Todos estaban sentados en la gran mesa de la sala de juntas, de un lado estaban los representantes del ahora país autodenominado Estados Unidos Mexicanos, y del otro lado estaban los Estados Unidos de América, ambos estaban discutiendo asuntos políticos. Afuera de la sala estaba un joven rubio sentado en el sofá esperando impaciente la respuesta por parte sus jefes. A escasos metros de él estaba una joven cuidando a una niña de unos cinco años de edad, la niña lucia alegre, jugaba con la joven, no pudo evitar mirar a ambas, se veían tan alegres. La joven tomó un osito de peluche e hizo como si el hablara.

- Hola, ¿Cómo te llamas?- la niña soltó una pequeña risa.

- Hola osito, mi nombre es María Isabel ¿y el tuyo?- contestó la pequeña sin dejar de sonreír.

- Que bonito nombre tienes pequeña, el mío es Pooh. ¿Cómo te gustaría que te llame?-

- Isabel por favor.- contestó la niña con una gran sonrisa en su rostro, la joven comenzó a hacerle cosquillas con el oso, lo cual provocó que la niña estallara en risas.- ¡Jajajaja! ¡No! ¡Ya basta!- decía la niña entre risas. El joven se levantó de sofá y se acercó a la puerta de la sala de juntas, quería saber que estaban hablando allá adentro pero no lo dejaban ¿Por qué? Ni el mismo lo sabía. Pegó su oído a la puerta de madera, para ver si podía alcanzar a oír algo.

- ¿Se le ofrece algo joven?- preguntó una mujer, el estadounidense no pudo evitar brincar del susto, respiraba de manera agitada mientras se "tocaba" el corazón con su mano derecha. Miró el atuendo de la chica, al parecer era secretaria.

- Si…- contestó mientras recuperaba la compostura.- Quería saber… si me podría informar sobre lo que… están hablando allá adentro.- la muchacha no dijo nada, simplemente guardó silencio, estaba pensando.

- ¿Me podría esperar un momento? Tengo que pedir permiso, tengo prohibido decirle a alguien ajeno a la junta sobre el asunto que están tratando. Antes ¿podría decirme su nombre?-

- Claro, mi nombre es Alfred F. Jones, los reyes me conocen.- la mujer asintió y entró a la sala de juntas. Jones supuso que tardaría un poco en salir por lo que se volvió a sentar, notó que en el ambiente las risas se habían desvanecido, por lo que volteó a ver de nuevo a las chicas de hace un rato. Vio que la niña estaba recostada en las piernas de la joven, estaba dormida, mientras que la más grande le acariciaba su largo cabello.- ¿Qué harán ellas aquí?- se preguntó en sus pensamientos. La gran puerta se abrió de una manera lenta y vio como las personas comenzaban a salir: la junta había terminado.- ¡Al fin!- pensó. Se levantó y acomodó un poco sus ropas, vio como un grupo de hombres y unas cuantas mujeres se acercaron a donde estaba la niña con la joven.

- ¡Alfred!- lo llamó un hombre, eso lo sacó de sus pensamientos.

- ¿Qué sucede?- preguntó.

- Los reyes quieren hablar contigo, te están esperando en la sala de juntas.-

- ¿Sabes que se les ofrece?-

- No sé, solo me dijeron que te avisara que quieren hablar seriamente contigo, nos vemos.- el hombre le dio una palmada en el hombro y se retiró, de nuevo miró a donde estaba la joven pero vio que ya no había nadie. Acomodó de nuevo su ropa, acercó a la puerta, tocó y la abrió de una manera lenta.

- Disculpen, ¿puedo pasar?-

- Adelante.- se oyó la voz de una mujer. Entró a la sala y cerró la puerta. Se acercó a la mesa y se sentó.

- ¿De qué quería usted hablarme?- preguntó con algo de curiosidad.- ¿De qué trató la junta? ¿Por qué no pude estar presente?-

- Hey tranquilo, relájate un poco.- le contestó un hombre de una manera tranquila pero seria.- Allá vamos, mi esposa te contará lo que acordamos en la junta. Adelante amor.-

- Bien… como sabes… el país del sur se independizo hace apenas unos dos años, ellos tienen una gran riqueza en sus tierras pero no tienen suficiente poder militar como para defenderse de los futuros invasores, su independencia se podría decir que fue en cierta parte suerte ya que atacaron cuando el imperio español estaba lo suficiente débil.-

- ¿Pero a que va todo esto? ¿Por qué no estuvo presente el… o ella?-

- Si te refieres a México… para empezar es ella, es una niña realmente pequeña, aparenta unos… cinco años, la razón por la que no pudiste entrar a esta junta fue por la edad de la niña, no iba a poder opinar como tú, así que los representantes de su país dijeron que tu no podías estar presente en esta junta y que solo nos arreglaríamos nosotros.-

- Espera, espera. ¿Quieres decir que la niña que estaba allá afuera es México?-

- Así Alfred.- contestó el rey.- Esa pequeñita que estaba allá es México.-

- Aun así no entiendo de que están hablando.-

- Pues te pido que no me interrumpas y que me dejes hablar por favor. Ahora, ellos nos pidieron, nos sugirieron… que si formábamos un imperio… nosotros… vimos que eso nos puede traer grandes ventajas, tal vez no tanto al principio pero después de unos cuantos años estaríamos en la cima del mundo, por supuesto que a ellos les conviene, sino no lo hubieran propuesto, mencionando que fue idea ellos.-

- Ya entendí, pero supongo que no fue para eso para lo que me llamó ¿cierto?-

- No estas para nada equivocado.- La mujer guardó silencio por un momento, tomó el vaso de cristal entre sus manos y le dio un sorbo a este.- Te casaras con México.-