No tuve tiempo para avisar en el primer capítulo, pero lo hago ahora. Esta se trata de una historia traducida del inglés, su autora original es FlightoftheStorm777. Por favor, dejad un review, seguidla y dadle a favoritos ;-)
Disclaimer: No poseo nada de esta historia, los personajes son de Disney y de FlightoftheStorm777, yo solo la he traducido para que más gente pudiera disfrutarla.
Solo un rostro más en la multitud
Ginny y Elizabeth agitaban sus abanicos de un lado a otro con vehemencia. El sol emanaba un calor abrasador sobre ellas, lo cuál no ayudaba al hecho de que ninguna de las chicas podía respirar. El corsé de Ginny constreñía su cuerpo como una serpiente pitón aplastando a su presa. Ginny ni siquiera estaba prestando atención al Capitán Norrington. Oyó el roce de metal contra metal , una espada siendo desenvainada de su funda. Se tensó y miró hacia arriba, preparándose. Se relajó cuando vio que era solo el Capitán Norrington agitando su nueva espada. Se sentía un poco tonta por tensarse. Ellos no sabían quién era Ginny Swann. Las probabilidades de que se encontrara otra vez con los hombres que destruyeron su familia eran muy delgadas. Aún así, Ginny no podría evitar nunca ser un poco cautelosa. Ella viviría el resto de su vida mirando por encima de su hombro. Ginny estaba bien con eso. Se había preparado a sí misma. Y un día, cuando llegara el momento propicio, ella ajusticiaría a los hombres que habían destruido su familia, su infancia y su vida.
Ginny volvió a la realidad con el sonido de un aplauso cortés. El Capitán Norrington era ahora el Comodoro Norrington. Aliviada, Ginny se dirigió a la sombra. Esto solo aminoró ligeramente su incomodidad. Ginny agarró un vaso de agua de la bandeja de un mayordomo que pasaba. Tragó el agua tibia sin gracia, ganándose muchas miradas de desaprobación de los otros invitados.
—Ginny, ten más cuidado, estás montando una escena —advirtió Elizabeth, uniéndose a Ginny.
Ginny levantó una ceja.
—¿Y me importa porque...? —dijo. Ella llamó la atención de un grupo de personas, que la estaban mirando con condena— ¡No puedo respirar! ¿Os parece bien? —les espetó Ginny. El grupo se alejó, murmurando en voz baja entre sí, sin duda acerca de los malos modales de Ginny.
—Esto... ¿Ginny? —dijo Elizabeth, con expresión nerviosa en su rostro.
—¿Qué? —replicó Ginny.
—¿Me permitís un momento? —dijo una nueva voz, directamente detrás de Ginny. Ella se tensó y se volvió. Era James. Ginny asintió y permitió que James la llevara lejos de la fiesta, a las afueras de Fort Charles. Ginny puso una mano en su estómago. Sentía náuseas ahora. El mundo a su alrededor se inclinaba, sus párpados eran pesados, su estómago daba volteretas, su corazón latía con fuerza y su cabeza caía con un peso que no estaba ahí antes— Estáis hermosa, Ginny —dijo James. Ginny le ofreció una sonrisa apresurada. Se apoyó en el lado de piedra del arco, tratando de mantener el equilibrio. Hizo una mueca mientras apretaba su estómago, que se llenaba de extrañas mariposas. Era una sensación verdaderamente desagradable— Perdonadme si os parezco demasiado atrevido pero... debo deciros lo que pienso —siguió James, mirando a la bahía. Ginny miró, también. Era su lugar favorito para estar, en este lado del acantilado. Debajo de la fortaleza había un saliente rocoso, y Ginny se escabullía allí justo antes del atardecer para ver el mar tragando el sol. En este momento, sin embargo, Ginny apenas podías concentrarse, estaba muy incómoda— Esta posición destaca lo que aún no he conseguido—James miró a Ginny de repente— Un matrimonio con una buena mujer. Te has convertido en una mujer, Ginny.
Ginny le miró a los ojos. Sí, allí estaba. La propuesta. A parte del nerviosismo y el shock inicial de Ginny, ella no podía responder porque tenía un problema ahora. Estaba tan aturdida que era peligroso.
—No puedo respirar —dijo ella, sin aliento, con la esperanza de llamar la atención de James.
Él se confundió.
—Sí... estoy un poco nervioso, también —dijo. Pero Ginny apenas se dio cuenta. Sus ojos rodaron en su cabeza, y sus rodillas se doblaron. Era vagamente consciente de caer, y luego todo se volvió negro.
•••
Jack había estado entreteniendo a estos matones de la Marina Real durante la última hora. Eran demasiado estúpidos para darse cuenta de qué y quién era Jack, pero lo suficientemente inteligentes como para no perderle de vista. Así que Jack había tenido que improvisar. Él los mantuvo ocupados con grandes historias de acción y aventura, una fantasía que Jack estaba seguro que todo el mundo compartía. Estaba en mitad de su historia sobre la Isla de los Pelegostos, una isla llena de caníbales.
