N/A: Esta es la forma en la que me escapo de la tarea... como la odio TTwTT

Segundo capitulo, algo cliché pero me gustó, y a la vez no, escribirlo

¡Saludos!


Incluso ahora


"Lo siento"

¿Cuántas veces había escuchado esa frase?

A decir verdad ya había perdido la cuenta, pero de algo estaba seguro: estaba cansado. Cansado de atender el teléfono, de abrir la puerta, una y otra vez para escuchar lo mismo. "Lo siento".

Amigos, familiares, personas con las que apenas intercambiaba cuatro palabras lo llamaron. Unos sinceramente afligidos por la noticia; otros más solo por mera "consideración" o simplemente para enterarse de su boca lo que había sucedido, ¿Qué esperaban? ¿Qué se pusiera a llorar? ¿Qué les diera una excusa para consolarlo y así sentirse mejor ellos mismos?

Montón de hipócritas.

Cómo si con un "lo siento" pudieran cambiar las cosas.

Quién sabe, quizás realmente querían ayudarlo; sin embargo aquello estaba fuera del alcance de cualquiera. Lo sabía, y por eso mismo consideraba las palabras de ánimo inútiles, una mera pérdida de tiempo que lejos de confortarlo le complicaba el poder olvidarse de lo que había ocurrido.

Algunos giros en la vida son irreversibles, no queda de otra más que aceptarlo.

Colgó el teléfono por séptima vez en el día, luego de escuchar las mismas palabras en un particular acento italiano. Suspiró agobiado, se frotó el puente de la nariz y se alejó del aparato.

No atendería ninguna maldita llamada más. Tan solo dejaría que la maquina contestadora hiciera su trabajo y después se ocuparía de eliminar cada uno de los mensajes, repitiendo la operación cuantas veces fuera necesario, hasta que ese lapso de pesadumbre llegara a su fin, lo cual esperaba fuera pronto.

Fue hasta la sala con la intención de dejar de lado, aunque fuera por unos minutos, esa situación que lo tenía límite del hastío. Se dejó caer sobre el sofá, tratando de ignorar el molesto zumbido en sus oídos ―producto de dos noche de insomnio― y las constantes punzadas en su cabeza. Cerró los ojos en un intento de recuperar algunas horas de sueño, pero justo cuando comenzaba a quedarse dormido alguien llamó a la puerta.

No es posible, pensó.

Se levantó con desgano, maldiciendo por lo bajo y debatiéndose entre atender a quien fuera que estuviera afuera o fingir que no estaba en casa. Al final, y puesto que ya había hecho el camino hasta la puerta, se inclinó por la primera opción.

― Matthew.

― H-hola, Eduardo ―saludó el aludido con la típica suavidad de su voz.

Lo condujo al interior de la casa, haciéndolo tomar asiento en la sala de estar y le ofreció un vaso de agua que éste aceptó un tanto incómodo.

― ¿Qué te trae por aquí? ―preguntó tras volver y sentarse en el sofá a la izquierda de su visita.

―Yo…solo quería saber cómo estabas ―respondió titubeante―. No supe de ti desde…bueno, ya sabes.

― No ha pasado tanto tiempo ―dijo restándole importancia―. Estoy bien, solo quisiera que dejaran de repetírmelo ―sus labios se curvaron una sonrisa lánguida―. Y de cualquier modo, soy yo quien debería preguntar, quiero decir, era tu hermano.

― Si… ―murmuró cabizbajo. Pese a sus diferencias, sabía que Matthew tenía una estrecha relación con el mencionado, y aun así se mantuvo firme luego de enterarse que, justo cuando la espera terminaba, el otro no volvería― ¿Sabes? tal vez suene extraño pero…esa mañana realmente esperaba que al abrir la puerta fuera él quien estuviera del otro lado. Por un segundo me pareció haber escuchado sus pasos…

― Imagino que esperabas ser derribado junto con la puerta apenas abrir.

― Algo así ―sonrió con sinceridad por primera vez en días, pero la sonrisa se desvaneció casi enseguida―. Ed…

― ¿hmp?

― Alguien vino a casa esta mañana ―abrió la mochila que llevaba con él y extrajo de ella un sobre que colocó sobre la mesa de centro―, aparentemente se trataba de un compañero de la División de Alfred ―la mirada que recibió no fue nada agradable―. Hablé con Arthur, él y yo pensamos que tú debes tenerlo.

¿Qué era eso, alguna clase de broma?

― ¿Qué esperas que haga con eso?

― Solo pensé que quizás…

― Matt ―lo interrumpió con cierta violencia impresa en su voz―, por favor, estoy cansado…―el de ojos lilas lo miró pasmado, sin esperar aquella reacción por parte del mexicano. Aunque de algún modo, lo ayudó a comprender, a atender todo cuando había pasado por alto desde que él mismo tuvo que darle noticia ese día.

"Ed, Alfred no ha vuelto a casa…de hecho, no volverá…"

La sombra de la desolación le oscurecía el rostro, opacaba el brillo de sus ojos, usualmente juguetón y alegre, e incluso le hacía lucir mayor de lo que era. No era para menos. Después de todo, su relación con su hermano, Alfred, iba más allá de la amistad. Y aun así nunca se mostró pusilánime…o al menos luchaba por no hacerlo― Estoy cansado…

Mathew se levantó, tomó su mochila y se dispuso irse, más dejó el sobre justo donde estaba.

