¡Hola a todos y todas! Agradezco muchísimo los review y comentarios que me dejaron en la historia anterior . Sinceramente… ¡Gracias!
En esta entrega tengo realmente muy poco para decir.
La historia es breve y llega tarde.
Es más, les confieso que en realidad este relato en un principio pretendió ser de otra naturaleza. No lo fue. Boyó largo tiempo en el mar del pensamiento y terminó siendo distinta. Creo que esta historia será más humilde, quizás un poco sosa. Pero creo que es una cadena, una ligazón importante para otra historia independiente que puede ser escrita en un futuro próximo o lejano, pero que ya nació y se está gestando.
Ello no implica que sea un capítulo o una historia sin final. Estas escenas son todas independientes y no tienen una lógica cronológica, ni de evolución. En realidad… Me atrevería a afirmar que las historias son como naipes dentro de un mazo; pueden ser barajados y repartidos siempre de una forma distinta, reproduciendo una jugada siempre nueva.
Bueno, puff, simplemente espero que lo disfruten.
Mis saludos más sinceros.
Mnemozine
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SAGA: Fugit irreparabile tempus.
(Traducción: El tiempo se fuga irreparablemente).
Pareja: Bunny.
Inicio: 29 de Diciembre de 2010.
Actualización: 01 de Abril de 2011.
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Segunda Historia (II)
Nombre: La historia del favor.
Personajes principales: Leopold "Butters" Stotch. Kenneth "Kenny" McCormick.
Advertencia: Casi ninguna. Puede haber, como siempre, algún que otro guiño hacia una posible relación homosexual entre estos dos personajes. Nada más.
Cantidad de palabras: 1.722.
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La historia del favor.
Una pequeña historia de descubrimientos.
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"El amigo seguro se conoce en la acción insegura."Quinto Ennio.
Encontrar ese escurridizo libro le había tomado más de lo que pensaba y, al oír el lejano sonido de la campana, el rubio apuró sus pasos. El recreo había terminado y la siguiente hora de ciencias pronto comenzaría.
Ésa era todavía una de sus primeras semanas en la escuela media y Butters no quería llegar tarde a clase por nada del mundo. El sólo imaginarse, llegando solo y acalorado, teniendo que murmurar alguna excusa ridícula, lo hacía enrojecer.
Empezó a correr por los pasillos que ya estaban vaciándose y decidió cruzar el, en esas horas, solitario gimnasio para cortar camino. Recorrió la cancha al trote y, pudo notar, por el rabillo del ojo, que dos figuras se recortaban por detrás de las gradas de madera y que, al sentir su presencia, se encogían como si no quisieran ser percibidas. Simplemente se limitó a no prestar atención a ello, abrió la puerta del gimnasio y volvió a adentrarse en esos pasillos que le parecían interminables.
Cuando llegó al aula, el profesor ya estaba. Lo miró a través de sus gruesos anteojos y viendo que un ya sonrojado Butters iba a empezar a balbucear algunas incomprensibles palabras, se limitó a sonreírle y, asintiendo, le señaló su asiento al principio de la fila.
La experiencia había sido terrorífica en sí, pero había tenido un buen final. Sabía igual que profesores gruñones abundaban en la escuela y, sinceramente, esperaba no tener que volver a tentar su suerte.
"Esta fue la primera y última vez que llego tarde a clases"-se prometió a sí mismo Leopold dando un suspiro y sacando su cuaderno para tomar apuntes de lo que el profesor ya estaba escribiendo en el largo y verde pizarrón.
Sin embargo, estaba ya comenzando a copiar cuando otro alumno apareció por el umbral de la puerta. O mejor dicho, alumna. Bebe Stevens había llegado al aula, acalorada y súper sonrojada, balbuceando, como lo había hecho Butters, algunos sonidos dadaístas. El profesor repitió el gesto y continuó con su lección.
El rubio estuvo entonces casi seguro que una de las figuras del gimnasio era la rubia prominente del séptimo año. ¿Quién era la otra persona? Butters empezó a contar a los alumnos hasta que se reprendió mentalmente.
"Concéntrate, Leopold Stotch, y no pierdas tiempo en sinsentidos".
Reanudó sus anotaciones y, como un muchacho aplicado, a los pocos minutos estuvo absorto en la reproducción celular y las cadenas de Ácidos RiboNucléicos.
