Capítulo 1
(primera parte)
A ese chico
Se miró en el espejo, por cuarta vez, y suspiró. Hace poco, no más de cinco minutos, estaba golpeando su cabeza contra el marco de la puerta, literalmente, había llegado a un paso de su vida en donde la cordura se había ido de vacaciones.
¿Por qué nada tenía sentido cuando él estaba involucrado?
Bueno, no es como si se hubieran involucrado mutuamente (¡Ja! Ya quisiera), pero su imagen rondaba constantemente en la cabeza de Harry.
Él era su vecino, eso quería decir que el bastardo se paseaba por su habitación, que estaba justo en frente de la ventana de la de Harry, en calzoncillos negros, sólo en calzoncillos negros, vistiéndose con la persiana abierta, Harry nunca desde que llegó, había visto que haya cerrado la ventana. Harry tampoco lo hacía.
Le hubiese encantado tener vida social, pero lo único (y más preciado) que tenía era la imagen de su vecino sensual paseándose por la habitación, en esos apretados calzoncillos negros.
Harry no podía dejar de verlo.
Y lo intentaba, porque sabía que esa obsesión sólo le traería problemas, sólo le complicaría más de su por sí complicada vida. Pero no. Era absoluta e irremediablemente imposible dejar de observarlo. Harry a veces creía que era una especie de veela.
Lo cual sería decepcionante, porque era más que obvio que Harry no era su pareja.
Lo único que le faltaba, ya ser de por sí el Niño-que-Vivió (y venció), El Salvador del Mundo Mágico, un chico homosexual con escasa vida sexual, enamorado de su vecino…veela.
¡Tres hurras por Harry Potter!
¡Espera!... ¿enamorado?
No era para tanto, sólo no podía despegar los ojos de él cuando entraba en su campo visual, su corazón se aceleraba cuando estaba cerca suyo y se rompía cuando lo ignoraba, sus manos sudaban, y lo único que salía de su boca eran balbuceos.
No, eso no era estar enamorado, era una insana obsesión, lo único que era y que jamás de los jamases cambiaría a pasar a ser más de eso.
Aparte, él siempre era patético todo el tiempo, no hacía falta que esté enamorado para serlo. No sabía tratar con personas, no era lo suyo, era más una persona solitaria que le gustaba estar rodeado de familia, la cual ya conocía y lo conocían, socializar con personas se volvía… incómodo.
Y estar con él era aún más incómodo, era sobrenatural lo que sentía a su alrededor, no era normal, no es como si antes él mismo fuera una persona normal, pero juraría por la memoria de sus padres que nunca había sentido esa sensación con nadie.
Podía sentir desde su ventana la magia rodeándole, abrazándolo, atrayéndolo, y ni siquiera estaban a un metro de distancia, su corazón se aceleraba al mirarlo, al sentir su presencia, cuando estaban en la escuela (sí, también había babeado por él en ese entonces) no era así. Harry podía desarmarlo sin varita, ahora, no sólo le resultaba imposible atacarlo, si no que sentías miedo, podías verlo en sus ojos, en el mercurio abrumador, que ni en tus mejores sueños te atreverías.
Se veía tan decidido, tan feroz, poderoso. Harry no lo recordaba así antes, y no es como si hubiera pasado mucho tiempo. Después de la finalmente Guerra, Harry había pasado unos días en la Madriguera, sintiendo como un vacío se apoderaba de él lentamente.
Porque era la incógnita de, ¿y ahora qué?
Por más ridículo que suene, le parecía extraño que ya no andase un loco detrás de él, no lo creía, pero se sentía, se sentía en el aire que nada maligno iba tras de él, que por más que mirase detrás de su espalda continuamente, ya nada iba detrás suyo, pero, si su único propósito era acabar con Voldemort, ¿qué le quedaba ahora?