― Comprendo ―dijo con toda la sinceridad que había en él; fue hasta la salida sin compañía del otro y pronunció las mismas palabras que el resto antes de marcharse cerrando la puerta detrás de sí― De verdad lo siento, Eduardo.

La estancia quedó en absoluto silencio, un silencio que había comenzado a despreciar conforme se alargaba en un periodo de tiempo que parecía no tener un final.

No apartó su atención del sobre amarillo que reposaba sobre la mesa.

¿Por qué diablos pensó Matthew que él querría tener esa cosa? Y haberlo consultado con el Arthur, ¡qué buen chiste! Que el mismo sujeto que no perdía oportunidad de demostrarle su desdén ahora le diera el "privilegio" tener ese dichoso sobre.

Lo tomó con rudeza, determinado a arrojarlo en la basura. Se dirigió a la cocina, abriendo el sobre en el camino, y una vez allí dejó caer, desde su altura, todo el contenido que había dentro. Uno tras otro, documentos, informes, todo lo que seguía vinculando a un ya fallecido Alfred con el Servicio Militar pasaría a formar parte de la basura, a donde siempre debió pertenecer.

Maldito idiota.

Él y su estúpido complejo de héroe, él y su absurdo "patriotismo", él y su ingenua idea del deber…

¿Por qué mierdas sacrificar la vida de ese modo?

Una hoja doblada en cuatro cayó fuera del cesto cuando hubo soltado también el sobre. Se inclinó para recogerlo y estando a punto de darle el mismo destino que el resto de los papeles un detalle llamó su atención, un pequeño detalle que hizo que la curiosidad sobrepasara a la ira.

Con la inconfundible caligrafía de Alfred, en una esquina del papel, había escrito un nombre.

Su nombre.

Desdobló la hoja con recelo, no muy convencido de lo que hacía.

Era una carta. Una carta de Alfred…para él.

Eduardo~

Primero que nada quiero disculparme por no haber escrito antes, pero ya sabes, ¡las obligaciones de un héroe son demasiadas y no dejan mucho tiempo libre!

Hay tantas cosas que quisiera hacer justo ahora. Como ir al parque que está a unas cuadras de casa, o a esa heladería a la que fuimos en mi cumpleaños ¿la recuerdas? Estampaste mi cara en el helado y luego compartiste conmigo el tuyo, ¡lo juro, fue el mejor cumpleaños de la vida!

¡Oh, y las hamburguesas! ¡No tienes idea de cuánto extraño su sabor!

Aunque claro te extraño mucho más a ti~

De verdad quisiera poder estar contigo ahora, y poder abrazarte y besarte. No tienes idea de cuánto extraño ver tu rostro y escuchar tu voz…

De hecho, es la razón principal por la que te escribo.

Hace dos noches soñé contigo; cuando nos conocimos, luego de que me mudara a la calle en la que vivías cuando tenía siete. Te convencí de jugar conmigo a los cowboys porque no había otros niños, y aunque pudiste negarte no lo hiciste, y a partir de entonces jugábamos juntos todos los días. También soñé con el día en que te pedí que fueras mi pareja; habíamos discutido e incluso nos habíamos asestado unos golpes, pero justo me gritabas lo mucho que me odiabas cuando te besé y bueno, el resto es historia.

No entendía como luego de aquel sueño desperté tan alterado. Tenía los ojos lagrimosos y el cuerpo frío, sentía como si mi corazón fuera a salirse de mi pecho por el miedo.

Me costó entenderlo…pero ahora sé por qué.

Por eso es que necesitaba escribirte, para decirte lo mucho que te extrañé y cuando desearía estar contigo pronto.

Prométeme algo, Ed. Promete que pasará mucho tiempo antes de que estemos juntos de nuevo, ¿de acuerdo?

Una última línea por leer. Algo tan simple, tan espontaneo. Tan de él.

Y apenas llegar al final de la página lloró.

Las lágrimas desbordaron de sus ojos acompañadas por un sonoro lamento.

La fuerza con la que había encarado la partida de Alfred; su ausencia; la noticia de que no regresaría, lo abandonó, dejando al dolor golpear su corazón igual que una ola.

Leyó nuevamente aquella posdata, cada palabra con detenimiento, permitiéndose imaginarlo frente a sí, con esa sonrisa que adoraba dibujada en el rostro y el amor que jamás le ocultó reflejado en el azul de su mirada antes de presionar la hoja contra su pecho, percibiendo en aquel pedazo de papel, por un mínimo instante, la calidez que alguna vez sintió al estrechar el cuerpo del otro con el suyo propio.

―Si…―musitó al vacío― Incluso ahora, si…

Cuánto deseaba que él estuviera allí.

Cuánto deseaba que viera salir de sus ojos lágrimas de felicidad y no de dolor.

Cuánto deseaba que aquella carta no fuera la promesa de un futuro inexistente.

― Tan solo espera por mí…

P.D: Sé que no es el momento adecuado pero, incluso ahora…

Will you marry me?

Alfred F. Jones