-Entonces, ¿Qué piensas de ella? – Quinn le pregunto con una pequeña sonrisa en sus labios mientras ambas almorzaban en el Starbucks como era usual.
- Ella es… - Comenzó a hablar Santana pero se detuvo al no encontrar alguna palabra concreta que pudiera describir a Brittany.
- ¿Peculiar?
- Supongo. En realidad, no era lo que esperaba que fuera.
- Pero, seguirás con la terapia, ¿no? – Le pregunto, como si ella se fuera a decepcionar si Santana le llegara a replicar con alguna negativa.
- Si, supongo.
Santana la dio un sorbo a su café, Quinn parecía estar más interesada en el periódico que estaba entre sus manos que en la plática que ambas estaban teniendo. No había dejado de pensar en Brittany desde que la conoció. Ella la hacía sentirse confundida y asustada, pero al mismo tiempo la hacía sentir extrañamente optimista, tal vez sea parte de su terapia pero… La manera en que Brittany la había mirado…
Le gustaba como la hacía sentir.
El hecho de que no la vería hasta el día siguiente la hacía sentirse desanimada.
Más tarde en su apartamento, Santana se encontraba haciéndole a Sam su platillo favorito: Enchiladas con ensalada de verduras, la receta original de su madre. A Santana le gustaban pero, en realidad, no era su platillo preferido. Es raro que, viviendo en una ciudad como Nueva York, Sam nunca la hubiera llevado a un fino restaurant o intentado algo diferente a la monotonía a la que ambos estaban ya acostumbrados.
-Hey, ¿no te eh contado las buenas nuevas de mis padres? – Le pregunto Sam mientras ambos cenaban la cena que Santana había preparado.
Santana se limito a negar con la cabeza mientras bebía un poco de su vino.
-Al fin encontraron quien compre el rancho.
-Eso es grandioso. Aunque no me esperaba que alguien quisiera comprar ese lugar. – Dijo sorprendida.
La familia Evans son propietarios de un rancho en Tennesse, Sam y ella ya habían visitado aquel sitio un par de veces y aunque Santana es una chica a la que le encanta la ciudad encontraba re confortable ir a aquel rancho. Siempre estaba soleado y los Evans la trataban como si fuera un miembro de la familia.
-El nuevo dueño dijo que podrían quedarse en el rancho el tiempo que quieran mientras que le paguen cierto dinero cada mes. Además se ofreció a ir cada semana a ayudar con las labores del campo.
- Parece demasiado bueno para ser verdad. Primero, esta persona compra el rancho por cuanto, ¿medio millón de dólares? Permite a tu familia permanecer ahí mientras le paguen renta y además de todo eso, quiere ir a ayudarles con los animales y todo eso.
- Un poco loco ¿no?
- No quiero que tu familia sea víctima de un fraude, diles que chequen los papeles dos veces.
- Si, como sea.
Sam no era el hombre más listo, tampoco sus hermanos y sus padres quienes viven y trabajan en el rancho. Los ama y no quería que fueran víctimas de un fraude, o peor, que se quedaran sin hogar, todo porque no entendieron completamente los términos y condiciones del contrato.
De pronto Santana recordó el día en que conoció a la familia de Sam. Era como si acabaran de ver a un alíen, el rancho está localizado en medio de la nada así que probablemente era la primera vez que veían a una persona no caucásica. Pasó 10 minutos tratando de explicarles sus raíces étnicas y aun así parecían realmente confundidos. Al principio parecía que ellos pensaban que Santana era una de esas chicas de ciudad, pero con el tiempo esa opinión cambio, se acostumbraron a su actitud y su peculiar sentido del humor. Ahora ella era parte de la familia, se sentía más en confianza que con sus propios padres.
-Um… ¿Tal vez deberíamos ir este fin de semana? – Sam pregunta esperando que Santana no se moleste con aquella petición.
Santana sonrió un poco ante la actitud de su prometido.
