Nota: *llora* No me esperaba reviews ya que el prólogo era bastante corto. Se los agradezco de verdad chicas..(?) y espero que este cap les guste. Aunque tampoco es muy largo. Prometo hablar mas sobre ciertos momentos mas adelante. Esta historia ya estaba terminada, ahora la estoy editando y adaptando (como dije antes) así que si desean... no sé... leer la versión original. Pueden pedírmelo y les paso la historia vía e-mail o la página donde acostumbraba a publicar. Me emocioné ./. aquí les dejo el primer capítulo ;3
Oportunidad
Sacrificando sueños
Apenas había dormido cerca de dos horas, cuando el ruido del despertador la hizo levantarse de un golpe de la cama. Se apresuró a ducharse y vestirse, para poder prepararse un ligero desayuno.
Con una taza de café en mano, hurgó en su mochila, buscó entre sus libros y cuadernos de diseño, pero no logró encontrarlo.
- ¡Ay, no! ¡No puede ser...! – Se lamentó dejando desesperadamente la taza sobre la mesa del comedor.
Removió cada rincón del departamento con la esperanza de encontrarlo, pero no aparecía por ningún lado. Sus ojos ahogados en lágrimas, dejaron correr dos de ellas por sus mejillas y con cuidado la joven las apartó. El café ya frío sobre la mesa le alertó del tiempo transcurrido y dejándolo a medio tomar, salió rápidamente del pequeño lugar.
Consiguió tomar el metro a tiempo, así que en el camino se dedicó a leer y releer sus libros. Ya tendría tiempo de llorar por esa hoja de papel… ahora tenía que estudiar…
"¡¿Quién pensaría que para aprender diseñar correctamente, debía aprenderse tantas teorías? "– Pensaba mientras sus ojos se paseaban por las letras y bosquejos impresos en el papel. Su ensimismamiento casi la hace pasarse de su parada. Se apresuró a cerrar sus libros y a bajar, apresurando su paso para poder llegar a tiempo a la casa de modas en la que trabajaba.
Agradeció el haberse dado cuenta a tiempo y sus manos, aún enrojecidas de tanto coser el día anterior, abrieron la puerta trasera del local. Dejó sus libros sobre su espacio y se dirigió a hablar con la dueña acerca de su último trabajo. Al ingresar en el salón principal, adornado por enormes vitrinas que exponía a los transeúntes los más exquisitos vestidos de novia, retrocedió al notar que la dueña platicaba con una mujer, que en ese momento se encontraba de espaldas, con cabellera negra y larga cayéndole con gracia hasta la cintura. Al volver sus pasos por el pasillo escuchó su nombre en la suave voz de "Sango", la dueña, así que no tuvo más remedio que ir junto a ella y la dama que le acompañaba.
- Bien, Srta. Hidaka, ella es Kagome Higurashi. – la dueña le invitó a sentarse en una silla junto a la mujer.
- Así que es ella… - dijo sonriente - Mucho gusto… Soy Kikyo Hidaka. – le pasó la mano y Kagome la saludó de la misma forma.
- El gusto es mío… - pronunció amablemente para luego girarse hacia su jefa y amiga - ¿Para qué me necesitas, Sango? – preguntó con suavidad mientras observaba a la dueña.
- La Srta. Hidaka asegura que encontró un diseño tuyo, – le pasó una hoja en la cual estaba dibujado un precioso vestido de novia, con detalles tan delicados que incluso en ese trozo de papel lucía bien – y también tu billetera. – Kagome tomó entre sus manos la billetera de cuero, un poco ajada por el tiempo, pero sus ojos no pudieron evitar desviarse hacia la hoja de papel y comenzaron a cristalizarse.
- Muchas gracias por devolverlo… - dijo ella sintiendo un gran alivio de saber que su diseño se encontraba a salvo…Una sonrisa que pronto se borró.
- No hay de qué… - carraspeó un poco – Pero hay otro motivo más para mi visita… - prosiguió - Quisiera que hagas este hermoso vestido para mí. – Los ojos de la joven se abrieron de par en par – Hace semanas que busco un vestido que llene mis expectativas y hasta ahora éste es el único que lo hace.
- Pero… - Kagome sentía un nudo en la garganta.
- Esta es una oportunidad gigantesca, querida. – Sango colocó su mano sobre la de Kagome, tratando de confortarla ya que conocía aquel diseño. – Estoy muy consciente del gran talento que tienes, tus bordados son fantásticos y coses muy bien. No creo que haya persona más indicada para hacer ese vestido. Además, aceptar este encargo sería un gran paso para tu carrera. – ella le miró a los ojos y asintió. – ¿Es un sí? – Kagome nuevamente asintió, dejando que su corazón terminara por destruirse.