Tenía una familia, la que siempre tuvo, pero no era suya, aunque todos lo consideraran, él no llevaba pecas, ni pelo rojo, ni los genes Waesley corrían por sus venas. No, por más que los quisiera mucho, no pertenecía por completo, y por un absurdo momento pensó que uniéndose a Ginny podía completar la familia.
Así como pensó estar absurdamente enamorado de Draco Malfoy. Así absurdamente como babeaba por él.
Aún después de todo este tiempo.
Pero no podía desearla, no podía quererla, y lastimosamente rompió su corazón. Porque realmente no podía.
No cuando estaba hasta los calzones por Draco Malfoy.
Nadie lo culpaba, pero parecía como si todos hubiesen estado esperando que terminara casado con Ginny Waesley, pertenecer de una vez por todas a la familia, convertirse en auror, tener hijos con nombres extraños (algo así como "Albus Severus"), y ser felices por siempre.
Sería una lástima que Harry Potter resultara gay.
Y por más que intentara, los estereotipos no eran lo suyo.
Asique se había alejado del Mundo Mágico, de la cámaras, de la fama, de la familia y el futuro que había representado. Y se fue a vivir al mundo muggle, a un departamento promedio, pensando en su vida normal, que a fin de cuentas era lo único que quería.
Pero no. Era como si estuviera discutiendo con el destino, diciendo: "Quiero una jodida vida normal" y él te respondía: "¿Ah sí? Bueno, pongamos a tu 'amor' no correspondido desde tercer año como tu vecino"
Los jodidos dioses del universo adoraban jugar con él.
Lo bueno de todo aquello era que había descubierto (gracias a Hermione) que Draco no era un veela, gracias a Merlín. La parte mala era que su existencia era nada para Malfoy, no hacían como antes, odiarse hasta perder la conciencia, no, por supuesto que no, Malfoy había decidido, el momento en que Harry más necesitaba bajar a la tierra, madurar.
O algo parecido. Porque, ¿enserio? ¿Madurar? ¿Malfoy? Eso rayaba lo irrazonable.
Maduro o no, Draco lo ignoraba, y parecía disfrutar haciéndolo, porque Harry sufría cada minuto que estaba lejos de él, y cada minuto que estaba cerca de él y no poder besarlo, tocarlo, acariciar sus nalgas, ver como esa expresión de indiferencia se iba al carajo, escuchando sus gemidos, rogando más…
Oh, dios bendito, ¡si se empalmaba con sólo su imagen!
Definitivamente tenía un problema, y grande (bien grueso), y rojo, y muy apretado…y no era sólo su erección.
Y ahora estaba frente al espejo, intentando domar su rebelde cabello, con la esperanza de que aunque sea un mechón quede en su lugar. Patético e (obviamente) irremediable. Igual que su obsesión por Draco.
Porque se había comprado las mejores ropas que su salario de bibliotecario podía pagar, intentando en vano peinar su cabello, arreglándose sólo para ver a Draco salir de su departamento.
Harry gimoteó.
Ahora no sólo su cabello estaba peor que antes, su dignidad de por sí ya pequeña se marchitó, pensando en lo estúpido que sonaba eso.
Es que a Harry le gustaba verlo, respirar su mismo aire, estar a su lado, aunque sea por unos escasos segundo bajando el ascensor, fingiendo que no estaba bebiendo de la imagen de Draco (completamente ajeno al infierno interior de Harry).
Había algo extraño en Draco, no extraño de raro, no, realmente extraño, su aura no era la misma, era algo oscuro y al mismo tiempo algo tan puro, algo que relajaba por completo a Harry, como si su alma suspirar en su presencia.
Pero lo cierto era que Harry no estaba completamente cuerdo, de hecho el reloj que no paraba de hacer tick, tack, le haría perder ya la cabeza, asique puede que sólo fueran alucinaciones suyas.
Ya eran las diez.
Harry salió disparado, en el camino su dedo del medio se golpeó con la punta de la cama, se tropezó dos veces, y pisó al gato, mientras intentaba abrir la puerta, las llaves se le cayeron.