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Y aunque se había propuesto concentrar todas sus energías con el único fin de estudiar, no tuvo que pasar mucho tiempo para que se enterara quién había sido la otra persona que había estado con Bebe en el gimnasio.
En la hora del almuerzo decidió que era conveniente comer afuera a pesar del frío. El comedor se atascaba de gente a esas horas y, ese día, no se sentía como para estar en lugares muy agobiantes. Salió con su bolsa de comida en la mano y una ráfaga de viento de otoño lo impactó de lleno. Decidió sentarse en una de las gradas y no fue hasta unos pocos mordiscos después, que notó que había alguien más allí, en el patio. Del otro lado, por detrás de un arbusto caprichoso, notó una figura delgada y oculta. Su curiosidad lo invadió y sus pies se movieron casi automáticamente para llegar finalmente hasta los pies de Kenneth McCormick, quien estaba sentado en el pasto, con la espalda apoyada contra la fría pared de ladrillos como si nada importara.
-¿K-kenny?
Sólo en ese momento el más alto salió de su sopor y dirigió sus ojos hacia el muchacho que se encontraba justo delante de sus ojos.
-¿Butters? ¿Qué carajo hacés acá?
La voz se notaba un poco molesta, un poco confundida. Sin embargo, las facciones de Kenny se aligeraron un poco al notar que los ojos aguamarina se habían turbado al escuchar esas palabras.
-Mirá, Butters, lo siento. No es mi intención agarrármela con vos.-McCormick hizo un gesto nervioso, rascándose suavemente la nuca rubia.-Sólo tuve un mal día.-concluyó tratando de aligerar la tensión. Suspiró y apoyó la cabeza contra la pared, cerrando los ojos y presionando, con insistencia, el puente de su nariz como lo hacía su viejo amigo Stanley en los momentos en que cosas se tornaban problemáticas. Cuando subió los párpados al cabo de unos segundos, se encontró cara a cara con dos orbes aguamarinas que lo escudriñaban de cerca.
-¿Puedo saber que pasó? ¿Eras vos el que estaba en el gimnasio, verdad?-preguntó Butters con un dejo de curiosidad.
Kenny sonrió un poco a su pesar y recordó que su compañero había cruzado al trote el gimnasio.
-¿Nos habías visto o Bebe fue y contó todo?
-No escuché a Bebe decir nada, simplemente los noté cuando iba a clases.
-Ya veo.
Una ráfaga azotó el patio arrastrando las pocas hojas que había en el suelo antes de que Kenneth pronunciara nuevamente palabra.
-La cuestión es…-hubo allí una pequeña pausa y el Stotch notó que Kenny dudaba si continuar o no. Sin embargo, un par de segundos bastaron para que el más alto prosiguiera con su discurso, eso sí, evadiendo la mirada berila del otro. -Que le pedí un beso a Bebe y ella me lo negó.
Ante el silencio del otro, Kenny continuó, intentando explicarse.
-…Hice una apuesta con los chicos diciéndoles que iba a besarla. De más está decir que esa apuesta está perdida.-sonrió con un dejo de amargura es sus labios.- Y la verdad es que en realidad estaba esperando tener mi primer beso,…
-¡Pero Kenny, vamos! ¡Vos ya tuviste muchos besos! ¡Es más, hasta esa tal Tammy Warner llegó a mamártela!-expresó Butters en un arrebato, para luego sonrojarse por el vocabulario usado. Kenny se limitó a sonreír nuevamente al escucharlo, esta vez, relajado y un poco divertido. - Ad-demás…-continuó más tranquilo para enmendar la actitud previa.-…de todo el grupo sos el que más experiencia sexual tenés.
Un suspiro desganado afloró de la boca del rubio más alto .
-Puede ser Butters. Pero de lo que yo hablo… Es de un beso en serio.
Ante la cara de confusión del otro, explicó.
-Los besos que recibí y que dí fueron simplemente "picos".-ante el naciente gesto de protesta que se gestaba en el rostro ajeno, se apresuró a agregar- Y no, la mamada no cuenta como beso.- finalizó con un gesto divertido.
-¿Entonces estás enamorado de Be-….?