-Claro. Podría ponerle un poco mas de color a mi bronceado.
-¿Y cómo te va en la terapia? Sé que apenas llevas un día pero…
- Bien. – Dice rápidamente tratando de evitar el tema, no quería hablar sobre eso, no con el, de hecho, no quería hablarlo con nadie. – Anoche tuve una decente noche de descanso. ¿Progreso? – Bromea un poco.
-Sí, supongo. Pero no funcionara al 100% si tu no pones un poco de tu parte.
- Lo sé.
Finalmente llega el jueves, Santana se encuentra en su oficina, moviéndose inquietamente en su silla mirando hacia el reloj constantemente. Por alguna razón desconocida se siente nerviosa como el primer día de terapia, pero había algo más mezclado esta vez… ¿Emoción?
Su estomago comienza a mariposear mientras camina tan rápido como sus piernas se lo permiten, quería llegar ahí lo más rápido. Quería verla. Quería comprobar que su última visita no había sido un sueño.
El elevador se detiene en el séptimo piso y abre sus puertas. Santana comienza a caminar hacia el escritorio de Kurt.
-Hola señorita López. – Kurt la saluda como el primer día. Hoy llevaba puesto un pantalón color crema, camiseta blanca con tirantes negros que se sujetaban a sus pantalones y una gorra roja. Santana hacia todo lo posible para evitar reírse del atuendo de aquel chico.
- Por favor, llámame Santana. – Le sonríe dulcemente.
- Solo si tú me llamas Kurt. – Kurt le sonríe en respuesta.
- ¿Puedo… Puedo simplemente pasar de una vez? –Pregunta Santana apuntando en dirección a la habitación 47.
- De hecho Brittany está un poco retrasada, puedes tomar asiento, llegara aquí en cualquier instante. – Dice a modo de disculpa.
- De acuerdo. – Responde alzando ambas cejas. ¿Cómo es que alguien tan poco profesional tiene un trabajo y una oficina como esta?
Pasaron 15 minutos cuando la puerta del elevador de abrió y una Brittany nerviosa salió de el, caminando directamente al escritorio de Kurt. Aun no había notado la presencia de Santana.
La latina la comienza a examinar, jamás había visto a una mujer vestida de tal manera. Llevaba unas sandalias, unos shorts de mezcilla y un sweater de lana, color crema con un pato amarillo en el frente, parecía uno de esos sweaters que las abuelas les hacen a sus nietos como regalos de navidad. Santana coloca su dedo índice en la boca tratando de no reírse. ¿Acaso el vestirse de manera bizarra era un requerimiento en esta oficina?
Su largo y rubio cabello iba suelto y ligeramente ondulado. Se veía tan linda en la manera más natural. Siente un poco de envidia y al mismo tiempo se siente impresionada por la belleza de aquella chica.
-Lo siento Kurt. – Dice la rubia casi sin aliento. – Me distraje un poco, estaba arreglando el motor y cuando me di cuenta ya estaba llena de grasa y… bueno… ya sabes cómo soy con el tiempo. Ni si quiera pude darle un paseo a Lucy. – Dice poniendo una linda carita triste.
Kurt le sonríe suavemente. Santana se pregunta cómo es que logra que todo se sienta diferente, es como si todo se iluminara con el simple hecho de entrar en la habitación.
-No te preocupes. Yo puedo sacar a Lucy a pasear y traerla aquí después del trabajo. Hoy solo tienes a Christopher y Santana así que puedes salir temprano y regresar a tu grasienta labor de mecánico.
De pronto sus ojos azules de abren sorpresivamente cuando voltea a su lado y ve a Santana sentada, esperando por ella.
-Hola hermosa. Siento la tardanza. – Le sonríe mientras revuelve todas las cosas de su bolsa buscando algo.
