIMIENTOS

"siento que puedo verte, siento que puedo tocarte, siento... que puedo amarte"

.o.

.o.

.o.

El amor entre ellos les golpeó rápido y fuerte.

Ella había sido elegida como esposa de un sobrino del faraón y él, había sido escogido para protegerla y resguardarla. Todo parecía ir perfecto, Irisi era una buena mujer y Tarik era uno de los mejores luchadores con que contaba Egipto.

Pero las estrellas le habían susurrado secretos al oído a la joven, le habían dicho que su amor no sería aquel con el que estaba prometida. Y era verdad.

Se enamoró perdidamente de su guardia, de su escolta. Y –lo más grave- no se arrepentía de ello.

Le amó tan intensamente como su cuerpo fue capaz y sabía que él le correspondía. Cada beso y caricia, cada palabra que se decían era una súplica para continuar amándose, aunque el tiempo se les acababa, poco a poco. Cada vez que el sol desaparecía por el horizonte, era como una sentencia de muerte que se les acercaba cada vez más.

Habían decidió huir un día. El equinoccio estaba cerca y tenían una pequeña oportunidad de pasar desapercibidos, mientras los demás festejaban la entrada de la primavera. Era lo último que ellos podían hacer… lo último.

Se habían colado en una caravana de comerciantes que iban a cruzar el desierto para llegar hasta los territorios de los orientales. Eran los primeros que habían encontrado y pagaron a una mujer –que era la líder del grupo- para que los sacara de ahí.

Recorrieron mucha distancia en sólo tres días, escondidos entre el equipaje de la caravana. Ambos permanecieron cubiertos por telas y otros productos, con ropas viejas y llenas de polvo. Sólo pensaban en lo que pasaría cuando llegaran a oriente, cuando nada los separara, cuando todo fuera como ellos soñaban.

Y entonces, un trueno rompió el silencio de aquella noche. Era algo demasiado inusual para aquellas fechas, más el tener el cielo oscurecido por las nubes, impidiéndoles ver las estrellas. Era demasiado peculiar y demasiado infortunado.

La caravana tuvo que detener su recorrido, debieron montar un campamento y esperar a que la lluvia tan atemporal pasara y pudieran continuar.

Antes siquiera de que cualquiera pudiera hacer más nada, una mujer menuda, vestida con ropajes sucios y propios de los viajeros se acercó corriendo. Irisi parecía reconocerla, tenía una cadencia, al caminar, que le resultaba demasiado familiar, una mirada que le penetraba hasta le alma.

-¡Irisi!- gritó antes de internarse en el campamento –Irisi, por los Dioses, que bueno que he logrado llegar antes…

-antes, ¿antes que quien?- Irisi logró traspasar a algunos de los comerciantes, que permanecían sentados bajo una gruesa tela que los protegía de la lluvia y que sólo permitía que el fuego de la fogata los calentara e iluminara -¿qué haces aquí, Bast?

-yo…- ella tomó aire profundamente, colocando una de sus manos en su pecho –tuve que salir corriendo… uno de los amigos de Tarik me trajo, sin él no hubiera podido… ¿puedes creer que los seguí por un día y medio arriba de un bobo camello? Bueno, eso no es lo importante, lo realmente… realmente importante es… Irisi, ¿por qué te fuiste con estos comerciantes?, ¿no hubiese sido más sencillo tomar uno de los camellos de la familia real y huir? Supongo que no lo pensaste en ese momento… o quizá sí, pero fuiste lista y…

-¡Bast!, detente- pidió Irisi, al ver que su prima no paraba de hablar –concéntrate, ¿qué pasa?

Ella era la pequeña prima de Irisi, una sacerdotisa del templo de Iris y que siempre había permanecido al lado de su prima, siempre estaban juntas, siempre se contaban todo, eran inseparables. Eran como almas predestinadas a estar juntas, o eso les habían dicho las estrellas a sus madres, la noche en que Bast había nacido.

-Gamal… eso pasa- suspiró –mandó a sus hombres, no deben venir lejos… creo que sólo tienes unos minutos para salir de aquí, Irisi… por favor, ven con nosotros, regresaremos y diremos que esto jamás ocurrió.

-Bast, no puedo- intentó sonreír, pero se le descompuso el rostro en una mueca –tengo que pelear por esto.