—Y luego me hicieron su jefe —dijo Jack, sus ojos brillando de la emoción. El característico sonido de un chapuzón llamó su atención. Se puso de pie y miró al agua. Varias yardas más allá, lo que se hundía bajo la superficie era un vestido. Jack frunció el ceño. No, no era un vestido, era una mujer. Que estaba en un vestido. Pero ese no era el punto. Estaba inconsciente, y Jack estaba lejos... Miró a uno de los matones, el que se llamaba Mullroy— ¿No vas a salvarla?
Mullroy parecía estupefacto.
—¡No sé nadar! —exclamó.
Jack frunció el ceño. Entonces, ¡¿por qué demonios estás en la Marina Real, cara cerdo cretino?! Se volvió hacia el otro, Murtogg, quien se limitó a negar con la cabeza rápidamente. Jack apretó los dientes. No debería hacer esto. Significaría echar todos sus planes por la borda. Pero Jack era demasiado amable, aparentemente. Comenzó a despojarse de sus efectos personales.
—El orgullo de la Marina Real —gruñó— No lo pierdas —terminó dándole el sombrero a Mullroy. Después se puso de pie en la barandilla del barco y se zambulló siguiendo a la mujer. Soy un idiota. Soy realmente un idiota. ¿Qué diablos estoy haciendo? ¿Por qué la estoy salvando?¡No es culpa mía que esta estúpida torpe se haya caído de la fortaleza! Debería dejar que se ahogase. ¿Qué gano con esto? Nada. Oh, sí, debo dejar que se ahogue. Está en su derecho, pensó Jack. Ah, cierto. No puedo dejarla hunidrse porque soy demasiado altruista. Mira, esta amabilidad de mierda es la que me hizo perder mi barco para que ese imbécil de Barbossa se lo quedase. Dios, soy un idiota.
Cuando Jack se acercó a la mujer, se dio cuenta de que tenía algo en el cuello. Era un colgante azul. Y estaba brillando. No, debe ser la iluminación. Los colgantes no brillan... Jack envolvió sus brazos alrededor de la cintura de la mujer. Él se empujó en el suelo marino con los pies, impulsándose a sí mismo y a su nueva amiga hacia arriba. Emergió en la superficie y jadeó, luchando por mantener a la mujer arriba. Falló. Se hundió abajo de nuevo. Su vestido era demasiado pesado. Jack se lo arrancó. Lástima. Era un bonito vestido. Jack arrastró a la mujer a los muelles, donde Murtogg liberó a Jack de su carga. Jack subió al muelle.
—¡No respira! —anunció un aparentemente afectado Murtogg.
—¡Moveos! —ladró Jack. Desenvainó su daga. Con un rápido movimiento, Jack cortó el corsé de la mujer y la liberó de él, lanzando el artefacto a Mullroy. La mujer tosió y pareció volver a la vida inmediatamente.
—Nunca se me habría ocurrido —dijo Murtogg.
—Es evidente que nunca habéis estado en Singapur —respondió Jack. Un destello de oro captó la mirada de Jack. Se agachó y cogió los dos objetos que había alrededor de su cuello. Los examinó. Un hilo de miedo se instaló en su estómago, y una repentina ansiedad se apoderó de él. Uno de ellos era el medallón, el oro maldito buscado por Barbossa. El otro, para su sorpresa, era el colgante de sus pesadillas. El colgante de la niña. ¿Era esta la niña? No, ¡eso era imposible! Aún así... —¿De dónde has sacado esto? —murmuró Jack. Miró a la mujer, encontrándose con su mirada. Estaba sorprendido por su reacción. No por su miedo, no. Con una sacudida, Jack se dio cuenta de que la mujer lo había reconocido.
•••
—En pie —James apuntó con una espada a Jack mientras Ginny se ponía en pie. No podía dejar de mirar a Jack. Sabía que era él. Jack Sparrow. Este hombre era el chico con el que había crecido hace mucho tiempo, antes de la muerte de su madre. No se llamaba Sparrow entonces, pero ella sabía que era Jack. Su Jack, el chico que le había enseñado a trepar a los árboles. Era él. Tenía los mismos ojos y el mismo pañuelo rojo. Era él. Tenía que ser él. Así que... ¿por qué no la reconocía?
—Ginny, ¿estás bien? —dijo el Gobernador Swann frenéticamente. Ginny le dirigió una breve mirada.
—Sí, estoy bien —respondió, volviendo su atención de nuevo a Jack. ¿Estaba fingiendo no reconocerla? ¿O es que realmente no sabía quién era ella? Bueno, la última vez que Jack la había visto, Ginny tenía solo diez años de edad. Así que ella había cambiado un poco.
—¡Disparadle! —ordenó el Gobernador Swann.
—¡Padre! —protestó Ginny— Comodoro, ¿realmente tenéis la intención de matar a mi salvador?
James le tendió la mano a Jack, a regañadientes.