Santana abre la boca para responderle a la hermosa rubia que tiene en frente de ella pero todo lo que puede hacer es sentir como toda su sangre se le sube a las mejillas, coloreándolas de rojo. No tiene ni idea del porque esa chica tiene ese efecto en ella.
-Está bien. – En realidad, no está bien. Está pagando prácticamente una fortuna por estas sesiones y probablemente llegara tarde al trabajo, pero es Brittany y cuando la ve de esa manera… ¿A quién le importa el trabajo y el dinero?
- Aquí están. – Dice Brittany sacando sus llaves de la bolsa. – Muy bien Kurt, si alguien me llama diles que en este momento no estoy disponible, yo les marcare mañana a primera hora.
- Eso hare. – Dice Kurt regresando a su asiento enfrente de su computadora.
- Vamos. – Brittany le dice a Santana cuando pasa a lado de ella.
Su cuerpo parecía seguirla mecánicamente, aunque su piernas no se movían con tanta confianza como lo hacían hace 20 minutos mientras cruzaba la calle hacia el edificio en donde ahora se encontraba.
Brittany abrió el cerrojo de la puerta mientras que Santana permanecía atrás de ella. Sus ojos bajaron lentamente hacia sus piernas las cuales lucían realmente torneadas. Se comenzó a preguntar qué clase de ejercicio es que hacía, si es que hacia alguno.
-No voy al gimnasio, si eso es lo que te estás preguntando. – Dijo Brittany abriendo la puerta de par en par para después voltearse hacia ella y verla con una sonrisa juguetona en su rostro.
- Y-Yo… ¿Qué? – Trato de fingir demencia, y una vez mas sintió como su sangre subía nuevamente a sus mejillas. Esta chica estaba comenzando a asustarla.
- La mayoría de las personas miran mis piernas. – La rubia se encogió de hombros, y de alguna manera se las arreglo para que aquel comentario no sonara arrogante. Era más como una persona mencionando algún hecho. – Así que asumo que tu estabas viendo mis piernas… O mi trasero. – Lo dijo como si fuera lo más obvio del mundo. Aunque Santana estaba más que segura que Brittany miraba la cerradura de la puerta todo el tiempo y no había manera que viera el instante en que sus ojos bajaron hacia sus piernas.
- N-n-no… Yo... Uh… No estaba viendo. – Dijo quedándose parada en el marco de la puerta como una idiota.
- Oh. – Brittany suspiro y parecía que se lo había creído todo, acompañado un rastro de decepción en su rostro. – Pero bueno, entra. – Al instante regreso a su rostro aquella sonrisa de amabilidad que tanto caracteriza a la rubia.
Santana asiente y comenzó a caminar pasando a su lado. El día de hoy huele a galletas de azúcar y metal. Se comenzó a preguntar qué rayos hará esta mujer afuera de su trabajo habitual. También comenzó a preguntarse por que es que toma notas mentales de cómo huele. Una vez más Santana se sienta en el sofá de piel y Brittany se encuentra en la silla opuesta a este, cruzando las piernas mientras que con su boca soplaba un poco de aire haciendo que su rubio y ligero cabello se retirara de su rostro. Era uno de los seres más adorables, en todos los sentidos. Santana aun no sabe porque es que sigue pensando en todas esas pequeñas cosas tan maravillosas que poseía Brittany. Ni siquiera la conocía.
Pero tal vez quería conocerla.
-¿A qué te referías con aquello de estar llena de grasa, hace unos instantes? – Sonrió Santana divertida. En realidad quería conocer más sobre aquella chica.
- ¡Oh! – Sonrió y miro hacia la dirección opuesta con un rastro tímido en su rostro y Santana se sintió orgullosa de que, al menos por un instante, los papeles se hayan invertido.
En realidad le gustaba la manera en que ella la hacía sentir. Se pregunta cómo es que ella hacía sentir a Brittany. ¿Tal vez quiera ser su amiga? Instantáneamente se maldijo a si misma pensando que comienza a ver señales donde no las hay. Se supone que debe ser amistosa. Es su trabajo hacerla sentir mejor.