Algún día…algún día esos jodidos dioses del universo se las pagarían. Con creces.
Cuando por fin pudo abrir la bendita cerradura, sintiéndose más despeinado y sonrojado que nunca, Draco aparecía del otro lado del pasillo, tan comestible como siempre.
Ambos avanzaron en silencio hacia el medio, donde se encontraba el ascensor, el cuchitril del ascensor que se estaba literalmente cayendo a pedazos, despintado de un naranja, o lo algún vez fue un naranja, chirriando cada vez a subía o bajaba. Harry no entendía cómo hacía para subir personas y no estancarse en la mitad.
Pero lo que sí sabía era que le encantaría quedarse encerrado ahí dentro con Draco.
Al menos, estarían estrictamente obligados a entablar conversación, y tal vez no sólo a hablar, y Harry le chuparía ese apetitoso cuello pálido…y….y….
Y nada.
Esos pensamientos tenían que detenerse. Aunque no podía evitarlo, cada vez que lo veía, que estaba cerca de él, que sus dedos se rozaban al entrar al diminuto ascensor, Harry quería lanzársele enzima.
Era una atracción tan extraña que Harry había llegado a preguntarse qué tan fina era la línea de la obsesión a la locura, pero, ¿qué era una obsesión sin ese pedacito de locura?
El único consuelo que tenía era que no estaba enamorado.
Entraron, Harry cerró la puerta, sintiéndose torpe, con el corazón a todo lo que da, y con las mismas vanas esperanzas de poder entablar conversación con Draco. Apretó el botón de planta baja, y observó como Draco soltaba un suspiro al espejo, viendo como este se empañaba, mientras las pupilas de Harry se dilataban.
Harry no era para nada discreto, había veces en las que intentaba poder dejar de mirarlo, intentos que se autodestruían solos, era imposible, Draco era tan hermoso que dolía.
Había cambiado considerablemente desde la escuela, Harry no lo recordaba tan hipmnotizantemente atractivo.
De lejos podías visualizar sus pestañas rubias naturales (que viéndolas desde cerca te dabas cuenta, de que, sí, en efecto eran rubias), sus ojos grises eran ahora el único modo de comunicación con Harry, porque sabía, que la boca de Draco podía decir una cosa, pero sus ojos mostraban algo completamente diferente, el único problema era que Harry nunca pudo llegar a leerlos. Era un poco desesperante. Ya que nunca sabías qué era lo que en realidad quería decir.
Pero ahora no eran sólo 'grises', cambiaban continuamente, habían veces en las que parecían completamente azules, otras que incluso parecía un verde claro, a veces ni siquiera sabías definirlo con un color en concreto, como el de los gatos, tan sumamente atrapantes, pero como si fuera la mezcla de diferentes colores. Pero cuando Draco miraba a Harry a los ojos, estos automáticamente se convertían en plata líquida, como el mercurio, y resultaba absolutamente imposible apartar la mirada. Porque por más que Draco lo tratara indiferente, sus ojos parecían decir exactamente lo contrario.
Tenía unos pómulos muy bonitos, Harry decidió guardar eso en la caja donde almacenaba las cosas que le gustaban de Draco, que era prácticamente todo, excepto su indiferencia. Era increíblemente pálido, como la porcelana, su piel parecía tan suave que los dedos le picaban por anticipación, seguramente era tersa como la piel del durazno, eso le dio a Harry una idea de lo que podrían hacer juntos con un durazno…mmmh…con Draco gimiendo como gatito…
¡Diablos!
Eso era lo que sucedía, siempre sus pensamientos se descarriaban, y siempre llegaban al mismo lugar, Advertencia: Sexo desenfrenado. Esa caja de pensamientos estaba repleta.
También tenía unos labios muy rojos y apetecibles, y Harry no sabía cómo los podía llegar a tener del color exacto de una manzana, tal vez se los mordía muy seguido…
Sus cejas seguían siendo rubias, igual que sus pestañas, y su cabello, que a veces también parecía cambiar, como un metamorofomago.