- ¡Oh…! ¡Muchísimas gracias! ¡No sabes lo feliz que me haces! – Kikyo sonrió complacida y le tomó de las manos. – Confío en ti…
- N-No la defraudaré. – su voz se quebró y sus labios se curvaron intentando sonreír, consiguiendo sólo una tosca mueca.
Apenas podía asimilar lo que estaba ocurriendo, cuando se encargó de tomarle las medidas a Kikyo. E inmediatamente, luego de elegir las telas con Sango, comenzó a darle vida a ese dibujo trazando complejas líneas con tiza sobre la blanca tela de satín.
Paseaba sus dedos por el largor de la corbata, puesto que no tenía nada más que hacer. Bufó aburrido y decidió que esa tarde iba darle un giro diferente a su día, por primera vez en toda una semana. Salió a recorrer las inmediaciones de su departamento sin alejarse demasiado. La noche lo sorprendió en un bello mirador, el cual tenía vista hacia el puente de Rainbow Bridge y a las ahora oscuras aguas que servían de espejo para la menguante luna. Apoyó pesadamente sus manos encima de la barandilla, apretando con fuerza los labios. Se sintió agobiado por los pensamientos que se amontonaban dentro de su cabeza. Escuchó un pequeño sollozo y viró su mirada dorada hasta una joven, que permanecía inmóvil perdiendo su mirada en el reflejo del maravilloso astro mientras se pasaba una mano por el rostro. Un leve centellear en su mejilla le dio a entender que estaba llorando. No soportaba ver a las mujeres llorar, y sin cambiar su seria y ensimismada expresión, se acercó a ella y le pasó un pañuelo con sutil desdén.
- Tome. – Ella se giró asustada y observo la leve sonrisa que el chico le ofrecía.
- Gracias… - pronunció la chica entre sollozos.
- No hay porqué… - dijo él apoyándose nuevamente en la barandilla observándola de reojo.
La muchacha se secó las lágrimas con delicadeza, para luego girar la cabeza hacia el hombre que permanecía en silencio y sintió que su corazón comenzaba a latir con rapidez al tiempo que devolvía su mirada al inerte paisaje. Se concentró en la corriente que arrastraba las aguas y respirando pesadamente recorrió su rostro con la mirada una vez más. El frío viento hacía volar sus cabellos negros, sus ojos de un color ambarino muy extraño se perdían en la lejanía, acompañados de unas enérgicas cejas que le daban a su mirada una combinación a la vez melancólica e impasible. Él había notado la curiosa mirada sobre sí, viró el rostro posando sus ojos en los de ella con un poco más de recato. La noche se hacía más fría aún y ella sólo traía puesta una chaqueta, podía notar como sus labios tiritaban un poco más allá de lo imperceptible.
Se despojó de su abrigo y se lo colocó sobre los hombros, provocando que las mejillas de la joven se ruborizaran. De pronto, sintió unos grandes deseos de hablarle, de pasar sus brazos alrededor suyo y amainar su llanto con un tibio abrazo. Se giró sobre sus pies, caminando con cierta velocidad y sin decir más dejó a la chica que lo miraba abrumada.
- ¡Espere! – gritó ella mientras le daba alcance.
La observó corriendo hasta él, con el viento chocando contra su cara, meciendo sus oscuros cabellos. Cuando llegó hasta el, su corazón comenzó a latir como nunca antes, más aún al ver el rubor que cubría su rostro.
- Tome, esto es suyo. – Dijo quitándose el abrigo y extendiendo los brazos para dárselo.
- No te preocupes, puedes quedarte con él. Está bajando la temperatura y no sería bueno que te enfermes. – ella le miró sorprendida, era un abrigo muy caro, se notaba por el suave tacto de la tela – Pero… con una condición…
- ¿Condición? - "Claro… No me lo daría gratis…" Pensó imaginándose qué clase de condiciones estaría pensando en imponerle.
- Sí… Que me lo devuelvas mañana a las seis aquí mismo. – dijo el chico con extremada naturalidad, sin saber realmente porqué lo hacía.
- Pero…
- … o también puedes congelarte caminando hasta tu casa. – Pronunció con cierta burla y río apenas. – Estoy bromeando. ¿Y qué me dices? ¿Aceptas?
- Ehh… sí… claro… - dijo dudosa – ¡Pero sólo porque me muero de frío! – aclaró y él volvió a sonreír.
- Entonces… ¿nos vemos mañana…?
- Sí… – dijo caminando lentamente hasta el final de la terraza, mientras él permanecía en el mismo lugar observando el camino que marcaban sus pies. – ¡Mi nombre, es Kagome! – gritó girando la cabeza y con un gesto de las manos se despidió. Él se quedó allí hasta que esa silueta femenina desapareció en la oscuridad de la noche, se giró nuevamente hacia el puente.
- Adiós… Kagome… - giró sobre sus pies y caminó lentamente hacia su departamento. Ahora sería él quien moriría de frío…
[Continuará…]