-Eso, no era nada. Practico motocross, así que eh aprendido varias cosas de mecánica. En mi tiempo libre me gusta arreglar cosas. En su mayoría autos.
Santana alzo sus cejas al momento en que una pequeña carcajada se escapaba de sus labios.
-¿Qué? – Le pregunto Brittany con la cabeza inclinada, mostrándole una gran sonrisa.
Su corazón comenzó a latir más fuerte bajo su piel morena y no sabía por qué. Le pasaba cada vez que ella le sonreía o se reía… O la miraba.
-Es solo que… Nunca eres lo que esperaba que fueras. – Dijo honestamente, tratando de ser lo más sincera posible.
Ella no le respondió y paso directo al tema de importancia.
-Dime Santana, ¿Qué te gusta hacer en tu tiempo libre?
Solo se encogió de hombros.
-Nada realmente. A Sam le gusta ir a ver partidos de Hockey y…
-Te pregunte qué es lo que te gusta a ti, no a Sam. – La sonrisa que tenía Brittany lentamente desapareció y su voz sonaba más impaciente. Su cambio de humor fue tan rápido y leve que Santana piensa que debe concentrarse para saber qué es lo que va a responder.
- Pues eso es lo que estaba diciendo, usualmente vamos a ver partidos de hockey juntos, aparte de eso no hay nada. Me gusta salir de compras, ver televisión, películas, ya sabes, lo usual. – Nuevamente se encoje de hombros. Cada palabra que sale de la boca de Santana, para Brittany, es como la pieza de un rompecabezas que poco a poco va formando sobre la imagen de Santana.
- Tal vez es momento de que busques un nuevo hobby. – Y una vez más no suena a un comentario que se dice de mala gana. Suena más a una sugerencia.
- ¿Por qué?
- Hacer un hobby que te interesa ayuda a mejorar el humor. Eso y el ejercicio. Practicar un nuevo hobby podría abrirte nuevas puertas.
¿Nuevas puertas?
Brittany debió de haber sentido el estado de confusión en Santana así que le comenzó a explicar brevemente: - Por ejemplo, te gusta cantar ¿no?
-Sí, pero no es algo que…
-Entonces deberías ir a un bar donde toquen jazz y ver a alguien más cantar.
- No lo sé. – Dijo en tono incierto mientras se miraba las manos. – No creo que a Sam le interese ese tipo de cosas.
- Ve con un amigo, o ve tu sola.
Santana no puede evitar sonreír.
-Haces que todo suene tan simple, ¿Lo sabías?
- El mundo es simple, somos nosotros, los humanos, los que hacemos las cosas tan complicadas.
Santana suspiro y la ve con una leve sonrisa. Ella le hacía pensar que todo era posible. ¿Tal vez debería ir a un bar y ver a personas cantando para ganarse la vida? Y tal vez, algún día, tendría las agallas para cantar.
-Entonces una cosa podría llevar a la otra y, no sé, alomejor lo llegues a intentar, aunque no tienes que hacerlo, es solamente hacer algo que te interese, porque, siendo honesta, tú no tienes la finta de ser una gran admiradora de hockey. – Le dijo sonriéndole.
Santana parpadeo un par de veces y soltó una pequeña carcajada. Esta mujer estaba leyendo de nuevo sus pensamientos.
-La verdad es que no tengo muchos amigos.
- Pues agrega eso a la lista de cosas por las cuales deberías tener un nuevo hobby.
- Si… - Suspira y no puede creer que lo esté considerando.
¿Tal vez podría?
-Lo siento Santana pero esta reunión tendrá que ser corta, es mi culpa por haber llegado tarde, no tienes que pagar por esta sesión.
- Oh. – Santana ni siquiera intento esconder su decepción. Acababa de llegar. No la vería hasta el jueves y para eso aún faltaban 5 días. El vacio en su estomago se hacía más grande con cada segundo.