Harry se preguntó si el vello de su estómago también era rubio.
Tenía piernas largas (aunque de estatura ni siquiera le alcanzaba), y parecía como si hubiera rejuvenecido cuatro años.
Cuando en realidad ambos tenían dieciocho, Draco parecía infinitamente mucho más joven. De hecho, pensar en joderlo, sonaba como «profanar», al pensar en su cuerpecito pálido entre las sábanas blancas. Y aunque su rostro era maduro, tenía un deje de juventud (más que cualquiera de dieciocho años), junto con esa oscuridad angelical que siempre parecía poseer.
A Harry le daba escalofríos.
Porque era tan insoportablemente bello que no parecía de este mundo, y realmente quería que fuera de este mundo, quisiera alcanzarlo, abrazarlo, cuidarlo. Quería todo con él.
Pero no podía.
Cuando se mudó al departamento, siguiendo en contacto con Hermione y Ron, se puso a pensar de qué se iba a mantener, qué iba a hacer, porque él no era muy bueno en hacer cosas, sólo había asesinado a un Señor Oscuro, pero no quería volver a ese tipo de acción, antes no podía pensar en hacer otra cosa, pero eso fue cuando aún no lo había hecho, ahora quería hacer algo completamente distinto. Y cuando vio el cartel pegado a la biblioteca de la ciudad, mientras pasaba por ahí después de hacer las compras, pensó que realmente no iba a poder hacerlo (porque vamos él era Harry-no-me-puedo-quedar-quieto-Potter), pero no tenía nada mejor.
Y se quedó con el empleo, a pesar de ser torpe y no saber ni 'Jota' de libros, porque lo más cercano a ellos era Hermione, lo aceptaron, seguramente estaban lo suficientemente desesperados para incluso aceptar a Harry. Después de unos días de haberse mudado, lo vio.
Vestido con ropa muggle que lo hacía verse completamente comestible, en vaqueros ajustados negros, camiseta pegada al cuerpo, y con ese aire de misterio. Harry si no tuvo una erección en ese instante era porque estaba demasiado sorprendido como para hacer otra cosa.
Por supuesto que después tuvo muchas erecciones en su honor, adjuntadas con masturbaciones diarias.
Sabía que no debía ser el único quien fantaseaba con Draco, pero aunque ese pensamiento le hacía hervir la sangre, no podía evitarlo. Draco era más irresistible que la necesidad de un helado de chocolate en pleno verano.
Mientras sentía el «tum» que hacía el ascensor cuando se detenía. Draco abría la puerta, y sin molestarse en cerrarla, caminó hasta la salida. Harry le siguió.
-¿Por qué esa insaciable necesidad de seguirme, Potter?-resonó la voz arrastrada mucho más sensual de lo que recordaba.
Y Harry se olvidó de respirar.
Draco le estaba hablando. Draco nunca lo hacía, y Harry podría dar saltitos de puro placer, si eso no se viera tan estúpido.
-Esa es la entrada, ¿no? Es donde uno sale al exterior.-dijo, fingiendo (increíblemente) una seguridad, que no sentía.
Por un instante las mejillas de Draco se colorearon. Mientras el corazón de Harry parecía querer salírsele del pecho.
-No, me refiero a por qué cada vez que salgo a esta hora, vos también lo haces.
Estaba intentando atraparlo de la manera más tonta, pero Harry no iba a caer, por lo menos, no aún.
-¿Es un interrogatorio?-dijo con una sonrisa coqueta, este nuevo Harry salía sin permiso.
Pero Draco parecía incómodo, con color carmesí en las mejillas, y Harry no podía considerar nada más adorable que eso.
-Sólo era una pregunta-se dio la vuelta buscando sus llaves, mientras sus manos temblaban-. No es como si me interesara.
Pero sus ojos estaban llenos de curiosidad, fue la primera vez que vio el mensaje tan claro.
Y su corazón no paraba de latir.
Continuara...