-¡No, no, no!- se apresuró a aclarar Kenny un poco sonrojado- No es eso, Butters. Bebe es una rubia ardiente y está buenísima (como para darle hasta que se haga de día). Pero no es que por ella sienta "amor". Eso es una cosa muy complicada. Simplemente le tengo ganas. A estas alturas, amigo, tendrías que aprender que los Romeos no regalamos flores, ni besamos cuando estamos enamorados incondicionalmente de nuestras Julietas. Es… ¿Cómo decirlo? Algo más bien "físico".
Kenneth dió un gran suspiro, agachando la cabeza y cerrando sus ojos, pensando, tal vez, en cómo iba a mostrarse frente a los demás cuando volviera al aula en la siguiente hora.
El rubio más pequeño mientras tanto guardó silencio. Entendía lo que el otro quería decirle; sólo que no podía verse a sí mismo siendo arrastrado por una "simple atracción física". El solo imaginarse así le parecía surrealista, fuera de lugar.
Conservaron ese estado de silencio durante algunos minutos, cada uno ensimismado en sus pensamientos.
Una pequeña hormiga caminó por la mano del Stotch haciéndole cosquillas y devolviéndolo a la realidad. Repentinamente, los ojos aguamarinas se fijaron en la figura vecina y una rápida idea cruzó su mente como un relámpago. Se acercó lentamente a Kenny, sin hacer ruido, arrodillándose a horcajadas de las piernas estiradas del rubio más alto. Acomodó sus manos, apoyándolas en la pared, haciendo equilibrio e intentando mantener ese silencio tan pacífico. Sin embargo, una rama crujió bajo el peso de la pierna de Butters y alertó a Kenneth quien irguió la cabeza. Grande fue su sorpresa cuando, al levantar la vista, vio la figura del otro cerca. Muy cerca.
-¿Butters, qué estás-…?- amagó a preguntar el más alto con un tono salpicado de confusión.
El Stotch sin embargo, aprovechó esos momentos y terminó de destrozar y hacer hilachas la distancia que los separaba. Cerró sus ojos y posó sus labios sobre los de Kenny. Al instante, McCormick lo hizo retroceder, empujándolo suave pero firmemente.
-No, Leopold. No.-expresó con premura, tratando de no sonar duro.
Butters se alejó con la confusión de ese rechazo. No le dolía en lo absoluto, pero tampoco entendía qué sucedía. Se sentó nuevamente, a su lado, sintiendo debajo el pasto que continuaba verde bajo él. Esperó las palabras del otro.
-Leopold, no deberías andar haciendo esas cosas con tanta soltura, ¿sabés?
-¿Por qué...?-inquirió con curiosidad el rubio más bajo.
-Mirá, Butters.-empezó Kenneth intentando explicarse y rascándose al mismo tiempo, inconscientemente, la nuca.- Vos sabés que somos amigos y que yo realmente te aprecio. Pero… Los besos no se dan entre amigos, ¿entendés?
-Pero, vos querés un beso y yo estoy dispuesto a dártelo. ¿Hay algo malo en ello? ¿No estamos los amigos para ayudarnos?
Kenny sonrió ante esa lógica tan propia de ese muchacho que tenía delante suyo, tan extremadamente naive.
-Tenés razón en eso: Está bien que los amigos nos prestemos ayuda y nos hagamos favores, sí. Pero, Butters,… A mí me gustan las chicas.
-Ahhhh, entiendo.-expresó el Stotch con un gesto de asentimiento.-Perdoname si te molesté.
Kenny solo rió, tomándose la cabeza y reconociendo que, por primera vez en el día, se sentía ligero y tranquilo, con una enorme paz interior que, creía, podía acapararlo todo.
-No es nada, Leopold.-le aseguró su amigo completamente relajado.- Te recomiendo que termines de comer tu almuerzo, el receso está a punto de terminar y, entre tanto parloteo, no pudiste comer nada.
El más alto hizo un amague por levantarse, pero desde el suelo el otro lo asió por la manga y lo hizo sentarse nuevamente, tendiéndole a su vez un pedazo de sándwich.
-Te recomendaría que también comieras, Ken. Tené.
Kenneth cogió el alimento a la vez que se sentaba y allí, detrás de aquel rebelde arbusto, ambos se dedicaron a terminar su almuerzo, conversando, entre risas y carcajadas.