Brittany pareció notar el cambio instantáneo en la actitud de Santana. – Pero dime algo, Santana, si hubiera algo en tu vida ahora mismo, que te estuviera causando algún problema o molestia, ¿Qué es lo que sería?
Trago saliva y se puso a meditar sobre eso.
La mira y ella está sentada serenamente en su silla, la pierna cruzada y una pequeña sonrisa dibujada en su rostro. Sus ojos son tan azules y tan serenos. Siente que le puede decir lo que sea y no pensara menos de ella, o pensar que era una estúpida. Ese sweater que lleva puesto luce muy cómodo en ella, de pronto siente las ganas de abrazarla y saber cómo se siente. Como es que ella se siente.
Traga saliva nuevamente. Estaba teniendo todos estos nuevos sentimientos hacia una completa extraña, sentimientos que jamás había sentido tan fuertes, ni siquiera con Sam y al mismo tiempo eran nuevos sentimientos, todo al mismo tiempo. Ella es su consejera y es una mujer. ¿Acaso se había obsesionado con ella? ¿Qué era todo esto? ¿Acaso es como se siente una persona que está en terapia?
Trato de no pensar en esos sentimientos y lo que estos podrían implicar. Simplemente le agradaba Brittany y siente que debe enseñarle un poco más de su alma porque se lo merece.
-Supongo que, últimamente, eh sentido que mi vida avanza demasiado rápido.
Brittany asiente y le permite continuar.
-Digo, tengo 25 años y ya estoy a punto de casarme. Prácticamente eh alcanzado el límite en mi carrera, y siendo realistas, no me veo llegando más alto: a) Soy una mujer. B) Soy una mujer de color. Jodida burocracia y sexismo en la oficina que no son nada más que un maldito dolor en el trasero.
Brittany rio y las mariposas del Martes anterior regresaban a su estomago.
-Siento como si estuviera decepcionando a mis padres constantemente, la única cosa de la que parecen estar realmente orgullosos es el hecho de que estoy a punto de casarme con Sam. Me siento atrapada, ¿Sabes? Aparte de Sam, no hay nada bueno en mi vida en estos momentos, y de nuevo siento que estoy viviendo su vida, no la mía. Tenemos los mismos amigos, su familia es mi familia. Simplemente ya no sé quién soy. Siento que debería ser feliz pero…
- No lo eres. – Dijo Brittany suavemente, terminando la oración de Santana.
Santana apretó el estomago y trataba de acabar con las lagrimas que amenazan con salir.
-Bueno. – Comenzó la chica rubia mientras se lleva un mechón de cabello atrás de la oreja, viéndola, ahora con un poco de lastima, y hay algo más que no puede descifrar. Santana realmente estaba intentando no llorar enfrente de ella. – Quiero que pienses en eso durante los siguientes días que no nos veremos. Realmente debes pensar en ello. Piensa en lo que te puede estar haciendo sentir infeliz y en lo que puedes hacer para mejorar tu situación. Salte de la caja, no hay límites para esto ¿De acuerdo?
Asiente con la sensación de sentirse un poco mejor. Sus palabras eran alimento para su alma.
-¿Me puedo ir ahora? – Pregunto patéticamente. – Posiblemente ya voy tarde para mi trabajo.
- Claro que puedes. – Sonrió y se levanto para acompañarla a la puerta. – Gracias por venir.
Santana suspiro, aun tratando de pelear contra las lágrimas que aun amenazaban con aparecer. Se pregunta si ella sabe que está a punto de llorar. Pero claro, es una terapeuta, probablemente ya lo sabe. Ambas llegan a la puerta y Santana se da la vuelta para salir de ahí.
-Un cosa más, Santana. – Dice Brittany mientras le sujeta la mano.