—Supongo que he de daros las gracias —Jack miró la mano de James con incredulidad. Le tendió la mano al Comodoro, que agarró la mano de Jack y levantó la manga enérgicamente— Tuvimos una escaramuza con la Compañía de las Indias Orientales, ¿no es así, pirata? —dijo James fríamente.
Jack se encogió, como si estuviera frustrado consigo mismo.
—Colgadlo —dijo el Gobernador Swann. Ginny abrió la boca para protestar, pero las palabras no salieron.
—Mantened la posición, soldados. Gillette, trae algunas cadenas —dijo Norrington. Ginny rodó los ojos.
—¡Oh, vamos! ¡Es un solo hombre! —dijo Ginny.
—Ginny... —advirtió el Gobernador Swann.
—Bien... Jack Sparrow, ¿no es así? —dijo Norrington.
—Capitán Jack Sparrow, con vuestro permiso, señor —corrigió Jack. Sus ojos se posaron en Ginny, iluminados por la curiosidad. Pero aún no había reconocimiento en ellos.
Norrington miró a su alrededor.
—No veo vuestra nave, capitán —dijo con burla.
—Está en el puerto, por así decirlo —dijo Jack.
—Dijo que había venido a robar un barco —acusó Mullroy.
—¡Te dije que estaba diciendo la verdad! Estas cosas son suyas, señor —dijo Murtogg, entregando un surtido de objetos a Norrington. Ginny se inclinó para verlos mejor.
—No os quedan balas ni pólvora —dijo Norrington, levantando la pistola de Jack. La dejó y cogió una brújula— Una brújula que no señala al norte... —continuó. Dejó la brújula abajo mientras que Jack se limitó a sonreír tímidamente. Norrington medio desenvainó la espada de Jack— ¡Oh! No sé por qué, pero esperaba que fuera de madera — dijo, con una sonrisa de suficiencia— Sois sin duda el peor pirata del que he oído hablar.
—Pero habéis oído hablar de mí —dijo Jack, con un brillo de misterio y complicidad en sus ojos oscuros.
La sonrisa de Norrington desapareció. Su rostro adquirió una expresión de piedra. Jack fue arrastrado lejos y fue encadenado. Ginny se sintió saltar a la acción.
—¡Comodoro, realmente tengo que protestar! —gritó, siguiendo a los hombres.
—Con cuidado, teniente —dijo Norrington, no prestando ninguna atención a Ginny.
Ginny se colocó delante de Jack, dejándolo fuera de la vista de James.
—Pirata o no, este hombre me ha salvado la vida —estaba hirviendo.
—¡Una buena acción no redime a un hombre con una vida llena de fechorías! —espetó James.
—Pero basta para condenarlo —dijo Jack.
—Ciertamente —dijo James con frialdad. Ginny los miró alternativamente. Se conocían entre sí, se dio cuenta. O uno conocía a otro.
—Bueno, si no hay más remedio... —susurró Jack. Antes de que Ginny pudiera darse cuenta, Jack había colocado sus cadenas alrededor de su cuello, tirando de ella hacia atrás. Ginny abrió mucho los ojos, medio conmocionada, medio asustada— Comodoro, mis efectos, por favor. ¡Y mi sombrero! —dijo Jack. Cuando James no hizo nada, Jack apretó más las cadenas, asfixiando a Ginny— ¡Comodoro! —insistió— Ginny... Es Ginny, ¿verdad? —murmuró Jack al oído de Ginny.
—Es señorita Swann —dijo Ginny, desafiante.
—Señorita Swann... Si es tan amable —dijo Jack. Ginny cogió sus efectos personales, ya que le fueron arrojados. Jack agarró la pistola, la cargó y la colocó en la sien de Ginny. Acto seguido, le dio la vuelta a Ginny, para que lo mirase a la cara— Vamos, vamos, querida. No tenemos todo el día. Si eres tan amable... —dijo Jack. Ginny apretó los dientes con rabia, pero obedeció. Le encajó el sombrero a Jack, ató su espada al cinturón y le puso al hombro la correa. Cuando llegó a su cinturón, Jack dijo:—Cuidado con la mercancía, cariño.
Ginny apretó intencionadamente su cinturón más fuerte.
—Eres despreciable.
—Palos y piedras, amor. Yo te he salvado la vida, y ahora tú vas a salvar la mía. Estamos en tablas —Jack le dio la vuelta a Ginny otra vez— ¡Señores! Señoritas... —Jack estaba retrocediendo lentamente— ¡Siempre recordareis este día, como el día en que casi capturáis al Capitán Jack Sparrow! —Jack soltó a Ginny y la empujó hacia delante, directamente a los brazos de los hombres, dándole tiempo para escapar.
—¡Ginny! ¡Ve con Elizabeth! —gritó el Gobernador Swann, atrayendo a Ginny lejos de la trifulca. Elizabeth agarró la mano de Ginny y la llevó lejos del caos. Ginny miró hacia atrás para ver a Jack, volando por los aires, mientras los hombres de Norrington le disparaban. Con el corazón dolorido, Ginny volvió su mirada lejos de la escena.
¿En qué clase de hombre se había convertido Jack? ¿Y por qué la había olvidado?