-¿estás loca?- Bast frunció su afilada nariz –por supuesto que sí, ¿de qué otro modo te hubieses atrevido a venir aquí?, ¿de qué otro modo sino podrías haber huido así?

-Bast, no puedo volver… Gamal no… él no es para mí.

El corto cabello de Bast comenzó a chorrear, por haber permanecido todo aquel tiempo bajo la lluvia, y le mojó el rostro. Ella tuvo que limpiarse los ojos al ver los cantaros caerles encima.

-lo sé…- suspiró de nuevo y miró hacia atrás, hacia el hombre y el camello que se acercaban.

-vete Bast- Irisi la abrazó, rodeando su pequeño cuerpo y besando su cabello –será mejor que él no te encuentre aquí.

-te quiero, Irisi… cuídate.

Y así, la pequeña Bast se alejó de ellos, probablemente subiría en el camello con aquel hombre que la ayudó a advertir a su prima favorita y regresaría en un día o dos. Pero Irisi permaneció quieta, viendo el lugar por el que ella había desaparecido, pensando en cuanta loca idea se le pasaba por la mente para poder escapar.

Tarik escuchó todo y, para él, hubiese sido mejor que Irisi se fuera con Bast. Era más prudente. Se acercó para atraparla entre sus brazos y recargó su rostro en el hueco de su hombro. Suspiró su aroma, quería que se le clavara en la mente, para poder dejarla marchar, para pedirle que se fuera con Bast.

La lluvia les mojó el rostro y con el sonido del siguiente trueno vino también el sonido de varios camellos –o caballos- acercándose. Se miraron intensamente, esperando por el primer movimiento. Él quería que ella saliera ilesa, ella deseaba correr juntos hasta perderse. Ambos querían decirse tantas cosas, pero a ninguno les salía palabra.

La arena caliente les rozó la piel y el viento lleno de agua y tierra les golpeó la cara.

Ella lloraba, él estaba luchando por no hacerlo.

-Tarik…- murmuró ella, observando sus exquisitos y peculiares ojos verdes.

Tarik le cubrió los labios con un dedos, impidiéndole hablar más. Negó un par de veces con la cabeza y sonrió.

-eres tú, mi Diosa, mi princesa, mi todo…- le dijo en voz baja, mientras escuchaban a los hombres de Gamal acercarse –te amé desde el momento en que tus ojos chocolate se cruzaron con los míos… y te amaré siempre…

Ella sonrió, iluminando un poco su rostro –sólo un poco- y afirmó suavemente.

-en esta vida y en la siguiente- concluyó ella con un sollozo ahogado.

-mi pequeña Irisi- le dijo al oído, quitando un mechón castaño de su cuello y depositando un beso en esa zona –te buscaré cuando esto termine, te juro que… será en esta vida, o en la otra.

-siempre serás mío- la voz de Irisi pretendía ser ruda y decidida, pero le salió ronca y entre hipidos.

-no importa nada- le confirmó él, con una sonrisa ladina –la eternidad nos pertenecerá cuando nuestra alma regrese, te juro buscarte eternamente y no descansar hasta encontrarte.

-mi alma no podrá estar completa sin ti.

Y así, el tiempo se les vino encima y los pocos instantes que los Dioses les habían regalado se los quitaron al instante. Un hombre enorme entró en el campamento y a pesar de que los hombres y mujeres intentaron darles tiempo, cubriéndole el paso, él logró romper varias cosas a su paso y tomó del brazo s Irisi.

-¡vete!- chilló cuando pudo ver a más de un guardia clamando por la vida de Tarik, su Tarik -¡huye!

-pero tú…- él logró quitarse a dos hombres de encima, mientras veía impotente como la arrastraban lejos de su lado.

-¡por los Dioses!, ¡vete!- Irisi estaba desesperada -¡desaparece!... sigue vivo, por Ra- suplicó al final, con los ojos enrojecidos por el llanto.

Tarik alcanzó a noquear con un golpe certero a la nariz al guardia que sostenía a Irisi, lo vieron caer inconsciente al suelo y escucharon como otros venían en camino.

La tomó entre sus brazos y la besó desesperadamente. Llenó su cuerpo con su esencia y sus labios de su sabor. No podría olvidar jamás ese aroma, como de fruta inhóspita y desconocida, demasiado dulce para ser de esas tierras tan secas, muy delicado como para poder aparecer en aquellos terrenos mortales.

-te amo, Irisi… te amo tanto.