Se voltea y solo parpadea ante su tacto. Nuevamente aquellos sentimientos extraños comenzaban a tomar el poder sobre ella, su mano era suave y cálida, y por alguna razón quiere salir corriendo de ahí pero sus piernas no parecen estar escuchando a su cerebro.
-Tengo la sensación de que solo ves la vida pasar.
Asiente. Esta de nuevo en lo correcto. Se pregunta si alguna vez esta mujer se equivocara.
-Bueno, tratar de tocar mas ese tema el Martes, ¿de acuerdo? Pero por ahora, quiero que sepas que… Jamás es demasiado tarde para ser quien realmente eres.
Mierda.
Realmente no quería llorar, pero ahora Brittany acariciaba su brazo con su pulgar, la hacía sentir tan susceptible. Necesitaba salir de ahí.
-Adiós Santana. – Brittany dijo suavemente.
La puerta de la Habitación 47 se cerró y una vez más tiene aun la sensación de sus dedos aun recorriendo su piel.
De camino de regreso a su trabajo, las lágrimas que tanto había retenido, finalmente comenzaron a caer sobre sus mejillas. Necesitaba arreglarse el maquillaje. ''Todo esto es culpa de Quinn. '' Pensó amargamente. Ni siquiera sabía por qué se estaba sintiendo de aquella manera; Al llegar a la sesión se había sentido emocionada por verla, pero al final, solo quería salir corriendo de ahí. Algo en su interior le decía que pasaría por lo mismo el siguiente martes.
Varias horas después se hallaba dejando el edifico donde su oficina estaba localizada. El ocaso se estaba poniendo sobre el cielo de la ciudad. Santana no vivía tan lejos de ahí así que usualmente tomaba el subterráneo a su casa, resultaba ser mas barato que conducir un auto en aquella ciudad, además se daba el lujo de tomar una pequeña caminata de 5 minutos hacia la estación. Cuando estaba a punto de comenzar su camino a casa, algo cruzando la calle atrapó su mirada.
Brittany.
Aquella definitivamente era Brittany, lo supo, primeramente por que el edifico del cual salía era donde se encontraba su oficina, además de que nadie, solamente ella, saldría de su casa portando esa ropa. Santana solo se limito a quedarse plantada en su lugar sin saber qué hacer. ¿Debería hacer algo? Tenía ganas de saludarla. Tal vez debía seguirla.
Santana comenzó a considerarse una ''acosadora'' ya que se encontraba siguiendo a una mujer y alejándose poco a poco de la ruta habitual hacia su departamento. No es hasta que se encuentra más cerca de Brittany cuando ve que esta no va sola, va acompañada de otra rubia, una rubia que le llegaba a sus rodillas. Una perrita Golden Retriever camina felizmente al lado de Brittany, meneando su colita al mismo tiempo que golpeaba levemente las piernas de Brittany.
Una sonrisa ilumino su rostro.
No pasan más que 5 minutos desde que Santana comenzó con la sesión de acoso, cuando ambas llegan al parque. Pero claro, ella solamente está llevando a su mascota a tomar un paseo al parque. Aunque una parte de ella esperaba que algo maravilloso ocurriera, como que secretamente era mágica y abriría un portal secreto a su mágico y maravilloso mundo.
Se estaba comenzado a sentir como una estúpida.
Tan estúpida que la siguió al parque para comprobar su ''teoría. '' ¿Qué mierda le estaba pasando? Pensó que lo más correcto por hacer era ir y decirle hola. ¿Qué es lo peor que podría pasar? ¡Oh si! Que la cachorra le atacara.
Se recargo en un árbol para poder admirarla durante un rato. Brittany se las arreglo para comenzar una conversación con un completo extraño y pedirle un poco de pan para poder alimentar a los patos que nadaban en el lago. La admiro con asombro. Ella era una de esas personas que tiene la habilidad de entablar una conversación con cualquier extraño. Mierda. Necesitaba hablarle.
Comenzó a caminar valientemente hacia ella, con los tacones resonando contra el camino de concreto. El hombre con el que anteriormente estaba hablando ahora se encontraba unas bancas más delante de ellas.
-¡Hola! – Dijo energéticamente.
Brittany dio un brinco pequeño y volteo hacia ella con su perrita haciendo lo mismo.
Luce sorprendida pero feliz de verla.
-¿Santana? ¡Hola! ¿Pero qué estás haciendo aquí? – Pregunta llevándose la larga manga de su sweater a la mejilla y la frotaba tiernamente.
Era tan condenadamente linda.
-Yo… Um… - Trago saliva al darse cuenta que no había tenido tiempo de inventarse una buena mentira. – Pues te vi dejando el edificio donde trabajas y…
- ¿Me seguiste hasta acá? – Termino la oración de Santana liberando unas risillas.
- Si. – Respondió incómodamente, al mismo tiempo que se rascaba la parte superior de su cuello.
- Lucy ¿Dónde están tus modales? ¡Saluda a Santana! – Dice con tono burlón pretendiendo estar enojada.
La golden retriever se sienta y levanta su patita.
También era tan linda, como su dueña. Y muy lista.
Santana se carcajeo mientras tomaba la patita peluda. Era casi tan especial como tocar a Brittany. Casi.
-Es tan linda. – Y rio más al ver como la perrita bajaba su pata y miraba a su dueña. Se veía que obedecía y respetaba a su maestra.
- Tan linda. – Brittany suspiro y enseguida miro directamente a Santana.
- Lucy, ve a traerle un regalo a Santana, ve rápido. – Dijo mientras acariciaba la cabeza de la cachorrita.
La perrita salió corriendo rápidamente a larga distancia, hacia un grupo de arboles, en los cuales se perdió.
-¿Un regalo?
Brittany asiente mientras daba pequeños brincos.
Era un poco raro verla afuera de la habitación 47. La hacía parecer más real. Lo cual era estúpido, claro que ella era real. Santana miro tímidamente hacia otro lado, mientras que el silencio la consumía. No era buen iniciando una conversación, principalmente porque nunca quería comenzar una. Pero esta vez lo anhelaba.
-Me gusta tu sweater.
- Gracias. – Dice Brittany mientras que sus ojos bajaban hacia sus labios y de nuevo la miraban fijamente. – Lo hice yo misma.
Santana rio nuevamente porque, claro, ella lo tuvo que haber hecho.
-¿Quieres que te haga uno? – Pregunto la rubia sin poder ocultar su emoción.
Rio de nuevo. Era tan inocente e infantil y aun así poseía la gracia de una mujer.
-Me mataría si alguien me llegase a ver en uno de esos.
Miro como de pronto su rostro decayó y sus felices ojos azules, de pronto se tornaron a un matiz más triste.
Desde ese momento, supo que jamás quería decepcionarla de nuevo. – Bueno… - Sonrió. – Eso es algo que usualmente diría, pero ¿por ti? Me las arreglaría para usarlo.
La esperanza y la luz regreso a su rostro y con ella una gran sonrisa.
-De acuerdo, te hare uno, pero debes decirme cuál es tu animal favorito y así sabré que poner en el.
- Mhh… Un cocodrilo, supongo.
- ¿Un cocodrilo? ¿En serio, Santana?
- Si, en serio. – Sonrió. - ¿Qué hay de malo con los cocodrilos?
La rubia rodo sus ojos y sacudió la cabeza en negación, algunos mechones de cabello caen en su rostro.
– De acuerdo.
Santana no quería que aquella conversación terminara, así que continuo hablando.
-¿Tienes algún plan para este fin de semana?
- Algo así. – Asintió. – Compre una propiedad en Tennesse así que necesito ir allá y arreglar algunas cosas que hay pendientes.
Santana sintió que la sangre se le iba hasta los talones, ella debió notarlo ya que la miro desconcertadamente. No podría serlo ¿O sí?