-Tarik…- murmuró ella contra sus labios –debes irte, amor.

-lo sé.

La besó por última vez, fugazmente, torpemente; pero con todo el amor que podía llegar a invocar. Todo para ella y nada más.

Él tuvo que irse, tuvo que salir de ahí corriendo. No porque realmente deseara dejarla en ese sitio, ni siquiera lo hubiese hecho de no estar seguro de que si se quedaba lo matarían y muerto, no podría sacar a Irisi del atolladero.

Tenía que volver antes de tres meses, que era el plazo que Gamal había dado para que se llevara a cabo la boda que tanto había planeado y de la que tanto deseaba huir Irisi. Ella no le amaba, jamás lo quiso; pero las cosas que imponía su padre eran imposibles de evadir, en especial cuando ella estaba destinada a desposarse con algún miembro de la línea sanguínea del faraón.

Tarik corrió desierto adentro, escuchó el momento en que los guardias lo siguieron y también, cuando encontró un refugio en una cueva, pudo ver que se habían dado por vencidos. Sabían que el desierto podría encargarse perfectamente de él.

Irisi le esperó tres meses. Estuvo encerrada y custodiada por guardias reales, pero su mente estaba perdida en la ventana que daba al desierto. Siempre miraba por ella, esperando verlo. Esperanzada de poder salir de ahí, con él.

El día de la boda, ella recitó el ritual en un estado de adormecimiento total. Irisi no estaba ahí y a pesar de que las demás damas le decían lo hermosas que eran sus ropas, sus cabellos o su maquillaje, las joyas que Gamal le había regalado, ella se sentía como muerta. Igual le daba que todas ellas parecieran dispuestas a casarse con él a la menor provocación, o que dijeran que su cuerpo bronceado y cabellos negros era lo máximo.

Todo lo que su cerebro registraba era que Tarik no había logrado llegar a tiempo y eso, la carcomía por dentro.

Al principio, creyó que él podría haberla olvidado. Quiso convencerse de eso y tratar de seguir con la vida que habían elegido para ella. Pero luego, aquel vestigio de estrellas que le habían anunciado que su amor no era su esposo, regresó, pidiéndole que no renunciara a aquello. Lo peor fue eso, saber que quizá algo le había ocurrido, y de ser así, ella no podría vivir mucho más tiempo sin él.

Un mundo donde él no existiera, le parecía peor que un mundo donde no la amaba.

Los años pasaron, hasta que una noche, en la que Gamal había salido a un largo viaje, para visitar al faraón; ella permanecía –como siempre- aferrada a la visión de la ventana de su cuarto.

Cerró los ojos y suspiró.

-ni siquiera puedo creer cuanto tiempo ha pasado…- su voz le pareció irreal y fantástica, ninguno de sus recuerdos le hacían justicia. La piel se le erizó al instante y, antes de que pudiera hacer más, sintió las cálidas manos de él acariciando sus hombros, su respiración golpeando su cuello, su aroma embotando sus sentidos.

-enloquecí…- murmuró, extasiada por aquella visión.

-no, mi Diosa… he vuelto, por ti.

Y la besó, girando su cuerpo para encararlo, pegando cada centímetro de su duro pecho en el de ella. Se encargó de apoderarse de sus labios, de besarlos con deseo acumulado, con desesperación y amor. Le mordió la boca, separó sus labios y se proclamó dueño de su boca, de su sabor, de su lengua.

Acarició su piel lechosa, arañó sus hombros y espalda; se nombró dueña de su cuerpo, de su esencia, de su alma.

La tumbó en la cama y, entre palabras de amor y caricias delicadas, también poseyó su cuerpo y se encargó de que cualquiera supiese que era suyo. La hizo gritar extasiada y suspirar llena de calor y sentimientos que hacía tiempo no evocaba. La besó desesperadamente y con añoranza.

Esa noche el calor de las orillas del Nilo no fue suficiente como para comparárseles. Esa noche toda les parecía demasiado brillante, demasiado irreal y, demasiado maravilloso. Era el sueño que habían soñado por mucho tiempo, eran sus anhelos materializados frente a ellos.

-te dije que volvería- le susurró, cuando el primer rayo de luz dorada entró por la ventana.

-pensé que no lo harías… que te había pasado algo- sus dedos recorrieron de nueva cuenta su espalda, palpando cicatrices viejas que antes no estaban –que…

-dije que te buscaría siempre, Irisi…

-en esta vida…

-o en la que viene.