-¿T-tu? ¿Tú compraste el Rancho Evans? – Pregunto sin aun creerlo.
- Wow ¿Cómo es que sabes eso? – Pregunto con asombro, sus ojos abiertos por la sorpresa.
- Evans… Mi prometido es Sam. Sam Evans, la propiedad es de su familia así que eh visitado ese lugar desde hace años.
No lo podía creer.
-De hecho, Sam y yo tenemos planeado ir este fin de semana también. Aunque nuestra principal razón para ir era para ver si el nuevo dueño era honesto con ellos. – Dijo riéndose ya que no se tenían por qué preocupar sobre ese tema.
Brittany no sería capaz de herir a alguien. Se rio y soltó un suspiro.
-Supongo que conoceré a tu suegra. – Dijo quietamente. Nuevamente toda luz había abandonado su rostro y el matiz de decepción volvió a tomar su lugar. Esa sensación de haberla decepcionado había regresado, no quería decepcionarla.
- Si. – Suspiro y ambas se sumieron en un incomodo silencio.
Ambas miraron al lago mientras escuchaban el graznar de los patos y el sonido que hacían cuando aleteaban en el agua. Santana se comenzó a preguntar cómo es que tenia tanto dinero para comprar aquel lugar, o porque es que lo compraba. ¿Estaría pensando en mudarse? Esperaba que no. Estuvo a punto de preguntar pero cerró la boca. Se supone que Brittany debía preguntarle no al revés.
Lucy llego corriendo después de haber desaparecido un rato y va directo a la mano de Brittany y se acurruca en ella. Ha traído un palito de madera con ella. Brittany le acaricia las orejas en recompensa.
Se sintió un poco celosa sin saber porque, y ni siquiera quería molestarse en buscar ese 'Porque'
-Ten. – Le dijo Brittany sonriéndole. Brittany se acerca al oído de Santana tapando su boca para que Lucy no escuchara la que dijera. – Por favor tira la vara cuando estés lejos del parque, si Lucy ve que no te gusto su regalo lo podría tomar personal.
Siente que una carcajada está a punto de salir por su garganta, por que, bueno, no podría estar hablando en serio, cuando se retiro de su oído vio que la luz y brillo en sus ojos habían regresado. La ve y se da cuenta de que está hablando enserio, o al menos piensa que ella piensa que hay algo de honestidad en lo que le acababa de decir. No tiene el corazón para burlarse de ella; solo ríe y asiente con la cabeza.
Era tan linda.
-Bueno, creo que deberíamos irnos a casa. – Brittany suspiro y comenzó a caminar, con Lucy a su lado obedeciéndola sin dudarlo. – Supongo que nos veremos más pronto de lo que pensamos, ¿eh? – Le dijo sonriendo.
Se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia la salida.
Santana se limita a verla abandonar el lugar mientras trataba de ignorar el mariposeo en su estomago. Además trata de ignorar el hecho de que sus ojos bajan nuevamente a sus piernas, y esta vez también a su trasero.
No quería sentirse así, pero ese sentimiento que tenía cuando estaba con ella, la hacía sentirse tan bien, ya estaba atrapada a la manera en que la hacía sentir. Recurrió a ella con la esperanza de sentirse mejor pero salió más loca de aquel lugar.
Pero claro que debía estar loca. Tan loca que se llevo la varita de Lucy hasta su casa.
NOTA: Hola chicos. Siento demasiado el haberme demorado tanto en actualizar. Estuve muy ocupada este mes: Universidad, familia, amigos, problemas personas, además de que estuve muy enfermiza y recientemente operaron a mi mama, muy apenas si tuve tiempo de respirar, pero como les prometí aquí esta el nuevo capitulo.
Espero les guste, muchas gracias por los follows, likes y reviews, fueron pocos pero me hicieron muy feliz. Prometo actualizar a tardar dentro de tres semanas, lo prometo ;)