Ninguno se percató de que Gamal los observaba desde la puerta, ni tampoco del momento en que les mandó a sus hombres acabar con ellos.

El último recuerdo de Irisi sería ver como Gamal clavaba una daga en el pecho de su amado, mientras sus verdes orbes se oscurecían y el escarlata teñía su cuerpo; sería escucharse a ella misma gritando para que se detuvieran, implorando por su vida y perdiendo cualquier esperanza cuando él cayó al suelo.

Las manos que la sostenían la dejaron caer a su lado, permitiéndole tomar su cuerpo y apoyarlo contra su regazo. Sintiendo como la vida se le iba de las manos, la vida que más apreciaba, la que más le dolía.

Le lloró sin descanso, escuchando sus últimas palpitaciones.

Recargó su rostro en el de Tarik y se permitió besar sus labios, le sabían como siempre y, a la vez, tan diferentes. Se movían con dificultad contra los suyos y le sabían a sal, que se derramaba con sus lágrimas. Acarició su rostro y se tiñó las manos al intentar frenar el daño de la herida, quitándole la daga del pecho.

Irisi lloró más fuerte cuando Tarik le regaló una sonrisa dolorida, una ladina, una que ella había aprendido a amar más que a la vida.

-por los Dioses…- le murmuró Tarik, entre jadeos y gemidos dolorosos –juro: en esta vida…

-o en la otra…- Irisi soltó un sollozo que le desgarró la garganta –nos encontraremos.

Él afirmó levemente, antes de que el último latido de su corazón atronara con un ruido sordo en un cuerpo que ya no poseía sangre, ni alma, ni vida… ni nada.

El grito de dolor de Irisi fue tan estridente que atrajo la atención de todos en el palacete, muchos fueron los que corrieron a ver lo que ocurría y muchos, también, fueron testigos del modo en que ella clavaba el arma pintada de rojo en su vientre.

Horrorizados trataron de ayudarla –era la señora de la casa-, pero poco pudieron hacer. Permaneció sonriendo, a cada momento en que su vida se le disolvía entre las manos.

Un único juramento le bailaba en los labios, que articulaban sin sonido, una y otra vez "te buscaré", para después, dejarse ir a la oscuridad que la esperaba. Una de la que esperaba regresar para encontrar al ser que amaba.

Te buscaré

Te buscaré

Te…

.o.

.o.

.o.

Eran las tres de la mañana cuando Alice tocó a mi puerta.

No estaba seguro si me desperté antes o después de que ella lo hiciera. Lo único que sé, es que después me tenía bombardeándome con miles de preguntas extrañas.

-Alice, de verdad… estoy bien- repetí por enésima vez, cuando ella me permitió hablar.

-Edward… es que, te juro que…- suspiró y negó varias veces, mientras se bajaba lentamente de mi cama -. Es en serio cuando te digo que algo te está pasando y… no está bien.

-estoy perfectamente.

-no me mientas- arrugó la frente e hizo un mohín, como aquellos que hacía cuando era pequeña.

-no lo hago, Ali- fue mi turno de suspirar -. Si algo me pasara, serías la primera en enterarte.

Ella afirmó y bostezó.

-júrame que cuando ocurra lo que estoy presintiendo me lo dirás- casi me imploró –estás por enfrentar algo grande, Edward. No quiero que te tomes mis advertencias a la ligera.

-Alice, te lo juro… ahora, déjame dormir.

Alice susurró algo entre dientes y luego salió de mi habitación.

No sé bien si era porque Alice insistía mucho con el asunto de su presentimiento, o si realmente algo extraño me estaba comenzando a pasar… lo único que sé, es que esa noche, sólo fue el inicio de sucesos muy difíciles de explicar.


jejeje volví... no he podidio publikr en ninguno de mis fics x dos razones:

1. No tengo nada de tiempo, xke estoy en lo último del semestre

2. Tuve un blokeo horrible

creo ke ha sido el peor de todos... tenía un montón de ideas, pero no podía ponerlas en letras... ¬¬ fue frustrante :P

x fortuna pude pasarlo y espero estar esta semana con otros capis de los demás "Y si?" y "Corazón Esmerilado"

en fin... grax x el rw, alertas y favoritos... alguien me dijo x allí ke conseguí mi primera fan O.o eso me pone tan contenta XD

las kiero.

besos y mordidas.

clarisee